viernes, 18 de septiembre de 2026

Un equipo de la EHU descubre nubes en forma de decágono en Saturno

 Saturno es el sexto planeta del Sistema Solar y el segundo más grande después de Júpiter, con un diámetro de más de 120.536 kilómetros, diez veces el de la Tierra. Su rasgo más conocido son sus anillos. Pero para los especialistas en astronomía, la atmósfera de este coloso gaseoso es también un área de investigación que no cesa de aportar novedades. La última la aporta un equipo de la Universidad del País Vasco (EHU), que ha encontrado nubes en forma de decágono en su polo sur, algo insólito en nuestra galaxia.

«Nadie había previsto que pudieran formarse en las nubes de ningún planeta estructuras con una forma geométrica tan bien definida, como es un polígono de diez lados como el que reportamos. Todavía no entendemos cómo se forma y por qué solo las vemos en Saturno», explica a este periódico Agustín Sánchez Lavega, profesor emérito en la Escuela de Ingeniería de Bilbao, que ha liderado un trabajo publicado en la revista 'Science Advances'.

A principios de la década de los años ochenta del siglo pasado, las naves Voyager 1 y 2 -todavía siguen activas- encontraron en el polo norte de Saturno nubes con forma de hexágono, es decir, con seis lados. Pese a que la distribución de los vientos y la dinámica atmosférica son iguales, no se habían hallado formas similares en el otro extremo del planeta. Fue en 2023 gracias al telescopio espacial Hubble cuando los astrónomos encontraron por fin unas nubes todavía más sorprendentes. A esos seis lados le sumaban otros cuatro. Estas observaciones se confirmaron en 2024 y 2025 con imágenes obtenidas con telescopios situados en nuestro planeta.



«Realmente la naturaleza del fenómeno desafía los modelos atmosféricos. No sabemos si tanto el hexágono como el decágono son estructuras enraizadas en profundidad en la atmósfera del planeta, bajo las capas de nubes superiores, o bien se trata de formaciones meteorológicas superficiales, que afectan solo a dichas nubes», insisten en su sorpresa los especialistas de la EHU. 

En busca de una explicación

Confirmado el hallazgo, queda ahora dar con una explicación. «La ondulación decagonal pudiera deberse a una inestabilidad de la corriente en chorro de vientos sobre la que vemos se asienta el decágono, cuando se producen cambios en los vientos. Otra posibilidad es que un óvalo anticiclónico -un vórtice de unos 4.000 kilómetros de longitud- que se encuentra cerca de esa corriente de vientos los mueva en latitud y los haga oscilar. Es lo que hemos inicialmente explorado, pero todo está abierto. Lo bueno es que ahora tenemos dos, hexágono y decágono, un polígono en cada hemisferio y esto nos da posibilidades de comparar los resultados de los modelos», apunta el profesor de la EHU.

El de estas nubes con formas tan complejas no es el único trabajo novedoso sobre Saturno publicado por el equipo de Sánchez Lavega. En 2019, encontraron un nuevo tipo de tormentas similares a las danas o gotas frías de la Tierra pero a una escala muy superior. Tanto que una de ellas se prolongó durante siete meses.

jueves, 21 de mayo de 2026

Descubierto un nuevo exoplaneta de mañanas nubladas y tardes despejadas

 El universo vuelve a sorprendernos con un fenómeno meteorológico tan familiar como extraño: un planeta gigante fuera del sistema solar parece tener mañanas cubiertas de nubes y tardes despejadas. La diferencia es que allí no hablamos de brisas suaves ni de lluvias pasajeras, sino de temperaturas extremas y vientos supersónicos en un mundo gaseoso abrasado por su estrella.

El descubrimiento, publicado en la revista Science y realizado con el telescopio James Webb (JWST), aporta una de las imágenes más detalladas hasta ahora de cómo funcionan las atmósferas de los exoplanetas gigantes. Y, además, ayuda a resolver un viejo debate de la astronomía moderna: ¿de qué están hechas realmente las neblinas (hazes) y nubes que envuelven estos mundos?
















Nubes de hierro fundido en un exoplaneta gaseoso. ESO/M. KornmesserCC BY

Un “Júpiter caliente” con dos caras

Dos cuerpos orbitando alrededor de uno central (rojo). El más cercano está acoplado, mientras que el más lejano no. Wikimedia Commons.CC BY

El protagonista del estudio es WASP-94A b, un “Júpiter caliente”: un planeta gaseoso parecido a Júpiter, pero orbitando extremadamente cerca de su estrella. Esa proximidad hace que un año allí dure apenas unos días terrestres y que el planeta esté acoplado de marea, es 




decir, mostrando siempre la misma cara a su sol.

