lunes, 26 de junio de 2023

A veces los experimentos no salen como uno espera (y no es malo)

 La pandemia de covid-19, surgida a principios del año 2020, nos afectó a todos de múltiples maneras. También al colectivo de personas que nos dedicamos a la investigación. Muchos nos preguntamos qué podíamos hacer para contribuir a resolver ese tremendo problema sanitario a nivel planetario que progresaba sin control mientras se estaban desarrollando las primeras vacunas contra la covid-19 –que, recordemos, no estuvieron listas hasta finales de ese año–.

En enero de 2020 había muy pocos especialistas en el coronavirus SARS-CoV-2, pero surgieron por doquier propuestas para desarrollar nuevas vacunas e iniciativas innovadoras para investigarlo, detectarlo o combatirlo. Algunas de ellas, gestadas también en nuestro centro, el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC).

¿Qué podíamos hacer nosotros? Mi laboratorio está especializado en genética, en enfermedades raras, en el desarrollo de modelos animales por edición genética con las herramientas CRISPR-Cas. Y mientras hablaba con Miguel Ángel Moreno Mateos, biólogo del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (CABD), se nos ocurrió una idea que parecía estupenda, imbatible, destinada a funcionar sí o sí: usar los sistemas CRISPR para cortar el genoma del coronavirus y, así, lograr inactivar este agente infeccioso

Partíamos de que, aunque la mayoría de las herramientas CRISPR-Cas que conocemos cortan ADN guiadas por una pequeña molécula de ARN, también existen otros sistemas CRISPR-Cas que cortan ARN. Feng Zhang fue quien primero las descubrió y describió, llamándolas Cas13 e imaginando su aplicación en estrategias de diagnóstico genético

Los sistemas CRISPR-Cas13 cortan moléculas de ARN guiadas, a su vez, por otra molécula de ARN. Dado que el genoma del coronavirus SARS-CoV-2 es una molécula de ARN, parecía sencillo: blanco y en botella.

Unas tijeras prometedoras

La idea de usar los nuevos sistemas CRISPR-Cas13 para cortar el genoma del coronavirus parecía buena. Pero no fuimos los únicos a quienes se les ocurrió. Esto sucede mucho en ciencia: somos muchos manejando la misma información y es natural que lleguemos a conclusiones similares más o menos a la vez. 

En este caso, investigadores de Harvard y de Stanford plantearon o llevaron a cabo experimentos similares. Se postulaba el uso de la nucleasa Cas13d, la más específica de las Cas13 sobre el papel, para cortar únicamente el ARN del coronavirus, dejando intactos el resto de ARN mensajeros de las células. Explicamos públicamente el experimento antes de realizarlo, algo poco común antes de la pandemia.

Nuestro laboratorio, con Almudena Fernández como experta, tenía experiencia en los sistemas CRISPR, pero ni somos virólogos ni tampoco conocíamos en detalle el funcionamiento de los nuevos sistemas CRISPR-Cas13d. Por eso trabajamos con otros dos laboratorios –liderados uno por Dolores Rodríguez y Fernando Almazán, virólogos expertos y capaces de trabajar con el coronavirus SARS-CoV-2 en las condiciones de bioseguridad adecuadas, y el otro por Miguel Ángel Moreno Mateos, quien junto a Ismael Moreno, eran expertos en Cas13d y en el modelo animal de pez cebra, usado para validar los reactivos CRISPR– en un proyecto de investigación colaborativo que aportara novedades frente a lo que ya se había hecho. 

Optamos por las ribonucleoproteínas (RNP). Apostamos por administrar a las células infectadas con el coronavirus un complejo RNP, formado por la proteína Cas13d y una molécula guía de ARN dirigida a las zonas del genoma del coronavirus que estuvieran más conservadas. Así intentábamos asegurarnos de que esta aproximación seguía siendo válida para todos los diferentes coronavirus que iban sucediéndose a medida que este virus iba evolucionando durante la pandemia. 

Aprovechando datos de estudios previos publicados por el grupo de Stanford, decidimos diseñar guías contra las regiones evolutivamente más conservadas del genoma del coronavirus, los genes RdRP y N, que codifican dos proteínas del virus, la polimerasa y la nucleoproteína, respectivamente.

