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jueves, 12 de febrero de 2026

Un fósil hallado en China muestra que algunos dinosaurios tenían espinas huecas

 Las defensas externas marcaron la diferencia entre vivir o caer en las fauces

Héctor Farrés

12 de febrero de 2026 18:30 h 

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Las formas que cubren el cuerpo de un animal pueden decidir si sobrevive a un ataque o si logra escapar a tiempo. Las estructuras de defensa en dinosaurios adoptaron soluciones muy distintas, desde armaduras pegadas al dorso hasta prolongaciones que sobresalían de la piel y alteraban la silueta del animal.

En algunos casos actuaban como barrera física frente a mordiscos, y en otros añadían volumen que hacía más difícil agarrarlos. También podían influir en la temperatura corporal cuando estaban huecas o muy irrigadas, porque ofrecían superficie para liberar calor. Esa variedad obliga a fijarse en cómo estaban hechas por dentro para entender qué problema resolvían exactamente.

Las espinas pudieron frenar ataques y también ayudar a refrescar el cuerpo

En ese marco de adaptaciones, un equipo internacional identificó en el este de China a Haolong dongi, un iguanodóntido juvenil que vivió hace unos 125 millones de años y que conserva en la piel unas púas huecas nunca descritas en otros dinosaurios. El ejemplar apareció en sedimentos del Cretácico temprano y su estudio muestra tejidos blandos fosilizados con un nivel de detalle microscópico poco habitual.

Las espinas no proceden del hueso, sino de la propia epidermis, y su presencia obliga a revisar la idea de que las innovaciones cutáneas estaban limitadas a otros linajes. El hallazgo abre una revisión sobre cómo evolucionaron estas cubiertas corporales en este grupo herbívoro.

La primera función que se plantea para esas púas es la protección frente a depredadoresHaolong dongi era más pequeño que otros miembros posteriores de su grupo y compartía entorno con carnívoros activos de menor tamaño, por eso una superficie cubierta de espinas rígidas podía disuadir un ataque.

La tecnología actual permitió ver células atrapadas desde hace millones de años

Las comparaciones con mamíferos actuales indican que no hacía falta una agresión activa para que resultaran útiles, bastaba con que el mordisco acabara en heridas dolorosas o en infecciones para que el riesgo dejara de compensar. Además, el hecho de que fueran huecas sugiere que también podían ayudar a disipar calor en climas cálidos, y su conexión con la piel abre la posibilidad de que transmitieran vibraciones cuando algo se acercaba.

El análisis de estas estructuras fue posible gracias a escaneos por rayos X y a cortes histológicos de alta resolución aplicados al fósil. Esa combinación permitió observar capas cutáneas completas y hasta células individuales atrapadas en el proceso de fosilización.

Las púas presentan una arquitectura interna hueca que recuerda a materiales formados por queratina en animales actuales, y eso confirma que no eran placas dérmicas como las de los anquilosaurios ni cuernos óseos como los de los ceratópsidos. Se trata de una adaptación distintadentro del repertorio conocido hasta ahora en dinosaurios.

La juventud del ejemplar abre dudas sobre cómo cambiaban estas estructuras al crecer

El ejemplar estudiado corresponde a un individuo joven, y ese dato complica la interpretación. No está claro si los adultos de Haolong dongi mantenían esas espinas, si las perdían con la edad o si las desarrollaban aún más al crecer.

El Museo Geológico de Anhui impulsa una revisión de antiguos fósiles a la luz de nuevas técnicas

En animales actuales las defensas cambian entre etapas de crecimiento, por eso surge la duda de si estas púas eran una estrategia propia de juveniles en un entorno hostil o una característica permanente de la especie que aún no se ha documentado en ejemplares adultos. Cada nuevo fósil responde preguntas y a la vez abre otras sobre desarrollo y supervivencia.

El fósil se conserva y analiza en el Museo Geológico de Anhui, en la ciudad de Hefei, una institución que ha ganado proyección internacional por la calidad y variedad de sus colecciones. La publicación científica que describe a Haolong dongi marca un punto de inflexión en el estudio de la piel de los dinosaurios, porque hasta ahora se asumía que muchas innovaciones aparecieron más tarde o estaban restringidas a grupos muy concretos.

