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lunes, 14 de marzo de 2022

El herbario de Rosalía de Castro: la naturaleza como acto político y literario

 Si hay algo que gustaba a las grandes firmas del Romanticismo, era la naturaleza. Paisajes arrebatadores, mares embravecidos y plantas, muchas plantas. Y Rosalía de Castro, una de las grandes autoras de no una, sino dos literaturas, como buena romántica también estaba muy interesada en las plantas, que están muy presentes en su obra.

«El Romanticismo fue el momento de mayor cambio de precepción de nuestra relación con la naturaleza», apunta María López Sández, profesora en la Universidad de Santiago de Compostela. Separar a Rosalía de Castro de su momento y su obra de esas influencias es imposible. Rosalía era una romántica que prestaba gran atención a la naturaleza y que deja que esta se cuele en toda su obra.

Las plantas de Rosalía de Castro son las protagonistas de una exposición en el Real Jardín Botánico-CSIC de MadridHerbario Rosalía de Castro. Nasín cando as prantas nasen. La muestra, que se puede visitar hasta el 25 de marzo, quiere «rendir un homenaje a la creadora literaria que nos enseñó a mirar el paisaje de otra manera» y une su obra con las plantas que en ella aparecen. López Sández es una de sus comisarias y también una de las personas que se lanzó a hacer una lectura en clave vegetal, por así decirlo,  de la obra de la escritora.

Rosalía de Castro no nos dejó un herbario perfectamente indexado. En 2019, López Sández y la también profesora de la USC María Isabel Fraga Vila iniciaron el proceso de crearlo. Primero, hubo «una lectura completa» de la obra rosaliana, desde poemas hasta colaboraciones en prensa o cartas, para crear una base de datos de todas las menciones a plantas que había realizado la escritora.

Después, se creó el herbario final. López Sández y Fraga Vila se lanzaron a recopilar las plantas reales —y sí, paseando por los escenarios que la propia Rosalía de Castro menciona o en los que se inspira, como por ejemplo el cementerio de Adina, en Iría Flavia, al que se fueron para ver qué crecía en sus muros— para convertir el listado en un herbario como tal.

¿Les costó a las investigadoras identificar los nombres del siglo XIX en la Galicia del siglo XXI o se tuvieron que enfrentar a la desaparición de plantas? El problema, apunta María López Sández, fue «no tanto plantas que ya no existen como la invasión de plantas que en su época no existían». El herbario tiene dos secciones dedicadas a las hierbas silvestres del campo o a las que crecen en los cementerios, pero desde que Rosalía de Castro las observaba a mediados del siglo XIX hasta que las investigadoras las recogieron a principios del siglo XXI se han colado en esos entornos especies nuevas.

PLANTAS, MENSAJES Y LITERATURA EN UN HERBARIO 

Casi se podría caer en la tentación de ver la presencia de lo natural en la obra de Rosalía de Castro —y la recopilación de las plantas y sus menciones— como algo simplemente cuqui, como un elemento curioso. Sin embargo, toda esta presencia de las plantas es mucho más que una curiosidad.

Para empezar, las plantas de Rosalía de Castro pueden verse como un acto político. «Desde luego», apunta María López Sández cuando se le pregunta si es así. Rosalía de Castro incluye «esos paisajes sublimes» que el Romanticismo ama en su obra, pero lo hace, recuerda la investigadora, con un matiz reivindicativo sobre Galicia. Sus descripciones y sus poemas construyen una imagen positiva del paisaje de la que después se encontrará un eco que va más allá de su obra. Que aparezcan según qué plantas, como las hierbas silvestres, no es una elección banal.

Y, para continuar, las plantas son también un elemento de peso literario. No se trata solo de que se mencionen en poemas o en obras en prosa, sino que son también fuente de inspiración y cuentan con una conexión profunda con la autora y con la voz poética. Como indica la investigadora, en algunas poesías se puede leer directamente cómo la voz poética señala que escribe porque se lo pidieron las propias plantas. «Su voz sale de las plantas y la inspiración es la naturaleza», señala.

Visualizar el herbario de Rosalía —que los comisarios de la exposición, la propia López Sández y Fernando Cabo Aseguinolaza y Maria do Cebreiro Rábade Villar han conectado con fragmentos de la obra rosaliana— permite, por tanto, comprender mejor la obra literaria, y casi se podría decir también que su momento histórico y su influencia posterior.

LAS PLANTAS FAVORITAS DE ROSALÍA

En el herbario final, no solo han tenido en cuenta qué plantas aparecen en la obra de Rosalía de Castro, sino también con qué frecuencia lo hacen y qué importancia tienen. Así, por ejemplo, sabemos que, aunque las flores que le gustaban a Rosalía de Castro eran los pensamientos, las más presentes en su obra son las rosas. María López Sández explica que triplican a las demás presencias del herbario. «Pero no sorprende», dice, porque la rosa cuenta con una gran tradición literaria en Occidente y, además, la propia escritora «juega con la paranomaxia» entre el nombre de la flor y el suyo propio.

Después de las rosas, lo más presente son los árboles. Los robles son los segundos en el ranking de la frecuencia. Incluso, en En las orillas del SarRosalía de Castro arremete contra su tala, algo que en la Galicia actual —en la que las quejas ecologistas van contra la popularidad del eucalipto, una especie invasora, frente a las especies autóctonas, como los robles— resuena de forma especial.