Conseguir financiación tampoco fue fácil

Durante la primavera confinada de 2020, enviamos nuestra propuesta científica colaborativa a diversas agencias, fundaciones, instituciones y administraciones con la esperanza de que alguien nos financiara este proyecto de investigación. Nadie nos financió. No lo entendíamos. Nos parecía un proyecto novedoso e innovador. 

Llamamos a muchas puertas, a muchas instituciones y fundaciones, sin éxito, hasta que remitimos nuestra propuesta a la Plataforma de Salud Global del CSIC, que finalmente seleccionó y financió nuestra idea con una modesta cantidad de dinero. 

Poco antes del verano de 2020 pudimos ponernos manos a la obra y desarrollar nuestro proyecto de investigación colaborativa, que se unió a los muchos que ya se estaban desarrollando en el CNB.

Encallados

El proyecto tenía varias fases y estaba ideado para aprovechar las fortalezas de todos los laboratorios implicados. Parecía un proyecto destinado a triunfar. ¿Qué podía salir mal?

Pues un montón de cosas, como pudimos comprobar con el paso del tiempo. No hay proyectos sencillos. La biología siempre es más complicada de lo que uno imagina. Y cuando uno cree (ingenuamente) dominar todos los parámetros de un proyecto, siempre surgen aspectos inesperados que obligan a variar las estrategias iniciales y a explorar otros caminos, inicialmente no previstos. Así es la ciencia. Lo llamamos método científico.

Nos encontramos con problemas que no por sabidos dejaron de sorprendernos, y nos obligaron a investigar alternativas. El principal escollo al que nos enfrentamos fue decidir qué método o estrategia usaríamos para introducir los complejos de RNP (Cas13d + guía ARN) dentro de las células infectadas con los virus. Este proceso se conoce habitualmente como transfección. Para que los resultados fueran exitosos, debía producirse de forma robusta, reproducible y significativa, siendo capaces de transfectar un gran número de células.

Pero no ocurrió así. En ese paso, nos encallamos. No conseguimos introducir los sistemas CRISPR en las células en una proporción suficiente para que pudieran digerir los genomas de los coronavirus de forma significativa.

Lo que siguió fue un carrusel de pruebas de todo tipo para explorar sistemas de transfección alternativos, a partir de nuevas colaboraciones establecidas con científicos de diferentes instituciones del país, a cual más original, innovadora y prometedora. Pero esas múltiples pruebas también resultaron infructuosas. Nada funcionó. En alguna ocasión conseguimos una reducción algo importante en el número de virus, pero no fuimos capaces de reproducir este mismo resultado cuando repetimos el experimento.

Finalmente, en diciembre de 2022, dos años y medio después de haberlo iniciado, y tras varias prórrogas solicitadas al CSIC para seguir ejecutando el proyecto, decidimos ponerle punto final, sin haber obtenido los resultados esperados.

Los experimentos no siempre salen como uno espera

Efectivamente, los experimentos no siempre salen como uno espera. Esta es la parte con menos glamur de la ciencia. Nos encanta contar los éxitos, cuando los experimentos producen resultados espectaculares, y ocupan portadas de revistas y prensa. Pero por cada uno que produce estos resultados tan positivos hay muchos más que no funcionan según lo previsto, muchos más que no ven la luz y se archivan en un cajón.

Para muestra, un botón: nuestro proyecto para pararle los pies a la covid-19 se topó con un muro infranqueable que no logramos superar. Ni nosotros ni, por cierto, ningún otro laboratorio en el mundo –lo cual no sé si nos consuela, pero quizá explique la gran dificultad a la que nos enfrentábamos–.

La entrega de estos complejos proteicos con ARN a las células, las RNP con Cas13, sigue siendo el talón de Aquiles, el principal caballo de batalla. 

Estamos todavía lejos del uso de la tecnología CRISPR como tratamiento antiviral.


Este artículo es una versión de otro artículo publicado por Lluís Montoliu en su blog GENÉTICA

Hay una herida en el corazón de África y va a terminar por partirla en dos: así es la gran grieta del valle del Rift

 En 2016 y sin previo aviso, una grieta de 15 metros de profundidad y hasta 20 de ancho apareció en el condado keniata de Narok. Fue rapidísimo. Destrozó carreteras, tendidos eléctricos y viviendas, pero lo peor de todo fue el pavor negro que inoculó en la población. Y no sólo en la de Kenia.