Como ocurre con la Luna respecto a la Tierra, un hemisferio permanece eternamente iluminado y el otro en oscuridad constante. Entre ambos, existe una franja de transición, llamada “terminador”, donde los astrónomos pueden estudiar la atmósfera observando cómo la luz de la estrella atraviesa sus capas gaseosas durante un tránsito planetario.

Imagen artística de WASP-39, con la línea de terminador. NASA/ESA/CSACC BY

Y fue precisamente allí donde apareció la sorpresa.





Las observaciones del JWST revelaron una diferencia muy clara entre el lado matutino y el vespertino del planeta. En la región donde amanece, predominan densas nubes que amortiguan las señales espectrales del vapor de agua. En cambio, en la zona donde anochece, la atmósfera aparece mucho más limpia y transparente.


El ciclo meteorológico más extremo imaginable

La explicación apunta a un auténtico ciclo meteorológico extraterrestre. Los investigadores creen que las nubes se forman en las regiones relativamente más frías del planeta, probablemente mediante condensación de minerales y compuestos exóticos presentes en la atmósfera. Después, los potentes vientos atmosféricos transportan esas partículas hacia zonas más calientes, donde terminan evaporándose.

En la Tierra, las nubes están formadas por agua líquida o cristales de hielo. Pero en estos mundos abrasadores, podrían existir nubes de silicatos o minerales vaporizados. Las diferencias térmicas entre ambos lados del planeta pueden superar los 280 grados centígrados, suficientes para que los aerosoles aparezcan y desaparezcan continuamente mientras circulan alrededor del globo.


























Gigante gaseoso con nubes de silicatos. Pablo Carlos BudassiCC BY

Los nuevos datos del JWST sugieren, además, que la distribución de las nubes no es uniforme ni estable. Las observaciones indican una atmósfera extremadamente dinámica, dominada por corrientes capaces de redistribuir calor y materiales a velocidades enormes. 

En este escenario, los modelos atmosféricos apuntan a vientos supersónicos que recorrerían el planeta transportando partículas condensadas desde el hemisferio nocturno y las regiones matutinas hacia zonas progresivamente más calientes.

¿Un viejo dilema resuelto?

El hallazgo es importante porque durante años existieron dos hipótesis principales para explicar los aerosoles de los Júpiter calientes. Mientras que una defendía que eran nubes originadas por condensación, la otra proponía neblinas fotoquímicas, creadas por la intensa radiación estelar, similares a las de Titán, la luna de Saturno, o al smog terrestre.

Las nuevas observaciones favorecen claramente la primera explicación: al menos en este tipo de planetas, las nubes parecen comportarse como sistemas meteorológicos dinámicos gobernados por la temperatura y la circulación atmosférica.















Los Júpiter calientes tienen, normalmente, capas de nubes y neblinas en sus atmósferas. NASA/JPL-Caltech

El problema de las atmósferas “ocultas”

Aunque las nubes hacen estos mundos más fascinantes, también representan un gran desafío científico.

Para estudiar un exoplaneta, los astrónomos analizan cómo ciertos gases absorben longitudes de onda específicas de la luz. Ese patrón permite identificar moléculas como agua, dióxido de carbono o metano. Pero las nubes y neblinas pueden ocultar parte de esas señales y distorsionar las mediciones.

En algunos casos, un planeta puede parecer pobre en agua simplemente porque las nubes bloquean la observación. De hecho, estudios anteriores ya habían mostrado que muchos Júpiter calientes forman un continuo que va desde atmósferas completamente despejadas hasta otras muy cubiertas por nubes.

Ahora sabemos algo aún más complejo: un mismo planeta puede tener regiones simultáneamente nubladas y despejadas.

Esto obliga a reinterpretar parte de los datos obtenidos durante más de una década con telescopios como el Hubble y a desarrollar modelos atmosféricos tridimensionales mucho más sofisticados.

Más cerca de entender otros mundos

El JWST está inaugurando una nueva etapa en la exploración de exoplanetas. Ya no basta con detectar su existencia: ahora empezamos a estudiar su meteorología, sus ciclos atmosféricos y su química con un detalle impensable hace apenas unos años.

WASP-94A b se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de esta nueva astronomía atmosférica. Sus “amaneceres” cubiertos de nubes y sus “atardeceres” despejados muestran que incluso los mundos más extremos poseen dinámicas complejas, cambiantes y sorprendentemente parecidas, en ciertos aspectos, a fenómenos meteorológicos familiares en la Tierra.

Comprender cómo se forman estas nubes exóticas también será fundamental para interpretar planetas más pequeños y potencialmente habitables. Después de todo, la atmósfera es la gran intermediaria entre la superficie de un mundo y el espacio.

Por primera vez, comenzamos a observar cómo cambia el tiempo… en planetas situados a cientos de años luz de distancia.

