Lasvacas(Bos taurus taurus), además de ser animales muy sociables, suelen estar en contacto muy continuo con los humanos. Ahora un estudio ha demostrado que son capaces de reconocer rostros humanos que sean familiares para ellas, e incluso de asociar la voz de una persona conocida con su imagen.
El trabajo fue liderado por el Instituto Nacional de Investigación sobre Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de Francia (INRAE, por sus siglas en francés) y se publica en la revista PLOS One.
«Nuestro estudio demuestra que las vacas son capaces de reconocer a personas conocidas combinando información visual y auditiva», dice a SINC Léa Lansade, líder del estudio. «Esto sugiere que las vacas forman representaciones mentales estables de personas conocidas y poseen habilidades sociales y cognitivas más sofisticadas de lo que se suponía anteriormente».
Ya hace unos meses que un estudio documentó el caso de la vaca Veronika, capaz de usar herramientas de forma versátil, algo que solo se había registrado antes en primates.
Vídeos de rostros conocidos y desconocidos
En el trabajo que se publica esta semana, se incluyó en la investigación a 32 vacas de la raza Prim’ Holstein, a las que les mostraron vídeos sin sonido de rostros masculinos, tanto familiares como desconocidos, y midieron cuánto tiempo los miraban.
También reprodujeron vídeos de rostros conocidos y desconocidos mientras emitían el audio correspondiente a uno de los dos hombres, en el que cada uno decía una frase idéntica.
«Cuando las vacas oían la voz de su cuidador, miraban durante mucho más tiempo el rostro correspondiente que aparecía en una pantalla, en comparación con el rostro de una persona desconocida», explica Lansade.
Esto demostró que podían distinguir entre un rostro conocido y uno desconocido. Cuando los vídeos se combinaron con sonido, los animales pasaron más tiempo mirando fijamente el vídeo cuando la voz coincidía con el rostro, lo que demostró que las vacas podían asociar un rostro con la voz que oían.
Según la investigadora, esto demuestra que las vacas «son capaces de lo que los científicos cognitivos denominan reconocimiento intermodal: la capacidad de asociar mentalmente una voz con un rostro».
Vídeo vs. interacciones presenciales
Además, midieron la frecuencia cardíaca de los animales mientras veían los vídeos para ver si las vacas respondían emocionalmente a los rostros de humanos. Según los resultados, ninguno de los rostros o voces, ya fueran familiares o desconocidos, pareció afectar a la respuesta emocional de las vacas.
Lansade opina que es probable que esto se deba a que en el experimento se utilizaron vídeos y no interacciones presenciales.
«En nuestro diseño experimental, las vacas fueron expuestas a imágenes o vídeos presentados en pantallas, lo cual es una situación mucho más limitada y artificial que una interacción en la vida real. Durante los encuentros directos con humanos, las vacas pueden utilizar múltiples señales sensoriales simultáneamente, como el olfato, el movimiento, la postura, las vocalizaciones e incluso experiencias emocionales previas asociadas a esa persona. Un vídeo no puede reproducir plenamente este rico contexto social», apunta la investigadora.
Por eso, la autora recalca que la ausencia de una fuerte reacción emocional no significa que las vacas sean indiferentes a los humanos conocidos. «En realidad, probablemente refleja las limitaciones de los estímulos basados en pantallas en comparación con las interacciones reales».
Sensibles a las emociones humanas
De hecho, la investigadora señala que en otro estudio que su equipo publicó recientemente en la revista Nature observaron que las vacas son muy sensibles a las emociones humanas.
«Son capaces de distinguir expresiones emocionales incluso cuando estas se presentan en vídeos o imágenes. En términos más generales, las vacas muestran una clara preferencia por los rostros humanos positivos, como las expresiones felices, y tienden a evitar los negativos, como los rostros enfadados», dice. «Esto sugiere que las vacas prestan mucha atención a las señales emocionales sutiles en los humanos y que sus capacidades de percepción social son mucho más sofisticadas de lo que se creía tradicionalmente».
