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lunes, 24 de octubre de 2022

La "primera" familia neandertal nos cuenta algo fascinante sobre ellos: se resistieron a su extinción hasta el final

 En un estudio firmado entre otros por el último Premio Nobel en medicina, Svante Pääbo, un grupo internacional de investigadores ha anunciado el descubrimiento de una familia de neandertales. Se trata del primer grupo de esta especie que sabemos conectado por lazos de sangre y guarda consigo la llave para desentrañar la organización social de la especie más cercana a la nuestra.

Familia nuclear y familia extendida. En el centro de esta familia prehistórica destacan los restos de dos individuos: un padre y su hija adolescente. Sin embargo no solo los únicos neandertales a los que un análisis de ADN ha situado en esta familia, y es que se han relacionado también con otros dos individuos: un niño pequeño, posiblemente un primo, y una mujer adulta, puede que una tía o abuela. 

Los restos óseos fueron encontrados en la cueva de Chagyrskaya en el sur de Siberia, donde los investigadores encontraron restos pertenecientes a un total de 11 humanos, todos ellos pertenecientes a la especie Homo neanderthalensis. El estudio se extiende a otros dos individuos cuyos restos fueron hallados en la vecina cueva de Okladnikov. 

Dos grupos. Aunque estos últimos restos no estaban emparentados con los del primer grupo, los investigadores concluyeron que fueron coetáneos. El que grupos de neandertales no emparentados estuvieran habitando la zona ha ayudado a los investigadores a entender las dinámicas sociales en neandertales. 

“El hecho de que estuvieran viviendo en el mismo periodo es emocionante. Esto significa que probablemente procedían de la misma comunidad social. Por lo que, por primera vez, podemos utilizar la genética para estudiar la organización de una comunidad neandertal” comenta en una nota de prensa Laurits Skov, quien encabeza la publicación en la que se ha dado cuenta del hallazgo.

El estudio. La publicación en cuestión es un artículo en la revista Nature. Los investigadores analizaron el ADN de 17 restos óseos pertenecientes a 13 individuos que vivieron hace unos 54.000 años. Nunca hasta ahora se había secuenciado el ADN de tantos individuos pertenecientes a esta especie para un mismo estudio. 

El equipo encontró diversas heteroplasmias compartidas en el ADN mitocondrial de algunos de estos neandertales. Se trata de una serie de variantes genéticas que tan solo sobrevive un número limitado de generaciones.

Un estudio genealógico y sociológico. Además de las más de 80 muestras de hueso y dentaduras neandertales (uno de los mayores hallazgos en su clase), las excavaciones realizadas en estas cuevas también dieron como fruto diversos huesos animales y herramientas de piedra. 

La combinación entre elementos genéticos y herramientas permitió a los investigadores crear una de las imágenes más detalladas hasta ahora de la vida social de los neandertales (la cantidad de información que ocultan este tipo de hallazgos es asombrosa), también de cómo los distintos grupos se interrelacionaban entre sí.

“Nuestro estudio provee una imagen concreta de lo que una comunidad neandertal podría haber aparentado”, explica Benjamin Peter, otro de los autores del estudio. “Esto hace a los neandertales parecer más humanos a mi parecer”.

La clave de la supervivencia. Sin embargo es en estos hábitos sociales donde los investigadores creen puede radicar el mayor misterio de los neandertales: su extinción. El estudio genético de este grupo señalaba escasa diversidad genética asociada a pequeños grupos, de entre 10 y 20 personas. Los investigadores señalan que este tamaño de los grupos se asemeja más a especies en peligro de extinción que a las sociedades de humanos modernos. 

Estos grupos no estaban aislados, eso sí. Los investigadores descubrieron gracias a la diversidad genética en el cromosoma Y, que se hereda de padres a hijos varones ambos, que eran las mujeres las que solían cambiar de comunidad. 

Llegaron a esta conclusión al comprobar que la diversidad en los genes mitocondriales (que se heredan de madres a hijos e hijas) era mayor en el grupo que la variabilidad en los elementos genéticos asociados al cromosoma Y. Esto sugiere, según el equipo que las distintas comunidades estaban entrelazadas a través de esta forma de migración.

Uno más entre los misterios de los neandertales. A pesar de estas migraciones los neandertales parecían condenados a la extinción como muestra la escasa diversidad generalizada. El motivo de por qué los sapienssobrevivimos y no los neandertales es uno de los misterios más importantes alrededor de esta especie, la más cercana a la nuestra, tan cercana que portamos algunos de sus genes. 

Como tan habitual suele ser en ciencia, el último estudio trae más preguntas que respuestas. A misterios como cuál fue nuestro último ancestro común, o cómo fue la convivencia de neandertales y sapiens en Europa, se puede añadir otra nueva pregunta, la de cómo fue la coexistencia entre neandertales y denisovanos (Homo denisova). 

