sábado, 15 de abril de 2017

Crear CO2

Al final si que ens va sortir el clàssic de crear CO2 amb bicarbonat i vinagre, tot i que vam donar un toc d ecolor afegint colorant alimentari de colr vermell per tal que semblés lava!!!




Aqui teniu el material:





i Els resultats!!!!






Lupa d'aigua

Mirem de fer aquest experiment de MC2 seguint les instruccions:




Però no ens surt bé, possiblement degut a que és necessari una superficie menor per tal de que la forma arrodonida sigui mñes marcada:

LLet, sabó i colorant:

Vam mirar de refer un experiment molt sencill de les MC2 tot seguint les instrucccions:



Per això vam preparar el material que hauriem de necessitar:





U vam reproducir el suposat experiment amb una petita mostra de fracàs... no va sortir molt bé, tot i que al final ho vam barrejar tot:




Us deixo els vídeos per tal que ho pogueu veure:








NOVETAT SANT JORDI 2017: Barcelona, ciència i coneixement.




Barcelona, ciència i coneixement.


En aquest llibre presentem Barcelona des d'un punt de vista diferent, el de la ciència i el coneixement.

Es tracta d'un recull dels fets científics més rellevants esdevinguts a la ciutat relacionats amb la salut i la medicina, l'estudi de la natura, els esforços dels científics per assimilar les lleis de la física i la química, i el paper de la ciència en el desenvolupament de les xarxes de comunicació, la producció i distribució d'energia.
Ho fem amb caràcter divulgatiu per ajudar a la descoberta de personatges, esdeveniments, institucions, establiments i museus que han marcat la història científica de la ciutat.

El text va acompanyat amb 178 imatges i 4 plànols 230 X 150 mm / 224 pàgines

Autor: Miquel Carandell (Barcelona 1981) llicenciat en licenciat en Biologia per la Universitat de Girona i doctor en Història de la Ciència per la Universitat Autònoma de Barcelona, amb una tesi sobre la controvèrsia sorgida al voltant de l'Home d'Orce. Sobre aquest tema ha fet xerrades, ha publicat diversos articles i ha realitzat una estada de recerca a la Universitat de Cambridge. Paral·lelament també s'ha centrat en la història de la ciència a la ciutat de Barcelona, amb la creació Històries de Ciència (www.historiesdeciencia.cat) des d'on s'ofereixen rutes científiques i culturals de BCNpage1image80120 page1image80280 page1image80440 page1image80600 page1image80760 page1image80920

Alimentos transgénicos ¿inseguros?