Hablamos de millones de personas: las que viven a lo largo de los 3.000 kilómetros del Gran Valle del Rift de África Oriental que divide en dos la placa tectónica africana.

Un misterio de 15 metros de profundidad. Porque, aunque todo parece indicar que se trataba de un barranco de erosión y no tenía relación directa con "la gran división africana" que partirá el continente en dos; los expertos coinciden que "quedan dudas sobre por qué se formó en el lugar donde lo hizo" y "si su aparición está relacionada con el Rift de África Oriental" de una forma más o menos sutil.

"Por ejemplo", explicaba Lucía Pérez Díaz de Royal Holloway University of London, "la fisura podría ser el resultado de la erosión de suelos blandos que rellenan una antigua falla relacionada con una fisura". Y es que, sea como sea, hay algo que podemos dar por seguro: África se va a partir en dos trozos. Lleva 30.000 años en el proceso.

El nacimiento de una nueva placa. El caso del Rift es curioso porque, en general, estamos acostumbrados a pensar la superficie de la Tierra como un gran sistema geológico de placas tectónicas dadas. Eso nos hace olvidar que esas placas, sometidas a presiones de todo tipo, también pueden partirse.

Great Rift Valley Map Es Svg

Eso fue lo que pasó hace 138 millones de años cuando las placas africana y sudamericana se dividieron en dos (creando dos piezas continentales que encajan casi a la perfección) y eso es lo que está pasando, otra vez, con la placa africana.

Ahora mismo, el Gran Valle del Rift recorre el continente desde el Golfo de Adén hasta Zimbabue. Esa es la "herida" que está destinada a convertirse en la línea de división de dos placas: la solamí y la nubia. Y, en último término, es la "herida" que se convertirá en un nuevo mar.

¿Un nuevo mar? Sí, hace un par de años, descubrimos que la microplaca de Victoria (el trozo de tierra que se encuentra entre las dos grandes ramas de la 'y griega' del Rift y que podríamos en el mapa en torno al lago Victoria) llevaba años girando en sentido antihorario con respecto a la placa africana.

Es decir, lleva años moviéndose en sentido contrario al resto de placas de la región y eso (además de un enigma geológico) es un indicio muy fuerte de que la fractura se está convirtiendo en cresta; que se está poniendo en marcha la formación de un nuevo mar.

Y esto quizás sea lo más contraintuitivo. Que hablamos de un proceso que, si todo va bien, culminará en unos 50.000 años y, sin embargo, casos como el de la zanja de Kenia suelen volver a los medios mostrando que "algo pasa". Puede parecer que ese "algo pasa" es insuficiente, pero hablamos de procesos fascinantes que muestran el funcionamiento real del mundo que nos rodea.

El protón: de la lámina de oro a la lucha contra el cáncer

 ¿Sabías que, a pesar de tener el mismo valor de carga (pero en positivo), los protones son 2.000 veces más pesados que los electrones? Y, lo más llamativo de todo, es que nadie sabe por qué sucede esto: se trata de uno de los misterios aún presentes en la física moderna.

Y es que estas pequeñas partículas, los protones, son elementos de lo más curiosos y fascinantes. Ocupan la parte central del átomo, junto a los neutrones, formando un caparazón que aporta masa y carga positiva al átomo. Mientras, los electrones, cargados con energía negativa y mucho más ligeros, orbitan entorno a ellos en varias capas y saltando de unas a otras.

Los protones son partículas indispensables para entender el mundo tal y como lo conocemos y, desde luego, sin ellos los átomos no tendrían sentido y la materia tendría una forma muy distinta: gracias a ellos, la carga negativa se equilibra con la positiva, se da neutralidad al átomo, y generan la unión para que los electrones no escapen de la zona externa.

Sin embargo, llegar a su descubrimiento fue un proceso caótico y difícil, lleno de experimentos cuyos sorprendentes resultados fascinaron a los científicos de la época. Te contamos todo sobre este característico hecho, así como de la importancia del protón en muchos aspectos de la vida actual.

