jueves, 17 de agosto de 2017

La partícula que decidió la batalla entre la materia y la antimateria

Montaje del detector Super-Kamiokande, destino final de los neutrinos del experimento T2K
Montaje del detector Super-Kamiokande, destino final de los neutrinos del experimento T2K KAMIOKA OBSERVATORY, ICRR (INSTITUTE POR COSMIC RAY RESEARCH), THE UNIVERSITY OF TOKYO
En la historia del universo hay tres misterios estelares. Viajando hacia atrás en el tiempo, el más reciente es la emergencia de la conciencia humana. El segundo, la aparición de la vida a partir de elementos inertes, y el tercero, el gran estallido que lo originó todo. En los tres casos está lejos de conocerse cómo se produjo la transición entre lo anterior y lo presente. ¿Qué había antes del Big Bang?¿Cómo aparecieron trozos de materia capaces de reproducirse? ¿Cuándo empezaron los simios a fusionar sus cerebros para crear el lenguaje, la religión o la ciencia?
Por abrumadora que parezca la conquista de esas fortalezas inexpugnables para el intelecto, los científicos siguen buscando formas de acercarse. Y lo hacen con herramientas fascinantes y desvelando por el camino otros intrincados enigmas.
Una de esas incógnitas en las inmediaciones de un gran misterio es lo que sucedió justo después del Big Bang. Las teorías más aceptadas plantean que cuando el punto infinitamente pequeño y denso del que surgió el universo comenzó a inflarse todo lo que apareció fue energía. Esa energía se convirtió después en materia y en antimateria, dos tipos de partícula idénticos pero con carga eléctrica opuesta. Cada vez que uno de esos bloques de materia primigenia se tocaba con su opuesto se desintegraba dejando tras de sí un rastro de radiación. Si el equilibrio se hubiese mantenido, el cosmos sería un desierto radiactivo muy distinto del que hoy conocemos.
Si el equilibrio se hubiese mantenido, el cosmos sería un desierto radiactivo muy distinto del que hoy conocemos
Sin embargo, como resulta evidente a nuestro alrededor, no fue así. El cosmos está compuesto de estrellas, planetas y todo tipo de objetos hechos de lo que llamamos materia. Para llegar a esta situación tan conveniente para nosotros, algo debió suceder durante los instantes posteriores a la gran inflación que rompiese el equilibrio de partida. Es lo que en física se llama violación de la simetría de carga y paridad (CP). Esta simetría indica que las leyes de la física deberían ser iguales si se ven al revés en un espejo (paridad) y con toda la materia intercambiada con antimateria (carga).
Uno de los elementos que pudo ser clave en ese desequilibrio es el neutrino. Esta partícula fue propuesta a finales de la década de 1920 por el físico Wolfgang Pauli, que la necesitó para explicar la desaparición de cierta cantidad de energía cuando se desintegraban algunos núcleos atómicos. Para salvar el principio de conservación de energía, Pauli previó que debía existir una partícula sin carga eléctrica, con una masa ínfima y que casi no interaccionaría con la materia. Veintiséis años después, Frederik Reines y Clyde Cowan, junto a un reactor nuclear, detectaron por primera vez un neutrino.
Desde hace años, los científicos se preguntan si fue esta partícula fantasmagórica la que decantó el enfrentamiento entre la materia y la antimateria. Como descubrieron los ganadores del Nobel de Física de 2015, el japonés Takaaki Kajita y el canadiense Arthur McDonald, los neutrinos oscilan, cambiando de sabor, y transmutándose en una de las tres especies de neutrino que se conocen. Por lo que se refiere a la violación de la simetría de la materia tras el Big Bang, el interés se centra en la diferencia en las probabilidades de oscilación de neutrinos y antineutrinos.
En Japón, un grupo internacional de científicos está tratando de medir la distinta probabilidad de que aparezcan neutrinos o antineutrinos con el experimento T2K, por las siglas de de Tokai a Kamioka, los dos puntos entre los que viajan los neutrinos. El experimento produce un haz de neutrinos muónicos (una de las tres clases que se conocen) en el acelerador Japan Proton Accelerator Research Complex (J-PARC) ubicado en el pueblo de Tokai, en la costa oriental de Japón. El haz de neutrinos se crea haciendo colisionar protones en el acelerador J-PARC sobre un blanco cilíndrico que a su vez produce un intenso haz de partículas secundarias que se enfoca y filtra mediante lentes magnéticas. Éste haz de partículas se desintegra creando un intenso flujo de neutrinos o antineutrinos, dependiendo del filtrado realizado por las lentes magnéticas. El haz neutrinos o antineutrinos se monitoriza a 280 metros del punto de producción y se dirige hacia el gigantesco detector subterráneo Super-Kamiokande situado en Kamioka, cerca de la costa oeste de Japón, a 295 kilómetros de distancia de Tokai. Durante el viaje, una fracción de los neutrinos muónicos oscila y se convierte en neutrinos electrónicos o neutrinos tau.
Los últimos datos recogidos por T2K sugieren que, como se sospechaba, los neutrinos pudieron desempeñar un papel clave en la batalla entre materia y antimateria. La aparición de neutrinos electrónicos es significativamente mayor de la que se esperaría si se conservara la simetría. En contraste, el conjunto de datos de antineutrinos, aunque todavía demasiado pequeño para hacer afirmaciones contundentes, muestra una menor aparición de antineutrinos electrónicos que la esperada si se conservase la simetría. T2K observa 89 neutrinos electrónicos mientras que se esperan aproximadamente 67, y 7 antineutrinos de electrones cuando se esperan aproximadamente 9.
Por abrumadora que parezca la conquista de esas fortalezas inexpugnables para el intelecto, los científicos siguen buscando formas de acercarse
Federico Sánchez, investigador del Instituto de Física de Altas Energías (IFAE) de Barcelona y miembro de la colaboración T2K, explica que sus datos indican “que se está violando CP”, pero matiza que la probabilidad es del 95%, algo insuficiente para que un físico pueda afirmar con rotundidad que algo es cierto. “Vamos a seguir tomando medidas hasta 2026 para decir con más seguridad que la violación de CP no es cero y a partir de ahí ver la medida exacta”, continúa.
Aunque los resultados muestren finalmente ese comportamiento distinto entre neutrinos y antineutrinos, Sánchez explica que se necesitarán nuevos modelos teóricos y más mecanismos para explicar completamente cómo se rompió la simetría inicial tras el Big Bang. Las aproximaciones a las grandes verdades nunca son ni fáciles ni rápidas.
Daniel Mediavilla para ElPaís