Además, señala que, aunque requiere más investigación, es razonable suponer que la capacidad de las vacas de reconocer rostros humanos depende de la calidad y el contacto con ellos.
«Las vacas criadas en entornos con interacciones frecuentes, tranquilas e individualizadas con los humanos —por ejemplo, en sistemas más pequeños o de pastoreo libre— pueden volverse más atentas a las señales humanas y más hábiles para reconocer a las personas. Por el contrario, los animales criados en sistemas altamente intensivos, donde las interacciones suelen ser breves o estresantes, pueden tener menos oportunidades de desarrollar relaciones positivas e individualizadas con los humanos», concluye.
La historia de la humanidad es una historia de humillaciones… en cierto sentido. Nuestra lista de triunfos es casi interminable, pero con “humillaciones” no nos referimos a ellas, sino a cómo ha ido cambiando nuestra autoconcepción. La primera fue cosmológica, descubriendo que el Universo no gira a nuestro alrededor; la segunda fue biológica, al aceptar que somosun animal más, producto de una evolución sin dirección alguna. La tercera habría sido descubrir que no estamos tan al volante de nuestra acciones como pensamos debido al famoso inconsciente de Freud, pero sus afirmaciones carecen de rigor científico.Hoy, un artículo publicado en Science se suma a estas humillaciones sugiriendo que ni siquiera nuestro lenguaje es tan especial como creíamos.
Tras estudiar las vocalizaciones de nuestros parientes más cercanos, los bonobos, los investigadores han descubierto que su comunicación presenta una característica que pensábamos propia del lenguaje humano: la generatividad, la capacidad de combinar un conjunto finito de elementos en un número infinito de combinaciones que otros pueden entender. De hecho, han detectado una forma especial de combinar "palabras" por composición no trivial. Esto es: el significado de la combinación es diferente y más complejo que la suma de los significados individuales. Por ejemplo: "bailarín rubio" se refiere a una persona que es tanto rubia como bailarina, es una composición trivial. Sin embargo “bailarín malo” no se refiere a una persona mala que también sea bailarina, sino que "malo" modifica a "bailarín".
Diccionario de morfemas
Grito: Imperativo rígido que indica “¡Hagámoslo!” y provoca cambios en el comportamiento de los demás.
Pío: Sugerencia para coordinar actividades sociales, interpretada como “Me gustaría…” sin imponer una respuesta obligatoria.
Bajo-Ulular: Expresa alta excitación, por ejemplo, durante la construcción de nidos, y se traduce como “Estoy emocionado”.
Alto-Ulular: Llama la atención de otros, transmitiendo “Presta atención a mí” y puede combinarse para significar mensajes más complejos.
Gruñido: Señala la actividad en curso del emisor, usado para decir “Mírame” y coordinar actividades cercanas.
Silbido: Coordina la cohesión espacial del grupo, comunicando “Quedémonos juntos”.
Pío-Grito: Utilizado para coordinar antes de viajar, significando “¡Únete!” o “Ven con nosotros!”.
Sus combinaciones
Grito_Gruñido [Composición trivial]: La combinación de Grito (“¡Hagámoslo!”) y Gruñido (“Mírame”) se comporta de forma aditiva, sin generar un significado nuevo; se utiliza para incitar, por ejemplo, a construir un nido nocturno.
Alto-Ulular_Bajo-Ulular [Composición no trivial]: Fusiona Alto-Ulular (“Presta atención a mí”) con Bajo-Ulular (“Estoy emocionado”) para señalar situaciones de exhibición, ya sea para reclutar atención en contextos de angustia o para detener el comportamiento de exhibición de otro individuo. De hecho, esta es la composición que más se diferencia en significado de sus componentes por separado.
Pío_Silbido [Composición no trivial]: Une Pío (“Me gustaría…”) y Silbido (“Quedémonos juntos”) en contextos sociales sensibles, por ejemplo, durante copulaciones o exhibiciones, para atraer atención o afirmar rango.