RUTHERFORD Y LA LÁMINA DE ORO

A principios del siglo XX, ya se sabía que el átomo no era indivisible, sino que estaba compuesto de partículas más pequeñas. Esto era debido a que, en el año 1897, Joseph John Thomson había descubierto que lo componían pequeñas partículas de carga negativa a las que llamó electrones. Sin embargo, a partir de este hallazgo, se había determinado que el átomo debía ser una esfera donde los electrones y algún tipo de carga positiva desconocida que justificara su neutralidad y le diese masa, convivían juntos. En el año 1911, el físico británico Ernest Rutherford, desmintió esto con un fascinante experimento.

Se conoce como experimento de la lámina de oro y cambió la concepción del átomo por completo, dándole una forma similar a la que se conoce a día de hoy y marcando la física de la época. Así, Rutherford situó una lámina de oro, que rodeó de un detector de partículas, y bombardeó con un haz de emisión alfa, es decir, partículas cargadas positivamente. Como el físico pensaba que el átomo era una esfera cargada de forma uniforme, esperaba que las fuerzas estuviesen distribuidas y no fuese suficientes para desviar el haz. Por lo tanto, estaba seguro que el flujo de partículas alfa atravesaría la lámina sin inmutarse.

Sin embargo, el resultado fue inesperado: 1 de cada 20.000 partículas se desviaba. La única explicación lógica era que existiese una acumulación de carga positiva en el átomo, muy pequeña, que provocase esa desviación al las alfa con ellas. Es decir: la parte positiva y negativa no convivían en el centro del átomo. En palabras del propio Rutherford: “Fue el evento más increíble de mi vida, de hecho, fue casi tan increíble como si disparases una bala a un papel y esta regresase y te golpeara”

De esta forma, el físico británico pudo concluir que la carga positiva se encontraba en un volumen muy pequeño que, además, debía contener casi toda la masa del átomo, por eso las partículas alfa positivas se desviaban al encontrarse con ella. Además, eso derivaba en que el resto del átomo debía estar, prácticamente, vacío, y que los electrones debían ser partículas puntuales situadas alrededor del núcleo.

Años más tarde, en 1918 y a partir de esos primeros resultados, Rutherford realizó numerosos experimentos con nitrógeno y helio que le permitieron establecer la figuradel protón. Para ser más exactos, estableció que el núcleo de hidrógeno, ocupado por un único protón, se trataba de una partícula fundamental.

INDISPENSABLE, PERO NO ELEMENTAL

A pesar de todo, el protón no es una partícula elemental. Es decir, es indispensable en la comprensión de la interacción de la materia y en la composición y comportamiento de los átomos. Sin embargo, desde el año 1970, se sabe que no es una partícula fundamental, sino que está compuesta por otras tres. Se trata de los quarks.

Los quarks son partículas indivisibles que componen a otras más masivas, como por ejemplo, los neutrones o los propios protones. Son un tipo de elementos que no pueden observarse libres, sino que en grupos y, además, se trata del único tipo de partículas capaces de interactuar con las cuatro fuerzas que rigen la materia: la nuclear débil, la nuclear fuerte, la electromagnética y la gravitatoria. Su descubrimiento, en los primeros aceleradores de partículas, le valió en Nobel en 1990 a los físicos Richard Taylor, Henry Kendall y Jerome Friedman.

Nobel de física 1990
AIP EMILIO SEGRÈ VISUAL ARCHIVES, PHYSICS TODAY COLLECTION

Taylor, Kendall y Friedman celebrando la entrega del Nobel de física de 1990.

LA RESONANCIA MAGNÉTICA NUCLEAR

Las propiedades de los protones son muy usadas en la medicina, y uno de los mejores ejemplos es el procedimiento de resonancia magnética nuclear, un proceso seguro y cómodo que permite obtener imágenes exactas del interior del cuerpo humano. Sirve, sobre todo, para la detección de enfermedades y la revisión del estado de órganos internos.

La técnica se aprovecha de la rotación del protón. Y es que, sí, los protones rotan sobre sí mismos en un movimiento llamado precesión, el cual les confiere un momento angular, es decir, una orientación. En la física, esta orientación se denomina spin. Así, se introduce una sustancia en el cuerpo del individuo que tiene capacidad para producir un campo magnético leve. Cuando el campo se genera, los protones se orientan de acuerdo a él, direccionando su spin. Cuando el pulso magnético pasa, los protones vuelven a su estado original, emitiendo una señal energética.

