jueves, 8 de octubre de 2026

¿Animales a la carta?

 Desde hace mucho tiempo, la humanidad ha diseñado animales con características que le pueden ser útiles. En un inicio, mediante mutaciones espontáneas como consecuencia del cruzamiento y apareamiento selectivo; después, induciendo mutaciones; y más adelante, con la creación de transgénicos, una técnica que permite integrar un gen de una especie en otra, con el problema de que esa integración se hacía en cualquier lugar del genoma, al azar. Hoy día es posible, gracias a la biotecnología, modificar a los seres vivos de una forma más precisa. La tecnología de edición genómica permite modificar a voluntad cualquier genoma. Se denomina “edición” porque la técnica permite cambios precisos en lugares elegidos del genoma, para así corregir mutaciones o generar características de interés.

Los avances en biotecnología se enmarcan en lo que se ha denominado la revolución tecnocientífica, con énfasis en el desarrollo y la innovación basada en capital privado con patentes comerciales flexibles. La intervención técnica significa que se manipula y se modifica de acuerdo a intenciones humanas, capacidad que no es ajena a cuestiones éticas. El uso de la biotecnología para modificar animales implica una fusión de lo natural con lo artificial, en que elementos naturales se integran en conjuntos artificiales, y viceversa, por intervención humana. De ahí que en la base de la intervención biotecnológica se encuentre una forma de pensar la relación del ser humano con el mundo animal como una relación de dominación y explotación, es decir, instrumentalista.

Mediante la técnica de CRISPR se pueden diseñar especies con propósitos múltiples, entre ellos, modificar animales para estudiar enfermedades humanas (silenciando/mutando un gen); estudiar formas terapéuticas, como interrumpir secuencias de genes que causan enfermedades; corregir mutaciones o insertar nuevos genes con funciones protectoras; facilitar el trasplante de órganos animales en humanos al eliminar copias de retrovirus animales que pueden dañar al ser humano; producir cambios hereditarios en características de animales como alternativa de mutilaciones (ejemplo: eliminar cuernos o rabo o la castración); incorporar resistencia a enfermedades o tolerancia a condiciones ambientales adversas; mejorar la producción o calidad nutricional en animales de granja; modificar animales para que se conviertan en productores de proteínas de interés; mejorar las capacidades cognitivas en monos; y, por último, crear perros o mascotas con un diseño personalizado.

Hoy, de hecho, se da el fenómeno de comercializar mascotas a la carta. Hay personas que están dispuestas a pagar lo que haga falta con tal de adquirir una mascota con las características que desean. Por ejemplo, se han diseñado perros beagle con el doble de masa muscular normal —al eliminar el gen que produce la miostatina— para que sean perros atléticos.

parecen bonitos. Éticamente hablando, este tipo de prácticas no se pueden dejar al arbitrio de la lógica comercial. ¿Cuáles son los límites de la biotecnología en el diseño de animales?

Superar el antropocentrismo

Las investigaciones con animales suelen ser reguladas éticamente por los Comités Institucionales para el Cuidado y Uso de Animales, conformados por equipos interdisciplinarios que velan, a través de normativas estrictas, por el bienestar de los animales, pues se considera que son seres sintientes que tienen capacidad de sufrimiento, felicidad y disfrute, lo que fundamenta sus derechos morales.

Sin embargo, hoy es posible realizar intervenciones en animales reguladas solamente por la lógica comercial, en función de los requisitos de los clientes. Por lo general, se aplica una patente o se comercializan animales modificados genéticamente. Para adjudicar una de ellas, el requisito es realizar una invención novedosa que tenga aplicación industrial; pero crear patentes de animales tiene implicancias éticas que cada país aborda de manera distinta.

