jueves, 19 de julio de 2018

Los animales endogámicos cometen errores en un entorno alterado

Experimentos con escarabajos demuestran que las hembras no logran reducir el número de crías ante una disminución del alimento, lo que amenaza su supervivencia.
Proceedings of the Royal Society B
Las hembras endogámicas del escarabajo enterrador (Nicrophorus vespilloides) siguen nutriendo al mismo número de crías a pesar de la disminución de alimento en su entorno. [T. Smiseth]
Un estudio realizado con escarabajos enterradores (Nicrophorus vespilloides) por investigadores de la Universidad de Edimburgo ha demostrado que los individuos consanguíneos tienden a tomar malas decisiones en circunstancias cambiantes, lo que les perjudica a ellos mismos y a sus descendientes. Los hallazgos podrían ser de utilidad en los programas de conservación y ayudar a la comprensión del comportamiento de los animales silvestres, especialmente cuando la disminución de las poblaciones aumenta la probabilidad de endogamia.
Los investigadores hicieron el seguimiento de cientos de hembras de escarabajo mientras hacían crecer a sus crías. Observaron su reacción cuando los autores sustituían el recurso con el que las alimentaban, un ratón muerto, por otro de diferente tamaño. Observaron así que las hembras endogámicas cuyo ratón se cambió por otro más pequeño no lograron ajustar su estrategia de crianza en respuesta al trueque, y sacaron adelante a demasiadas crías sin suficiente alimento.
Como resultado, las crías crecieron más pequeñas y la hembra perdió peso, lo que disminuyó su probabilidad de reproducción en en el futuro. En cambio, las progenitoras no endogámicas respondieron a la pérdida del alimento sacrificando a a algunas de sus crías, suelen hacer en la naturaleza. Los investigadores sugieren que la ausencia de respuesta en los animales endogámicos puede deberse a un deterioro en su capacidad de pensamiento o a la falta de sensibilidad a su entorno.
Estudios previos ya habían demostrado que los efectos de la endogamia, con una reducción del crecimiento, la supervivencia o las posibilidades de reproducción, pueden empeorar debido a las condiciones ambientales. Este último estudio muestra que la mala toma de decisiones de los individuos desempeña un papel en este efecto.
Jon Richardson, de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Edimburgo, que dirigió el estudio, comenta: «La alteración del entorno puede amplificar los efectos de la endogamia, como la vulnerabilidad a las enfermedades o la competencia por los recursos. Ahora sabemos que la incapacidad de tormar decisiones contribuye a las desventajas que sufren los animales endogámicos».
Referencia: «Inbred burying beetles suffer fitness costs from making poor decisions». Jon Richardson et al. en Proceedings of the Royal Society B, vol. 285, n.º 1881, junio de 2018.

CRISPR PROVOCA MÁS DAÑO EN EL GENOMA DE LO QUE SE CREÍA

CRISPR provoca más daño en el genoma de lo que se creía
El nuevo estudio pone una alerta sobre la técnica de edición genética
CRISPR es una de las herramientas de edición genética más novedosas hasta la fecha. Puede alterar secciones de ADN cortando en puntos específicos e introduciendo cambios en esa ubicación. Utilizado ampliamente en investigación científica, CRISPR resulta una forma prometedora de crear posibles tratamientos de edición para enfermedades como el VIH, el cáncer o la enfermedad de células falciformes. Mediante ella se podría inactivar un gen causante de enfermedad o corregir una mutación genética. Sin embargo, cualquier tratamiento potencial tiene que probar su seguridad antes de ser utilizado.
Ahora, científicos del Instituto Wellcome Sanger han descubierto que CRISPR puede causar un mayor daño genético en las células de lo que se pensaba anteriormente.
Los resultados, publicado en Nature Biotechnology, revelan que las pruebas estándar para detectar cambios en el ADN no detectan este daño genético. Para investigar esto más a fondo, los responsables del estudio, liderados por Allan Bradley, llevaron a cabo un estudio sistemático completo en células de ratón y humanas y descubrieron que CRISPR frecuentemente causaba mutaciones extensas, pero a una mayor distancia del sitio objetivo.
Los investigadores encontraron que muchas de las células tenían grandes reordenamientos genéticos, como deleciones e inserciones de ADN. Esto podría conducir a que genes importantes se activen o desactiven, lo que podría tener importantes implicaciones para el uso de CRISPR. Además, algunos de estos cambios estaban demasiado lejos del sitio objetivo como para ser vistos con los métodos estándar de análisis.
“Esta es la primera evaluación sistemática de eventos inesperados que resultan de la edición CRISPR en células terapéuticamente relevantes – explica Bradley –, y descubrimos que los cambios en el ADN se han subestimado seriamente hasta ahora. Es importante que cualquiera que esté pensando en usar esta tecnología para la terapia génica proceda con precaución y se observe con mucho cuidado para detectar posibles efectos nocivos”.

