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martes, 19 de septiembre de 2023

una de las medusas más raras del mundo

 Se estima que actualmente hay alrededor de 10 millones de especies en nuestro planeta. Y, a pesar de siglos de estudio, un 86% de esas especies todavía no han sido descubiertas, según muestran diversos estudios. Eso significa que se han catalogado menos del 15% de las especies que deambulan por la Tierra. No sólo eso: con el ritmo de descubrimiento actual, es muy probable que gran parte de ellas dejen de existir antes de que podamos documentarlas.

El caso de los océanos no es muy diferente. El número de especies que podría encontrarse en los mares se estima entre 150.000 y 10 millones, siendo un millón la cifra más plausible para el Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM. De todas estas, solamente se conocen alrededor de 250.000, lo que significa que cerca del 70% aún son un misterio.

Es el caso del animal que protagoniza la historia de hoy. Más de una decena de tentáculos a rayas se arrastran detrás de un cuerpo translúcido, salpicado de anillos de diferentes tamaños. Dentro, un órgano rojo brillante (posiblemente la cavidad gastrovascular). Un espectáculo fascinante para nuestros ojos. Una maravilla de la naturaleza en su máximo esplendor.

En realidad se trata de una medusa. Una tan rara que solo ha sido avistada en dos ocasiones en la vida.

El cómo es igual de sorprendente. Un buzo que se encontraba en la costa de Queensland, Australia, grabó una medusa enorme nadando junto a él. A las horas publicaba el vídeo en Facebook comentando que era más grande que una pelota de fútbol y nadaba "bastante rápido". Resulta que, según confirmaban algunos biólogos más tarde, se trataba de la Chirodectes maculatus (que significa "manchada" en latín), una especie de medusa extremadamente rara que se encuentra en Australia.

Esta especie fue descrita en 2005 por primera vez. Un equipo de científicos australiano dirigido por el biólogo Paul Cornelius consiguió capturar un espécimen en 1997 al que llamaron Chiropsalmus y comentaron en aquel artículo su reticencia a diseccionar al animal, así que solo hicieron observaciones externas. No sería hasta un año más tarde que el organismo fue registrado en el género Chirodectes por la científica Lisa-Ann Gershwin, quien publicó un estudio sobre la medusa.

En este reportaje de Vice, el Dr. Allen Collins, zoólogo para el Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsonian explicaba que pese a que no es posible distinguir todos las características de la especie Chirodectes maculatus en el video, encaja muy bien en la descripción. También hace hincapié en que el patrón de color en la "campana" de la medusa es diferente al descrito por los científicos originales. La de 2005 tenía manchas sólidas, mientras que la del video tiene anillos.

Aún así, el experto expone que lo más probable es que "sea un espécimen de una especie de Chirodectes estrechamente relacionada pero aún no descrita" y se sorprende de que "algo tan grande y llamativo en apariencia solo se vea dos veces en la historia".

En cuanto al veneno del animal, hasta el momento no hay hay casos registrados de su picadura en humanos. Sin embargo, debido a su gran tamaño y la venenosa naturaleza de los quirodrópidos, lo más probable es que la medusa Chirodectes sea muy venenosa. Una lástima, porque es un animal realmente precioso.

Imagen y vídeo: Scuba Ventures Kavieng

lunes, 29 de agosto de 2022

Científicos españoles descifran el genoma de la medusa inmortal

 Un equipo de investigadores de la Universidad de Oviedo ha logrado descifrar el genoma de Turritopsis dohrnii, conocida como la medusa inmortal, y ha identificado las claves y los mecanismos generales que permiten su continuo rejuvenecimiento. 

Esta medusa, que mide unos cuatro milímetros, hace tiempo que está en el punto de mira de los científicos porque tiene la asombrosa capacidad de revertir su ciclo vital y rejuvenecer en lugar de envejecer y morir tras su etapa reproductiva. 

La comparación de más de mil genes

Maria Pascual-Torner, primera autora -junto con Dido Carrero- del estudio que acaba de publicarse en PNAS, la revista de la Academia de las Ciencias de Estados Unidos, explica que lo que han hecho es secuenciar y comparar el genoma de esta medusa con el de Turritopsis rubra, su hermana mortal, para ver en qué difieren, cuáles son los genes con más variantes y más amplificados (con más copias) en la especie inmortal. 

Y lo que han observado, tras revisar casi 1.000 genes implicados en los proceso de envejecimiento, es que las principales diferencias se centran en los genes asociados con la replicación y la reparación del ADN, el mantenimiento de los telómeros, la renovación de la población de las células madre, la reducción del ambiente celular oxidativo y la comunicación intercelular, "que es importante para mantener el equilibrio en los tejidos".

Diagrama del ciclo biológico de la medusa inmortal (Turritopsis dohrnii)

Diagrama del ciclo biológico de la medusa inmortal (Turritopsis dohrnii)

 Univ. Oviedo

Todos los genes que se asocian a la mayor plasticidad de esta medusa tienen que ver con procesos que en las personas se han asociado con la longevidad y el envejecimiento saludable, según el equipo de investigadores de la Universidad de Oviedo que dirige Carlos López-Otín.