Este caso obliga a revisar colecciones antiguas y a examinar restos que pudieron interpretarse de forma incompleta cuando no se disponía de técnicas de imagen tan precisas como las actuales.

miércoles, 1 de enero de 2020

El fósil de una araña desconocida resultó ser un cangrejo al que alguien pintó patas en una elaborada estafa



Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Paleoentomology
A comienzos de 2019, los paleontólogos mostraban entusiasmados el fósil de una araña gigante completamente desconocida para la ciencia. La especie se describió en un estudio de la revista Acta Geologica Sinica. Ahora ese estudio ha sido revisado por terceros y el resultado no es una araña, sino una estafa.
El fósil apareció en la región de Yixian, en China, una zona que se formó hace 11 millones de años, en el período que hoy conocemos como Cretácico. Se da la circunstancia de que los paleontólogos del Museo de Historia Natural de Dalian no encontraron el fósil directamente sino que se lo compraron a unos buscadores de fósiles. 
Los paleontólogos pensaron que la araña, excepcionalmente bien conservada, pertenecía a una especie desconocida del género Mongolarachne, una familia a la que pertenece la M. jurassica, la especie de araña fosilizada más grande descubierta hasta ahora. Hasta le pusieron un nombre tentativo: Mongolarachne chaoyangensis.

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Paleonentomology
El descubrimiento se vino abajo cuando el fósil llegó a manos del Dr. Paul Seldon, un especialista en arañas fósiles en el Departamento de Geología de la Universidad de Kansas. Seldon reportó una serie de errores taxonómicos que no encajaban con lo que debería ser una araña. Análisis más detallados revelaron que el ejemplar ni siquiera era una araña, sino el fósil bastante mal conservado de un cangrejo al que alguien había pintado patas.
Seldon y sus colegas explican que el engaño estaba excepcionalmente bien perpetrado, y que los paleontólogos de Dalian no tenían manera de saber que aquello en realidad no era una araña. “Las personas que describieron el fósil en el estudio son expertos paleontólogos. Simplemente no son expertos en arañas.” [Palaeoentomolgy vía IFL Science]

miércoles, 11 de septiembre de 2019

El día que se perdió el 75% de la vida del planeta (dinosaurios incluidos)

Imagen artística del impacto del asteroide. NASA/DON DAVIS.
La ciencia ficción nos recuerda continuamente en películas y novelas que nuestra vida pende de un hilo, que la tierra puede sufrir el impacto catastrófico de un meteorito que nos borre de la faz de la tierra. Una perspectiva aterradora pero que ya ocurrió. Fue cuando, hace 65 millones de años, un meteorito dejó un cráter de 200 kilómetros: hoy lo conocemos como Chicxulub y acabó con el 75% de la vida existente entonces en el planeta.
El cráter Chicxulub, que está enterrado bajo capas y capas de sedimentos, guarda en su interior la información de qué pasó cuando el meteorito impactó en la Tierra. Un grupo de investigadores liderado por el Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas (Estados Unidos) y con la participación del Centro de Astrobiología, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha confirmado el que hasta ahora era un escenario hipotético planteado por los científicos.
Los científicos encontraron rocas fundidas y fragmentadas como areniscas, calizas y granitos, pero no minerales que contuvieran azufre, a pesar de la alta concentración rocas ricas en azufre de la zona. OCEAN DISCOVERY PROGRAM
Cuando el asteroide chocó contra la Tierra, el impacto provocó incendios forestales, desencadenó un tsunami y expulsó tanto azufre a la atmósfera que bloqueó la luz del Sol, lo que causó un enfriamiento global que condujo finalmente a la extinción de los dinosaurios.
Se han analizado muestras de rocas extraídas de la zona central del cráter y se han hallado sólidas evidencias en las decenas de metros de rocas que rellenaron el cráter en las primeras 24 horas después del impacto. “Las evidencias incluyen fragmentos de carbón vegetal, una mezcolanza de rocas arrastradas por el contraflujo del tsunami y una notoria ausencia de azufre. Todas ellas pertenecen a unas muestras de roca que ofrecen los datos más detallados hasta ahora de las secuelas de la catástrofe que terminó con la era de los dinosaurios”, señala Sean Gulick, profesor de investigación en el Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas y autor principal del estudio.
El estudio The First Day of the Cenozoic, El primer día del Cenozóico ha sido publicado hoy en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) https://www.pnas.org/ y se basa en trabajos anteriores que permitieron describir cómo se formó el cráter y cómo la vida se recuperó relativamente rápido en el lugar del impacto.