Juan Scaliter -

Las asombrosas hormigas que producen miel comestible como las abejas

No son hormigas que le han cogido gusto a beber cerveza. Esa enorme barriga que arrastran con paciencia obedece a otra razón: se han convertido en un tarro de miel con patas para alimentar a sus compañeras.
Si no tienen alas para volar hacia las flores y chupar su néctar, ¿cómo lo hacen? Las hormigas obreras estériles encargadas de acumular miel reciben el alimento por parte de sus otras compañeras obreras, que las van rellenando con los jugos que recogen por la noche en las plantas. Su abdomen llega a hincharse tanto que permanecen inmóviles en sus cámaras mientras están cumpliendo esta función de almacén.
Las hormigas interesadas en degustar esta miel les harán una señal: con un toque de antenas en la tripa bastará para que la hormiga mielera empieza a regurgitar la miel gota a gota. Son las crías de hormiga las que suelen alimentarse de esta manera hasta que llegan a su edad adulta, aunque también lo hacen estas en tiempos de escasez.
Distintos géneros de hormigas, llamadas comúnmente hormigas mieleras, están presentes en los climas desérticos del Norte de África, Melanesia, Sudáfrico, Austria y América del Norte. Tal vez las más conocidas sean las hormigas mieleras de San Luis Potosí (Myrmecocystus mexicanus), ya que algunas familias siguen con esta tradición prehispánica de recolectar la miel que producen con la finalidad de tratar inflamaciones del oído, infecciones de la boca y controlar la fiebre de los niños.
Es una tarea sumamente delicada en la que intenta respetar al máximo la vida de la hormiga. Primeramente, los recolectores deben identificar los nidos, cuya ubicación conocen por tradición. Sin embargo, deberán hacer una especie de auscultación al nido escogido, que suele medir entre dos metros de diámetro por uno de profundidad, para saber si han encontrado uno con la preciada miel. Para ello, introducirán una rama verde, removerán un poco y según cómo suene en el interior de las galerías, sabrán si han dado con el botín. Entonces, con mucho tino, abrirán las galerías hasta encontrar las cámaras donde se alojan las estas hormigas.
Las encontrarán quietas y colgando del techo en sus cámaras y las irán cogiendo una a una. Para extraer el líquido, se usará una espina de maguey con tal de perforar esa membrana esférica con mucho cuidado para no dañar la hormiga. El líquido se irá acumulando en una penca de maguey y más tarde se colará para eliminar las impurezas.
En palabras de Mercedes Martha Aquino para México Desconocido, que acudió a esta recolección en Real de Catorce (San Luís Potosí), el sabor de esta miel “es ligeramente agrio al principio, pero después deja una agradable sensación de dulce frescor que se abre paso hasta la garganta”. De 15 esferas, cuentan, salieron 10 ml de miel. Por lo tanto, sería imposible sustituir la miel de las abejas por este tipo de miel. Nada puede sustituir a las abejas.