Si bien los neandertales son nuestros parientes más cercanos, nosotros no somos los suyos. Los denisovanos deben su nombre a que sus restos fueron descubiertos por primera vez en la cueva de Denisova. Ésta se encuentra a escasos 100 kilómetros de las cuevas de Chagyrskaya y Okladnikov. A pesar de la cercanía, los investigadores no encontraron trazas de ADN denisovanoen los neandertales.

En la senda del último Nobel. Sí sabemos en cambio que el ADN humano contemporáneo, especialmente fuera del continente africano, sí tiene un aporte genético heredado de los neandertales. Los denisovanos también dejaron su impronta genética en los humanos modernos. Sabemos esto gracias a la paleogenómica, disciplina científica en la que Svante Pääbo, coautor de este estudio y reciente Premio Nobel, puede ser considerado padre fundador.

Desde que el primer estudio del genoma neandertal fuera publicado en 2010, los equipos del Instituto Max Planck han logrado secuenciar 18 genomas en 14 sitios arqueológicos de distintos puntos de Eurasia. Trabajos como este son evidencia de que esta disciplina aún tiene mucho trabajo por delante.


lunes, 17 de enero de 2022

“Para mí está muy claro que los neandertales hablaban”

José María Bermúdez de Castro (Madrid, 69 años) reconoce que la mayor parte de su producción literaria no es en castellano. El paleontólogo, codirector de los yacimientos de Atapuerca, en Burgos, es un referente mundial en el estudio de la evolución humana y la ciencia relevante se publica en inglés. “Estoy seguro de que los primeros artículos que escribí en español, hace ya muchísimos años, prácticamente no se han citado. En español hemos perdido el tren de la ciencia y escribimos en inglés”, reconoce. Pese a ello, el pasado diciembre fue elegido académico por el pleno de la Real Academia Española (RAE) para ocupar la letra K, quizá para combatir en esa complicada batalla del idioma.

Desde ese puesto, como lo hizo en su momento la bióloga Margarita Salas o ahora el físico José Manuel Sánchez Ron, aportará su experiencia para que la academia siga cumpliendo su función, reconocida en sus estatutos, de velar porque los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebre la unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico. En ese proceso de adaptación, el lenguaje de la ciencia es una fuente de continuas novedades que requiere especial atención, y él promete todo su esfuerzo: “Cuanto más se me haga trabajar, mejor. Para mí es un gran regalo y quiero corresponder”.

Pregunta. ¿Es posible incrementar el uso del español en la ciencia si la producción científica de los hispanohablantes sigue siendo minoritaria?

Respuesta. Sin duda, si la ciencia fuera española, habría muchísimos términos en español. Pero las revistas de alto impacto, donde se publican los resultados científicos están en inglés, con lo cual es una situación complicada. Nosotros somos muy buenos en literatura, música, pero en ciencia hay muchos científicos fuera, porque es donde pueden prosperar.

P. Si miramos la historia de la de la evolución de nuestra especie, en los últimos 50.000 años se ve una tendencia a la homogeneidad. Hace 50.000 años convivíamos con otras especies humanas como neandertales, erectus o denisovanos. Ahora hay una sola. Y con las lenguas pasa lo mismo. Hace 200 años en la Tierra se hablaban cientos de lenguas que hoy han desaparecido. ¿Cómo ve al español ante esa homogeneización?

R. Si lo aplicas a la biología, se ve con los propios neandertales. Sus grupos se ven aislados y reducidos durante la última gran glaciación y al final Homo sapiens se queda con todo el planeta. Puede pasar algo parecido con las lenguas y además es mucho más rápido.

Estamos en una globalización a la que no es ajena la lengua. Las lenguas viajan también con las personas. Y en países en los que haya muchas lenguas, porque hay muchos grupos humanos, las que tienen pocos hablantes, tienden, si no a desaparecer, a ver su uso reducido. El español, como el inglés, el francés o el chino son las que tienen más presencia y las que se aprenderán además del idioma concreto de un lugar. Son las lenguas que puedes utilizar cuando llegas a cualquier país, aunque, obviamente, la lengua más útil en ese sentido es el inglés. Este fenómeno es planetario. Pero en cualquier caso, hay que defender el español como se pueda, porque es una lengua muy preponderante en el planeta, muy bonita y es nuestra lengua.

P. La ciencia es una actividad donde se valora la objetividad, pero en la que también pueden tener mucha influencia los aspectos subjetivos que se incorporan con el lenguaje. Hace unos días vimos el caso de la flurona, un neologismo que mezcla partes de la palabra gripe y coronavirus en inglés para referirse a la coinfección por ambos virus. Era algo que llevaba pasando desde el principio de la pandemia, pero se le pone un nombre nuevo y de repente se desata el pánico. El lenguaje, también en el ámbito científico, tiene un efecto que puede cambiar la percepción de un mismo hecho completamente.