Pío-Grito_Alto-Ulular [Composición no trivial]: Combina Pío-Grito (“¡Únete!”) con Alto-Ulular (“Presta atención a mí”) para coordinar a otros antes de iniciar un viaje o desplazamiento.
No tan rápido
Sin embargo, como todo estudio, este tiene sus limitaciones. El significado de estos sonidos no tiene una traducción literal y su abstracción es difícil de captar. Por otro lado, es posible que algunos ni siquiera tengan significado, sino que sean sonidos “vacíos” que, simplemente, sean relativamente parecidos a los que sí significan algo. Finalmente, en este estudio no se ha tenido en cuenta la pragmática, un aspecto de la comunicación que puede cambiar el significado de las palabras. Dicho de otro modo: el tono y la actitud con la que decimos algo puede hacer que una misma frase signifique lo opuesto y, en este caso, las emociones de los bonobos pueden estar modificando el significado de algunas combinaciones sin que se esté teniendo en cuenta. Todo ello podría cambiar las conclusiones, pero, en cualquier caso, esta investigación ha supuesto un paso crucial para el estudio de la comunicación en otras especies e, incluso, de nuestros antepasados. Porque, si la generatividad está presente en ellos, posiblemente también lo estaba en nuestro último ancestro común, hace al menos 7 millones de años. Detalles que podría aproximarnos a esa tercera humillación lingüística que llevamos tiempo intuyendo.
QUE NO TE LA CUELEN:
Todavía no podemos afirmar que los bonobos tengan un lenguaje, por mucho que nos tiente este estudio. Entre las características que se consideran necesarias para que una forma de comunicación sea un lenguaje está la recursividad, algo que, por ahora, solo hemos visto en lenguajes humanos. Ahora bien, cuando encontremos una forma de comunicación entre animales no humanos que cumpla todos los criterios que hemos establecido… ¿estaremos dispuestos a reconocerla como un lenguaje? ¿O moveremos la diana con nuevas definiciones para seguir sintiéndonos especiales?
REFERENCIAS (MLA):
Berthet, Mélissa, et al. “Extensive Compositionality in the Vocal System of Bonobos.” Science, 2025, doi:10.1126/science.adv1170.
Olive, una madre bonobo primeriza de la comunidad Ekalakala, vocalizando hacia miembros del grupo a distancia.Lukas Bierhoff, Proyecto de Investigación de Bonobos de KokoloporiEurekalert
¿Siente pena un elefante que ha perdido a sus crías ¿Siente vergüenza un chimpancé que se ha caído de una rama frente al líder del grupo? Hasta qué punto podría decirse que una cría está disfrutando del momento cuando está jugando con sus congéneres. En otras palabras, ¿pueden los animales experimentar emociones parecidas a las que sentimos los humanos? ¿Qué sienten, si es que sienten algo? La respuesta sencilla es sí, aunque una explicación más rigurosa obliga a matizar algunas cuestiones.
¿QUÉ SE ENTIENDE POR EMOCIÓN?
Según el diccionario de la RAE, emoción es una ‘alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”. Partiendo de esta acepción, podríamos concluir que los animales sienten emociones, igual que lo hacen las personas. El propio Darwin sostenía que existe una continuidad entre la vida emocional de los seres humanos y la de otros animales, y que en cuestión de emociones las diferencias entre muchos animales son de grado más que de especie. Sin embargo, determinar qué emociones experimentan los animales y hasta qué punto son distintas de las de los humanos no es una tarea fácil, especialmente en especies salvajes.