La Oficina Europea de Patentes puede excluir las de invenciones contrarias a la moral o el orden público. En 1992, rechazó una patente de la Farmacéutica Upjohn para un ratón transgénico al que se le introdujo un gen por el cual perdía su pelo, con el propósito de investigar productos de prueba para tratar la calvicie humana y explorar técnicas de producción de lana. El argumento para rechazar la patente se basó en un análisis utilitario de balance de beneficios y perjuicios, en el que se concluyó que la intervención en el animal era contraria a la moral y, por lo tanto, no patentable, ya que se le hacía sufrir para un beneficio humano que no revestía importancia. Sin embargo, no todos los países analizan las patentes desde el punto de vista ético, ni tampoco todas las modificaciones genéticas están sometidas a la ley de patentes.

También se puede desincentivar el requerimiento de animales que han sido creados con elementos que les hacen sufrir. En los Países Bajos, por ejemplo, se pretende prohibir mascotas que sufren problemas de salud debido a mutaciones genéticas, como los perros con hocico chato, entre los que están los de raza pug y ciertos buldogs, que por su condición siempre se encuentran sin aliento, y también algunas razas de gatos que tienen las orejas dobladas hacia atrás. De esta forma, su tenencia y el acto de publicitar fotos sería ilegal. La razón es que se les hace sufrir solo por un motivo estético.

Para la bioeticista estadounidense Jessica Pierce, crear mascotas que sufren solo porque nos resultan bellos constituye una forma de crueldad: «Los mismos

atributos que hacen que los perros pequeños sean bonitos y populares están limitando poco a poco su capacidad para funcionar como animales de verdad», escribió en la revista Aeon. Ahí detalla que existe una serie de estructuras que evocan la apariencia de un bebé en un animal y que los hacen atractivos para los clientes. Por ejemplo, la cara redonda, los ojos grandes, la nariz pequeña; la piel o el pelo suaves, además de ciertos olores característicos y el sonido del lloriqueo.

Desde una perspectiva ética, el diseño de animales no se puede dejar al arbitrio de la lógica comercial y los gustos o caprichos de los clientes, en particular cuando este tipo de prácticas puede afectar y hacer sufrir a seres vivos. Habría que regular este comercio, y las decisiones tampoco deberían depender solamente de expertos. La ciudadanía también debe ser parte de este diálogo para determinar qué intervenciones pueden aceptarse y cuáles no.

La reflexión ética plantea una superación del antropocentrismo, según el cual los organismos naturales solo tienen valor en cuanto a su explotación por el ser humano. Debemos reconocer que la naturaleza tiene sus propios fines y que no es un simple medio al servicio de los humanos.

Por Eduardo Rodríguez Y.

viernes, 18 de septiembre de 2026

Un equipo de la EHU descubre nubes en forma de decágono en Saturno

 Saturno es el sexto planeta del Sistema Solar y el segundo más grande después de Júpiter, con un diámetro de más de 120.536 kilómetros, diez veces el de la Tierra. Su rasgo más conocido son sus anillos. Pero para los especialistas en astronomía, la atmósfera de este coloso gaseoso es también un área de investigación que no cesa de aportar novedades. La última la aporta un equipo de la Universidad del País Vasco (EHU), que ha encontrado nubes en forma de decágono en su polo sur, algo insólito en nuestra galaxia.

«Nadie había previsto que pudieran formarse en las nubes de ningún planeta estructuras con una forma geométrica tan bien definida, como es un polígono de diez lados como el que reportamos. Todavía no entendemos cómo se forma y por qué solo las vemos en Saturno», explica a este periódico Agustín Sánchez Lavega, profesor emérito en la Escuela de Ingeniería de Bilbao, que ha liderado un trabajo publicado en la revista 'Science Advances'.

A principios de la década de los años ochenta del siglo pasado, las naves Voyager 1 y 2 -todavía siguen activas- encontraron en el polo norte de Saturno nubes con forma de hexágono, es decir, con seis lados. Pese a que la distribución de los vientos y la dinámica atmosférica son iguales, no se habían hallado formas similares en el otro extremo del planeta. Fue en 2023 gracias al telescopio espacial Hubble cuando los astrónomos encontraron por fin unas nubes todavía más sorprendentes. A esos seis lados le sumaban otros cuatro. Estas observaciones se confirmaron en 2024 y 2025 con imágenes obtenidas con telescopios situados en nuestro planeta.



