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martes, 2 de junio de 2020

Resuelto el misterio del "extraño objeto activo" en la órbita de Júpiter



Ilustración para el artículo titulado
Ilustración: NASA/JPL-Caltech
Los astrónomos vivieron una jornada emocionante la semana pasada cuando creyeron descubrir algo único en la órbita de Júpiter. El objeto 2019 LD2 fue identificado como el primer “asteroide troyano activo” conocido por la ciencia porque tenía una cola similar a la de un cometa. Ahora sabemos que tenía cola porque era un cometa.
Una investigación de seguimiento realizada por astrónomos del Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides (ATLAS) ha revelado que 2019 LD2 no es un asteroide troyano activo, como se creía, sino un cometa normal “con una órbita cambiante y caótica que actualmente se asemeja a la de un asteroide troyano”. El objeto ha pasado a llamarse cometa P/2019 LD2 (ATLAS).
Según un comunicado de prensa de la Universidad de Hawái, que mantiene el ATLAS, fueron los astrónomos aficionados Sam Deen y Tony Dunn quienes sugirieron que el objeto tenía naturaleza cometaria porque, bueno, era un cometa.

Los troyanos son dos grupos de asteroides en la ruta orbital de Júpiter que normalmente no muestran signos de actividad (por eso fue emocionante que los astrónomos observaran lo que parecía ser un troyano activo). Pero P/2019 LD2 no es un asteroide troyano, sino un cometa de la familia Júpiter que aún está bajo la influencia gravitacional del gigante gaseoso. Su órbita lo acerca a Júpiter cada pocas décadas. Cuando ocurre, la trayectoria del cometa sufre un reajuste importante que los astrónomos han definido como “caótico”.

martes, 12 de mayo de 2020

Resuelven el Misterio de la Mancha Roja de Júpiter

Nuevas imágenes de Júpiter revelan que posee un clima turbulento. Lo han conseguido gracias a la fotografía infrarroja: el espectro de luz más allá de las longitudes de onda visibles. 
Para obtener estas imágenes supernítidas sin precedentes, un equipo de investigadores de la NASA y la Universidad de California, Berkeley, combinó datos del Telescopio Espacial Hubblela sonda Juno que orbita a Júpiter y el Observatorio Gemini en la Tierra. El equipo publicó las imágenes junto con un artículo de investigación en The Astrophysical Journal el jueves. 
Las nuevas observaciones también confirman que las manchas oscuras en la famosa Gran Mancha Roja son en realidad agujeros o lagunas en la cubierta de nubes y no variaciones de color de las mismas.
These images of Jupiter's Great Red Spot were made using data collected by the Hubble Space Telescope and the Gemini Observatory on April 1, 2018.
Imágenes de la Gran Mancha Roja de Júpiter recogidas por el telescopio Hubble y el Observatorio Gemini, 1 de abril de 2018.NASA, ESA, y M.H. Wong (Berkeley) y equipo
"Es como una especie de faro", ha explicado en un comunicadoMichael Wong, líder de la investigación, sobre la Gran Mancha Roja del planeta. "Se ve una luz infrarroja brillante proveniente de áreas libres de nubes, pero donde hay nubes, es muy oscura".
Al estudiar Júpiter con múltiples telescopios y naves espaciales, los científicos pueden reconstruir los misterios de la atmósfera del planeta y la historia de cómo se formó.
"Debido a que ahora obtenemos cada poco tiempo estas vistas de alta resolución de un par de observatorios y con longitudes de onda diferentes, estamos aprendiendo mucho más sobre el clima de Júpiter", ha comentado en el comunicado Amy Simon, científica de la NASA. "Es nuestro equivalente a un satélite meteorológico. Finalmente podremos comenzar a observar los ciclos climáticos".

Las imágenes obtenidas desde la Tierra "rivalizan" con las del espacio

This video shows one lucky-imaging set of observations on Jupiter, taken April 8, 2019.
Este vídeo muestra la técnica 'lucky imaging' en la superficie de Júpiter, 8 de abril de 2019.Observatorio Internacional Gemini/NOIRLab/NSF/AURA M.H. Wong (Berkeley) y equipo; Agradecimiento: Mahdi Zamani
Para crear estas imágenes infrarrojas, los investigadores utilizaron una técnica llamada 'lucky imaging'. Esto es cuando un telescopio terrestre toma muchas imágenes de corta exposición del mismo lugar, y los investigadores seleccionan las imágenes más nítidas (generalmente cuando la atmósfera de la Tierra está creando poca interferencia).
Al unir esta selección de imágenes de cada región de Júpiter, el grupo de investigadores ha conseguido un retrato sin precedentes de todo el planeta en infrarrojo. 
"Estas imágenes rivalizan con la vista desde el espacio", agregó Wong. 