RESUELTO EL MISTERIO SOBRE EL FAMOSO DINOSAURIO FRANKENSTEIN

Resuelto el misterio sobre el famoso dinosaurio Frankenstein
Los restos de un Chilesaurus llevan trece años en Chile bajo la atenta mirada de un grupo de investigadores. El holotipo fue hallado hace más de una década en una capa de la Formación Toqui por Diego Suárez, un niño de siete años. Pero no fue hasta 2015 cuando los científicos decidieron clasificarlo en un género monotípico, representado por una única especie: Chilesaurus diegosuarezi (en honor al pequeño descubridor).
Este dinosaurio terópodo extinto, vivió en el Jurásico tardío (hace 150 millones de años). Al observar detenidamente su esqueleto, los investigadores se percataron de que tenía rasgos que no coincidían con sus compañeros de grupo, por lo que no encajaba en ningún árbol genealógico: era herbívoro (a diferencia de la mayoría de sus compañeros del Mesozoico), su cabeza era significativamente más pequeña y su cuello, más largo. Todo esto le hizo ganarse el apodo de Frankenstein o el ornitorrinco de la paleontología.
Ahora, un grupo de investigadores ha publicado un estudio en la revista especializada Biology Letters donde aseguran que el dino no era tan rarito. Anteriormente, se había afirmado que el dinosaurio Frankenstein pertenecía a la familia de los terópodos (como el Tyrannosaurus Rex o el Velociraptor). Pero, en su opinión, el misterioso y enigmático Chilesaurus pertenece a los primeros ornitisquios, famoso por albergar especies tan famosas como el Triceratops o el Stegosaurus. Según explica Paul Barret, coautor del estudio y profesor de la Universidad de Cambridge, "estos dos grupos compartieron una ascendencia común que data de 220 a 225 millones de años. Este ancestro común dio origen a dos grupos: los terópodos comedores de carne y los ornitisquios vegetarianos".
Y en este último grupo es en el que, según los nuevos investigadores, se encuentra el misterioso dinosaurio. Según el equipo de científicos, "el Chilesaurus nos reafirma en esta idea de que esta reordenación es correcta, ya que posee características de ambos grupos"
Vía | BBC