Estudios científicos cuestionan nuevamente la seguridad de los alimentos transgénicos
Tres estudios científicos recientes vuelven a poner en cuestión la seguridad para la salud de los alimentos transgénicos. Investigadores del Hospital Universitario Sherbrook en Quebec, han encontrado presencia de toxinas producidas por cultivos transgénicos en sangre de mujeres embarazadas y fetos. Por otro lado, científicos portugueses y españoles alertan en sendas publicaciones del grave conflicto de intereses en la investigación sobre riesgos de los transgénicos para la salud. Amigos de la Tierra exige al Gobierno la prohibición del cultivo e importación de transgénicos en España, y estudios independientes para evaluar la presencia de estas toxinas en la población española.
El estudio realizado en el Hospital Universitario de Quebec, publicado por la revista científica Reproductive Toxicology [1], analizó muestras de sangre de mujeres embarazadas, de cordones umbilicales y de mujeres no embarazadas. Los resultados muestran que la proteína tóxica insecticida Bt Cry1Ab estaba presente en el 93% de las mujeres embarazadas, el 80% de los cordones umbilicales y el 67% de las mujeres no embarazadas. La fuente más probable de esta presencia es el consumo de alimentos transgénicos. Aunque, los científicos no han especulado sobre los efectos que esto podría tener para la salud, al no ser el objetivo de su estudio.
“Este estudio muestra que las proteínas Bt procedentes de los cultivos transgénicos sobreviven en el sistema digestivo y pasan a la sangre, algo que las autoridades siempre habían afirmado que no ocurriría. Los resultados cuestionan la validez del proceso de evaluación de estos alimentos y son un ejemplo más de los efectos inesperados y preocupantes que generan los alimentos modificados genéticamente. Necesitamos aplicar el principio de precaución, prohibiendo tanto el cultivo como la importación de alimentos transgénicos”, afirmó David Sánchez, responsable de Agricultura y Alimentación de Amigos de la Tierra.
Otro estudio publicado por investigadores de la Universidad de Oporto en Food Policy, la principal revista científica en el campo de la economía y política agraria, muestra la preocupante relación entre la financiación y los resultados en los estudios sobre riesgos para la salud de los transgénicos [2]. Los resultados confirman la estrecha relación entre quién financia o para quién trabajan los científicos y los resultados favorables para la seguridad de los transgénicos. En la misma línea apunta un artículo publicado recientemente por el Catedrático de Toxicología de la Universidad Rovira i Virgil, José L. Domingo, al realizar una revisión de los artículos publicados sobre riesgos toxicológicos de los transgénicos [3]. En el artículo se aprecia un equilibrio entre los estudios que demuestran la seguridad de los alimentos transgénicos frente a los que detectan posibles riesgos, confirmando también que aquellos que demuestran su seguridad son realizados en su mayoría por la industria.
España es el único país de la UE que cultiva transgénicos a gran escala. En 2010 se cultivaron en torno a las 67.000 hectáreas del maíz transgénico MON810, modificado para producir la toxina insecticida Bt destacada en el estudio canadiense. Mientras, países como Austria, Francia, Alemania, Hungría, Italia o Luxemburgo prohíben su cultivo por sus incertidumbres para la salud, sus impactos ambientales y la imposibilidad de evitar la contaminación genética de los cultivos convencionales y ecológicos. El propio Comisario de Agricultura de la UE, Dacian Ciolos, afirmaba recientemente que la agricultura europea no debería estar basada en la producción de alimentos baratos a cualquier coste y que los transgénicos no cumplen con la calidad que exigen las personas consumidoras [4].
“Exigimos al Gobierno que promueva estudios independientes para evaluar la presencia de esta toxina en la población española y los posibles efectos para la salud. La complicidad del Ministerio de Medio Ambiente con la industria de los transgénicos nos expone a un riesgo inaceptable, no hay motivos que justifiquen la presencia de transgénicos en nuestra agricultura y en nuestra alimentación”, añadió Sánchez.
Fuente: http://www.tierra.org/

La NASA busca voluntarios para encontrar al Planeta X

Los voluntarios ayudarán a los científicos a encontrar el Planeta X, así como otros objetos, como, por ejemplo, las enanas marrones. NASA/JPL-Caltech