Proceso de sedimentación

Los análisis indican que la mayor parte del material que rellenó el cráter en las horas posteriores al impacto se originó en el mismo lugar del impacto o fue arrastrado por el agua del océano que fluyó de nuevo hacia el cráter desde el Golfo de México circundante. En un solo día se depositaron alrededor de 130 metros de material, una tasa que se encuentra entre las más altas jamás encontradas en el registro geológico. Esta tasa vertiginosa de acumulación ha quedado registrada en las rocas, y ha permitido reconstruir los sucesos acaecidos en el medioambiente dentro y fuera del cráter en los minutos y horas después del impacto y hacerse una idea sobre los efectos
a largo plazo del impacto, que, según los datos, acabó con el 75% de la vida presente entonces en el planeta.
Gulick lo describe como un infierno de corta duración a nivel local, seguido de un largo período de enfriamiento global, “se achicharraron y luego se congelaron”. “Aunque no todos, muchos dinosaurios murieron ese día”, concluye.
Una porción de los núcleos perforados de las rocas que llenaron el cráter de impacto del asteroide que aniquiló a los dinosaurios OCEAN DISCOVERY PROGRAM.

Diez mil millones de bombas atómicas

Los investigadores estiman que el asteroide impactó con una potencia equivalente a la de diez mil millones de bombas atómicas como la de Hiroshima. La explosión carbonizó toda la vegetación situada a miles de kilómetros a la redonda del impacto y desencadenó un enorme tsunami que llegó hasta el interior de Norteamérica, a más de 2.000 kilómetros de distancia. Dentro del cráter, los investigadores encontraron carbón vegetal y también un biomarcador químico de la presencia de hongos del suelo dentro o justo encima de capas de arena, lo que sería signo de haber sido depositado por un reflujo de aguas. Estos hallazgos sugieren que el paisaje carbonizado fue arrastrado hacia el cráter por el retroceso de las aguas del tsunami.
Sin embargo, uno de los resultados más importantes de la investigación ha sido la ausencia de azufre en algunas de las muestras de roca. El área que rodea el cráter de impacto está llena de rocas ricas en azufre, pero no había azufre en el núcleo. ¿Dónde estaba el azufre? Este importante hallazgo apoya la teoría de que el impacto del asteroide vaporizó los minerales ricos en azufre presentes en el lugar del impacto y lo liberó a la atmósfera, que se volvió opaca a la luz solar.
Esto causó profundos cambios en el clima de la Tierra, que sufrió un enfriamiento global. Los investigadores estiman que al menos 325 mil millones de toneladas métricas habrían sido liberadas a la atmósfera por el impacto. Esa cantidad es alrededor de diez mil veces superior a todo el azufre que fue expulsado a la atmósfera durante la erupción del volcán Krakatoa (Indonesia) en 1883, que provocó un descenso promedio de 2,2 grados en la temperatura global durante cinco años.
Aunque el impacto del asteroide provocó una destrucción masiva a nivel regional, fue precisamente este cambio climático global el que causó la extinción masiva de especies en la Tierra, no solo de los dinosaurios, sino también de la mayoría de la otra vida que habitaba el planeta en ese momento. “El verdadero asesino tiene que ser atmosférico”, señala Gulick. “La única manera de conseguir una extinción masiva global como esta es un efecto atmosférico”. Para Örmo, “todo lo que se puede deducir de los sedimentos depositados en esos primeros instantes nos permite saber cómo fue el primer día del Cenozoico, el primer día de una nueva era dominada por los mamíferos y eventualmente por nuestra propia especie. Una especie que ahora, por otras causas como la contaminación masiva de los océanos y de la atmósfera, ha iniciado la sexta y última de las extinciones masivas. Tal vez todavía estamos a tiempo de aprender algo del pasado”.