Un clima turbulento en Júpiter

Cuando Juno rodea a Júpiter, capta ondas de radio de los rayos en las profundidades de la atmósfera del planeta. Los investigadores combinaron las coordenadas de esos rayos con imágenes de los telescopios Gemini y Hubble.
Descubrieron que el rayo se forma alrededor de torres de nubes de 65 km de altura que giran e intercambian calor en un proceso llamado convección, que se eleva por encima de las nubes de agua en lo más profundo de la atmósfera de Júpiter.
An illustration of lightning, convective towers, deep water clouds, and clearings in Jupiter's atmosphere.
Una ilustración de los rayos, torres convectivas, nubes y claros en la atmósfera de Júpiter.NASA, ESA, M.H. Wong (Berkeley), y A. James y M.W. Carruthers
"Los científicos rastrean los rayos porque es un marcador de convección, el turbulento proceso de mezcla que transporta el calor interno de Júpiter hasta las nubes visibles", explicó Wong en un comunicado."Los estudios en curso de las fuentes de rayos nos ayudarán a comprender cómo la convección en Júpiter es diferente o similar a la convección en la atmósfera de la Tierra", comentó Wong.

sábado, 15 de abril de 2017

Nuevas Imagenes de Júpite

Una sonda del tamaño de una cancha de baloncesto ha tomado nuevas imágenes sin precedentes de Júpiter. La nave espacial Juno, de 1 millón de dólares de la NASA, fue lanzada en agosto de 2011, tardó cinco años para alcanzar y establecerse en órbita alrededor del gigante de gas, que está a más de 670 millones de kilómetros de la Tierra.
La sonda ha fotografiado por primera vez los polos de Júpiter, detectó extrañas formaciones de nubes, grabó auroras misteriosas y escaneo profundamente las gruesas nubes del planeta.
Juno se balancea repetidamente por Júpiter en un arco ancho para minimizar el tiempo de radiación intensa del planeta dentro de los anillos, que pueden dañar la electrónica sensible.
La NASA planeó disparar los propulsores de Juno en octubre para aumentar la frecuencia de estos vuelos - de once cada 53,5 días a cada dos semanas - pero válvulas de motor pegajosas hicieron esa operación fallar. Así que la maniobra sucede cada dos meses.
Juno completó su quinta maniobra del estilo el 27 de marzo, colectando datos e imágenes frescas para los investigadores en la Tierra – y ahora, astrónomos amateur están comenzando a tornar la fotos grises sin procesar en imágenes de brillantes colores.
Aquí hay algunas de nuestras favoritas de la quinta órbita, además de algunas fotos de vuelos previos que los fans espaciales han subido al sitio web de Juno.
Esta nueva imagen, procesada por el astrónomo aficionado Roman Tkachenko, muestra el polo norte joviano en toda su tormentosa gloria.
NASA/SwRI/MSSS/Roman Tkachenko
Ésta toma, que junto Gervasio Robles, unió tres imágenes del acercamiento de Juno para mostrar el elusivo Polo Sur de Júpiter por completo:
NASA/SwRI/MSSS/Gervasio Robles
Jason Major convirtió los nuevos datos en una animación que muestra como se vería un acercamiento al polo norte de Júpiter
Y Gerald Eichstädt fusionó todas las imágenes del quinto acercamiento en una animación 3D que muestra el viaje entero desde el punto de vista de Juno.
El próximo acercamiento de Juno debería suceder cerca del 19 de mayo.
La sonda seguirá funcionando hasta finales de 2018, cuando la NASA, la estrellará. Esto es para evitar que lleve bacterias terrestres al gigante de gas o a sus lunas Europa y Ganímedes.
Revista Muy Interesante