La agencia espacial NASA ha lanzado una página web para todos los interesados en participar del descubrimiento de nuevos cuerpos celestes, dentro y fuera de nuestro Sistema Solar. Los voluntarios están invitados a revisar las publicaciones del proyecto de ciencia ciudadana Backyard Worlds: Planet 9 y señalar los objetos móviles que encuentren en ellas.
Que los astrónomos opten por la ayuda colectiva para conducir una investigación, no es algo reciente, ya que esta práctica permite reducir, de manera sustancial, el tiempo que toma procesar información científica. En este proyecto, la nueva página web almacena imágenes obtenidas por telescopios, así como una lista de instrucciones para saber qué hacer con ellas. Los usuarios deben, por lo general, seleccionar imágenes que correspondan con un criterio dado.
La página Backyard Worlds: Planet 9 contiene animaciones obtenidas de las imágenes del telescopio infrarrojo WISE (Wide-Field Infrared Survey Explorer). Durante el periodo que va de los años 2010 y 2011, este telescopio escaneo todo el cielo en el espectro infrarrojo, obteniendo más de un millón de imágenes. En 2013, luego de que al aparato se le acabaran las reservas de hidrógeno líquido que servían para enfriar los detectores, este pasó a la siguiente etapa “térmica” de su misión, llamada NEOWISE. Mientras WISE sigue haciendo su trabajo, el nuevo proyecto utiliza la información obtenida hasta ahora para buscar objetos dentro y fuera del Sistema Solar.
En resúmen, esta página sirve para que los usuarios revisen las animaciones e indiquen cuáles son los objetos que cambian de posición. A la par, en la imagen pueden aparecer “artefactos”: cómo se ven y qué particularidades tienen, está descrito en las instrucciones. Además de esto, la página tiene un sistema de retroalimentación con los investigadores para que los voluntarios envíen sus comentarios y observaciones.
Uno de los objetivos principales de Backyard Worlds: Planet 9 es la búsqueda del Planeta X, el cual, de acuerdo a las investigaciones, sí puede encontrarse en las millones imágenes obtenidas por el telescopio. Solo hay que revisar el material. Naturalmente, en el camino los usuarios pueden hallar otros objetos más, como las enanas marrones: objetos celestes cuya masa está en un lugar intermedio entre los los gigantes gaseosos, como Júpiter, y las estrellas más ligeras. Como revelaron los creadores del proyecto, los participantes que ayuden a concretar nuevos descubrimientos serán citados en las publicaciones científicas con nombre y apellido.
El año pasado, algunos grupos de investigadores realizaron descubrimientos científicos con la ayuda de los aficionados a la astronomía. Uno de ellos fue el caso de los participantes del proyecto Disc Detective, quienes encontraron el más antiguo de los discos circunestelares conocidos para la ciencia. Otro fue el de un grupo de voluntarios de Bélgica, Alemania y el Reino Unido, quienes, por su parte, descubrieron un nuevo tipo de estrella binaria. Un tercer caso tuvo lugar en marzo, cuando astrónomos amateur de Austria registraron de manera accidental la colisión de Júpiter con un objeto no identificado, probablemente un cometa o un asteroide.

Caroline Mercado

Un telescopio de la NASA descubre un sistema solar con siete planetas como la Tierra

El nuevo sistema solar orbita en torno a Trappist-1, un astro del tamaño de Júpiter ubicado en la constelación de Acuario. El año pasado, un equipo internacional de astrónomos halló tres planetas orbitando en torno a este astro, con tan solo un 8% de la masa del Sol. En un nuevo estudio publicado hoy en la revista Nature, el mismo equipo confirma la existencia de esos tres mundos y anuncia otros cuatro. Todos tienen un tamaño similar a la Tierra, pero están mucho más cerca de su débil estrella, lo que les permitiría albergar agua líquida, condición esencial para la vida. Se trata del sistema solar con más planetas del tamaño de la Tierra y que podrían contener agua que se ha hallado hasta la fecha, según un comunicado del Observatorio Europeo Austral (ESO).
En febrero y marzo de 2016, los astrónomos usaron el telescopio espacial Spitzer de la NASA para captar las minúsculas fluctuaciones en la luz del astro que se producen cuando los planetas pasan frente a su estrella. Telescopios terrestres en Chile, Sudáfrica, Marruecos, EE UU y la isla de La Palma, en Canarias, dirigieron también sus lentes hacia Trappist-1 entre mayo y septiembre. Las observaciones confirman la existencia de seis planetas, Trappist-1 b, c, d, e, f y g, según su proximidad decreciente al astro, y sugieren la existencia de un séptimo, h, aún no confirmado. Los seis planetas confirmados parecen ser rocosos, como la Tierra, Marte, Venus y Mercurio, aunque algunos podrían ser mucho menos densos. Trappist-1 y sus mundos se parecen mucho a Júpiter y sus lunas heladas Io, Europa, Ganímedes y Calisto, algunas también candidatas a albergar vida.
“Es un sistema planetario alucinante, no solo porque haya tantos sino porque su tamaño es sorprendentemente similar al de la Tierra”, dice Michaël Gillon, investigador de la Universidad de Lieja (Bélgica) y autor principal del estudio. "La pregunta de si estamos solos en el universo se resolverá en las próximas décadas", ha dicho Thomas Zurbuchen, investigador de la NASA, durante la rueda de prensa. No será viajando, o al menos por ahora: para llegar allí con la tecnología actual, necesitaríamos unos 300.000 años.
El planeta más cercano a su sol tarda un día en completar una órbita y el más alejado, 12. Los tres primeros están demasiado cerca de la estrella, con lo que probablemente tienen climas demasiado abrasadores como para que el agua no se evapore de su superficie, según los modelos climáticos usados por los astrónomos. Es probable que h, con un tamaño más parecido al de Venus o Marte, sea un mundo helado por su lejanía a la estrella. Los tres planetas restantes están dentro de la llamada “zona habitable” y pueden albergar océanos, según el ESO.
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Recreación de la superficie del exoplaneta Trappist-1f. NASA
Lo más importante de este descubrimiento es que puede permitir observar por primera vez la atmósfera de uno de estos planetas, explica Guillem Anglada-Escudé, astrónomo barcelonés que trabaja en la Universidad Queen Mary de Londres. Se trata de un logro científico que bien vale un Nobel y uno de los pasos previos fundamentales en la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar. El año pasado, Anglada-Escudé descubrió el exoplaneta del tamaño terrestre más cercano a la Tierra, a cuatro años luz.