«Realmente la naturaleza del fenómeno desafía los modelos atmosféricos. No sabemos si tanto el hexágono como el decágono son estructuras enraizadas en profundidad en la atmósfera del planeta, bajo las capas de nubes superiores, o bien se trata de formaciones meteorológicas superficiales, que afectan solo a dichas nubes», insisten en su sorpresa los especialistas de la EHU. 

En busca de una explicación

Confirmado el hallazgo, queda ahora dar con una explicación. «La ondulación decagonal pudiera deberse a una inestabilidad de la corriente en chorro de vientos sobre la que vemos se asienta el decágono, cuando se producen cambios en los vientos. Otra posibilidad es que un óvalo anticiclónico -un vórtice de unos 4.000 kilómetros de longitud- que se encuentra cerca de esa corriente de vientos los mueva en latitud y los haga oscilar. Es lo que hemos inicialmente explorado, pero todo está abierto. Lo bueno es que ahora tenemos dos, hexágono y decágono, un polígono en cada hemisferio y esto nos da posibilidades de comparar los resultados de los modelos», apunta el profesor de la EHU.

El de estas nubes con formas tan complejas no es el único trabajo novedoso sobre Saturno publicado por el equipo de Sánchez Lavega. En 2019, encontraron un nuevo tipo de tormentas similares a las danas o gotas frías de la Tierra pero a una escala muy superior. Tanto que una de ellas se prolongó durante siete meses.

jueves, 21 de mayo de 2026

Descubierto un nuevo exoplaneta de mañanas nubladas y tardes despejadas

 El universo vuelve a sorprendernos con un fenómeno meteorológico tan familiar como extraño: un planeta gigante fuera del sistema solar parece tener mañanas cubiertas de nubes y tardes despejadas. La diferencia es que allí no hablamos de brisas suaves ni de lluvias pasajeras, sino de temperaturas extremas y vientos supersónicos en un mundo gaseoso abrasado por su estrella.

El descubrimiento, publicado en la revista Science y realizado con el telescopio James Webb (JWST), aporta una de las imágenes más detalladas hasta ahora de cómo funcionan las atmósferas de los exoplanetas gigantes. Y, además, ayuda a resolver un viejo debate de la astronomía moderna: ¿de qué están hechas realmente las neblinas (hazes) y nubes que envuelven estos mundos?
















Nubes de hierro fundido en un exoplaneta gaseoso. ESO/M. Kornmesser, CC BY

Un “Júpiter caliente” con dos caras

Dos cuerpos orbitando alrededor de uno central (rojo). El más cercano está acoplado, mientras que el más lejano no. Wikimedia Commons., CC BY

El protagonista del estudio es WASP-94A b, un “Júpiter caliente”: un planeta gaseoso parecido a Júpiter, pero orbitando extremadamente cerca de su estrella. Esa proximidad hace que un año allí dure apenas unos días terrestres y que el planeta esté acoplado de marea, es 




decir, mostrando siempre la misma cara a su sol.

Como ocurre con la Luna respecto a la Tierra, un hemisferio permanece eternamente iluminado y el otro en oscuridad constante. Entre ambos, existe una franja de transición, llamada “terminador”, donde los astrónomos pueden estudiar la atmósfera observando cómo la luz de la estrella atraviesa sus capas gaseosas durante un tránsito planetario.

Imagen artística de WASP-39, con la línea de terminador. NASA/ESA/CSA, CC BY

Y fue precisamente allí donde apareció la sorpresa.





Las observaciones del JWST revelaron una diferencia muy clara entre el lado matutino y el vespertino del planeta. En la región donde amanece, predominan densas nubes que amortiguan las señales espectrales del vapor de agua. En cambio, en la zona donde anochece, la atmósfera aparece mucho más limpia y transparente.