R. Sí, es curioso cómo nos quedamos maravillados ante palabras nuevas. Y además es interesante que es un nombre inglés, que parece que vende más, como se hace cuando se quiere vender más un producto. Me parece absurdo, pero no sé, nos quedamos como extasiados, como si fuese algo mágico.

P. ¿Es posible saber cuándo surgió el lenguaje?

R. Yo creo que el lenguaje tiene muchísimos años de antigüedad, 40.0000 años y posiblemente más. Dentro del proyecto de Atapuerca, Ignacio Martínez Mendizábal y Mercedes Conde Valverde han hecho uno de los trabajos más bonitos que conozco sobre el tema a través de la audición. A mí me parece que es la mejor forma que tenemos de acercarnos al lenguaje porque las partes blandas del aparato fonador, la lengua, la laringe, las cuerdas vocales, los pulmones, desaparecen casi todas. Y con el cerebro, que es lo que controla todo, sucede lo mismo. Todo esto no nos queda en el registro fósil. Lo que sí nos queda es el órgano receptor.

Ignacio Martínez y Mercedes Conde, junto con ingenieros acústicos, han generado modelos utilizando las variables métricas, morfológicas, etcétera, que hay en el oído medio y el oído interno de los fósiles. El resultado es que la audiometría de los neandertales prácticamente coincide con la nuestra. Podían percibir consonantes.

Tenemos un aparato fonador muy complejo y gracias a ese aparato fonador y a la comprensión que tenemos de las vocales podemos establecer palabras con los diferentes fonemas y entender su significado

Muchos mamíferos, como los chimpancés o los monos, cuando aúllan, producen una vocal, pero nosotros tenemos consonantes, que son muy complicadas de pronunciar. Tenemos un aparato fonador muy complejo y gracias a ese aparato fonador y a la comprensión que tenemos de las vocales podemos establecer palabras con los diferentes fonemas y entender su significado. Si ves un audiograma de un chimpancé, que es completamente distinto del nuestro, o un audiograma de un neandertal, que es como el nuestro, parece evidente que los neandertales escuchaban las mismas frecuencias y con la misma intensidad que lo hacemos nosotros. Por eso, para mí está muy claro que esto implica capacidad para entender una lengua.

Yo estoy prácticamente convencido de que los neandertales tenían un lenguaje como nosotros. Y seguramente podrían emitir también una serie de sonidos que les servirían para describir su medio natural. Igual no te pueden decir, mira un tigre o un león, pero sí mira ese bicho que es peligroso.

Para mí está muy claro que los neandertales hablaban. ¿Qué lengua? No lo sé, pero desde luego tenían capacidad para emitir una serie de sonidos que podían incluir consonantes parecidas a las que tenemos nosotros, que son complejas. La R, por ejemplo, no lo pronuncia cualquiera. A un británico le costaría mucho y nosotros tenemos esa capacidad por nuestro aparato fonador y porque lo hemos aprendido desde que nacemos escuchando a nuestros padres.

Las lenguas forman parte del legado cultural de la humanidad y hay que conservarlas y esa diversidad no se debe perder

Estoy convencido de que los neandertales podían hablar y posiblemente podíamos entendernos de alguna manera cuando nos encontramos en el corredor levantino. En los yacimientos donde hay Homo sapiens aparecen herramientas propias de los neandertales. Hay un intercambio clarísimo de la información material entre ellos y nosotros. Y, por tanto, seguramente el lenguaje no era muy diferente y favoreció el intercambio e incluso la hibridación que se produjo.

P. La aparición del lenguaje potenciaría la capacidad de socialización humana, esencial en nuestra especie, pero la aparición de distintos idiomas también es algo que fomenta la aversión hacia los diferentes, un rasgo que también es muy propio de los humanos. ¿Es posible que esta tendencia a la homogeneización de las lenguas que estamos viviendo con la globalización suponga una pérdida de diversidad, pero también pueda ayudar a reducir los antagonismos entre grupos humanos?

R. Está claro que el lenguaje nos une, pero también nos separa. La globalización es posible gracias a que somos capaces de entendernos mediante un vehículo que es la lengua común. La diversidad está desapareciendo en parte y si vas a un hotel en China, por ejemplo, vas a encontrar habitaciones muy parecidas a las que tenemos en España. Todo se ha ido homogeneizando poco a poco y la lengua también tiende a esa homogeneización.