Observar la atmósfera

Este mundo también orbita en torno a una enana roja, Próxima Centauri, y puede estar cubierto por un gran océano. Aún está por ver si tiene atmósfera, una condición casi esencial para la vida, y si esta es observable desde la Tierra. En los planetas de Trappist-1 “es posible que el telescopio espacial Hubble pueda analizar si hay atmósfera en alguno de estos planetas y es bastante probable que el Telescopio Espacial James Webb, que se lanzará el próximo año, lo pueda confirmar”, explica el astrónomo.
Su situación les permitiría albergar agua, condición indispensable para la vida
Aunque no se pueden ver a simple vista desde la Tierra, tres de cada cuatro estrellas en nuestra galaxia son enanas rojas, así que es posible que descubrimientos como el de hoy se conviertan en la norma. El nombre de la estrella responde al acrónimo de Telescopio Pequeño para Planetas en Tránsito y Planetesimales (Trappist), un sistema de dos observatorios robóticos de la Universidad de Lieja (Bélgica) que está rastreando las 60 estrellas enanas frías más cercanas a la Tierra en busca del tránsito de planetas habitables. Se calcula que por cada planeta que se consigue detectar con este método “hay entre 20 y 100 veces más planetas” que no lo hacen, explica Ignas Snellen, de la Universidad de Leiden (Holanda), en un comentario al artículo original que se publica en Nature.
Por eso este hallazgo debe ser un recordatorio a los terrícolas de que no hay razones objetivas para sentirse especiales. “Encontrar siete planetas en una muestra [de estrellas analizadas] tan pequeña sugiere que el Sistema Solar con sus cuatro planetas rocosos puede que no sea nada fuera de lo normal”, escribe el investigador en un comentario al artículo original en Nature. ¿Pueden estos planetas alojar vida? Imposible saberlo por ahora, dice Snellen, pero “una cosa es segura: en unos cuantos miles de millones de años, cuando el Sol haya agotado su combustible y el Sistema Solar deje de existir, Trappist-1 seguirá siendo una estrella en su infancia. Consume hidrógeno tan despacio que seguirá viva unos 10 billones de años, 700 veces más que la edad total del Universo y, posiblemente, es tiempo suficiente como para que la vida evolucione”, concluye.

NÚMEROS CASI PERFECTOS

El nuevo sistema solar descubierto en Trappist-1 es extraordinariamente compacto y ordenado. Sus planetas están en un mismo plano, como sucede en el Sistema Solar. Además sus órbitas siguen un ritmo periódico y el tiempo que tardan en completarlas puede expresarse en fracciones sencillas, por ejemplo 8/5 para los planetas c y b, o 5/3 para d y c. Cada planeta influye con su gravedad en la órbita del que tiene más cercano.
Estas pequeñas distorsiones han servido para calcular la masa de los seis planetas confirmados y apunta a que, en su origen, se formaron lejos de la estrella y después migraron hacia ella. Esto podría significar una forma alternativa de crear planetas rocosos que no se parece a la que conocemos en el Sistema Solar. En las lunas de Júpiter, esas distorsiones hacen que las lunas conserven calor interno y tengan volcanismo, como Io, o posibles océanos, como Europa. En 2013 se descubrió un sistema de seis planetas, tres de ellos habitables, en torno a Gliese 667C, a 22 años luz de la Tierra, aunque solo dos de ellos están confirmados al 100%. Lo que hace único al descubrimiento presentado hoy es que al menos seis de sus planetas transitan frente a su estrella, lo que permitirá analizar su atmósfera, si es que la tienen.