La RMN, o resonancia nuclear magnética, es capaz de detectar esas señales, las cuales se emitirán de forma diferente de acuerdo al estado del átomo y, por lo tanto, de la célula, y así crear imágenes que simulen el interior del cuerpo humano. Es una técnica más segura que las radiografías, puesto que no incluye el uso de rayos X.

Resonancia magnética nuclear
CC

Imagen del cerebro obtenida mediante resonancia magnética nuclear.

TERAPIA DE PROTONES

Además, dentro de ese mismo área médico, los protones son también usados en tratamientos de cáncer de diferentes tipos. En este tipo de técnica, conocida comoprotonterapia o terapia de protones, los haces de protones son usados para bombardear los tejidos afectados por el tumor.

Así, mediante un acelerador (el ciclotrón), se aceleran los protones, otorgándoles velocidad y, con ello, energía. Además, mediante una serie de elementos técnicos y dispositivos, es posible ajustar esta energía, limitar su ancho y especificar su dispersión, para conseguir el haz con las características deseadas. Las partículas se dirigen hacia la zona del tumor mediante un colimador y se genera la radiación. Los protones cargados atacarán entonces el ADN celular, generando muerte celular o interfiriendo en el proceso de división celular.

LOS ANTIPROTONES Y LOS RAYOS CÓSMICOS

Quizás, una de las partícula más curiosas relacionadas con los protones, sean los antiprotones, también conocidos como protones negativos. La diferencia con los protones es que su masa es igual, pero su carga es negativa y, además, no forman parte de los núcleos atómicos. Son elementos que se llevan observando desde hace más de 25 años en los rayos cósmicos, probablemente, debido a colisiones de protones con diferentes tipos de núcleos en el medio interestelar.

Los antiprotones son parte de las antipartículas, un tipo de elementos poco comunes debido a su escaseza. Sin embargo, los científicos apuestan a que, en el origen del Universo, existían materia y antimateria en proporciones iguales. Y, aunque a día de hoy los científicos plantean una serie de posibles explicaciones, la razón de que les Universo observable esté compuesto en su mayor parte solo por materia y de que no se hayan encontrado grandes estructuras de antimateria en él, sigue siendo un completo misterio

lunes, 19 de junio de 2023

Detectan moléculas fundamentales para la vida en la luna Encélado de Saturno

 Un equipo internacional liderado por el científico planetario Frank Postberg, de la Universidad Libre de Berlín, ha identificado compuestos que contienen fosfatos en el vapor expelido por Encélado, una luna oceánica de Saturno y el objeto del Sistema Solar con la mayor proporción de agua líquida en relación a su masa. 

Las cantidades descubiertas indican que podría haber concentraciones más de 100 veces superiores a las presentes en la Tierra.

Esto implica que ahora poseemos una nueva evidencia para entender los mundos oceánicos en el sistema solar y más allá. Y dado que el fósforo es uno de los seis elementos considerados como esenciales para la vida tal como la conocemos, basada en agua y química orgánica, su hallazgo aumenta considerablemente la probabilidad de existencia de vida en Encélado.

¿POR QUÉ SON IMPORTANTES LOS FOSFATOS?

El hallazgo ha sido posible gracias a la misión Cassini de la NASA, que durante 13 años exploró Saturno y su sistema de anillos y pudo analizar muestras a través de un géiser de hielo y gases que se elevaba directamente desde las fisuras en la superficie congelada de la luna. Gracias a esta información es como se ha detectado fósforo en forma de fosfatos que se originan en este océano cubierto de hielo.

La vida depende de los compuestos de fósforo, sin los cuales no podría existir. Esta realidad comenzó a verificarse un siglo después de su descubrimiento (fue descubierto en 1669 por Henning Brandt en la ciudad alemana de Hamburgo).

Fueron los suecos Carl Scheele y Johan Gahn quienes lograron demostrar que el fósforo es uno de los componentes principales de los huesos. Sus derivados combinados con oxígeno, conocidos como fosfatos, juegan un papel crucial en el mantenimiento de la vida, pues constituye una parte esencial del armazón o estructura de las moléculas que portan información genética, como el ADN o el ARN.