Las lenguas forman parte del legado cultural de la humanidad y hay que conservarlas y esa diversidad no se debe perder. Pero al final, para comerciar o atraer clientes en un mercado global o hablas el idioma preponderante o no consigues nada.

P. ¿Cuáles son sus objetivos como científico en la RAE?

R. Para empezar, ya sabes que esto para mí fue una sorpresa muy agradable, porque no me postulé yo. Entonces aún no sé exactamente cuál es el papel que puedo tener en la RAE. No voy a trabajar en cuestiones de filología y tampoco soy experto en lexicografía. Yo soy científico y trabajaré en todo lo que me pida para aplicar ese conocimiento y esa experiencia. Esto va a coincidir casi con mi retirada profesional de la de la ciencia, así que tendré mucho más tiempo para emplearlo en estas cuestiones.


El paleoantropólogo José María Bermúdez de Castro, en el Museo Paseo Sierra de Atapuerca, en Burgos, el pasado marzo. 

martes, 12 de mayo de 2020

¿las madres neandertales eran mayores que sus parejas?

todos los humanos con ascendencia fuera de África tienen un porcentaje de ADN neandertal fruto del mestizaje entre sus poblaciones hace miles de años. Este legado ancestral y su influencia sobre el hombre moderno ha sido estudiado ahora de manera exhaustiva en la población actual de Islandia.
En un estudio publicado en la revista Nature, científicos de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, la compañía islandesa deCODE Genetics y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania) han aislado 14,4 millones de fragmentos de ADN arcaico neandertal obtenidos de 27.566 islandeses para descubrir qué partes del genoma contienen ADN neandertal y el papel que este desempeña en los humanos modernos. Han hallado también una presencia significativa de ADN denisovano (un homínido muy próximo y contemporáneo a los neandertales) en el genoma islandés.

UNA HUELLA IMBORRABLE

Neandertales y Homo sapiens convivieron en Europa y Asia durante milenios antes de la extinción de los primeros hace 40.000 años. El mestizaje entre ambas especies dejó una huella genética en los seres humanos, que ha perdurado hasta la actualidad: las personas de ascendencia no africana comparten alrededor del dos por ciento de su genoma con los neandertales.
Este 2% de ADN neandertal europeo es diferente en cada individuo, por lo que los científicos han logrado reconstruir entre el 38% y el 48% del genoma neandertal islandés con los casi 15 millones de fragmentos obtenidos de la población de la isla.
Los responsables del estudio han reconstruido casi la mitad del genoma de los neandertales islandeses.
Comparando las diferentes secuencias de material genético secuenciado en el Instituto Max Planck, los investigadores encontraron que la población neandertal que se mezcló con los islandeses modernos era más similar a los neandertales de Croacia que a los de Rusia.
El estudio también concluye que las madres neandertales tenían a sus hijos con parejas más jóvenes que ellas. Los investigadores han llegado a esta conclusión al comparar las mutaciones en los fragmentos de ADN neandertal con los fragmentos de ADN de humanos modernos correspondientes, ya que la edad determina el tipo de mutaciones genéticas que los progenitores transmiten a sus descendientes.

EL TERCER HOMO

Pero este exhaustivo análisis generó más datos sorprendentes que corroborarían el alto nivel de mestizaje entre los homínidos del Paleolítico superior: El genoma del islandés moderno contiene trazas de ADN denisovano, un homínido descrito a partir de un hallazgo en Rusia en 2010, que anteriormente solo se habían encontrado en las poblaciones modernas de Asia oriental y de Papua Nueva Guinea.
Este dato desafía la creencia de que homo sapiens y neandertales se mezclaron antes de que los humanos actuales se encontraran con los denisovanos decenas de miles de años después. Los científicos tienen dos posibles teorías para explicar este nuevo hallazgo.
Grupos de neandertales y denisovanos podrían haber tenido descendencia común antes de encontrarse con el homo sapiens. En ese caso, esos descendientes les habrían transmitido genes de ambas especies. esta teoría se vería reforzada por el descubrimiento del fósil de una niña híbrido entre denisovano y nanderthal.
Hasta ahora se creía que los únicos trazos de ADN denisovano en poblaciones actuales se hallaban en Asia.
La segunda hipótesis es que los denisovanos y el homo sapiens se hubieran cruzado primero, mucho antes de que los neandertales entraran en escena, aunque sobre esta suposición no se ha encontrado registro fósil.

¿ENFERMEDADES NEANDERTALES?