Los peces se dicen «¡Fuera de mi territorio!» a través de la orina

El pez Neolamprologus pulcher también se comunica a través de sonidos y movimientos
El pez Neolamprologus pulcher también se comunica a través de sonidos y movimientos  - Guérin Nicolas/Wikipedia
G.L.S. Madrid - Actualizado: Guardado en: Ciencia

Una investigación presentada este jueves en la revista Behavioral Ecology and Sociobiology ha concluido que al menos una especie de pez, (llamadaNeolamprologus pulcher, y perteneciente al grupo de los cíclidos), puede comunicarse a través de sustancias químicas presentes en la orina
«Nuestros resultados sugieren que la comunicación química juega un papel crucial en la comunicación de la agresión en estos peces», han escrito los autores del estudio, investigadores en la Universidad de Berna (Suiza). «Esto subraya la importancia de la comunicación química durante los encuentros entre antagonistas en general, incluso cuando hay otras señales que parecen más evidentes para el observador humano».
Anteriores investigaciones han mostrado que otras especies de animales, como los mamíferos, pueden comunicarse a través de la orina. En el caso de los peces, los científicos conocían mejor los mecanismos de comunicación visual y acústica.
Pero en esta ocasión, los investigadores trataron de averiguar si los peces también recurrían a la orina, sobre todo teniendo en cuenta que viven en el medio acuático, y que por eso, en principio están sumergidos en un medio favorable para la comunicación química.

«¡Largo de mi territorio!»

Y además quisieron averiguar si la orina tenía un papel en la comunicación en unos peces que son muy territoriales, de la especie Neolamprologus pulcher, y que acostumbran a comunicarse cuando se encuentran con potenciales rivales. De sus encuentros suele surgir un pez dominante y uno sumiso.
Para averiguar si la orina tenía algún papel, hicieron varios experimentos en torno a un tanque de agua separado por un tabique. En primer lugar, evitaron que los animales entraran en contacto físicamente, pero lo diseñaron de forma que a veces los animales no podían verse y otras sí, o de forma que el agua de un compartimento no pasara a veces hasta el otro lado. Además, a veces pusieron en contacto a peces de distinto tamaño (esto es importante porque pretendían analizar la comunicación de rivales que pugnan por un territorio).
Por último, inyectaron en los peces un producto capaz de teñir su orina de color azul y así poder medirla y observarla.

Mensaje a través de la orina

Una vez hecho esto, los científicos midieron cuánta orina expulsaban los peces en varias situaciones. Si dos peces se veían dentro del tanque, a veces elevaban sus aletas, se acercaban al otro de forma agresiva y además emitían más orina, en comparación con una situación en la que ambos peces no se veían.
Los científicos observaron también que había un cambio en el comportamiento de los peces que se veían, pero solo si la orina podía pasar al otro lado del tanque. En este caso, si un pez pequeño veía al otro lado a uno más grande, reducía su agresividad y se mostraba más dócil ante el otro. 
Sin embargo, si la orina no era capaz de atravesar el tabique del tanque de peces, los científicos no observaron ningún cambio en el comportamiento cuando los peces se veían. A pesar de todo, en esa situación, ambos emitían una mayor cantidad de orina. Por eso han concluido que la especie N. pulcher emite orina adrede para comunicar su inclinación por la agresividad a través de la orina.