martes, 27 de septiembre de 2016

Juliter, el acelerador de partículas del Sistema Solar

"Bienvenidos a Júpiter, el acelerador de partículas más grande del Sistema Solar".  Así debería rezar un hipotético anuncio de bienvenida para la sonda interplanetaria Juno, que en días recientes ingresó a los dominios electromagnéticos del gigante. Hoy, 3 de Julio de 2016, un día antes del histórico arrivo de Juno a su destino alrededor del planeta, repasamos algunos hechos sorprendentes sobre la invisible envoltura de campos, radiación y partículas que rodean permanentemente al gigante del sistema solar.
La sonda Juno esta hoy adentro de la estructura física más grande del Sistema Solar: la magnetosfera de Júpiter.  Con un volumen cientos de veces mayor que el del mismo Sol y una elongada cola que se etiende desde las vecindades de Júpiter hasta más allá de la órbita de Saturno, este complejo enredajo de campos electromagnéticos, radiación y plasma, es un monstruo invisible que mantiene atrapados átomos ionizados y electrones que se desprenden de la atmósfera del planeta y de sus lunas.  Estas partículas son aceleradas hasta alcanzar a veces velocidades cercanas a las de la luz, creando en el proceso el acelerador de partículas más grande del Sistema Solar.
Arriba: el acelerador de partículas más grande del sistema solar (la magnetosfera de Júpiter).  Abajo: el más poderoso acelerado de partículas en los dominios del sol (el LHC de la Tierra). No sabe uno si sorprenderse mas por las dimensiones de aquel que es creado por la naturaleza alrededor de Júpiter o por la potencia de uno desarrollado por la civilización inteligente que habita la superficie de uno de los planetas enanos del sistema solar.  Crédito de la imagen arriba: NASA Goddard.
Arriba: el acelerador de partículas más grande del sistema solar (la magnetosfera de Júpiter). Abajo: el más poderoso acelerado de partículas en los dominios del sol (el LHC de la Tierra). No sabe uno si sorprenderse mas por las dimensiones de aquel que es creado por la naturaleza alrededor de Júpiter o por la potencia de uno desarrollado por la civilización inteligente que habita la superficie de uno de los planetas enanos del sistema solar. Crédito de la imagen arriba: NASA Goddard.

Si bien nuestro LHC (Large Hadron Collider) sigue ostentando el record de ser la máquina en el sistema solar capaz de acelerar partículas a la mayor velocidad (algunos protones dentro de sus anillos se quedan cortos por tan solo 10 km/h de alcanzar al velocidad de la luz), su volumen y masa son infinitesimales comparados con el acelerador de partículas más grande del sistema solar.
Pero el acelerador de partículas alrededor de Júpiter no es un milagro de la naturaleza.  En realidad cualquier planeta de su tamaño y composición localizado en las vecindades de una estrella relativamente activa, desarrollará tarde o temprano un acelerador como el visto alrededor del gigante.  No hay que ir muy lejos.  La Tierra tiene su propio acelerador (o deberíamos decir más bien su propio contenedor de partículas de alta energía) conocido como los cinturones de Van Allen. Satélites y astronautas por igual lo han visitado, a veces sin querer queriendo.
Ahora que Juno se zambullirá en este acelerador para estudiarlo, echemos un vistazo rápido a algunas de las características más sorprendentes de este monstruo invisible.
La imponente magnetosfera de Júpiter que encierra el más grande acelerador de partículas del Sistema Solar.  Las líneas blancas muestran las invisibles líneas del campo magnético del planeta, deformadas por efecto del viento solar y de gases cargados provenientes de la atmósfera del planeta y de la luna Io.  Los volcanes de esta última crean una dona de partículas (nube amarilla) que rodea al planeta como un hula-hula.  Se muestran también las órbitas de las Lunas Galileanas.  Todo esta a escala excepto el tamaño de las Lunas.  Crédito: Max Planck Institute.
La imponente magnetosfera de Júpiter que encierra el más grande acelerador de partículas del Sistema Solar. Las líneas blancas muestran las invisibles líneas del campo magnético del planeta, deformadas por efecto del viento solar y de gases cargados provenientes de la atmósfera del planeta y de la luna Io. Los volcanes de esta última crean una dona de partículas (nube amarilla) que rodea al planeta como un hula-hula. Se muestran también las órbitas de las Lunas Galileanas. Todo esta a escala excepto el tamaño de las Lunas. Crédito: Max Planck Institute.