La herencia genética establece nuestra predisposición a tener los ojos azules, a ser altos o de piel morena, puede condicionar nuestro carácter o nuestra tendencia a padecer determinadas enfermedades... En este sentido, la afectación del ADN neandertal a la salud de los islandeses es más bien baja.
Los investigadores creen que algunas variantes arcaicas podrían estar relacionadas con una ligera menor predisposición a padecer cáncer de próstata, reducirían el tiempo de coagulación de la sangre o limitarían la altura (en un milímetro) de los individuos.

jueves, 20 de febrero de 2020

los neandertales enterraban con flores a sus muertos


Restos de un cráneo aplastado en el nuevo yacimiento.
Foto: Graeme Barker
Restos de un cráneo aplastado en el nuevo yacimiento.
Foto: Graeme Barker
Una nueva excavación en un conocido yacimiento de neandertales ha dejado al descubierto un nuevo esqueleto de neandertal que aun no había sido descubierto, junto con una prueba de que estos homínidos extintos pueden haber enterrado con flores a sus muertos.
En la década de 1950, el arqueólogo Ralph Solecki descubrió restos y herramientas de neandertales en la cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí, un hallazgo extremadamente influyente en nuestra comprensión moderna de los neandertales. Uno de los individuos allí encontrados, llamado Shanidar 4, estaba rodeado de polen, y los arqueólogos se preguntaban si los neandertales habían enterrado su cuerpo y habían colocado flores en su tumba intencionadamente. Ahora, nuevas excavaciones con técnicas arqueológicas más modernas han descubierto otro esqueleto de neandertal que parece haber sido enterrado con flores intencionadamente.
“Es muy difícil tratar de inferir lo que realmente pensaban los neandertales”, dijo a Gizmodo Emma Pomeroy, autora del estudio y arqueóloga de la Universidad de Cambridge en Reino Unido. “Pero claramente hay un proceso de pensamiento significativo más allá de querer deshacerse de un cuerpo maloliente”.
La cueva de Shanidar es una gran cueva que hay en las estribaciones de las montañas Bradost en el Kurdistán iraquí. Aquí, de 1951 a 1960, el equipo de Solecki encontró 10 conjuntos de restos de neandertales, tanto de hombres, como de mujeres y niños. El descubrimiento cambió la forma en que pensamos sobre los neandertales; algunos parecían haber vivido con serias discapacidades, demostrando que habían recibido apoyo social y cuidados.
Aunque los restos de Shanidar 4 habían sido encontrados cerca de granos de polen, los arqueólogos cuestionaron la teoría de que el grupo había dado a sus muertos una especie de rito fúnebre: tal vez el polen fuese fruto de una contaminación más reciente (los arqueólogos transportaron los hallazgos de la excavación encima de un taxi), o algún roedor pudo arrastrare las plantas hasta ahí, dijo Pomeroy. Al fin y al cabo, si este grupo de neandertales vivían juntos en una cueva, deshacerse de un cadáver maloliente enterrándolo tiene sentido, sin tener que atribuirle ningún significado simbólico.

La cueva de Shanidar.
Foto: Graeme Barker
La cueva de Shanidar.
Foto: Graeme Barker
Más tarde, en 2014, el Gobierno regional kurdo invitó a varios investigadores a excavar una vez más en dicha cueva, aunque la amenaza de ISIS retrasó el proyecto un año. Los investigadores esperaban comprender mejor cómo fueron encontrados los restos de Solecki en la cueva y determinar las fechas de los sedimentos de su alrededor. Lo que no esperaban encontrar era un nuevo neandertal justo al lado del yacimiento original de Shanidar 4.
Los restos comprendían la parte superior del cuerpo de un individuo, entre los que se incluían el cráneo, varias costillas y su mano izquierda, que probablemente seguían en la misma posición del individuo al morir. Los investigadores han determinado que los restos tienen unos 45.000 o 55,000 años de antigüedad, y debido a su colocación, probablemente pertenecía a uno de los neandertales de las excavaciones de Solecki, tal vez a Shanidar 6. También han supuesto que algunos de los huesos podrían pertenecer a otro individuo, según el artículo publicado en Antiquity.
Estos nuevos restos también tenían polen alrededor, y no había madrigueras de roedores cerca de los huesos que pudiesen indicar que habían sido ellos los que hubiesen arrastrado la vegetación. Estas evidencias sugieren, una vez más, que los neandertales de la cueva habían enterrado a sus muertos con flores intencionadamente.
Aun así, el análisis no ha hecho más que comenzar. Pomeroy ha dicho que su equipo espera estudiar la micromorfología del suelo (estudiar de cerca los restos de sedimentos para comprender mejor su contexto), así como hacer análisis más avanzados del polen e incluso análisis de ADN más antiguo.
Nunca sabremos con certeza exactamente qué pensaban los neandertales al enterrar a sus muertos. Pero investigaciones como estas sugieren que eran personas sensibles y artísticas, no torpes y brutos. Todavía hay muchos capítulos de la historia de los neandertales que nos quedan por descubrir.