jueves, 3 de agosto de 2017

La cara oculta de Newton

A la luz de todo esto surge una cuestión muy importante, ¿cómo congeniar la visión científica de Newton, la cual se basa en mediciones y predicciones exactas de los fenómenos de la naturaleza, con la visión de un Newton teológico? Lo cierto es que, para Newton, ambas cosas son las dos caras de una misma moneda, puesto que Dios se revela tanto en el gran libro de la naturaleza, el cual es estudiado por las ciencias, como en la Biblia, cuyo estudio compete a la teología. Por ello, este Newton oculto, sin darnos cuenta, ha estado presente incluso en sus obras científicas a lo largo de los siglos, esperando pacientemente a ser descubierto.
Miguel Palomo es investigador en departamento de Filosofía, Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Sevilla. Artículo escrito en colaboración con la UCC+i de la Universidad de Sevilla

La mantis religiosa captura pájaros pequeños y los devora

Los mántidos, más conocidos como mantis, capturan pájaros pequeños y los devoran, un comportamiento alimentario que ha sido documentado en 13 países diferentes, en todos los continentes excepto en la Antártida, según informa hoy la Universidad de Basilea en un comunicado. Un equipo de zoólogos de Suiza y de Estados Unidos ha documentado 147 casos, más de un 70% en Estados Unidos, donde la mantis religiosa habitualmente captura pájaros en comederos de colibríes o en plantas polinizadas por estos pájaros en jardines domésticos. Los colibríes son los pájaros más amenazados por la mantis religiosa y, entre ellos, el colibrí de garganta roja (Archilochus colubrises su víctima más frecuente. El estudio, dirigido por Martin Nyffeler, de la Universidad de Basilea, ha sido publicado en The Wilson Journal of Ornithology.
La mantis religiosa es un insecto carnívoro (inofensivo para el ser humano), con unas poderosas patas delanteras provistas de espinas, que se alimenta de artrópodos como los insectos o las arañas y, en raras ocasiones, de pequeños vertebrados como las ranas, los lagartos, las salamandras o las serpientes. El nuevo estudio demuestra que también pueden matar y devorar pájaros pequeños: entre sus víctimas se han detectado pájaros de 24 especies diferentes y de 14 familias. "El hecho de que el comer pájaros sea algo tan generalizado entre las mantis religiosas, taxonómica y geográficamente hablando, es un descubrimiento espectacular", dice Nyffeler.
La mayoría de casos se ha documentado en Norteamérica porque hace décadas fueron liberadas varias especies de mantis grandes (entre ellas la mantis religiosa y la mantis china) por todo el país para que ejercieran de agentes de control biológico contra las plagas, pero esas especies importadas hoy constituyen una amenaza potencial para los colibríes y para las pequeñas aves paseriformes. "Nuestro estudio demuestra la amenaza que constituye la mantis para algunas poblaciones de pájaros. Hay que actuar con gran cautela cuando se liberan mantis para el control de plagas", concluye Nyffeler.
ALEC FORSSMANN

