lunes, 3 de julio de 2023

Qué sabemos realmente de la vida y la habitabilidad en Encelado, la luna de Saturno

 Encelado es un mundo sugerente. Esta luna de Saturno está formada por un núcleo rocoso y un mar de agua salada cubierto por una gruesa capa de hielo, y se muestra como un inhóspito mundo helado. Es uno de los “mundos acuáticos” que orbitan los gigantes gaseosos del sistema solar y, de momento, uno de los más atractivos para la exploración espacial, junto con Europa, la luna de Júpiter.


























La pequeña luna Encelado, de 504 km de diámetro, vista desde la sonda Cassini, mostrando su exterior de hielo. NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute

Cinco veces el mar Mediterráneo bajo su superficie

La primera sorpresa que dio Encelado fue el descubrimiento de agua líquida: bajo la fría superficie (unos -200 ºC) hay un océano de agua salada, con un volumen de unas 5 veces el mar Mediterráneo. 

En 2005, la misión Cassini recogió imágenes de los penachos de vapor de agua, géiseres y fumarolas que expulsan vapor de agua desde su océano. 

Primero, los datos de Cassini mostraban que el agua posiblemente es salada y alcalina. Recientemente, en 2018, el análisis de los datos de la nave han mostrado que el agua emitida por Encelado contiene compuestos orgánicos.

La último sorpresa de la exploración de Encelado acaba de publicarse e indica que el agua procedente de su océano contiene fosfato, un compuesto esencial para la vida tal como la conocemos. 

¿Significa esto que hay vida en Encelado? No, por supuesto que no. Pero sí que es un lugar interesante para explorar.

Fosfato en Encelado: ¿cómo se ha descubierto?

Aún no hemos llegado a la superficie de Encelado, y menos al agua del interior. Entonces, ¿cómo sabemos qué contiene su océano? Lo sabemos gracias a los géiseres gigantes que expulsan agua al espacio y dejan huella en los anillos circundantes. 

El estudio de los anillos de Saturno indica que el anillo E está formado por partículas de hielo emitidas por Encelado. La nave Cassini pudo capturar algunas de esas partículas y analizarlas. Es parecido a estudiar la composición del mar capturando salpicaduras en el aire. 

Los análisis sugieren que el océano de Encelado es salado y alcalino (rico en carbonato sódico). Algunas partículas, además, contienen abundante fosfato, que podría estar disuelto en el océano. No es la primera vez que se detecta fosfato fuera de la Tierra. Por ejemplo, es abundante en Marte. 
















Penachos de agua emitidos por Encelado, contrastando con los próximos anillos de Saturno y la pequeña luna Pandora, en la parte inferior. Estos anillos están formados por partículas de hielo emitidas por Encelado. NASA/JPL-Caltech/Space Science Institute

Condiciones para la habitabilidad

Decimos que un planeta, o una luna, es habitable cuando reúne las condiciones para que se produzca la evolución química o se origine la vida. Dos condiciones básicas para la habitabilidad son la presencia de agua líquida y fuentes de energía que puedan inducir un desequilibrio, o generar energía química. 

En el caso de Encelado, las fuerzas de marea provocadas por la gravedad del cercano Saturno, entre otras fuentes de energía, pueden sostener sistemas hidrotermales (fuentes de energía química) en el fondo de su océano, dando lugar a reacciones químicas complejas. Los géiseres son una manifestación de esa actividad.

















Geiseres en la zona del polo sur de Encelado, donde se piensa que se sitúa la parte más profunda del océano. NASA/JPL/Space Science Institute

¿Y el fosfato? Para algunos científicos es un requerimiento de habitabilidad estricto. Otros pensamos que el fosfato llegó tarde en el proceso de evolución química hacia la vida y que moléculas como el ARN son un producto de esta evolución. Por tanto, el fosfato no sería estrictamente necesario para que en Encelado tengan lugar procesos de evolución química situados, al menos, en la frontera de lo que entendemos como “vivo”. 

No se han encontrado otras formas químicas de fósforo –como fosfito o fosfuro–, que se consideraba que serían relevantes para el origen de la vida. Y realmente lo es para quienes pensamos que fue el simple fosfato, la forma más común y estable de fósforo, lo relevante en la evolución química.