jueves, 19 de abril de 2018

Lo que sabemos de los neanderthales apunta a una evolución del ser humano diferente

¿Tenían los neandertales las mismas capacidades intelectuales que nosotros? Quizá nos esté costando un poquito aceptarlo, a pesar de los muchos indicios. ¿Será simplemente cuestión de prudencia científica? ¿Tendrá la culpa cierto “chovinismo sapiens”? ¿Y si en parte se debe a ciertas ideas muy influyentes pero algo anticuadas, propagadas con gran éxito en la divulgación científica?
“Nuestros antepasados y primos más cercanos, el Homo erectus, los neandertales y otros poseían capacidades mentales de elevado orden, como lo indica la gama de útiles y otros artefactos que poseían. Pero solo el Homo sapiens muestra evidencia directa del tipo de razonamiento abstracto, que incluye usos numéricos y estéticos, que identificamos como distintivamente humanos. (…) Todo el arte de la edad del hielo (las pinturas rupestres, las figurillas de venus, las tallas de cabezas de caballos, los bajorrelieves de renos) fue realizado por nuestra especie. A partir de la evidencia de que en la actualidad disponemos, el hombre de Neandertal no sabía nada de arte representativo.”
Esto escribía Stephen Jay Gould hace casi tres décadas, reflejando el conocimiento de aquellos años, en su famoso libro 'La Vida Maravillosa'.Pero los neandertales pudieron haber creado complejas pinturas rupestres en cuevas de la Península Ibérica hace más de 64.000 años; lo publicabael mes pasado la revista Science, con un estudio que databa figuras de animales, motivos geométricos y siluetas de manos en un momento en la que, según los datos disponibles, nuestra especie aún no había llegado a Europa.
La prudencia científica exige esperar confirmaciones, sobre todo cuando se trata de algo así de sensacional. Sin embargo, hoy en día, que los extintos neandertales (Homo neanderthalensis) pintasen en las paredes de las cuevas no es una posibilidad tan extraña como podría parecer. Ya sabíamos que manipulaban conchas, dientes de mamífero, plumas o garras de águila para hacerse adornos personales, revelando una psique sin diferencias claras con la de los humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens). Durante los últimos años se ha repetido un patrón: herramientas, adornos, arte... algo atribuido al sapiens resulta ser, tras nuevas pruebas y estudios, de autoría neandertal.
Durante los últimos años se ha repetido un patrón: herramientas, adornos, arte... algo atribuido al sapiens resulta ser, tras nuevas pruebas y estudios, de autoría neandertal
¿Los paleoantropólogos han sido unos chovinistas de especie, unos neandertalofóbicos? Bueno, no mucho. Por lo general ha habido buenas razones para asignar por defecto las manifestaciones mentales más complejas al sapiens. Entre ellas, la razón más obvia: las altas capacidades de la mente sapiens ya se conocen, pues... somos nosotros. Como el valor al soldado, se presupone. Además, claro, tenemos un enorme registro arqueológico. Con la mente de las otras especies, por el contrario, partimos prácticamente de un misterio.
Naturalhistory
Sin embargo, otro tipo de ideas podría haber influido también en una cierta resistencia o demora para reconocer capacidades intelectuales “elevadas” en el fornido neandertal. Es solo una sugerencia y no la defenderé con demasiada energía, pero aunque esté muy equivocado, creo que puede dar pie a comentar algunas cuestiones interesantes. 