La magnetosfera de Júpiter es creada por la interacción entre el campo magnético de Júpiter (si, Júpiter es un inmenso imán como la Tierra) y la catarata de partículas y campos magnéticos que fluyen permanentemente desde el Sol y que llamamos el viento Solar.
El viento solar viaja libremente por el casi vacío interplanetario a velocidades que superan aquellas a las que viajaría cualquier onda en este enrarecido medio.  Al acercarse a Júpiter, y a cualquier planeta con un campo magnético (incluyendo la Tierra), el viento, que esta formado por partículas cargadas de electricidad (principalmente protones y electrones) se encuentra con un obstáculo inesperado y se frena subitamente como lo haría el agua al encontrar una piedra en el cauce de una quebrada.
Como lo hace el agua el en movimiento al encontrar de súbito un obstáculo, el viento solar y los campos que él transporta, se arremolinan alrededor del campo magnético de Júpiter creando una región de turbulencia conocida como la "vaina magnética" (o magnetosheath para el gringo).  El paso de Juno por esta "cascara" de espuma magnética, quedo registrado por los instrumentos a bordo de la nave el pasado 24 de Junio (ver imagen abajo) y marco la llegada de la sonda al primer "anillo de seguridad" del planeta. 
Júpiter le da la bienvenida a Juno a su poderosa magnetósfera.  En el gráfico se muestra la intensidad de campos eléctricos oscilantes (codificada en color, donde rojo son ondas eléctricas más intensas) alrededor de la nave durante su viaje hacia Júpiter, y el cambio que sufre la frecuencia de esas ondas cuando se aproxima al planeta. La característica más notoria es el cambio repentino de frecuencia que se produce a una distancia de aproximadamente 128 veces el radio de Júpiter, cuando la nave ingresa en una zona turbulenta del campo magnético del planeta conocida como la magnetosheath, justo la parte más exterior de la envoltura magnética de Júpiter.  Créditos: NASA/JPL, Waves Instrument, University of Iowa
Júpiter le da la bienvenida a Juno a su poderosa magnetósfera. En el gráfico se muestra la intensidad de campos eléctricos oscilantes (codificada en color, donde rojo son ondas eléctricas más intensas) alrededor de la nave durante su viaje hacia Júpiter, y el cambio que sufre la frecuencia de esas ondas cuando se aproxima al planeta. La característica más notoria es el cambio repentino de frecuencia que se produce a una distancia de aproximadamente 128 veces el radio de Júpiter, cuando la nave ingresa en una zona turbulenta del campo magnético del planeta conocida como la magnetosheath, justo la parte más exterior de la envoltura magnética de Júpiter. Créditos: NASA/JPL, Waves Instrument, University of Iowa

Adentro de la "cáscara" reina un caos magnético.  Una brújula apuntaría en todas direcciones sin decidirse por dónde esta el polo del planeta o el del Sol.  700,000 kilómetros más adentro, sin embargo, las cosas cambian nuevamente.  Es allí donde comienza el acelerador.  
En una inmensa superficie con forma de gota alargada y aproximadamente 100 veces más grande que el planeta mismo, corrientes eléctrica transportadas por electrones que una vez pertenecieron al Sol y otros que vivían en las lunas de Júpiter, marcan la frontera, invisible al ojo humano, entre el exterior del campo magnético de Júpiter y su interior.  Los científicos llaman a esta frontera la magnetopausa.  
Adentro de la magnetopausa las brújulas no tienen ninguna duda: todas apuntan en la dirección de los polos de Júpiter.  Atrás quedo el viento solar y los dominios electromagnéticos del Sol.  Bienvenidos al reino de Júpiter.
Una imagen similar a la anterior pero esta vez mostrando ondas eléctricas atrapadas dentro de la magnetosfera de Júpiter.  La flecha indica justamente el borde de esa burbuja magnética que todos los planetas gigantes como él crean a su alrededor, aislando su entorno del rio de partìculas y campos a su alrededor producidos por el Sol.  Al límite interno de esa burbuja se lo llama la magnetopausa. Créditos: NASA/JPL, Waves Instrument, University of Iowa
Una imagen similar a la anterior pero esta vez mostrando ondas eléctricas atrapadas dentro de la magnetosfera de Júpiter. La flecha indica justamente el borde de esa burbuja magnética que todos los planetas gigantes como él crean a su alrededor, aislando su entorno del rio de partìculas y campos a su alrededor producidos por el Sol. Al límite interno de esa burbuja se lo llama la magnetopausa. Créditos: NASA/JPL, Waves Instrument, University of Iowa