Pascual-Torner explica que durante la investigación también indujeron el rejuvenecimiento de estas medusas para ver cómo se expresaban esos genes diferentes durante el proceso. "Lo más llamativo que vimos es que estaban asociados dos mecanismos necesarios para que las células especializadas puedan reprogramarse y se vuelvan como células madre, con capacidad de convertirse en cualquier célula del organismo de nuevo", detalla la investigadora. 

El rejuvenecimiento está asociado a mecanismos para que células especializadas se vuelvan células madre

Maria Pacual-TornerInvestigadora y primera autora del estudio

En concreto, detectaron dos rutas bioquímicas fundamentales para el rejuvenecimiento cíclico de esta medusa: la denominada ruta polycomb, que silencia genes que están relacionados con el desarrollo de la célula; y la de la pluripotencia celular, que aumenta la expresión de los genes relacionados con la capacidad de la célula de convertirse en cualquier tipo de célula.

Pascual-Torner explica que, en laboratorio, este tipo de medusas rejuvenecen casi el 100% de las veces después de reproducirse, retrocediendo desde ese estadio hasta el de cisto, una especie de bola, y en ese proceso se modifican los tejidos, "porque ni los tejidos ni las células de una medusa son iguales que los del cisto ni los del futuro pólipo (otro estado de desarrollo)".

La investigadora, que también trabaja en el Instituto de Oncología de la Universidad de Oviedo, precisa que no hay una única clave de todo este proceso de rejuvenecimiento e inmortalidad, sino que han visto que son diversos mecanismos los que intervienen para hacerlo posible. 

La trascendencia del hallazgo

Los mecanismos o marcas de envejecimiento (los hallmarks of aging que dicen los científicos) se observan en prácticamente todas las especies, incluida la humana, de modo que los investigadores están convencidos de que conocer las claves genómicas de la inmortalidad de esta medusa acabará traduciéndose en mejoras relacionadas con el envejecimientohumano. 

"Este trabajo no persigue la búsqueda de estrategias para lograr los sueños de inmortalidad humana que algunos anuncian, sino entender las claves y los límites de la fascinante plasticidad celular que permite que algunos organismos sean capaces de viajar atrás en el tiempo", afirma López-Otín. Y añade que lo que sí prevén es que, a partir de este conocimiento, puedan encontrar "mejores respuestas frente a las enfermedades asociadas al envejecimiento que hoy nos abruman".

Podremos hallar mejores respuestas para enfermedades asociadas al envejecimiento

Carlos López-OtínInvestigador U. Oviedo

En este sentido, Pascual-Torner asegura que, aunque el sistema de envejecimiento de una medusa no es el de un ser humano, este trabajo da pistas sobre dónde focalizar nuevos estudios a quienes investigan sobre cáncer, enfermedades neurodegenerativas, desórdenes cardiovasculares u otras patologías relacionadas con el envejecimiento. 

"Las variantes génicas y las amplificaciones de genes que hemos encontrado podrán ser exploradas en futuras investigaciones científicas y clínicas para hallar resultados frente a estas enfermedades", concluye. 

jueves, 31 de agosto de 2017

La picadura de una medusa

Las medusas son unos de los animales más primitivos de nuestro planeta. Surgieron en los océanos hace más de 600 millones de años y, desde entonces, sus características morfológicas apenas han cambiado. Su sencillez anatómica les ha permitido sobrevivir en la mayor parte de los hábitats marinos e incluso de los dulceacuícolas.

Una explicación de su éxito evolutivo la hallamos en unas células denominadas cnidocitos, una de las armas biológicas más eficaces conocidas en el reino animal. Concentrados en los tentáculos, aunque distribuidos por todo el ectodermo de la medusa, los cnidocitos son específicos de todos los cnidarios. En estas células se almacena el veneno que la medusa inocula a sus presas para anestesiarlas antes de ingerirlas o, por el contrario, emplea como mecanismo de defensa contra los ataques de depredadores. Ante alguna de esas situaciones, en tan solo 3 milisegundos el cnidocito dispara un filamento que descarga el veneno. Se trata de uno de los procesos de exocitosis (expulsión de sustancias por parte de la célula) más rápidos conocidos hasta el momento.

La composición del veneno y, por consiguiente, su toxicidad varían de una especie de medusa a otra. La virulencia de la picadura en los humanos dependerá, pues, de la toxicidad, pero también de la cantidad de veneno inoculado. Algunas medusas del Mediterráneo, como Pelagia noctilucaRhizostoma pulmo o Carybdea marsupialis, están catalogadas como especies de toxicidad media-alta. Tras el contacto accidental con los bañistas en las playas, activan su mecanismo de defensa natural y con ello generan riesgos para la salud pública. En algunas zonas de la costa española, más de la mitad de las asistencias médicas solicitadas se deben a picaduras de medusa.