La evolución según Gould

El paleontólogo y biólogo evolutivo Stephen Jay Gould fue uno de los más grandes divulgadores de la historia. También ha sido, y sigue siendo dieciséis años después de su muerte, un extraordinario influencer. Mediante sus publicaciones científicas y sus ensayos contagió sus ideas, a menudo provocativas, a veces demasiado arriesgadas, otras veces meros ecos de los avances científicos de su época, a miles de científicos, escritores y amantes de la ciencia.
Entre los mayores esfuerzos de Gould estuvo luchar contra las creencias anticuadas y erróneas sobre evolución; como la “escala del progreso” o “escala evolutiva”, viralizada con miles de ilustraciones mostrando especies dispuestas en una fila india con el hombre actual (¡algunas pocas veces, incluso, la mujer!) a la cabeza. Para Gould, la evolución no es un proceso que presente ninguna tendencia a crear humanos o criaturas similares. Nuestra especie, como el resto de las especies, es una ramita más en un gigantesco arbusto evolutivo: 
“Somos una entidad improbable y frágil, afortunadamente próspera después de precarios comienzos como una pequeña población en África, no el previsible resultado final de una tendencia global. Somos una cosa, un artículo de la historia, no la encarnación de principios generales.”
Gould (y con él muchos de los gouldianos que devorábamos sus libros de ensayos), pensaba que las nuevas especies surgen rápidamente. Sus rasgos propios (en el Homo sapiens esto incluiría las capacidades artísticas) evolucionan en un corto periodo de tiempo mientras la especie se está diferenciando. Después se mantienen estables, en “estasis evolutiva”, por los siglos de los siglos, hasta que llega la extinción. Esto es, muy simplificado, el modelo de equilibrios interrumpidos que Gould desarrolló junto con su colega Niles Eldredge.
La evolución del Homo sapiens encajaba bien con el modelo, tal y como empezaba a entenderse en los años 80 y 90 gracias a avances en paleontología y genética, especialmente el estudio del ADN mitocondrial de las poblaciones actuales. Los gouldianos nos sentíamos vanguardia; quienes proponían una evolución más lenta, gradual y compleja nos parecían, por buenas razones, viejunos y obsoletos.
Newsweekcover
Otro de los grandes temas de Gould era la importancia de los acontecimientos aleatorios en la historia de la vida. La evolución es “contingente” y sus resultados (las especies como por ejemplo el Homo sapiens) son en general poco probables, difícilmente repetibles. Si pudiéramos rebobinar la cinta de la vida y le diéramos otra vez al botón de play (no sé si los lectores más jóvenes entenderán bien esta metáfora) entonces, por puro azar, la evolución transcurriría por caminos diferentes. 
Con estos esquemas en la cabeza, el Homo sapiens y el Homo neanderthalensis serían dos brotecitos evolutivos surgidos de forma muy azarosa y rápida, diferentes entre sí tanto en rasgos obviamente físicos como en capacidades intelectuales desde el momento en que se originan. Y manteniendo esas diferencias para siempre.
Pero la ciencia siguió avanzando y el panorama se complicó sobremanera. Hoy sabemos que los antepasados de los sapiens y de los neandertales comenzaron a evolucionar por separado hace más de medio millón de años, a partir de un antepasado común más primitivo. Pero las dos líneas no estuvieron genéticamente aisladas.

Una mezcla de genes 

Desde 2006, gracias a la secuenciación y el análisis del genoma neandertal, tenemos pruebas sólidas de que se produjeron cruces con descendencia fértil entre su especie y la nuestra (esto ocurre a menudo entre especies cercanas, aunque pueda resultar chocante si nos enseñaron en colegio que tal cosa es imposible). Genes neandertales acabaron en poblaciones sapiens, y viceversa. Como consecuencia, la gran mayoría de las personas actuales tenemos un pequeño porcentaje de genoma neandertal en nuestras células. 
Contradiciendo el esquema gouldiano, neandertales y sapiens parecen haber evolucionado a lo largo de cientos de miles de años, gradualmente y despacito. Los rasgos del esqueleto que caracterizan a las dos especies fueron agregándose con el tiempo, algo que atestiguan las formas fósiles transicionales. Los humanos de la Sima de los Huesos en Atapuerca (Burgos), de hace más de 400.000 años, presentaban características mezcladas, intermedias entre neandertal y los humanos previos.
Genes neandertales acabaron en poblaciones sapiens, y viceversa. Como consecuencia, la gran mayoría de las personas actuales tenemos un pequeño porcentaje de genoma neandertal en nuestras células.
Para el experto Christopher Stringer estos individuos de La Sima eran, simplemente, neandertales antiguos y primitivos. Los investigadores del yacimiento sostuvieron desde el principio la hipótesis de que se trataba de “preneandertales”, antepasados de los neandertales o al menos una línea muy próxima a dichos antepasados. El equipo de Atapuerca nos lo regaló... y el genoma se lo confirmó. 
Paralelamente, en África tenía lugar la evolución de nuestra propia especie; también más lenta, acumulativa y complicada de lo que habíamos pensado. Casi todas las fechas relativas a nuestra aparición, nuestra dispersión por el mundo, y al origen de nuestra variabilidad genética se han ido desplazando hacia atrás. En los genomas actuales no solo están las huellas de los cruces con el neandertal, sino de otros humanos arcaicos como el de Denisova. 
Blonde Girl VanuatuLa población de Melanesia alberga en su genoma huellas de cruces con humanos arcaicos como el de Denisova 
En África se han ido descubriendo diversos fósiles de rasgos intermedios. Los de Jebel Irhoud (Marruecos), con 300.000 años de antigüedad, fueron recientemente presentados como “los primeros Homo sapiens”. La cara de estos señores era parecida a la nuestra, pero les faltaba nuestro bonito cráneo redondeado. La paleoantropóloga María Martinón explicó que estos fósiles cubren un vacío importante sobre nuestro origen, pero todavía no tienen las características que distinguen a los humanos modernos.
Sí, es lioso. Mucho más que la evolución simple e impulsiva que proponía Stephen Jay Gould. ¿Y qué hay de aquello de rebobinar la cinta de la vida? Bueno, Gould tenía razón... en parte; en una parte muy difícil de estimar. Se han hecho varios estudios de evolución experimental con virus y bacterias y, de nuevo, la situación es complicada. El resultado evolutivo se repite a veces con sorprendente tozudez, a veces con mucha menor frecuencia, según los casos y las condiciones.
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Volviendo a los sapiens, a los neandertales y al arte, los datos indican ahora que ambos tipos humanos sufrieron cambios evolutivos distribuidos en largos periodos de tiempo y, como consecuencia, probablemente, distribuidos en una alta diversidad de ambientes naturales. Además, los dos linajes se conectaron genéticamente, entre ellos y con otros humanos distintos, al menos en algunos momentos de su historia. En lugar de dos brotes que aparecen de repente y se quedan congelados, parecen más bien ramas de crecimiento lento con tiempo y espacio de sobra para explorar diferentes direcciones.
Quizá este escenario complicado facilite considerar hipótesis más complicadas; como la de que ciertos cambios en el cerebro, incluyendo los necesarios para una poderosa mente simbólica y artística, pudieron surgir varias veces de forma paralela. O quizá (venga, vamos a volvernos locos) una sola vez, pero atravesando diferentes especies.
Ernesto Carmena
Foto | hairymuseummatt, Graham Crumb, iStock