PELIGRO DE ANTROPOMORFISMO
Uno de los mayores problemas a la hora de estudiar las emociones en animales es la imposibilidad de conocer de cerca su casuística. Un vídeo subido a la plataforma TikTok que se hizo viral mostraba una vaca que parecía dar saltos de alegría cuando alguien le dio una galleta. ¿Estaba realmente feliz? Difícil saberlo, habida cuenta que para conocer la vida emocional de los animales, según explica el experto etólogo Mark Bekoff en este estudio, publicado en Bioscience, es dedicarles tiempo considerable, realizar investigaciones tanto etológicas como neurobiológicas y endocrinológicas. Pero eso no significa que los animales no puedan tener emociones. “Afirmar que no conocemos a los elefantes, los delfines u otros animales porque no somos uno de ellos no nos lleva a ninguna parte”, concluye el experto.
Xavier Manteca. catedrático del departamento de Ciencia Animal y de los Alimentos de la UAB, llega a una conclusión parecida. Explica a National Geographic España que documentar las emociones en animales es una tarea compleja, pues " no tenemos la posibilidad de una comunicación verbal directa", lo que dificulta sobremanera la analogía con el equivalente a las emociones humanas, "pero eso no quiere decir que no puedan demostrar estas emociones. Solo significa que es más difícil identificarlas".
ALGUNOS TIPOS DE EMOCIONES DEL MUNDO ANIMAL
Algunos de los estados emocionales de los animales pueden reconocerse fácilmente observando sus rasgos físicos. La cara, los ojos y la forma de comportarse permiten deducir con certeza qué están sintiendo en determinados momentos. Incluso alguien con poca experiencia en observar estos estados anímicos podría saber qué está estar sintiendo un animal en concreto. Cualquiera que observe una vaca dando saltos después de recibir una galleta o un perro que mueve la cola deducirá que están contentos, mientras que una oca que hunde sus ojos en sus órbitas después de perder a su pareja puede deducir que experimenta tristeza.
Así, las emociones primarias, consideradas emociones innatas básicas, incluyen respuestas generalizadas, rápidas y actos reflejos, que pueden ser automáticas o programadas. Es algo innato, relacionado con la supervivencia, y son consecuencia de la actividad del sistema límbico, en el que participan distintas partes del cerebro, entre ellas la amígdala. Podríamos deducir, pues, que los animales sí que experimentas emociones primarias como la alegría, la tristeza, el miedo, la sorpresa.
Una de las propuestas científicas existentes identifica una serie de emociones básicas controladas por circuitos neuronales presentes en todos los mamíferos, y probablemente todos los vertebrados, entre las que se encuentran las 7 emociones primarias (curiosidad, juego, temor, ira, deseo sexual, angustia). Lo cual no quiere decir que las experimenten del mismo modo que nosotros, sino que su cerebro está equipado con la maquinaria celular que les permitiría sentirlas.
"Podemos deducir que se trata de una emoción similar a la nuestra, pero no podemos ir más lejos". Xavier Manteca, catedrático del departamento de Ciencia Animal y de los Alimentos de la UAB
El problema reside en las emociones secundarias. ¿Hasta qué punto un animal puede sentir vergüenza, culpa, placer, orgullo o incluso celos? Estas emociones están intrínsecamente ligadas al comportamiento humano, pero son difícilmente encajables en la etología. El problema de partida es que no podemos ‘leer la mente’ de un animal con la simple observación, pero, aunque pudiéramos hacerlo, eso no significa que podamos establecer una correlación directa entre una reacción y un comportamiento.
“Incluso si investigaciones futuras demuestran, por ejemplo, que en los perros o los chimpancés se activan las mismas regiones cerebrales que en los humanos cuando están contentos o tristes, ello no significa que estén experimentando esas mismas emociones”, apunta Bekoff en su estudio.
"Con los animales no tenemos la posibilidad de una comunicación verbal directa, y la analogía es tanto más difícil cuanto más diferentes son de nosotros. Podemos deducir que se trata de una emoción similar a la nuestra, pero no podemos ir más lejos", argumenta Manteca.