Igualmente, en la obra hay ciertas ausencias. Algunas son curiosas, como que los pensamientos que tanto le gustaban aparezcan tan poco; y otras llaves para comprender la historia vegetal gallega. «No menciona las camelias», apunta López Sández, nombrando a una planta ubicua hoy en los jardines de siempre gallegos, tanto que hay hasta rutas turísticas que las siguen, «porque no había en el siglo XIX». Las camelias llegaron después de la obra de Rosalía de Castro

martes, 22 de marzo de 2016

Los Herbarios medievales

Los herbarios se conciben como grandes catálogos botánicos. Cada ejemplar apareceilustrado con su correspondiente descripción al lado en la que se especifican sus características y usos: nombre, sinónimos, situación geográfica, propiedades curativas, elaboración de remedios, contraindicaciones, etc.
Las fuentes fundamentales para su constitución hay que buscarlas en la tradición clásica. Tratados como el Herbarium de Pseudo-Apuleyo, la Materia Médica de Dioscórides o la Historia de las plantas de Teofrasto constituyeron la base de la botánica durante toda la Edad Media. Las referencias que se usaron para constituir estos herbarios aparecían dispersas por distintas compilaciones: de carácter farmacológico, agrícola y medicinal, además de las incluidas en relatos de viajes o en poemas didácticos. Las traducciones de textos botánicos por los árabes permitieron el conocimiento de nuevos ejemplares procedentes de la flora persa, india e incluso tibetana.
Antes de la irrupción de los herbarios latinos en la Baja Edad Media, es interesante destacar la producción de este tipo de tratados en otras partes del territorio medieval. Bizancio puede estar orgulloso de haber hecho una gran aportación a la botánica medieval con la introducción de una iconografía vegetal; ya en el siglo VI se tiene constancia de la existencia de códices que contenían la Materia Médica de Dioscórides ilustrada, cuyo ejemplar más antiguo es el Anicia Juliana Codex. En China se tiene conocimiento de la producción de herbarios (pen ts’ao), de corte farmacológico, desde el siglo II; pero fue en el siglo X, bajo la dinastía Song, cuando se llevó a cabo una compilación que pretendía resumir la tradición botánica anterior. Un ejemplo de esto es el Herbario de la era Kai-pao.
Ya de vuelta en Europa, los herbarios latinos surgieron a partir del siglo XIII, bajo la influencia de la Escuela de Salerno, como respuesta a una demanda práctica, es decir, la necesidad de tener toda la información en un mismo ejemplar, en latín, sin necesidad de tener que buscarla por distintos tomos. Como fuentes influyentes, ya plenamente medievales, se usaban el Macer Floridus (siglo XI) de Odon de Meung y el Circa instans (siglo XII) de Mateus Platearius. La composición del herbario se llevaba a cabo por varios individuos, el escritor y el ilustrador, por lo que esto, junto al desconocimiento de algunas de las especies a describir por el autor, podía provocar discordancias entre el texto y la ilustración. Como bien apunta Crombie, la finalidad a la hora de realizar herbarios “(…) era, habitualmente, intentar identificar en su propio jardín las plantas mencionadas por Dioscórides y el Herbarium de Pseudo Apuleyo”.
En cuanto a su representación, se suele usar la clasificación que Signer diseñó en 1947. El estilo romano, cuya intención era representar la planta de manera ornamental, sin incidir en sus rasgos de manera más precisa. Esta técnica se dio en el norte de Francia. El segundo estilo es el llamado realista, que buscaba facilitar la identificación de ejemplares vegetales. En el siglo XIII se perfeccionaron las ilustraciones puesto que la intencionalidad era práctica. Muchos de los autores acudieron al estilo realista de las escuelas flamencas e italianas, alcanzando en siglos posteriores un alto grado de naturalismo, cuyos representantes más destacados fueron Durero o Leonardo. Este realismo vegetal se puede apreciar en los relieves escultóricos góticos cristianos o en la decoración oriental, incluyendo cada vez más detalles.

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Herbario de Pseudo Apuleyo. MS Ashmole, 1431. Fol. 9v 10r. Bodleian Library, Oxford.
Las plantas catalogadas en los herbarios pueden clasificarse por orden alfabético o en torno a sus características, siendo un intento más serio de clasificación “científica”. Por ejemplo, en el Herbario de Rufino, del siglo XIII, se organizan los ejemplares por orden alfabético y se agrupan en tres conjuntos: labiadas, compuestas y leguminosas. En el norte europeo se observan estos intentos de ordenación con ejemplos de plantas umbelíferas.
El Herbario de Bury S. Edmunds (siglo XII), el Herbario de Rufino (siglo XIII) o el Herbario de Benedicto Rinio son sólo algunos ejemplos de la gran producción que comenzaría a circular por Europa como apoyo a la actividad médica y farmacológica.
Vía| COLLINS, M.: Medieval herbals: The illustrative traditions. London: British Library, 2000./ CROMBIE, A.C.: Historia de la Ciencia: De San Agustín a Galileo. Vol. I. Madrid, Alianza Universidad, 1985./ FUENTE FREYRE, J.A. de la, La biología en la Antigüedad y la Edad Media. Salamanca, ediciones Universidad de Salamanca, 2000.