El Estado pierde el mayor meteorito de España

El meteorito de Colomera es una roca metálica que, cuando se encontró, pesaba 134 kilos MNCN
Hasta hace muy poco, los visitantes del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) de Madrid podían tocar algo parecido al centro de la Tierra. Se trataba de un trozo de metal, de medio metro de alto y más de 130 kilos de peso que había llegado desde el espacio. Su composición sugería que había pertenecido al núcleo de un planeta desintegrado. Los científicos veían en él un mensajero con información de más allá del Sistema Solar y una ventana a una región inalcanzable del globo terráqueo. Hoy, ha desaparecido del espacio público y nadie, salvo su propietaria, conoce con precisión su paradero.
Este peculiar objeto era un meteorito hallado en 1912 en la localidad granadina de Colomera. Cuenta Javier Guinea, investigador del MNCN, que los niños que les visitaban podían tocarlo y “comprobar cómo se pegaban a él los imanes”. Allí, se les explicaba a los chavales cómo saben los científicos que el núcleo de su mundo es de hierro aunque nunca nadie haya estado allí. “Era el meteorito más importante de la colección, por el tamaño y el peso. Es de una densidad brutal e irrompible y tenía una gran historia científica”, añade Aurelio Nieto, conservador de la colección de geología del MNCN.
Se cuenta que un siglo antes, en Colomera, los jóvenes también se entretenían con aquel pedrusco que encontraron enterrado a un metro de profundidad, entre los escombros de una casa en obras. Colocado en una esquina del pueblo, se había convertido en un reto para los muchachos, que trataban de levantar aquella piedra de peso inverosímil.
La Comunidad de Madrid no ha respondido a las peticiones de proteger el meteorito como bien de interés cultural
El pedrusco dejó de serlo gracias a Antonio Pontes Vilches, “practicante y vecino de Almuñécar” que, según el relato de la época, debió ponerlo poco después de 1930 a disposición de Julio Mateos, un estudiante de la Facultad de Farmacia de Granada. El joven se puso en contacto con José Dorronsoro, catedrático de esa facultad, para analizar unos pequeños trozos metálicos y confirmar su composición. Los resultados, publicados en un artículo científico en 1934, identificaron la piedra de Colomera como un meteorito procedente del espacio. Con ese aval científico y la mediación de Dorronsoro, Pontes lo cedió al MNCN, que ahora depende del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en 1935. El objeto pasaba a manos públicas por medio de un contrato en el que se leía que quedaba cedido “en calidad de depósito, pero siempre a disposición de su dueño, que podrá retirarlo cuando lo estime conveniente”.
Antonio nunca lo reclamó y, con el paso del tiempo, el museo acabó considerando el meteorito una parte más de su colección. Con esta confianza, en 1967 lo envió a la Universidad de California para que recortasen un trozo y lo analizasen. Nieto cuenta que en aquellos años, “la NASA quería acumular la cantidad mayor posible de datos que sirviesen para programar los viajes a la Luna” y aquel meteorito servía a aquel propósito. Parte de aquellas “lonchas” extraídas por la Universidad de California, que se intercambiaron por otros meteoritos, algo habitual en este ámbito científico, acabó en el Museo de Historia Natural de Nueva York, y parte en colecciones privadas que, por una carambola, regresó a España.
Durante los años 60, se llevó a EEUU, donde se extrajeron fragmentos para obtener información útil en el viaje a la Luna
La trayectoria del meteorito cambió en 2008. Entonces, el Ayuntamiento de Colomera quiso que los habitantes del pueblo donde se halló la famosa roca pudiesen verla de cerca. Los responsables del MNCN ofrecieron al municipio granadino toda su cooperación y, piensan ahora, pecaron de candidez. “Cometimos errores por buena fe”, se lamenta Guinea. Cuando se expuso el meteorito, se puso a la vista de todos el nombre de Antonio Pontes, el practicante que lo había cedido al museo, y se incluyó el documento firmado por el director de la época donde se reconocía que se lo guardaban en depósito y se lo devolverían cuando quisiese. A partir de entonces, comenzó un proceso que los responsables del museo vivieron como un calvario.
El meteorito, cuando estaba expuesto. 