La vida es el resultado de un proceso de evolución química

El origen de la vida no tiene un momento específico. Es un concepto tan difuso que los científicos preferimos el término “evolución química”. 

Un conjunto de moléculas puede evolucionar (en el sentido de darwinismo molecular) mediante procesos de selección y formación de estructuras y la aparición de nuevas reacciones. Así, la vida es el resultado de un proceso de evolución química. 

Un sistema químico capaz de evolucionar tiene una propiedad fundamental de la vida: puede prevenir que la materia orgánica aumente su diversidad química y se convierta en una masa marrón (igual que cuando se estropea una manzana). La materia orgánica por sí sola tiende a generar muchos compuestos, desorganizar sus estructuras macromoleculares y a “alquitranarse”.

Un error común es pensar que el proceso vital implica un aumento de complejidad química. Al contrario: la vida (y la evolución química) limita el número posible de compuestos químicos que podrían surgir combinando sus componentes.

Tres opciones, y todas buenas

No tenemos ninguna prueba ni indicio que sugiera que hay vida o evolución química en Encelado. De hecho, es extremadamente poco probable que Encelado tenga vida similar a la que conocemos, pero es precisamente esto lo que hace que la futura exploración de Encelado sea apasionante.

NASA/JPL



























Una de las primeras aproximaciones humanas a Encelado: la superficie vista por la nave Voyager 2 en 1981. Las fracturas tectónicas y las regiones sin cráteres ya sugerían que Encelado era activo geológicamente.

La primera opción, quizá la mas probable, es que tengamos un océano líquido con un fondo marino activo, con sistemas hidrotermales emitiendo fluidos calientes, y sin vida reconocible. Aún así es interesante la exploración, porque podríamos aprender qué es lo que necesita el sistema para que la vida emerja. Además podríamos estudiar, por ejemplo, cómo es la geoquímica del fósforo sin intervención de organismos vivos, y contrastar los modelos de laboratorio de química prebiótica.

La segunda opción, también algo probable (y para mí la más interesante): si hay procesos de evolución química activos, podría llevarnos a entender finalmente cómo se origina la vida, qué moléculas se forman en la frontera de lo vivo y que, en la Tierra, ya no existen tras 4 000 millones de años de evolución biológica. Quizá podríamos responder a la pregunta de cuándo surge el ARN o qué alternativas tiene.

Por último, si hubiera vida proliferando en el fondo oceánico de Encelado, sería un punto de inflexión para la humanidad: difícil calibrar las implicaciones sociales o religiosas de tal hallazgo. Estaríamos ante un segundo génesis fuera de la Tierra

Qué nos hace falta para que la próxima pandemia no nos pille desprevenidos

 Recientemente, el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha expresado su preocupación sobre la capacidad de respuesta de la comunidad internacional ante la posibilidad de aparición de nuevas pandemias. En su informe a la 76ª Asamblea Mundial de la Salud ha planteado que “el final de la emergencia global no es el final de la covid-19 como una amenaza global para la salud”. Y se ha preguntado: “Si no hacemos los cambios necesarios, ¿quién los hará?; y si no los hacemos ahora, ¿cuándo?”. 

Es un aviso –de una fuente autorizada– de que habrá nuevas pandemias en el futuro frente a las que la comunidad internacional deberá demostrar su capacidad para responder de manera efectiva.

Las emergencias de salud pública de importancia internacional

El anuncio se produce tras la finalización oficial de la emergencia de salud pública de importancia internacional (ESPII) por covid-19. Una ESPII, según el Reglamento Sanitario Internacional (RSI), se formula cuando surge una situación grave, repentina, inusual o inesperada, con implicaciones para la salud pública más allá de la frontera nacional del Estado afectado y que puede requerir una acción internacional inmediata.

Entre 2009 y 2020, ha habido siete declaraciones de ESPII:

  • la pandemia de gripe H1N1, en 2009;

  • la poliomielitis en 2014;

  • el brote de fiebre hemorrágica por virus Ébola en África occidental en 2014;

  • la epidemia de fiebre vírica por virus Zika en 2015-2016;

  • la epidemia de fiebre hemorrágica por virus Ébola en Kivu en 2018–2019;

  • la pandemia de covid-19, por virus SARS-CoV-2, en 2020;

  • el brote de mpox (antes denominada como viruela del mono), en julio de 2022.