Una vida «diferente» es posible en Titán

Aquí, en la Tierra, el agua es un elemento imprescindible para la vida. Sin H2O, en efecto, ninguno de los organismos que conocemos podría existir. Sin embargo, nada impide que en otros mundos la vida pueda arraigar y desarrollarse más allá de los límites impuestos por la química del agua.
Ahora, en un alarde de imaginación y datos científicos, un equipo de químicos y astrónomos de la NASA y la Universidad de Cornell acaba de presentar un ingenioso modelo para explicar cómo la vida podría prosperar en un mundo distante y frío como es Titán, la luna gigante de Saturno, repleta de moléculas orgánicas y cuyas condiciones recuerdan en parte a las de la Tierra primitiva. El estudio acaba de publicarse en Science Advances.
Con una superficie inundada de mares que no son de agua, sino de metano líquido, Titán podría ser capaz de albergar células basadas en este elemento. Seres vivientes que, con una química totalmente diferente a la que conocemos, serían perfectamente capaces de resproducirse y completar sus ciclos vitales igual que lo hace cualquier organismo terrestre. En concreto, lo que ha dado alas a las esperanzas de los científicos es el hallazgo, en la luna de Saturno, de una sustancia química capaz de formar membranas celulares.
De hecho, los investigadores han encotrado pruebas de la existencia de acrilonitriloen la atmósfera de Titán. También conocido como cianuro de vinilo, esta sustancia química se utiliza en la Tierra para fabricar plásticos o fibras textiles resistentes a los agentes atmosféricos y a la luz del Sol.
Pero bajo las durísimas condiciones que imperan en la mayor de las lunas de Saturno, este producto químico puede ser capaz de formar estructuras flexibles y estables, muy parecidas a las membranas celulares de nuestro planeta. Otros investigadores habían sugerido con anterioridad que el acrilonitrilo era uno de los ingredientes de la atmósfera de Titán, pero nunca anunciaron una detección inequívoca de este producto químico, camuflado en la mezcla heterogénea de moléculas orgánicas y ricas en carbono que abundan allí.
Los científicos de la NASA, sin embargo, consiguieron encontrar grandes cantidades de la sustancia en Titán, especialmente en su estratosfera, la nebulosa capa que confiere a esta luna de Saturno su característico color anaranjado.
«Hallamos convincentes evidencias de que el acrilonitrilo está presente en la atmósfera de Titán -explica Maureen Palmer, del Centro Goddard de Astrobiología de la NASA y autora principal del estudio- y pensamos que una cantidad significativa de este material llega hasta la superficie».

¿Membranas de «plástico»?

Las células de los animales y plantas de la Tierra no sobrevivirían en Titán, con sus grandes lagos de metano líquido y donde la temperatura media es de 179 grados bajo cero. Pero ya en 2015, un equipo científicos abordó la cuestión de si cualquier molécula orgánica susceptible de estar en Titan podría, en esas condiciones inhóspitas, formar estructuras similares a las bicapas lipídicas de las células vivas en la Tierra.
Delgadas y flexibles, las bicapas lipídicas son el componente principal de las membranas celulares, estructuras que separan el interior de una célula del mundo exterior, protegiendo así la actividad celular y permitiendo a la vida desarrollarse. Y resulta que los investigadores identificaron el acrilonitrilo como el mejor candidato en Titán para construir esas membranas.
Ya entonces, los investigadores propusieron que las moléculas de acrilonitrilo podrían unirse y formar un material silimar al de una membrana celular. Ese material podría formar fácilmente «azotostomas», pequeñas esferas microscópicas, diminutos recipientes de almacenamiento y transporte, del mismo modo que hacen las «esferas» terrestres formando las bicapas lipídicas.
«La capacidad para formar una membrana estable que separe el medio interno del externo -afirma Michael Mumma, director del Centro Goddard de Astrobiología- es importante porque proporciona un medio para contener productos químicos durante un tiempo lo suficientemente largo como para permitir que interactúen. Si esas estructuras parecidas a membranas pudieron formarse con acrilonitrilo, sería un paso importante en el camino hacia la vida en la luna de Saturno Titán».
La concentración de acrilonitrilo en la atmósfera de Titán es de 2,8 partes por cada mil millones. La sustancia es más abundante en la estratosfera, a una altitud de cerca de 200 km. Y resulta más que probable que el acrilonitrilo haya encontrado un camino a través de las capas más bajas de la atmósfera, donde podría condensarse y llegar hasta la superficie en forma de lluvia.
Los investigadores han calculado, como ejemplo, la cantidad de este material que podría haberse depositado en Ligeia Mare, el segundo mayor lago de metano de Titán, con un tamaño igual a la suma de los lagos Huron y Michigan. Y su conclusión es que, a lo largo de toda la existencia de Titán, Ligeia Mare podría haber acumulado suficiente acrilonitrilo para formar más de 10 millones de «azotostomas» en cada milímetro cúbico de líquido. En comparación, en las costas oceánicas de la Tierra, hay cerca de un millón de bacterias en cada milímetro cúbico de agua.
«La detección de esta elusiva y astrobiológicamente relevante sustancia química -afirma Martin Cordiner, otro de los autores del estudio- es muy interesante para los científicos, ansiosos por determinar si la vida podría desarrollarse en mundos helados como Titán».
José Manuel Nieves/1 ago 2017