Casi todas las naves que han visitado a Júpiter, desde los setenteros Pioneers hasta la más reciente New Horizons, se han aventurado adentro de la magnétosfera de Júpiter, traspasando, así sea por unas horas o días, las barreras invisibles descritas arriba.  Juno, sin embargo, se atreverá a penetrar y permanecer por meses cerca a lugares donde otras apenas si se han asomado: los peligrosos cinturones de radiación.  
Es en esas regiones de la magnetosfera de Júpiter donde ocurre la verdadera acción en este gigantesco acelerador de partículas.  Para usar una analogía, lo que hará Juno es comparable a lo que haría un atrevido técnico al meterse a los túneles del LHC, cerca de donde están los monstruosos detectores ATLAS o CMS, mientras el acelerador esta prendido a toda máquina; en su lugar, Cassini y New Horizons apenas si permanecieon en el parqueadero afuera del edificio de visitantes, cuando el acelerador de partículas estaba apagado.
La órbita de Juno esta diseñada para que evite en la medida de las posibilidades las zonas más peligrosas de los cinturones de radiación que lo rodean.  Aún así estará más cerca de esos cinturones de radiación y más tiempo como no lo ha estado ninguna sonda.  En la animación abajo se muestra la relación entre la órbita de la sonda y los dinámicos cinturones.  Crédito: NASA/JPL/Caltech.
La órbita de Juno esta diseñada para que evite en la medida de las posibilidades las zonas más peligrosas de los cinturones de radiación que lo rodean. Aún así estará más cerca de esos cinturones de radiación y más tiempo como no lo ha estado ninguna sonda. En la animación abajo se muestra la relación entre la órbita de la sonda y los dinámicos cinturones. Crédito: NASA/JPL/Caltech.

Los cinturones de radiación son enormes donas hechas de plasma (gases electrizados) alimentados por materia que una vez fue expulsada por volcanes de Io o acelerada hacia afuera desde la parte más alta de la atmósfera de Júpiter.  Campos eléctricos monstruosos, ondas magnéticas super energéticas (ondas de Alfven para los más ñoños), sumados estos al efecto de honda que crea la rápida rotación del planeta, aceleran las partículas allí adentro hasta velocidades muy grandes.  Los astrofísicos miden la energía de las partículas en estas condiciones en mega electronvoltios (MeV).  
Para hacerse a una idea de cuánto es 1 MeV, un electrón acelerado en una lámpara fluorescente de una oficina tiene una energía cercana a 0.001 MeV.  Los rayos X con los que ven el interior de nuestros cuerpos alcanza 0.01 MeV.  Rayos gama nocivos emitidos por sustancias radiactivas tienen tan solo 1 MeV.  Las partículas aceleradas dentro de los cinturones de radiación de Júpiter pueden alcanzar los 50-100 MeV.  Pero esta es apenas la energía que tienen los protones en la primera fase del LHC; al alcanzar su máxima velocidad la energía de los protones en el acelerador enano llega a ser tan grande como ¡8 millones de MeV!.
Sin embargo, a diferencia del LHC, en el que se aceleran unos pocos miligramos de protones a altísimas energías, en los cinturones de radiación de Júpiter hay miles de toneladas de plasma girando continuamente.  Miles de kilogramos de estas partículas bombardean la superficie de las lunas que tienen la mala suerte de estar allí, pero también de las naves que se atreven a zambullirse en medio de la acción.
Se cálcula que si una nave con astronautas se aventurará adentro del acelerador de partículas natural alrededor de Júpiter, sin usar para ello ninguna protección diferente de las delgadas paredes de aluminio de las sondas tripuladas, cada astronauta recibiría una dosis de radiación 1,000 veces mayor que aquella que es considerada mortal.  ¡Un suicidio muy elegante!.  
Aunque estamos lejos de ver humanos llegando a Júpiter, la ciencia ficción lleva años soñando con ello (ver imagenes abajo).  Lamentablemente el riesgo de la radiación al interior de la magnetosfera del planeta, ha sido o bien minimizado o a veces obviado completamente. 
La ciencia ficción ha imaginado la llegada de naves tripuladas a las cercanías de Júpiter y sus lunas, peligrosamente cerca de los cinturones de radiación.  Arriba: imagen del clásico de ciencia ficción, 2010, secuela de 2001: una Odisea Espacial; en la película se muestra incluso una caminata espacial sobre la superficie de Io.  Abajo: imagen de la reciente película Europa Report.  En esta se trata con mayor precisión el tema de la protección contra la radiación en la superficie de la expuesta luna
La ciencia ficción ha imaginado la llegada de naves tripuladas a las cercanías de Júpiter y sus lunas, peligrosamente cerca de los cinturones de radiación. Arriba: imagen del clásico de ciencia ficción, 2010, secuela de 2001: una Odisea Espacial; en la película se muestra incluso una caminata espacial sobre la superficie de Io. Abajo: imagen de la reciente película Europa Report. En esta se trata con mayor precisión el tema de la protección contra la radiación en la superficie de la expuesta luna