Brotes de gripe aviar y bacterias multirresistentes

Más recientemente, se están produciendo brotes de gripe aviar. Entre octubre de 2021 y septiembre de 2022, Europa ha sufrido una epidemia de gripe aviar altamente patógena que ha afectado a 37 países europeos, con más de 2 500 brotes en aves de corral, más de 200 brotes en aves cautivas y casi 4 000 casos en aves silvestres cautivas. 

Es probable que estas infecciones en animales persistan en los próximos meses. El riesgo para la población general es bajo, aunque no para las personas con exposición laboral: entre 2004 y la actualidad, se han notificado 876 casos de gripe A(H5N1) con 458 fallecimientos en 23 países, sin que se haya detectado ningún caso de transmisión interhumana

Los microorganismos multirresistentes a antibióticos son también motivo de preocupación por la amenaza que suponen, al igual que otras enfermedades como la tuberculosis o las infecciones de transmisión sexual, que podrían ocasionar brotes de patógenos multirresistentes de alcance internacional.

Revisemos nuestra relación con el ecosistema

Sabemos, por la evolución histórica, que las amenazas están siempre presentes por la dinámica de evolución de los microrganismos y su interacción con los humanos y los animales, en unos ecosistemas cada vez más condicionados por la acción humana. La modificación de los equilibrios por acumulación de circunstancias de riesgo puede producirse de forma relativamente rápida y tener consecuencias devastadoras.

En las últimas décadas se han incrementado los brotes de enfermedades transmisibles con potencial pandémico, y más de la mitad de estos brotes los provocan microorganismos que pueden transmitirse de animales a humanos. Todo ello en un contexto de globalización con una movilidad que facilita la transmisión de patógenos a escala mundial. Es necesario, pues, reconsiderar nuestra forma de organizarnos y de relacionarnos con el ecosistema para tratar de minimizar la probabilidad de que sucedan eventos con potencial pandémico.

A pesar de los avances que se han implementado tanto en los sistemas de información como de vigilancia epidemiológica, así como en el desarrollo de vacunas, son necesarias medidas de prevención primaria que eviten la emergencia de nuevos patógenos.

El caso de España: estrategia de vigilancia y medidas preventivas

En España se ha avanzado bastante con la publicación de la Estrategia de Vigilancia en Salud Pública del Sistema Nacional de Salud y los desarrollos efectuados en las comunidades autónomas. La pandemia de covid-19 ha servido para incorporar avances tecnológicos en los laboratorios, ofreciendo mayor precisión y celeridad en los diagnósticos, así como la secuenciación genómica completa de los microorganismos y el desarrollo en un tiempo récord de vacunas de elevada eficacia y efectividad. 

Paralelamente, los sistemas de vigilancia han incrementado su integración con los sistemas de información clínica y microbiológica. Y se ha avanzado en la utilización de medidas preventivas no farmacológicas que, cuando no se dispone todavía de vacunas ni de tratamientos, resultan fundamentales para frenar la transmisión. Sin embargo, aún queda mucho camino para concretar las actuaciones y disponer de un sistema de salud pública capaz de afrontar nuevas situaciones de crisis.

El Estado debe prever con antelación la disponibilidad de recursos necesarios para el control de futuras epidemias, intentando no ser dependientes de terceros países, y apoyando industrias que puedan modificar sus cadenas de producción, hacia las necesidades sanitarias.

Las desigualdades sociales

La pandemia de la covid-19 no ha afectado por igual a los diferentes grupos sociales. Las personas en una situación más desfavorecida han sufrido las mayores consecuencias en términos de salud, sociales y económicos de la pandemia

Las desigualdades sociales suponen un riesgo para la salud, también en el caso de las enfermedades transmisibles. Por eso más que nunca es necesario un esfuerzo por parte de los países para tratar de reducir las desigualdades y de mitigar las inequidades en salud que pueda producirse en futuras pandemias.

La comunicación

También es necesario realizar mayores esfuerzos de preparación en la información y comunicación con la ciudadanía. Con el término infodemia se ha querido advertir sobre que no siempre los datos generan información y que incluso un exceso de datos puede llegar a dañar a la población y a la salud pública. 