jueves, 1 de marzo de 2018

“Los neandertales no se extinguieron”


Fue la indignación lo que llevó a Joao Zilhao a convertirse en embajador de los neandertales. Recuerda la escena como si fuera ayer. Fue en mayo de 1996. La revista Nature presentaba el descubrimiento en Francia de fósiles de neandertal de hace 34.000 años junto a herramientas de piedra tecnológicamente avanzadas –de tipo chatelperroniense–. Era un hallazgo sensacional. Pero los autores de la investigación concluían que los neandertales no podían haber inventado aquellas herramientas. No eran lo bastante inteligentes, tenían que haberlas copiado de los Homo sapiens. 
Zilhao, que en aquel momento trabajaba en la Universidad de Lisboa, se sintió ultrajado. Llevaba años descubriendo fósiles y herramientas de neandertales en la Gruta de Oliveira y no veía por qué no iban a ser capaces de inventar herramientas de tecnología chatelperroniense. Desde aquel día, se propuso desmontar el prejuicio de que los neandertales no podían ser tan inteligentes como los Homo sapiens . 
El arqueólogo Joao Zilhao, en la facultad de Geografía e Historia de la Universitat de Barcelona
El arqueólogo Joao Zilhao, en la facultad de Geografía e Historia de la Universitat de Barcelona (Montse Giralt)
En estos 22 años ha trabajado en las universidades de Lisboa en Portugal, de Bristol en el Reino Unido y de Barcelona, adonde llegó en el 2010 con un contrato Icrea. Ha excavado en España, Portugal y Rumanía y ha estudiado colecciones arqueológicas de Francia, Italia y Croacia. Ha publicado decenas de investigaciones que confirman, una y otra vez, que los neandertales tenían aptitudes cognitivas equivalentes a las de los Homo sapiens . Los resultados que presenta esta semana, que demuestran que hacían pinturas rupestres y se ponían collares, “deberían cerrar el debate de si los neandertales tenían pensamiento simbólico”, sentencia.
Pero, si eran tan inteligentes como los Homo sapiens, ¿por qué se extinguieron? “¡Es que no se extinguieron, son nuestros ancestros!”, rebate. Entre el 1% y el 4% del genoma de los europeos actuales es de origen neandertal, mientras que el 96% a 99% restante procede de Homo sapiens venidos de África. “Menos de un 4% no parece mucho, pero es lo esperable cuando se mezclan una población grande y una pequeña. Debía haber unos 20.000 neandertales en toda Europa y llegaron un millón o dos de africanos. Por eso el ADN neandertal está tan diluido entre los europeos actuales”.
Para Zilhao, los neandertales son Homo sapiens, no una especie distinta. Es consciente de que esta visión no es compartida por la mayoría de sus colegas. Pero “siempre digo lo que pienso. Procuro llevarme bien con todo el mundo pero, si a alguien no lo gusta lo que digo, lo siento. En ciencia es importante basarse en los datos y, a partir de ahí, que todo el mundo pueda expresar libremente lo que piensa. Para mí los datos no indican que neandertales y Homo sapiens sean especies distintas”. 
Le ha costado veinte años largos lograr que la comunidad científica reconozca la capacidad simbólica de los neandertales. Su próximo reto es convencer a sus colegas de que los neandertales no se han extinguido, que perviven en cada uno de nosotros.