Migas de pan de 14.400 años cuestionan el origen de la agricultura

Pan
Los trozos de pan fueron hallados en un hogar (centro de la imagen) del yacimiento natufiense de Shubayqa 1. ALEXIS PANTOS
El pan se inventó antes que el trigo cultivado. Investigadoras españolas han identificado restos de pan hecho hace 14.400 años, varios milenios antes de que los cereales fueran domesticados. El hallazgo da un revolcón al relato dominante sobre el origen de un alimento tan básico para la historia de muchas civilizaciones y el de la propia agricultura.
El descubrimiento se ha producido en el desierto Negro, en el nordeste de Jordania. En un hogar de una pequeña aldea, los científicos hallaron miles de restos orgánicos de origen vegetal. La mayoría pertenecían a un tubérculo acuático emparentado con la chufa. En menor cantidad, también identificaron semillas de avena, cebada o escaña, un trigo silvestre. Pero lo más llamativo eran 24 pequeños trozos churruscados.
"¿Tienes tostadora en casa? Pues estos 24 son muy parecidos a los restos de pan que se quedan en ella", dice la investigadora de la Universidad de Copenhague y principal autora del estudio, Amaia Arranz-Otaegui. "Al microscopio binocular [el óptico convencional] se ve que hay algo diferente, como incrustaciones. Pero con el microscopio electrónico de barrido [que usa haces de electrones en vez de luz], se ve que son células vegetales, células de granos de cereal", añade la investigadora del University College de Londres (UCL) y coautora de la investigación, Lara González Carretero.
Los natufienses elaboraban el pan con granos de cereales silvestres
El estudio, publicado en la revista PNAS, lo describe como un pan plano, sin levadura, ácimo, hecho de harina y agua. Al microscopio se puede observar una estructura similar, aunque menos inflada, que la de muchos panes actuales. Los vanos, los espacios huecos, apenas ocupan el 16%, frente al 40% - 70 % de los actuales con levadura. Se parecería más a un pan pita que a uno de molde. La datación por radiocarbono considera a este pan como el más antiguo de los encontrados. Hasta ahora, ese puesto lo tenía un pan encontrado por la propia González en Çatalhöyük, un yacimiento de la meseta de Konya, en la actual Turquía. Según sus estimaciones, tendría unos 9.000 años. El identificado ahora fue cocinado unos cinco milenios antes.
Las migas de pan de 14.400 años fueron halladas por un equipo de arqueólogos de la Universidad de Copenhague en Shubayqa 1, uno de los yacimientos más antiguos de la cultura natufiense, presente en todo el Oriente Próximo, desde el norte del actual Irak hasta la península del Sinaí, en el moderno Egipto.  "Los natufienses fueron los últimos cazadores recolectores [en Oriente Próximo] antes de la llegada de los agricultores del Neolítico", recuerda Arranz-Otaegui, que ha participado en las excavaciones del desierto Negro durante cuatro años. Aquel pueblo ya tenía perros domesticados, habían abandonado la vida nómada y contaban con piedras, morteros y toda una industria lítica para, entre otras cosas, hacer pan.
Sin embargo, el cultivo consciente de los cereales necesarios para obtener harina exigiría un proceso de domesticación que no se producirá hasta unos milenios más tarde. Así que los natufienses hacían su pan plano con granos de cereales silvestres en un proceso que debía ser muy costoso. "El trigo actual se descascarilla casi solo, en los silvestres la cobertura está diseñada para protegerlo y después había que molerlo, amasarlo, cocerlo... Todo apunta a que el pan se hacía en ocasiones, quizá para un uso simbólico o ritual, pero esto es difícil de demostrar", comenta la arqueóloga de la Universidad de Copenhague.
Imagen de tres de las muestras de pan vistas con microscopio electrónico de barrido.ampliar foto
Imagen de tres de las muestras de pan vistas con microscopio electrónico de barrido. 
De hecho, la presencia de cereales, pan y otros posibles derivados de la harina como las gachas es pequeña si se compara con otros vegetales o carnes hallados en el yacimiento. Apenas el 20% de la dieta de aquellas personas dependía de los cereales que recolectaban. Ese porcentaje irá aumentando a medida que avance la agricultura.
"El pan exige un proceso intensivo en mano de obra que incluye el descascarillado, la molienda de los cereales, el amasado y el horneado. Que esto se hiciera antes de los métodos agrícolas sugiere que era considerado algo especial y el deseo de hacer más de esta comida especial probablemente contribuyera a la decisión de empezar a cultivar cereales", opina el director de la tesis de González, el profesor de la UCL Dorian Fuller. Y con el cultivo de los cereales, se generalizó la agricultura, la acumulación de alimento, la primera explosión demográfica, las primeras ciudades, las estructuras sociales...