ALEGRÍA
La experiencia nos dice que un perro que mueve la cola es feliz, mientras que un gato que ronronea está contento. Pero esto no significa que estos comportamientos siempre denoten la misma emoción. Existen casos de perros que han mordido a sus dueños mientras están moviendo la cola, mientras que los gatos también ronronean cuando sufren alguna herida. Pero existe un comportamiento que sí que podemos asociar a la felicidad: el juego. “Una vez observé a un alce joven en el Parque Nacional de las Montañas Rocosas corriendo por un campo nevado, saltando en el aire y girándose, deteniéndose y recuperando el aliento. Había mucha hierba alrededor, pero él eligió el campo nevado”, recuerda Bekoff, quien sostiene que sería difícil negar que estos animales se estaban divirtiendo y disfrutaban de lo que hacían.
ISTOCK
El juego es una de las emociones positivas más documentadas por los etólogos.
Los estudios químicos apoyan la idea de que el juego es placentero, y han demostrado que libera dopamina, un neurotransmisor asociado con la felicidad. Se sabe, por ejemplo, que las ratas muestran un aumento de la actividad dopaminérgica cuando anticipan la oportunidad de jugar. Aunque la felicidad es un término propiamente humano, podríamos deducir que algunos animales experimentan una emoción similar en determinadas situaciones, como, por ejemplo, cuando están jugando. "Los animales experimentan estas emociones positivas cuando juegan, cuando exploran, cuando tienen una relación social agradable con otro animal, o con una persona, si es doméstico", apunta Xavier Manteca, quien explica que este tipo de emociones positivas se empezaron a estudiar más tarde, pero que fueron clave para definir lo que hoy se entiende como bienestar animal.
MIEDO
En ocasiones oímos decir que “el miedo es humano”. En realidad, el miedo no es solo humano, sino que es una de las emociones básicas que compartimos con la mayoría de los animales. Y tiene una explicación evolutiva: se trata de una respuesta casi automática ante un posible peligro que hemos adquirido como consecuencia de la evolución. Lo curioso es que muchos animales sienten miedo de forma innata ante determinados objetos o estímulos, incluso sin reconocerlos. Por ejemplos, ciertos sonidos, olores determinan la presencia de un peligro potencial para muchas especies, que reaccionan de forma innata. Uno de los argumentos de quienes defienden las emociones animales es, precisamente, su función evolutiva. El hecho de que los animales experimenten una emoción positiva cuando cuidan de sus crías significa que aumentará su éxito reproductivo", explica Montalbán.
DUELO
En febrero de 2024, Natalia, un chimpancé de 21 años del Bioparc de Valencia, perdió a su cría de forma inesperada. Tres meses después, era incapaz de desprenderse del cuerpo inerte. Este comportamiento lo interpretaron los etólogos como una emoción similar al duelo de los humanos cuando pierden a uno de sus seres queridos. ¿Estaba experimentando un duelo propiamente dicho? Lo curioso de este caso es que no solo la hembra expresaba este sentimiento. También sus familiares cercanos (su padre, su hermana y su sobrina) se abrazaban a la madre durante las primeras semanas después del fallecimiento de la cría. El caso de Natalia no es el único documentado entre los chimpancés.
La propia Jane Goodall observó un comportamiento similar entre varios miembros de esta especie durante sus investigaciones en Gombe. Flint, un chimpancé de ocho años y medio de edad, alejó de su grupo, dejó de alimentarse y finalmente murió después de fallecer su madre. Abundan otros ejemplos, por ejemplo, en elefantes, en los que se han documentado que montan guardia frente a sus crías muertas. También los delfines y las orcas muestran comportamientos de duelo. En 2018, una noticia sobrecogedora recogía el caso de una orca que había viajado más de 1.600 kilómetros durante dos semanas arrastrando a su cría muerta, el comportamiento de duelo más largo documentado en esta especie.
BIOPARC VALENCIA
Una hembra de chimpancé del BIOPARC de Valencia estuvo meses sin separarse de su cría en un comportamiento similar al duelo. En la imagen, una hembra de la familia junto a otra cría.