lunes, 10 de agosto de 2015

Jurassica qiyia: un extraño parásito del Jurásico

fosil-parasito
Un equipo internacional de investigadores de las universidades de Bonn (Alemania), Linyu (China), el Instituto Nanjing de Geología y Paleontología (China), la Universidad de Kansas (EEUU) y el Museo de Historia Natural de Londres (Reino Unido), ha descubierto los restos fósiles de un espectacular e inusual parásito que vivió en los lagos de agua dulce de la actual MongoliaInterior (China) hace unos 165 millones de años.
El parásito, una larva de mosca con un tórax formado enteramente como una placa de succión, podía adherirse a las salamandras y chuparles la sangre con la boca; una técnica que hasta ahora no se había visto en ningún tipo de insecto.
Según los investigadores, esta larva de mosca de cuerpo alargado que apenas mediría unos 2 centímetros y que ha sido bautizada como “Jurassica qiyia(Jurassica por el período al que pertenecen los fósiles y Qiyia que significa extraño en chino), sufrió una espectacular evolución donde su tórax se convirtió en una placa de succión gigantesca con unas patas similares a las de la oruga.
Muy Interesante

viernes, 10 de julio de 2015

Reconstruyen Hallucigenia

Logran reconstruir el Hallucigenia, un enigma evolutivo durante 106 años
En 1909, el paleontólogo estadounidense Charles Walcott encontró los restos de una criatura única en el suroeste de Canadá. Se trataba de un pequeño gusano con espinas, pero su fisonomía ha sido un misterio para los paleobiólogos hasta hoy. Su correcta caracterización ha revelado de paso un error de bulto que llevaba en vigor desde los 70.
El Hallucigenia recibió su nombre mucho después, gracias al trabajo del paleontóligo británico Simon Conway Morris. En los 70, un científico neoyorquino llamado Stephen Jay Gould utilizó las taxonomías de Morris para tratar de probar sus propias teorías acerca de que la evolución era un proceso caótico que no seguía ningún patrón. El gusano Hallucigenia era especialmente indicado para apoyar las teorías de Gould.
Lamentablemente, ambos científicos cometieron un error de bulto. El único fósil de Hallucigenia mostraba una mancha oscura que los investigadores creyeron que era la cabeza del animal. Además, asumieron que este pequeño gusano caminaba sobre una especie de espinas y tenía una s protuberancias como tubos flexibles en la espalda.
Logran reconstruir el Hallucigenia, un enigma evolutivo durante 106 años
La realidad es que el fósil estaba al revés. Las espinas están sobre su lomo y eran un simple mecanismo de defensa. Lo que Morris y Gould creían que eran tubos para respirar o alimentarse, en realidad eran las patas del animal. En cuanto a la cabeza, se trataba de una acumulación informe de fluidos y vísceras que posiblemente escaparon del animal cuando quedó atrapado en los sedimentos.
Más de 100 años después de su descubrimiento y 40 desde que lo caracterizaran mal, el Hallucigenia por fin recupera la cabeza, literalmente. Un grupo de paleobiólogos de las Universidades de Cambridge y Toronto han determinado ya con exactitud el aspecto de este gusano gracias al análisis de nuevos restos fósiles mediante microscopio electrónico.
El aspecto del Hallucigenia no mejora mucho en cuanto a rareza. Su cabeza tubular presenta dos pequeños ojos y una boca redondeada llena de colmillos afilados como agujas, Una serie de tentáculos probablemente le servían para ayudarse a atrapar alimento o a sujetarse. Los investigadores han elaborado una animación 3D con el aspecto, ahora sí completo de este gusano que vivió hace más de 508 millones de años.
¿Por qué tanto alboroto por un gusano? La razón es el período en el que vivió. El Hallucigeniapertenece a un período conocido com la Explosión Cámbrica. En esas fechas asomaron en nuestro planeta los primeros animales y, en muy poco tiempo, se diversificaron en la multitud de familias y especies que han evolucionado hasta nuestros días. Este pequeño gusano de apenas tres centímetros es lo más cercano que hemos encontrado al padre de todos los ecdisozoos, una amplia familia que hoy incluye desde los gusanos hasta los escorpiones. Todo un eslabón perdido a su pequeña manera. [Nature vía Science]
Gizmodo