Descubren doce nuevas lunas de Júpiter, incluido un «bicho raro»

El gigantesco Júpiter no puede quejarse de compañía. Investigadores han descubierto en su órbita doce nuevas lunas, lo que eleva su número de satélites naturales a 79, la mayor cantidad alrededor de cualquier planeta de nuestro Sistema Solar. Además, la más pequeña de todas ellas (no llega al kilómetro de diámetro frente a los tres de la más grande) ha sido bautizada como «bicho raro» por su excéntrica trayectoria, que no se parece a la de ninguna otra de sus compañeras. 
El equipo dirigido por Scott S. Sheppard, del Instituto Carnegie, vio por primera vez las lunas en la primavera de 2017 mientras rastreaba objetos lejanos como parte de la búsqueda de un posible planeta masivo más allá de Plutón. Los astrónomos creen que un mundo desconocido, llamado popularmente Planeta X o Planeta Nueve, podría existir en los límites de nuestro sistema, lo que explicaría la similitud de las órbitas de varios pequeños objetos extremadamente distantes. Una hipótesis interesante pero controvertida que todavía no ha sido demostrada.
Pero esa es otra historia. Lo que ocurrió es que Júpiter «simplemente estaba en el cielo cerca de donde estábamos buscando, así que al mismo tiempo podíamos buscar nuevas lunas alrededor del planeta», explica Sheppard. De esa forma encontraron una decena de pequeños cuerpos diminutos hasta ahora desconocidos. Gareth Williams, del Minor Planet Center de la Unión Astronómica Internacional, usó las observaciones del equipo para calcular las órbitas de las lunas recién descubiertas, un proceso laborioso que se prolongó durante un año. 
Nueve de las nuevas lunas son parte de un enjambre externo distante que orbita el planeta en dirección retrógrada u opuesta a la rotación de Júpiter (en el sentido de las agujas del reloj). Estas lunas retrógradas distantes se agrupan en al menos tres agrupaciones orbitales distintas y se cree que son los restos de tres cuerpos parentales más grandes que una vez se separaron durante colisiones con asteroides, cometas u otras lunas. Tardan unos dos años en orbitar Júpiter.
Otras dos nuevas lunas forman parte de un grupo interno más cerrado que orbita en la misma dirección que la rotación del planeta (movimiento prógrado, en el sentido contrario a las agujas del reloj). Tienen distancias orbitales y ángulos de inclinación similares alrededor de Júpiter, y se cree que también son fragmentos de una luna más grande que se rompió. Tardan algo menos de un año en darle una vuelta al planeta.
Pero la última luna, la más pequeña, ha sido apodada «bicho raro» porque tiene una órbita que no se parece a la de ninguna otra luna joviana conocida. Este cuerpo «extravagante» también es prógrado, pero es más distante y está más inclinado que el grupo de lunas que orbita en la misma dirección, por lo que su órbita cruza la de las lunas retrógradas externas. Su viaje dura aproximadamente un año y medio,
Como resultado, es mucho más probable que se produzcan colisiones frontales entre el «bicho raro» y las lunas retrógradas, que se mueven en direcciones opuestas. «Esta es una situación inestable», afirma Sheppard. «Las colisiones frontales romperían rápidamente los objetos y los reducirían a polvo».