Por ello, la OMS ha desarrollado un proyecto que facilita el reconocimiento de la información falsa a partir de la pandemia. Se requiere que la vigilancia, mediante la selección y el uso de los datos oportunos, sistemáticos y necesarios, convierta los datos en información útil para el control de los problemas de salud. 

Asimismo, la OMS ha puesto en marcha una iniciativa para guiar la respuesta integrada para la preparación y resiliencia ante amenazas emergentes ante cualquier patógeno respiratorio como el virus de la gripe o los coronavirus, denominada PRET (Iniciativa de Preparación y Resiliencia para las Amenazas Emergentes). 

También impulsa una red mundial para aprovechar las posibilidades que ofrece la información genómica (Red Internacional de Vigilancia de Patógenos, IPSN), una plataforma para conectar a los países y regiones, mejorar los sistemas de recopilación y análisis de muestras, utilizar los datos resultantes para impulsar la toma de decisiones sobre salud pública y ampliar el alcance de dicha información. 

Es un buen momento para reflexionar, pensar y debatir sobre lo que es necesario para afrontar los riesgos y es también, por lo tanto, el momento de actuar para su prevención. No es solo una llamada de atención.


Artículo realizado con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología.

 Todos alguna vez hemos contado -o nos han contado- adivinanzas. Un entretenimiento clásico que no debería pasar de moda nunca. Sin embargo, con la llegada de las nuevas tecnologías y el ritmo de vida cada vez más acelerado, muchas veces no dedicamos tiempo a estos pasatiempos que pueden ser muy educativos y también muy útiles cuando queremos entretenernos con los más pequeños.

Descripción de la imagenGetty Images

Las adivinanzas: más que un juego tradicional

Aunque no se puede concretar con exactitud cuándo nacieron estos acertijos, sabemos que tienen muchos años de antigüedad. Las adivinanzas son un tipo de juego verbal que ha existido desde tiempos inmemorables. Se trata de una forma de entretenimiento en la cual se presenta un enigma o acertijo en forma de pregunta o descripción, y el objetivo es adivinar la respuesta correcta. La historia de las adivinanzas se remonta a culturas antiguas y se encuentra presente en muchas civilizaciones alrededor del mundo. Y es que estos juegos han acompañado a la humanidad a lo largo de la historia, y lo podemos comprobar en la literatura de muchas culturas.

A lo largo de la historia, las adivinanzas han evolucionado y se han adaptado a diferentes contextos culturales, han sido utilizadas como herramientas educativas, formas de entretenimiento, retos intelectuales y también como parte de rituales y ceremonias. Con el tiempo, las adivinanzas se han incorporado en la literatura, la poesía y la cultura popular, y han perdurado hasta nuestros días como una forma de diversión y desafío mental.

Hoy en día, existen acertijos para personas adultas, pero normalmente las adivinanzas suelen estar dirigidas al público infantil con el fin de, no solo entretener, también enseñar multitud de nociones y nuevo vocabulario. Y esto es así porque tras la solución de cada enigma hay un concepto que puede ser de muchos tipos. Lo que da lugar a que existan adivinanzas infantiles de temáticas muy variadas: de cosas u objetos cotidianos, de números y letras, de conceptos abstractos, de partes del cuerpo, de animales y plantas, de personajes, de alimentos e, incluso, algunas de lógica para agudizar algo más el ingenio y otras que se basan en hacer juegos de palabras.

¿Cuáles son los beneficios?

Lo cierto es que las adivinanzas, esas preguntas ingeniosas que normalmente riman y son fáciles de recordar, son un ejercicio excelente para los niños, e incluso para los adultos. Aunque no lo parezca, aportan muchos beneficios para el desarrollo del niños. Y es que, puede ser una actividad que podemos aprovechar por partida doble: primero las aprendemos en familia, los peques las memorizan y luego ellos las trasmiten a sus amigos. Por eso es que se trata de una alternativa más que perfecta, porque pasan sus momentos libres de forma divertida y al mismo tiempo, porque les ayuda a pensar y a ejercitar la mente.

pensamiento crítico y altas capacidades

pensamiento crítico y altas capacidadesSmiljana Aleksic

Estos son algunos de los beneficios que aportan la adivinanzas al desarrollo de los niños:

  • Estimula el pensamiento abstracto
  • Desarrolla el pensamiento lógico, analítico y el razonamiento deductivo
  • Mejora el lenguaje y vocabulario
  • Ayuda a desarrollar la capacidad de resolución de problemas
  • Fortalece la memoria
  • Fomenta la concentración
  • Estimula la creatividad
  • Sirve como herramienta para desarrollar las habilidades sociales

Para las adivinanzas solo necesitas dos cosas: ¡tu voz y tu mente!