Las vacas son capaces de reconocer el rostro y la voz de seres humanos familiares para ellas

 Las vacas (Bos taurus taurus), además de ser animales muy sociables, suelen estar en contacto muy continuo con los humanos. Ahora un estudio ha demostrado que son capaces de reconocer rostros humanos que sean familiares para ellas, e incluso de asociar la voz de una persona conocida con su imagen.

El trabajo fue liderado por el Instituto Nacional de Investigación sobre Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de Francia (INRAE, por sus siglas en francés) y se publica en la revista PLOS One.

«Nuestro estudio demuestra que las vacas son capaces de reconocer a personas conocidas combinando información visual y auditiva», dice a SINC Léa Lansade, líder del estudio. «Esto sugiere que las vacas forman representaciones mentales estables de personas conocidas y poseen habilidades sociales y cognitivas más sofisticadas de lo que se suponía anteriormente».

Ya hace unos meses que un estudio documentó el caso de la vaca Veronika, capaz de usar herramientas de forma versátil, algo que solo se había registrado antes en primates.

Vídeos de rostros conocidos y desconocidos

En el trabajo que se publica esta semana, se incluyó en la investigación a 32 vacas de la raza Prim’ Holstein, a las que les mostraron vídeos sin sonido de rostros masculinos, tanto familiares como desconocidos, y midieron cuánto tiempo los miraban.

También reprodujeron vídeos de rostros conocidos y desconocidos mientras emitían el audio correspondiente a uno de los dos hombres, en el que cada uno decía una frase idéntica.

«Cuando las vacas oían la voz de su cuidador, miraban durante mucho más tiempo el rostro correspondiente que aparecía en una pantalla, en comparación con el rostro de una persona desconocida», explica Lansade.

Esto demostró que podían distinguir entre un rostro conocido y uno desconocido. Cuando los vídeos se combinaron con sonido, los animales pasaron más tiempo mirando fijamente el vídeo cuando la voz coincidía con el rostro, lo que demostró que las vacas podían asociar un rostro con la voz que oían.

Según la investigadora, esto demuestra que las vacas «son capaces de lo que los científicos cognitivos denominan reconocimiento intermodal: la capacidad de asociar mentalmente una voz con un rostro».

Vídeo vs. interacciones presenciales

Además, midieron la frecuencia cardíaca de los animales mientras veían los vídeos para ver si las vacas respondían emocionalmente a los rostros de humanos. Según los resultados, ninguno de los rostros o voces, ya fueran familiares o desconocidos, pareció afectar a la respuesta emocional de las vacas.

Lansade opina que es probable que esto se deba a que en el experimento se utilizaron vídeos y no interacciones presenciales.


«En nuestro diseño experimental, las vacas fueron expuestas a imágenes o vídeos presentados en pantallas, lo cual es una situación mucho más limitada y artificial que una interacción en la vida real. Durante los encuentros directos con humanos, las vacas pueden utilizar múltiples señales sensoriales simultáneamente, como el olfato, el movimiento, la postura, las vocalizaciones e incluso experiencias emocionales previas asociadas a esa persona. Un vídeo no puede reproducir plenamente este rico contexto social», apunta la investigadora.

Por eso, la autora recalca que la ausencia de una fuerte reacción emocional no significa que las vacas sean indiferentes a los humanos conocidos. «En realidad, probablemente refleja las limitaciones de los estímulos basados en pantallas en comparación con las interacciones reales».

Sensibles a las emociones humanas

De hecho, la investigadora señala que en otro estudio que su equipo publicó recientemente en la revista Nature observaron que las vacas son muy sensibles a las emociones humanas.

«Son capaces de distinguir expresiones emocionales incluso cuando estas se presentan en vídeos o imágenes. En términos más generales, las vacas muestran una clara preferencia por los rostros humanos positivos, como las expresiones felices, y tienden a evitar los negativos, como los rostros enfadados», dice. «Esto sugiere que las vacas prestan mucha atención a las señales emocionales sutiles en los humanos y que sus capacidades de percepción social son mucho más sofisticadas de lo que se creía tradicionalmente».

Además, señala que, aunque requiere más investigación, es razonable suponer que la capacidad de las vacas de reconocer rostros humanos depende de la calidad y el contacto con ellos.

«Las vacas criadas en entornos con interacciones frecuentes, tranquilas e individualizadas con los humanos —por ejemplo, en sistemas más pequeños o de pastoreo libre— pueden volverse más atentas a las señales humanas y más hábiles para reconocer a las personas. Por el contrario, los animales criados en sistemas altamente intensivos, donde las interacciones suelen ser breves o estresantes, pueden tener menos oportunidades de desarrollar relaciones positivas e individualizadas con los humanos», concluye.