Pero, si la magnetósfera de Júpiter con sus campos y partículas, es invisible a las cámaras, los ojos o el telescopio, ¿cómo sabemos en primer lugar que esta ahí?. Mucho antes que llegaran las primeras sondas robóticas y experimentaran la lluvia de partículas que afecta a todo lo que se acerca al planeta, la existencia de un monumental campo magnético lleno de plasma acelerado a altas velocidades había sido deducida por las copiosas ondas de radio provenientes del planeta gigante.  Júpiter, para ponerlo en pocas palabras, es la segunda estación de radio más poderosa del Sistema Solar (la primera es el Sol).  A diferencia de nuestra estrella, la fuente de buena parte de las ondas de radio de Júpiter, especialmente las más largas, son electrones obligados a describir complejos bucles en el campo magnético del planeta.  La intensidad y la frecuencia de esas ondas de radio dan una idea a la distancia de lo que podríamos esperar.
Los aceleradores de partículas en la Tierra también emiten ondas electromagnéticas: radio, luz visible y hasta rayos X.  Sin embargo estas ondas se mantienen confinadas por que pueden ser peligrosas para los científicos que los operan.  Pero es precisamente por esta razón que a la radiación proveniente de la magnetósfera de Júpiter se le da el nombre de "radiación sincrotrón" y "radiación ciclotrón", dos de los tipos de aceleradores de partículas que contruimos en la Tierra.
De modo que mañana, cuando su amigo radioaficionado le sintonice a Júpiter, recuerde que esta recibiendo la emisora del acelerador de partículas más grande del sistema solar.
Existe una forma más fascinante de "ver" las partículas atrapadas en la magnetosfera de Júpiter.  Cerca a los polos del planeta las líneas de fuerza del campo magnético penetran en la atmósfera.  Partículas de los cinturones de radiación y otras simplemente capturadas en su trampa magnética, son "enfocadas" por estas líneas y términan chocando contra la atmósfera.  El resultado: las auroras polares más visosas del Sistema solar.  Si le parecen espectaculares las auroras de la Tierra, posiblemente perdería la razón en presencia de las auroras de júpiter, 100 veces más intensas que las primeras.
Las auroras de Júpiter son alimentadas casi exclusivamente por plasma acelerado en su campo magnético (a diferencia de las de la Tierra que son el producto en su mayoría de partículas del viento solar que se cuelan en eventos de reconexión magnética).  Esto convierte a la atmósfera de Júpiter cerca a los polos en detectores de partículas naturales; los "ATLAS" y "CMS" del sistema joviano.
Además de estudiar la emisión en ondas de radio de los electrones atrapados en la magnetósfera de Júpiter y fotografiar sus espectaculares auroras polares, Juno lleva a bordo sus propios detectores de partículas para estudiar la cavidad magnética del gigante (ver imagen abajo). Con este detector, espera resolver algunas preguntas abiertas relacionadas con la naturaleza, estructura y dinámica del ambiente magnético alrededor de Júpiter: ¿cómo son aceleradas las partículas exactamente? ¿que fracción del plasma viene en realidad de la atmósfera del planeta? ¿son nuestros modelos  y expectativa del campo magnético y los cinturones de radiación acertados? (lo que sabemos se basa en algunos sobrevuelos rapidos de naves en el pasado, especialmente de la sonda Galileo).
Los JEDIs que acompañan a Juno en su arriesgada misión dentro de las zonas de radiación de Júpiter. A pesar de su clara alusión a los maestros de la fuerza de Star Wars, JEDI es el Jupiter Energetic particle Detector Instrument.  Crédito: NASA/JHP.
Los JEDIs que acompañan a Juno en su arriesgada misión dentro de las zonas de radiación de Júpiter. A pesar de su clara alusión a los maestros de la fuerza de Star Wars, JEDI es el Jupiter Energetic particle Detector Instrument. Crédito: NASA/JHP.