Como no necesitan de ningún tipo de material ni objeto, sino simplemente conocer unas cuantas, contar adivinanzas es un pasatiempo al que se puede acudir cuando y donde se quiera, por ejemplo: en un viaje en coche, durante una tarde de ocio familiar o en algunos momentos de espera en los que no hay otra cosa que hacer.

Eso sí, todas ellas ponen a prueba a todo el que se las plantea y el conseguir resolverlas depende de la manera de buscar asociaciones, de los conocimientos y de las experiencias personales que tenga cada persona. Es por esto que también hay distintos niveles de dificultad.

Pues bien, para aquellos que quieran rememorar su infancia y, por supuesto, pasar un buen tiempo en familia (¡porque seguro que será así!) os traemos 10 adivinanzas fáciles, cortas y de varios tipos con las que los niños pueden empezar a conocer este entretenimiento... ¡Estamos convencidos de que les encantará! ¡Allá van!

David Pereiras

“Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr. Tengo la comida encima y no puedo comer”.

¿Qué será, será?

Solución: la mesa.

Una adivinanza fácil de un objeto que ven todos los días para empezar con el juego de adivinar. ¡Los ojos bien abiertos! ¡La solución puede estar en cualquier parte!

“Una señorita blanda que, sin estar enferma, siempre está en la cama”.

¡Otra muy fácil y que también está en casa!

Solución: la almohada.

Este otro ejemplo también servirá para que vayan cogiendo ritmo en esto de adivinar.

“Con un trozo de madera un hombre lo construyó. Como era muy mentiroso, la nariz se le estiró”.

¿Adivinanzas de cuentos?

Solución: Pinocho.

Esta adivinanza les gustará porque la solución es uno de los personajes que todos los niños conocen. Les encantará darse cuenta de que pueden asociar conocimientos que han aprendido en otros momentos.

“Esto era un gallo que puso un huevo en los picos de Europa. A dónde fue, ¿al norte o al sur?”.

¡Hay que fijarse bien en las palabras!

Solución: Los gallos no ponen huevos.

Seguramente con este caso se sorprendan porque se darán cuenta de que también hay que fijarse bien en el enunciado de estos juegos. ¡Todos bien atentos a lo que se dice!

“Si hay una carrera en el mar, ¿quién es el último en llegar?”.

A veces la solución está muy clara...

Solución: el delfín.

Un ejemplo de que los juegos de palabras también tienen mucho que aportar... ¿quién será el último? El “del fin”.

“La A, anda. La B, besa. La C, reza. ¿Qué fruta es esa?”.

¡Las palabras nos dan la respuesta!

Solución: la cereza.

Otro caso más con el que descubrirán que colocando las palabras de forma adecuada también sirven para jugar. ¿Un buen momento para hablarles de la poesía...?

“Todos me buscan para descansar. Si ya te lo he dicho, no lo pienses más”.

Quizá estás sentado en la solución de este acertijo...

Solución: la silla.

¡Más objetos cotidianos que nunca imaginarían que fueran la solución de un juego!

Getty Images

“Mi padre tiene cuatro hijos: María, Raquel y Manuel. ¿Quién es el cuarto?”.

A pensar un poquito...

Solución: yo.

Este sin duda les dará que pensar, tendrán que ponerse en el lugar del narrador del acertijo.

“Andando por el desierto una lámpara encontró. Intentó sacarle brillo y un genio apareció”.

¿No será uno de los personajes preferidos del peque?

Solución: Aladdín.

Si hay algún fan del cuento y las películas de Disney, le encantará conocer también un acertijo de su personaje favorito.

“En un coche iban dos madres y dos hijas, pero en el coche solo había tres pasajeras. ¿Puedes decir cómo es posible?”.

Para aprender de parentescos...

Solución: son la abuela, la madre y la hija.

Acabamos con una adivinanza con la que pensar un poquito más y con la que aprenderán también las relaciones entre los familiares.