El ciclo meteorológico más extremo imaginable

La explicación apunta a un auténtico ciclo meteorológico extraterrestre. Los investigadores creen que las nubes se forman en las regiones relativamente más frías del planeta, probablemente mediante condensación de minerales y compuestos exóticos presentes en la atmósfera. Después, los potentes vientos atmosféricos transportan esas partículas hacia zonas más calientes, donde terminan evaporándose.

En la Tierra, las nubes están formadas por agua líquida o cristales de hielo. Pero en estos mundos abrasadores, podrían existir nubes de silicatos o minerales vaporizados. Las diferencias térmicas entre ambos lados del planeta pueden superar los 280 grados centígrados, suficientes para que los aerosoles aparezcan y desaparezcan continuamente mientras circulan alrededor del globo.


























Gigante gaseoso con nubes de silicatos. Pablo Carlos Budassi, CC BY

Los nuevos datos del JWST sugieren, además, que la distribución de las nubes no es uniforme ni estable. Las observaciones indican una atmósfera extremadamente dinámica, dominada por corrientes capaces de redistribuir calor y materiales a velocidades enormes. 

En este escenario, los modelos atmosféricos apuntan a vientos supersónicos que recorrerían el planeta transportando partículas condensadas desde el hemisferio nocturno y las regiones matutinas hacia zonas progresivamente más calientes.

¿Un viejo dilema resuelto?

El hallazgo es importante porque durante años existieron dos hipótesis principales para explicar los aerosoles de los Júpiter calientes. Mientras que una defendía que eran nubes originadas por condensación, la otra proponía neblinas fotoquímicas, creadas por la intensa radiación estelar, similares a las de Titán, la luna de Saturno, o al smog terrestre.

Las nuevas observaciones favorecen claramente la primera explicación: al menos en este tipo de planetas, las nubes parecen comportarse como sistemas meteorológicos dinámicos gobernados por la temperatura y la circulación atmosférica.















Los Júpiter calientes tienen, normalmente, capas de nubes y neblinas en sus atmósferas. NASA/JPL-Caltech

El problema de las atmósferas “ocultas”

Aunque las nubes hacen estos mundos más fascinantes, también representan un gran desafío científico.

Para estudiar un exoplaneta, los astrónomos analizan cómo ciertos gases absorben longitudes de onda específicas de la luz. Ese patrón permite identificar moléculas como agua, dióxido de carbono o metano. Pero las nubes y neblinas pueden ocultar parte de esas señales y distorsionar las mediciones.

En algunos casos, un planeta puede parecer pobre en agua simplemente porque las nubes bloquean la observación. De hecho, estudios anteriores ya habían mostrado que muchos Júpiter calientes forman un continuo que va desde atmósferas completamente despejadas hasta otras muy cubiertas por nubes.

Ahora sabemos algo aún más complejo: un mismo planeta puede tener regiones simultáneamente nubladas y despejadas.

Esto obliga a reinterpretar parte de los datos obtenidos durante más de una década con telescopios como el Hubble y a desarrollar modelos atmosféricos tridimensionales mucho más sofisticados.

Más cerca de entender otros mundos

El JWST está inaugurando una nueva etapa en la exploración de exoplanetas. Ya no basta con detectar su existencia: ahora empezamos a estudiar su meteorología, sus ciclos atmosféricos y su química con un detalle impensable hace apenas unos años.

WASP-94A b se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de esta nueva astronomía atmosférica. Sus “amaneceres” cubiertos de nubes y sus “atardeceres” despejados muestran que incluso los mundos más extremos poseen dinámicas complejas, cambiantes y sorprendentemente parecidas, en ciertos aspectos, a fenómenos meteorológicos familiares en la Tierra.

Comprender cómo se forman estas nubes exóticas también será fundamental para interpretar planetas más pequeños y potencialmente habitables. Después de todo, la atmósfera es la gran intermediaria entre la superficie de un mundo y el espacio.

Por primera vez, comenzamos a observar cómo cambia el tiempo… en planetas situados a cientos de años luz de distancia.