En ausencia de fosfato, no es posible la formación y evolución de lo que denominamos un polímero informacional, es decir, una sustancia capaz de contener la información necesaria, que pueda replicarse, traducirse y realizar la transmisión genética. El fosfato también es vital en la gestión de la energía celular. 

Los otros cinco de los seis elementos críticos (carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno y azufre) ya se habían identificado en las emisiones de Encélado, aunque la detección de azufre es provisional.

MUNDOS CON OCÉANOS INTERNOS

Encélado es una de las lunas más grandes de Saturno y uno de los objetos más brillantes de nuestro sistema solar debido a su superficie helada, que refleja la mayoría de la luz solar que recibe. Fue descubierta en 1789 por el astrónomo británico William Herschel.

Enceladus 4
NASA

Cinco lunas de Saturno captadas por la sonda Cassini.

Uno de los hallazgos más significativos en la ciencia planetaria reciente es que los mundos que albergan océanos bajo una cubierta superficial de hielo son frecuentes en nuestro sistema solar. Estos mundos con océanos internos, a veces denominados "mundos oceánicos" o "lunas oceánicas", incluyen, además de Encélado:

  1. Europa: Luna de Júpiter, Europa es uno de los lugares más prometedores en la búsqueda de vida en nuestro Sistema Solar debido a su océano subsuperficial de agua líquida, que puede contener más del doble de agua que todos los océanos de la Tierra juntos.

  2. Ganímedes: También una luna de Júpiter, Ganímedes es la luna más grande de nuestro sistema solar y es única por tener su propio campo magnético. Los datos sugieren que Ganímedes puede tener un océano de agua salada a 200 kilómetros bajo su superficie.

  3. Titán: La luna más grande de Saturno, Titán, tiene mares y lagos de hidrocarburos líquidos en su superficie, pero también podría albergar un océano de agua y amoníaco bajo su superficie.

Así, si bien los planetas con océanos en su superficie, como la Tierra, deben situarse dentro de un rango limitado de distancias de sus estrellas para mantener temperaturas que permitan la existencia de agua líquida en la superficie, los mundos con océanos internos pueden existir en un rango de distancias mucho más amplio, incrementando considerablemente el número de mundos potencialmente habitables que podrían encontrarse en toda la galaxia.

Crean embriones humanos sintéticos a partir de células madre sin óvulos ni espermatozoides: la comunidad científica es cautelosa

 Llega un increíble avance científico: han creado embriones humanos sintéticos a partir de células madre, sin óvulos, espermatozoides ni útero. El avance lo han dado a conocer, a través de un artículo en The Guardian,científicos de la Universidad de Cambridge y del Instituto Tecnológico de California, dirigidos por Magdalena Zernicka-Goetz.

Su objetivo era investigar qué sucede en los primeros estadios del embrión e identificar problemas, sin necesidad de usar embriones reales. Se logró con ratones en agosto del año pasado, tal y como recoge un artículo publicado en la revista Nature, pero nunca antes con humanos.

Se crean embriones humanos sin espermatozoides ni óvulos

La profesora Magdalena Żernicka-Goetz, de la Universidad de Cambridge y el Instituto de Tecnología de California, describió el trabajo en un discurso plenario el miércoles en la reunión anual de la Sociedad Internacional para la Investigación de Células Madre en Boston. La científica afirmó lo siguiente:

“Podemos crear modelos similares a embriones humanos mediante la reprogramación de células [troncales embrionarias]”.

Żernicka-Goetz describió el cultivo de embriones hasta una etapa un poco más allá del equivalente a 14 días de desarrollo para un embrión natural. En la actualidad, la ley del Reino Unido permite que los embriones humanos se estudien en el laboratorio solo hasta el día 14 de desarrollo.

Aún así, los detalles completos del trabajo, del laboratorio de Cambridge-Caltech, aún no se han publicado en un artículo de revista científica.

Polémica en la comunidad científica

Entre la comunidad científica se ha creado una polémica internacional respecto a quién ha hecho primero este logro científico, ya que el científico palestino Jacob Hanna, del Instituto Weizmann de Ciencias, en Rejovot (Israel), también anunció haber logrado crear un nuevo modelo de embrión humano.