El origen de Valetudo

Los investigadores creen que las diversas agrupaciones lunares que vemos hoy pudieron formarse en el pasado distante a través de ese mecanismo exacto. El pequeño «bicho raro» podría ser el último remanente restante de una luna en órbita más grande, que formó algunas de las agrupaciones lunares retrógradas durante colisiones frontales. Proponen llamarla Valetudo en recuerdo de la bisnieta del dios romano Júpiter, la diosa de la salud y la higiene.
Elucidar las complejas influencias que dieron forma a la historia orbital de estas lunas puede arrojar luz sobre los primeros años de nuestro Sistema Solar. Por ejemplo, el descubrimiento de que las lunas más pequeñas en los diversos grupos orbitales de Júpiter aún son abundantes sugiere que las colisiones que las crearon ocurrieron después de la era de la formación planetaria, cuando el Sol todavía estaba rodeado por un disco giratorio de gas y polvo del que nacieron los planetas.
Debido a sus tamaños, de uno a tres kilómetros, estas lunas están más influenciadas por el gas y el polvo circundantes. Si estas materias primas aún estuvieran presentes cuando la primera generación de lunas de Júpiter colisionó para formar sus actuales agrupaciones de lunas, el arrastre ejercido por cualquier gas y polvo restante en las lunas más pequeñas habría sido suficiente para hacer que se movieran en espiral hacia Júpiter. Su existencia muestra que probablemente se formaron después de que este gas y polvo se disiparon.
Las cuatro lunas más grandes de Júpiter son Io, Europa, Ganímedes y Calixto. Galileo Galilei las descubrió en 1610, revolucionando lo que sabemos sobre astronomía. Europa es uno de los mundos que la NASA investiga en busca de vida fuera de la Tierra.

Las sondas Viking quemaron las muestras de materia orgánica al analizarlas

A principios de junio, la NASA anunció a bombo y platillo que el Curiosity había descubierto moléculas orgánicas complejas, los ladrillos de la vida, sobre la superficie de Marte. La noticia, largamente esperada, resonó en los principales medios de comunicación del mundo y fue recibida como la mejor evidencia hallada de la existencia, presente o pasada, de seres vivientes en el planeta rojo.
Ahora, sin embargo, un estudio recién publicado en la revista Journal of Geophysical Research: Planets sostiene que otra histórica misión de la NASA, las sondas Viking, podrían haber hecho el mismo descubrimiento hace ya más de 40 años. Solo que sus resultados fueron quemados por la NASA de forma accidental.
En 1976, en efecto, los dos módulos gemelos de aterrizaje Viking llevaron a cabo los primeros experimentos sobre el terreno para buscar materia orgánica en el planeta vecino. Ya entonces, los científicos eran muy conscientes de que los planetas reciben de forma constante una lluvia de micrometeoritos ricos en carbono y, a menudo, moléculas orgánicas más complejas, por lo que estaban convencidos de que Marte debería estar repleto de tales sustancias. Pero las Vikings no encontraron nada, dejando a los científicos estupefactos y con un palmo de narices.


"Fue algo totalmente inesperado e inconsistente con lo que sabíamos", ha asegurado Chris McKay, del centro de investigación Ames, de la NASA, y uno de los autores del estudio. 
A partir de aquél momento, numerosos investigadores han tratado de hallar una explicación lógica al "enigma de las moléculas perdidas", pero ninguna terminaba de encajar. En 2008, sin embargo, el módulo de aterrizaje Phoenix, de la NASA, hizo un descubrimiento crucial: encontró, cerca del Polo Norte de Marte, una extraña sal conocida como perclorato, una sustancia que se utiliza para elaborar combustible para cohetes y fuegos artificiales, ya que se vuelve explosiva cuando es sometida a altas temperaturas.
Por supuesto, en la helada superficie de Marte eso no constituye un problema. Pero resulta que las Viking, en su búsqueda de moléculas orgánicas, tomaron muestras de suelo marciano para analizarlas. Muestras que contenían perclorato y que, al llevar a cabo los experimentos (en los que se utiliza un soplete) incineraron sin remedio cualquier elemento orgánico que pudiera haber en ellas. Lo que llevó a que los científicos no encontraran nada en los resultados.