Poco después de la exposición en Colomera, Amparo Pontes, nieta de Antonio, se presentó en el MNCN, en Madrid, y habló con Aurelio Nieto. “Me contó que lo había pasado muy mal durante el franquismo, que quería resarcir el nombre de su padre… Le enseñamos que en la exposición en el museo se recogía la aportación de su padre y quedó muy sorprendida. Ya no la vi nunca más”, cuenta.
Los siguientes contactos fueron con el CSIC, el organismo responsable del museo, al que Pontes expuso su demanda. Como hija del propietario del meteorito y única heredera, y a la vista de que éste había sido troceado y cedido a distintas entidades y ya no podía ser devuelto en el estado en que se entregó, reclamaba al CSIC que se le indemnizara por su valor. El cálculo del precio lo realizó a partir de la propia estimación hecha por el museo en el seguro que obligaba a suscribir a los organizadores de exposiciones que pedían prestada la pieza: 600.000 euros. Con el peso actual, tras la extracción de fragmentos para investigación e intercambio con otras instituciones, el gramo salía a 5,66 euros. Después de multiplicar esa cifra por el peso original, 134.000 gramos, Amparo reclamaba 758.440 euros por daños y perjuicios.
El CSIC, por su parte, alegó, entre otras cosas, que la demandante “no había acreditado la transmisión del meteorito desde que fue descubierto por su abuelo en 1912”, que se desconocía “la existencia de otros posibles herederos” y que “el objeto no fue incluido en el testamento de su padre”. Se refería también a que seis años después del envío del meteorito a EE UU, en 1973, el CSIC era su dueño por “prescripción extraordinaria adquisitiva”. Además, calculaba que su precio de mercado sería de 50.075 euros, al que habría que restar 69.102 euros de gastos desde que fue cedido por conservación, mantenimiento y seguridad. Pontes, desde el punto de vista de esta institución, estaría en deuda con ellos.
El propietario original del meteorito nunca lo reclamó
Tras un juicio y una apelación, el 29 de mayo de 2015, el juez falló contra el CSIC. El museo debía devolver a Pontes “todos los trozos existentes en su poder del llamado Meteorito de Colomera” y, además, se la debía indemnizar con 50.000 euros.
La sentencia fue un palo para los responsables del museo que había custodiado la pieza durante 80 años. Ahora, Guinea muestra preocupación porque este caso se pueda convertir en un ejemplo para otras demandas que quieran hacerse con un patrimonio, ahora a disposición del público, que no está bien protegido. Nieto reconoce que desde la sentencia ha “recibido a dos personas que han llegado con reclamaciones parecidas, familiares de personas que encontraron meteoritos”. No obstante, cree que ahora se hacen las cosas mejor desde el punto de vista legal y ya no pecan de la inocencia jurídica del director que hace ocho décadas recibió el meteorito de Colomera.
Sobre la roca perdida, no se sabe cuál es su paradero y se teme que pueda ser troceada y vendida, dentro o fuera de España. Como último esfuerzo para proteger la pieza, aunque ya no se encuentre expuesta en el museo, sus responsables han tratado de que se reconozca como Bien de Interés Cultural (BIC). “Esto significaría que no lo puedes cortar y vender alegremente, que tienes que permitir acceso a los investigadores y que, si lo vendes, el Estado tiene derecho de tanteo, como sucede con la obras de arte”, señala Nieto. El CSIC ya ha pedido en dos ocasiones al Gobierno, en julio de 2015 y a finales del año pasado, que se proteja al meteorito como BIC. Por ahora, no han obtenido respuesta. Lo mismo ha sucedido cuando este periódico se interesó por el estado del trámite.

UN FRAGMENTO QUE REGRESÓ A ESPAÑA

Después de un viaje de millones de kilómetros de distancia, probablemente desde otro sistema solar distinto del nuestro, una roca procedente del interior de un planeta destruido acabó en el patio de una casa de Colomera (Granada). Su periplo no acabó ahí y durante décadas siguió viajando. En uno de esos desplazamientos llegó a EE UU para ser analizada en una universidad estadounidense.
Según cuenta Antonio Sánchez, abogado y coleccionista de meteoritos, un pequeño fragmento de aquel meteorito de acabó en su poder. “Es una pieza de 270 gramos, transferida por el doctor Gary Huss, del Caltech [Instituto de Tecnología de California], a la colección del célebre mineralogista estadounidense Jim Schwade y después al médico estadounidense Jay Piatec”, explica. De él lo adquirió por intercambio con una condrita [un tipo de meteorito rocoso] orientada en escudo junto a otra pieza, un meteorito metálico encontrado en Portugal, en Sao Julia de Moreira”, concluye.