Como sucedió reciente con la New Horizons todos esperamos que sea mayor el número de sorpresas que revelen las investigaciones de Juno sobre el campo magnético de Júpiter, que las evidencias confirmatorias de aquello que ya sabemos.
Las apuestas están sobre la mesa. ¡Sorpréndenos Júpiter!
Para saber más:
  • Bolton, Scott J., et al. "Jupiter’s Magnetosphere: Plasma Sources and Transport." Space Science Reviews 192.1-4 (2015): 209-236.
    Un completo artículo de revisión sobre el ambiente electromagnético de Júpiter. Descargar en pdf.
  • Bagenal, Fran, et al. "Magnetospheric science objectives of the Juno mission." Space Science Reviews (2014): 1-69.
    El más completo artículo de revisión sobre la magnetósfera de Júpiter en preparación para la misión Juno.
  • Heller, René, and Jorge I. Zuluaga. "Magnetic shielding of exomoons beyond the circumplanetary habitable edge." The Astrophysical Journal Letters 776.2 (2013): L33.
    Artículo explorando la posible relación que tendrían las lunas de exoplanetas gigantes con las magnetósferas de estos últimos.
  • http://spaceflight101.com/juno/juno-mission-trajectory-design
    Un excelente y muy completo artículo sobre la misión Juno, desde su lanzamiento hasta la ciencia que estará realizando cerca al planeta gigante. Visitado: Julio 3 de 2016.
Jorge Zuluaga para IyC

miércoles, 30 de marzo de 2016

Las lunas de Saturno, más recientes que los dinosaurios

Una nueva investigación del Instituto SETI, la organización dedicada a buscar cualquier atisbo de vida fuera de la Tierra, sugiere que algunas de las lunas heladas de Saturno, así como sus famosos anillos, pueden ser mucho modernos de lo que se creía. Los autores del estudio, que publica la revista Astrophysical Journal y que puede consultarse en Arxiv.org, creen que el nacimiento de estos enigmáticos satélites sucedió hace apenas cien o unos pocos cientos de millones de años, más reciente que el reinado de muchos dinosaurios y una «nadería» si se tienen el cuenta las dimensiones temporales en el Universo.
«Las lunas siempre están cambiando sus órbitas. Eso es inevitable, explica Matija Cuk, investigador principal en el SETI. «Sin embargo, este hecho nos permite utilizar simulaciones por ordenador para desentrañar la historia de las lunas interiores de Saturno. Y descubrimos que muy probablemente nacieron durante el último 2% de la historia del planeta»
Mientras que los anillos de Saturno se conocen desde el siglo XVII, todavía hay debate sobre cuál es su verdadera edad. La asunción directa es que son primordiales, tan antiguos como el propio planeta, que tiene más de 4.000 millones de años. Sin embargo, en 2012, astrónomos franceses descubrieron algo que podía cambiar esta idea: los efectos de las mareas, la interacción gravitatoria de las lunas interiores con los líquidos en las profundidades de Saturno, están causando que se muevan con radios orbitales de mayor tamaño con relativa rapidez. La consecuencia, teniendo en cuenta sus posiciones actuales, es que estas lunas, y presumiblemente los anillos, son fenómenos recientes
Esa es la hipótesis que mantiene Cuk, junto con investigadores del Instituto de Investigación del Suroeste, que utilizan modelos informáticos para inferir el comportamiento dinámico del hielo en el interior de las lunas. 
Mientras que nuestra propia luna mantiene su órbita alrededor de la Tierra, muchos satélites de Saturno tienen que compartir el espacio entre sí. Todas sus órbitas crecen lentamente debido a los efectos de marea, pero a un ritmo diferente. Esto da lugar a pares de lunas que de vez en cuando entran en las llamadas resonancias orbitales. Estas se producen cuando el período orbital de una luna es una fracción simple (por ejemplo, la mitad o dos tercios) del período de otra luna. En estas configuraciones especiales, incluso las pequeñas lunas con débil gravedad pueden afectar fuertemente a las órbitas de las otras, haciéndolas más alargadas y con inclinaciones que salen de sus planos orbitales originales. 
Las lunas y anillos cerca de Saturno pueden tener solo 100 millones de años
Las lunas y anillos cerca de Saturno pueden tener solo 100 millones de años- NASA/JPL
Al comparar presentes inclinaciones orbitales y las predichas por simulaciones por ordenador, los investigadores pudieron aprender mucho sobre cómo crecieron las órbitas de las lunas de Saturno. Resulta que para algunos de los satélites más importantes -Tetis, Dione y Rea- las órbitas se alteran de forma menos drástica de lo que se pensaba. Las relativamente pequeñas inclinaciones orbitales indican que no han cruzado muchas resonancias orbitales, lo que significa que deben haberse formado no muy lejos de donde están ahora.
Pero, ¿cuánto tiempo hace de su nacimiento? Cuk y su equipo utilizaron los resultados de la misión Cassini de la NASA para ayudar a responder a esta pregunta. La nave espacial Cassini ha observado géiseres de hielo en la luna de Saturno Encelado. Suponiendo que la energía para encender estos géiseres viene directamente de las interacciones de marea, y que el nivel de actividad geotérmica de Encelado es más o menos constante, las mareas dentro de Saturno son bastante fuertes. 
De acuerdo con el análisis del equipo, estas mareas moverían el satélite por la pequeña cantidad indicada por las simulaciones en sólo unos 100 millones de años. Esto dataría la formación de las grandes lunas de Saturno, con la excepción de las más distantes Titán y Jápeto, al relativamente reciente período cretáceo, la era de los dinosaurios. 
Entonces, ¿qué causó el nacimiento de estas lunas? «Nuestra mejor estimación es que Saturno tenía una colección similar de lunas antes, pero sus órbitas fueron perturbados por un tipo especial de resonancia orbital que implica el movimiento de Saturno alrededor del Sol. Con el tiempo, las órbitas de las lunas vecinas se cruzaron, y estos objetos colisionaron. A partir de estos escombros, se formaron la presente serie de lunas y anillos», explica Cuk. Si este resultado es correcto, los brillantes anillos de Saturno pueden ser más jóvenes que el apogeo de los dinosaurios, y tenemos la suerte de ser testigos de los mismos hoy en día.
J de J para ABC.es