Pruebas concluyentes

Tras este descubrimiento, McKay y algunos de sus colegas recuperaron su convicción de que, finalmente, sí que podrían existir moléculas orgánicas en Marte. "De repente -afirma el científico- adquieres una nueva percepción y te das cuenta de que todo lo que pensabas estaba mal". A pesar de ello, siguió existiendo una marcada división de opiniones entre quienes pensaban que la superficie marciana contenía materia orgánica y quienes sostenían que era completamente estéril.
Así las cosas, llegó el descubrimiento del Curiosity en junio de este año. El rover aportó, por fin, pruebas concluyentes de materia orgánica en el planeta rojo, lo que dio nuevas alas a quienes reivindicaban los experimentos de las Viking.
Una de las claves para hacerlo fue que, junto a las moléculas orgánicas, el Curiosity también encontró clorobenceno, una molécula que se produce cuando los átomos de carbono se queman con perclorato. Era una evidencia, aunque indirecta, de lo sucedido hace cuarenta años. Y una confirmación más de que las sondas Viking ya habían detectado moléculas orgánicas en Marte.
Con todos esos datos en la mano, McKay y sus colegas, entre ellos Melissa Guzmán, del centro de investigación LATMOS, en Francia, revisaron a fondo los resultados obtenidos por las Viking y descubrieron que también esas antiguas sondas habían detectado clorobenzeno, consecuencia más que probable de la quema involuntaria del material orgánico contenido en las muestras.
Así que, después de todo, las Viking no terminaron con las manos tan vacías como se pensaba, y este antiguo caso puede considerarse, más de cuatro décadas después, definitivamente cerrado. Además, el más que probable hallazgo de materia orgánica por parte de las Viking, más el recientemente anunciado del Curiosity, demuestran que dicho material orgánico se encuentra no solo en una, sino en diferentes zonas del planeta. Lo cual refuerza aún más las posibilidades de encontrar, por fin, vida.

jueves, 5 de julio de 2018

El necesario y útil estudio histórico de la ciencia

Lejos de la imagen de la historia de la ciencia como el relato de grandes genios y de las fechas de sus victorias, la historia de la ciencia constituye un área de estudio e investigación necesaria y útil. Área que ha producido narrativas históricas en ocasiones muy distintas a las que podemos encontrar en los libros de Ciencias con fines educativos o divulgativos. Por ello se hace fundamental la creación de espacios de encuentro y diálogo renovado entre historia, didáctica y comunicación de la ciencia.