jueves, 25 de diciembre de 2014

Una tortuga terrestre gigante habitó Europa hace 15 millones de años

los investigadores han estudiado el material paleontológico encontrado durante el primer tercio del siglo XX en Madrid, que permanecía sin revisar en el MNCN desde la Guerra Civil española. Titanochelon es el nombre del género descrito, que engloba a todas las tortugas terrestres de gran tamaño que poblaron Europa y la región occidental de Asia.
Su caparazón medía entre uno y dos metros, era relativamente bajo pero ancho y sus extremidades, muy robustas, estaban cubiertas por grandes escamas osificadas, a modo de coraza protectora. “No se trata de una tortuga cualquiera sino de la mayor que habitó en Europa, con un tamaño que podía exceder de manera notoria al de las tortugas terrestres que actualmente habitan en las Islas Galápagos”, comenta Adán Pérez-García, miembro del grupo de Biología Evolutiva de la UNED e investigador de la Universidad de Lisboa.
"No se trata de una tortuga cualquiera sino de la mayor que habitó en Europa"
“Gracias a este trabajo hemos podido recuperar un valioso material fósil de la colección histórica que custodia el MNCN desde principios del siglo XX. Asimismo, este trabajo ha permitido establecer la tortuga española, Titanochelon bolivari, de la que conservamos abundante material, como la especie tipo que sirve para describir a todas las especies que forman parte del nuevo género”, comenta Patricia Pérez Dios, conservadora de la colección de paleontología de vertebrados del MNCN.
“La especie española, bien representada en el MNCN, presenta numerosas diferencias con las ocho especies, también del género Titanochelon, analizadas en el trabajo. De esta manera, hemos podido confirmar que en España habitaba una tortuga diferente a la registrada en otros países europeos”, explica Pérez-García, que ha estado vinculado al MNCN en varias etapas a lo largo de esta investigación.
Asimismo, el estudio aporta datos para conocer la relación de parentesco, origen y distribución de las tortugas terrestres gigantes europeas y facilita la clasificación del resto de ejemplares.
"Manadas de tortugas gigantes paseaban por lo que actualmente es la Gran Vía"
El género Cheirogaster, que supuestamente englobaba a las tortugas terrestres medianas y gigantes europeas, ha quedado restringido a una única especie, de menor tamaño (40 cm de longitud), que vivió en Francia hace unos 35 millones de años. “Las tortugas gigantes que habitaron Europa y Asia occidental, hace entre unos 20 y dos millones de años, tienen poco que ver con esa tortuga primitiva, y pertenecen al nuevo género de tortugas ‘titánicas’, Titanochelon”, comenta Pérez-García.
Un trabajo de investigación a partir de colecciones olvidadas
Los investigadores, junto a la conservadora del MNCN Begoña Sánchez Chillón, comenzaron a recabar datos en 2005 y, mediante la ordenación y reconstrucción de los fósiles, así como el análisis de la información del archivo del mueso, han descubierto que la especie de Madrid es la más representativa y más abundante de todas las tortugas gigantes europeas.
“Además de los caparazones hemos identificado muchos huesos de otras regiones de su esqueleto. De hecho, la especie española es la que ha aportado mayor información no sólo sobre el caparazón sino también sobre su cráneo y su esqueleto apendicular”, aclara Pérez-García.
Para este trabajo los investigadores han revisado el registro de todas las tortugas terrestres europeas, analizado abundante material inédito y estudiado los fósiles encontrados durante el primer tercio del siglo XX en varias regiones españolas. Los paleontólogos Hernández-Pacheco y Royo Gómez ya citaban en trabajos de investigación de los años 20 a la tortuga madrileña, que llamaron Testudo bolivari, pero, debido a la Guerra Civil española, nunca tuvieron la oportunidad de continuar su estudio.
En Madrid hay restos fósiles de tortugas en numerosos yacimientos, algunos de ellos de gran relevancia histórica, como los situados en Vallecas, Ciudad Universitaria o Alcalá de Henares. “Hoy podemos imaginar, con gran precisión anatómica, cómo hace varios millones de años, manadas de tortugas gigantes paseaban por lo que actualmente es la Gran Vía”, concluye Pérez-García.
Referencia bibliográfica:
Pérez-García, A., Vlachos, E. (2014) 'New generic proposal for the European Neogene large testudinids (Cryptodira) and the first phylogenetic hypothesis for the medium and large representatives of the European Cenozoic record'. Zoological Journal of the Linnean Society DOI: 10.1111/zoj.12183
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