En el marco del proyecto de investigación Repercusiones Clínicas y Medioambientales de las Medusas en el Mediterráneo (RECLAIMED, que cuenta con el apoyo de la Fundación Bancaria «La Caixa»), nuestro grupo del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona, junto con el Hospital Clínico de Barcelona, estamos realizando ensayos in vitro para determinar la eficacia de distintos tratamientos de atención preclínica. Con ellos buscamos la manera de impedir el disparo de los cnidocitos mediante la inactivación de estas células. Entre los tratamientos ensayados destacan la aplicación de vinagre, amoníaco, agua dulce, bicarbonato sódico, calor y frío. Intentamos aclarar cuál es el tratamiento más adecuado, puesto que no existe consenso internacional sobre ello, además de que no hay metodologías estandarizadas que permitan comparar los resultados entre distintos laboratorios de forma rigurosa.



En los tentáculos se observan agrupaciones de cnidocitos conocidas como baterías. [x 60] [Rubén Duro]

domingo, 6 de enero de 2013

Medusas que vienen y van


La idea catastrofista de la proliferación irreversible de medusas en los océanos pierde fuelle. Un estudio internacional liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y financiado por la National Science Foundation (Estados Unidos), sugiere que el aumento de estos organismos marinos gelatinosos responde a fenómenos cíclicos globales.
 Según sostiene este trabajo, publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS), el aumento de medusas que se ha registrado en los océanos durante los últimos años forma parte de un ciclo expansivo (entre 1995 y 2005). Las poblaciones de medusas cambian en función de fluctuaciones sincrónicas con periodos sucesivos de aumento y descenso.
Los investigadores analizaron la población de medusas desde 1780 hasta la actualidad y llegaron a la conclusión de que su población oscila en periodos de 20 años. Carlos Duarte, coautor de la investigación y director del 'Oceans Institute' de la Universidad del Oeste de Australia, explica que las poblaciones de medusas tienen unos ciclos vitales largos y complejos. En regiones oceánicas estudiadas durante años se ha observado cómo la población de medusas desaparecía radicalmente para luego regresar al volumen inicial.
El peligro que existía antes de esta investigación radicaba en el error de considerar tales fluctuaciones como fenómenos inexplicables, y por lo tanto, creer que los picos máximos de población eran una prueba de la proliferación masiva de estos organismos. Tras este análisis más global, los investigadores demuestran que no hay evidencia clara de que el aumento de medusas sea continuado y sin fin. "Nuestro estudio es importante porque aporta una base científica a largo plazo que permitirá a los investigadores hacer y repetir estos análisis dentro de una década o dos para determinar si el aumento del número de medusas continúa siendo cíclico o pasa a ser sostenido", afirma Duarte.
El impacto de las medusas
La proliferación de medusas en el medio marino ha despertado las alarmas no sólo de turistas y hosteleros, dadas sus consecuencias socioeconómicas negativas, sino también de ecologistas y expertos. "No es que las medusas estén aumentando, es que está aumentando nuestro grado de exposición a ellas", comenta Carlos Duarte. "En el futuro seguiremos estando cada vez más expuestos y por eso las proliferaciones de medusas seguirán causando graves problemas".
A pesar de que no existen evidencias de que a este aumento global de la población de medusas hayan contribuido fenómenos como el calentamiento global o la sobrepesca, sí está comprobado que la construcción de estructuras artificiales ha propiciado dicha proliferación. Las larvas de las medusas se instalan en las construcciones de aguas costeras y dan lugar a grandes concentraciones de pólipos (fase previa de la medusa). En el Mediterráneo y las costas de Japón los datos extraídos por los investigadores apuntan a una tendencia al incremento de la población de medusas, probablemente consecuencia de tales impactos provocados por el hombre.
Acumulación de medusas en aguas de Nueva Zelanda. | CSIC
Acumulación de medusas en aguas de Nueva Zelanda. | CSIC
Efectos positivos
Los riesgos que la proliferación de medusas acarrean también tienen una contraprestación positiva. Las medusas son imprescindibles para el ciclo del carbono del océano. Cuando mueren de forma masiva transfieren carbono al océano, lo que sirve como fuente de alimento a los organismos de los fondos marinos. "Son como un motor del ciclo de materiales y del intercambio entre el mar, la atmósfera y la tierra", recalca Duarte.
Pero las medusas no son sólo interesantes dentro del agua. Un estudio de la empresa gaditana Bionaturis, especializada en biotecnología, descubrió cólageno en diversos tipos de medusas, un componente con gran interés comercial. En el campo de la ingeniería de tejidos resultan útiles en la medida en que la función de sus músculos tiene ciertas similitudes con la del corazón humano. Y en sectores como el farmacéutico se estudia la posibilidad de sacar provecho de su actividad antiinflamatoria para tratar alergias o enfermedades como la psoriasis artrítica.
 Judith Tobeñas