Ferdinand Hoefer (1811-1878), autor y traductor de numerosas obras sobre historia de la química y de divulgación, concebía el desprecio del pasado en las ciencias como una muestra del arrogante dogmatismo que solo podía conducir la ciencia al desastre. Si bien decimonónica, la idea del autor de Historie de la Chimie se revela bastante actual. La visión dogmática con la que en ocasiones suele ser presentada la ciencia es un tema recurrente en la educación y la divulgación científica de nuestro tiempo. Para ello, se ha apuntado que no se trataría solo de enseñar, aprender o divulgar ciencia; sino también de enseñar, aprender o divulgar sobre ciencia. Es decir, de mostrar y valorar la ciencia como actividad humana, más allá de la concepción de la misma como un conjunto de fórmulas y enunciados. Lo que en ocasiones se ha denonimado humanizar la ciencia.
Para esta tarea, la historia de la ciencia se erige especialmente eficaz y pertinente. Sin embargo, la presencia de narrativas históricas en nuestros libros de Ciencias, ya sea con fines divulgativos o educativos, no garantiza la ausencia de otras visiones cuestionadas y cuestionables sobre la ciencia como actividad humana. Un ejemplo de especial interés lo encontramos en los libros de texto de Ciencias. Desde la investigación en historia y didáctica de las ciencias se ha puesto de manifiesto que la historia de la ciencia presente en dichos materiales educativos presenta una imagen netamente diferenciada e incluso antagónica respecto a la producida por la labor de los historiadores de la ciencia. Así, la historia de la ciencia que encontramos en manuales y libros de texto -ora escasa, ora anecdótica- se sitúa frecuentemente en sintonía con una imagen de la ciencia como una actividad humana producida por genios aislados que en determinadas fechas acaban de forma contundente con los saberes y prácticas que les preceden. De este modo, la historia de la ciencia sería una lista de nombres de personajes heroicos y de las fechas de sus victorias. Una sucesión lineal de modelos, teorías y leyes obsoletas que se sucedieron en el tiempo.
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Evolución histórica de los modelos atómicos que suele encontrarse en nuestros libros de texto de Ciencias. Fuente: Concepto.de
Estas narrativas heroicas y mitificadas, que también es posible encontrar en materiales y contextos divulgativos, suelen conformar la memoria de las disciplinas científicas. Disciplinas que presentarían dichas narrativas a modo de genealogía que constituye parte inherente de su ser actual. Una línea recta que conectaría las ciencias actuales con sus predecesoras. Un discurso del éxito por el cual la historia de la ciencia se revelaría anticuaria, quedando la deseada humanización de la ciencia desprovista de instrumentos intelectuales útiles. En palabras de George Sarton (1884-1956) en su artículo Est-il possible d'enseigner l'histoire des Sciences? de 1950:
«La ciencia-nos dirán- puede abandonar su propio pasado. Los artistas debieran estudiar la historia del arte, o al menos, les sería provechoso estudiarla, porque el arte del pasado es o puede ser tan nuevo y viviente como el de hoy. Por el contrario, la ciencia del pasado es inferior a la nuestra puesto que esta ha remplazado a aquella. Los últimos tratados científicos contienen todo lo que de bueno había en los tratados anteriores: han conservado lo mejor y rechazado lo que era erróneo o fútil. La perfectibilidad de la ciencia vuelve inútil el estudio de su pasado.»
Sarton, fundador de la revista Isis en 1913 (hoy, una de las más destacadas publicaciones del área) y de la History of Science Society en 1924, fue uno de los principales actores en la conformación de la historia de la ciencia como disciplina académica en el marco norteamericano. Si bien desde entonces (y especialmente, en las ultimas décadas) la historia de la ciencia ha ampliado sus temas de estudio, renovado sus preguntas e interaccionado con otras áreas, los resultados de dicho trabajo no han permeado en contextos y materiales educativos y divulgativos. Todo ello, en consonancia con la escasa visibilidad social, cultural y académica que en ocasiones presenta la historia de la ciencia en nuestro tiempo presente.
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A medio camino entre las humanidades y las ciencias y muchas veces desatendida por ambas, la historia de la ciencia constituye un necesario marco de encuentro y diálogo entre las dos culturas. Incómoda, por no obeder los cánones que parcelan el conocimiento de forma tan frecuente, la historia de la ciencia constituye una valiosa herramienta de análisis. Útil para pensar críticamente la ciencia, su enseñanza y su divulgación. Participativa, pues ofrece innumerables oportunidades para la colaboración entre historiadores de la ciencia y humanistas, científicos interesados en la historia de sus disciplinas, docentes o comunicadores, entre otros muchos campos profesionales.
Con este fin nace Esto no salía en mi libro de Ciencias. Un espacio dirigido principalmente a tres públicos. En primer lugar, a todos aquellos interesados en la educación científica. La historia de la ciencia, acompañada de la didáctica de las ciencias y siempre atendiendo a las necesidades del profesorado, constituye una valiosa herramienta pedagógica que requiere de una comunicación fluida entre docentes, didactas e historiadores de la ciencia. Todo ello desde una concepción de la didáctica de las ciencias como facilitadora del acercamiento del trabajo de los historiadores de la ciencia al profesorado de ciencias. Profesorado que, conocedor de primera mano de la realidad de las aulas, pueda encontrar en la historia de la ciencia un útil recurso didáctico.
En segundo lugar, a todos aquellos interesados en la historia de la ciencia, tanto del ámbito de las ciencias, como del de las humanidades. Visibilizar socialmente el trabajo de los historiadores de la ciencia, además de un desafío para la disciplina, constituye una oportunidad para trabajar por una cultura en la que ciencia e historia sean algo más que dos asignaturas de los años de estudio, contrarrestando el caracter compartimentado de los currículos escolares. Finalmente, este espacio estaría dirigido a todos aquellos interesados en la comunicación científica, pues la historia de la ciencia puede marcar la diferencia entre la comunicación social de la ciencia entendida como propaganda o como oportunidad para reflexionar críticamente sobre cuestiones científicas, haciendo partícipes a los públicos de la ciencia. Públicos todos bienvenidos a este recién inaugurado espacio de diálogo y reflexión sobre todo aquello que no salía en nuestros libros de Ciencias... ni en los de Historia.
Luis Moreno Martinez.