sábado, 20 de septiembre de 2014

La Mancha de Júpiter se hace pequeña sin saber la causa

La mancha roja de Júpiter se hace más pequeña
La mancha roja de Júpiter se hace más pequeña / nasa/esa?
MADRID, 16 May. (EUROPA PRESS) -
   La Gran Mancha Roja de Júpiter, considerada la tormenta más poderosa registrada en el sistema solar, registra su menor tamaño observado, pero los científicos no tienen claro cuál es el motivo de esta evolución.
   Recientes imágenes del Telescopio Espacial Hubble demuestran que la tormenta mide ahora 16.496 kilómetros, que es menos de la mitad del tamaño de la tormenta a finales del siglo XIX. En un momento dado, los científicos teorizaron que tres Tierras podrían caber dentro de la Gran Mancha Roja, pero hoy en día, sólo el ancho de una Tierra podría entrar dentro de esta furiosa tempestad.
   A medida que la mancha disminuye, su tasa de contracción parece estar acelerándose. Observaciones de 2012 muestran que la cintura " de la tormenta está reduciendo en 933 kilometros al año.
   "Una posibilidad es que algún tipo de actividad desconocida en la atmósfera del planeta puede estar drenando la energía y debilitando la tormenta, causando que se encoja", explican astrónomos del Hubble en un comunicado.
   Aunque la tormenta se ha observado desde el siglo XVII, los astrónomos no descubrieron la reducción de tamaño hasta 1930. Su diámetro se estimó en 41,038 kilometros a finales del siglo XIX. Un siglo más tarde, los sobrevuelos de las Voyager 1 y 2 en 1979 revelaron que el eje mayor de la mancha se había reducido a 23.336 kilometros.
   "En nuestras nuevas observaciones, es evidente que remolinos muy pequeños están alimentando a la tormenta", dijo Amy Simon, directora asociada para la ciencia estratégica del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA. "La hipótesis es que pueden ser responsables del cambio acelerado, alterando la dinámica interna y la energía de la Gran Mancha Roja", explica.
   La nave espacial Voyager 2 también capturó imágenes de una "Gran Mancha Oscura" en Neptuno durante un sobrevuelo en 1989. La tormenta desapareció, porque no era visible para el telescopio Hubble cuando examinó el planeta en 1994.