"Si estos cambios son similares a los que experimenta una persona, suceden en el mismo contexto y los animales tienen la maquinaria neuronal necesaria para tener emociones, la conclusión más razonable es que con toda probabilidad, algunos animales pueden experimentar algo similar a lo que experimentamos los humanos en el duelo", afirma Xavier Manteca. Ejemplos como estos demuestran que no somos tan distintos en cuanto a emociones se refiere.
Imagen de archivo de delfines en libertad.UNSPLASH
Los delfines mulares macho forman redes de alianzas a diversos niveles, que son las más grandes que se conocen fuera de los seres humanos, según señala un estudio que publica este lunes Pnas.
Estas relaciones de cooperación entre grupos aumentan el acceso de los machos a las hembras, según se desprende de la investigación que estudió a 121 delfines mulares (la especie más conocida) adultos en bahía del Tiburón (Australia).
Los delfines macho forman diversos tipos de alianzas: las de primer orden están creadas por dos o tres machos; las de segundo orden las integran de cuatro a 14 machos que compiten con grupos similares por el mismo objetivo; y las redes de tercer orden se establecen cuando las alianzas de segundo orden cooperan entre sí.
La cooperación entre aliados está muy extendida en las sociedades humanas, es una de las señas de identidad de nuestro éxito y se consideraba algo exclusivo de nuestra especie.
Sin embargo, el equipo encabezado por Stephanie King de la Universidad de Bristol (Reino Unido) ha demostrado que este tipo de delfines forman la mayor red de alianzas multinivel conocida fuera de los humanos.
Además, "las relaciones de cooperación entre grupos, más que el simple tamaño de la alianza, permite a los machos pasar más tiempo con las hembras, aumentando así su éxito reproductivo", explicó la experta.
El tiempo que los machos pueden estar con las hembras "depende de estar bien conectados con aliados de tercer orden, es decir, los lazos sociales entre las alianzas conducen a beneficios a largo plazo para estos machos", según Simon Allen, otros de los firmantes.
Se creía que la cooperación intergrupal en los humanos dependía de dos características que nos distinguen de nuestro ancestro común con los chimpancés: la evolución de los vínculos de pareja y el cuidado parental por parte de los machos.
Sin embargo, "estos resultados muestran que las alianzas intergrupales pueden surgir sin estas características, a partir de un sistema social y de apareamiento más parecido al de los chimpancés", explicó Richard Connor, de la Universidad Internacional de Florida (EE.UU).
El trabajo, destacó King, pone de relieve que las sociedades de los delfines, así como las de los primates no humanos, son "sistemas modelo valiosos para comprender la evolución social y cognitiva humana".
i alguna vez has observado a una mosca cuando está posada sobre la superficie que sea es probable que hayas sido consciente de cómo se frota las ‘manos’ (patitas, evidentemente), de forma aparentemente malévola, como un villano de campeonato. Quizás incluso lo has visto tras sobrevivir al microondas, como ya explicamos la semana pasada en Maldita.es.
Si nunca te has fijado, mira cómo lo hace la mosca de este vídeo con gran detalle. Es precisamente del frotamiento de las extremidades de las moscas sobre lo que hablamos en la curiosidad animal de este consultorio científico.
Fíjate bien en las patas de la mosca doméstica (Musca domestica) de la siguiente foto. Sobre todo en sus pelos: ahí está la clave de su frotamiento.
Una mosca doméstica. Fuente: Wikimedia Commons
El objetivo por el que las moscas rozan sus patas entre sí es limpiarlas. Al estar llenas de pelos, es más fácil que se adhieran partículas y supone mucha más superficie que ‘asear’. También usan las patas para limpiar el resto de su cuerpo. Un vistazo al microscopio de la pata de una mosca explica por qué pasan tanto tiempo limpiándose.
Una pata de mosca doméstica. Fuente: Wikimedia Commons.
Los pelos de los insectos cumplen diversas funciones, como aumentar su repelencia al agua. En el caso concreto de las moscas, facilita que puedan volar en caso de lluvia.