Su embrión también se ha obtenido a partir de células madre, e imita la arquitectura tridimensional de un embrión natural de entre 7 y 14 días, según sus resultados preliminares, a los que ha tenido acceso EL PAÍS.

Según Hanna, “Es la primera vez que se obtienen embriones humanos sintéticos sin modificaciones genéticas”. El borrador de su estudio se ha publicado posteriormente en el repositorio bioRxiv.

Se podrían estudiar trastornos genéticos y las causas biológicas de los abortos

Volviendo al estudio de Żernicka-Goetz, los investigadores quieren comprender el período de desarrollo denominado "black box", denominado así porque a los científicos solo se les permite cultivar embriones en el laboratorio hasta un límite legal de 14 días.

Estos embriones modelo que han creado, que se asemejan a los de las primeras etapas del desarrollo humano, podrían proporcionar una valiosa información sobre el impacto de los trastornos genéticos y las causas biológicas de los abortos espontáneos recurrentes.

Robin Lovell-Badge, jefe de biología de células madre y genética del desarrollo en el Instituto Francis Crick de Londres, así lo explica en The Guardian:

“La idea es que si realmente modelas el desarrollo embrionario humano normal utilizando células madre, puedes obtener una gran cantidad de información sobre cómo comenzamos el desarrollo, qué puede salir mal, sin tener que usar embriones tempranos para la investigación”.

Problemas éticos y legales

Sin embargo, este avance científico también plantea serios problemas éticos y legales, ya que las entidades creadas en laboratorio quedan fuera de la legislación vigente en el Reino Unido y la mayoría de los demás países.

Según The Guardian, no hay perspectivas a corto plazo de que los embriones sintéticos se utilicen clínicamente. De hecho, sería ilegal implantarlos en el útero de un paciente, y aún no está claro si estas estructuras tienen el potencial de continuar madurando más allá de las primeras etapas de desarrollo.

En realidad, las estructuras sintetizadas no tienen un corazón que late ni los comienzos de un cerebro, pero incluyen células que típicamente formarían la placenta, el saco vitelino y el propio embrión.

La comunidad científica es cautelosa

Por otro lado, la comunidad científica no se atreve a entrar en detalle sobre este hallazgo. SMC recoge el testimonio de Alfonso Martínez Arias, profesor de investigación ICREA e investigador en Sistemas de Bioingeniería-MELIS de la Universidad Pompeu Fabra. El experto argumenta que:

"No hay información disponible más allá de los artículos en prensa: ni artículo científico ni preprint. Por tanto, este trabajo aún no puede verificarse. Puede ser un paso científico importante, pero, de nuevo, necesitamos ver el informe completo y los datos antes de poder hacer esas afirmaciones".

También así lo ve James Briscoe, jefe de grupo y director adjunto de investigación del Instituto Francis Crick, para SMC Reino Unido:

"Sin un preprint detallado o un artículo revisado por pares que acompañe a esta noticia de prensa, no es posible comentar en detalle la importancia científica de esta noticia".

Por su parte, Roger Sturmey, Catedrático de Medicina Reproductiva de la Facultad de Medicina de Hull York (Reino Unido) e investigador principal de Salud Materna y Fetal de la Universidad de Manchester (Reino Unido), opina lo siguiente, también para SMC:

"El trabajo publicado en The Guardian se basa en una base de investigación cada vez mayor que demuestra que las células madre pueden, en condiciones de laboratorio muy especializadas, ser dirigidas para formar una estructura que se asemeja a la etapa embrionaria llamada blastocisto.
En el desarrollo normal, el blastocisto es una estructura importante, ya que es en torno a este momento cuando el embrión comienza el proceso de implantación en el útero y se establece el embarazo".

Según Sturmey, actualmente podemos decir que "estos embriones sintéticos comparten una serie de características con los blastocistos, pero es importante reconocer que la forma en que se forman los embriones sintéticos es diferente a lo que ocurre cuando un embrión normal forma un blastocisto."

Con todo, será necesario que los científicos se pongan de acuerdo para poder avanzar. Se debe seguir investigando en este campo de células madre y creación de nuevas vidas, un ámbito tan interesante como complejo.