ASÍ NACIERON LOS PRIMEROS ANIMALES DE GRAN TAMAÑO


Así nacieron los primeros animales de gran tamaño
Los rangeomorfos habitaron los océanos de la Tierra entre 635 y 541 millones de años atrás. Tenían cuerpos blandos compuestos de ramas, cada una con ramificaciones laterales más pequeñas, con una forma geométrica conocida como fractal, que se puede ver hoy en como pulmones, helechos y copos de nieve.
Dado que los rangeomorfos no se asemejan a ningún organismo moderno, es difícil comprender cómo alimentaban, crecían o se reproducían (aunque algunos señalan que podrían ser los pionero en cuanto a reproducción sexual) , y mucho menos cómo podrían vincularse con cualquier grupo moderno. Sin embargo, aunque guardan cierta similitud con las plantas, los científicos creen que pueden haber sido algunos de los primeros animales que vivieron en la Tierra
Los rangeomorfos podían medir entre pocos centímetros y dos metros, en una época en la que la mayoría de los organismos era microscópicos. Lo que ha llevado a muchos científicos a preguntarse cuándo se produjo este cambio y por qué.  Ahora expertos de la Universidad de Cambridge y el Instituto Tecnológico de Tokio, han determinado cómo los rangeomorfos, fueron capaces de crecer tanto, cambiando su tamaño corporal y forma a medida que extraían nutrientes del entorno.
Los resultados, publicados en la revista Nature Ecology and Evolution, también podrían ayudar a explicar cómo la vida en la Tierra, evolucionó para que pudieran existir enormes organismos como los dinosaurios y las ballenas azules.
"Lo que queríamos saber – explica Jennifer Hoyal Cuthill, principal autora del estudio –, es por qué estos grandes organismos aparecieron en este punto en particular de la historia de la Tierra. Aparecen súbitamente en el registro fósil con un tamaño muy grande. ¿Fue simplemente una coincidencia o un resultado directo de los cambios en la química del océano?”.
El análisis realizado por el equipo de Hoyal Cuthill señala que las tasas de crecimiento dependían de los nutrientes. Todos los organismos necesitan nutrientes para sobrevivir y crecer, pero los nutrientes también pueden dictar el tamaño y la forma del cuerpo. Esto se conoce como "plasticidad ecofenotipica". Los autores del estudio sugieren que los rangeomorfos no sólo muestran un fuerte grado de plasticidad ecofenotipica, sino que esto proporcionó una ventaja crucial en un mundo dramáticamente cambiante. Por ejemplo, los rangeomorfos podrían rápidamente cambiar de forma, aumentando su tamaño si el mar comenzaba a exhibir niveles elevados de oxígeno.
"Durante el periodo Ediacarán, se produjeron grandes cambios en los océanos de la Tierra – añade Hoyal Cuthill –, esto pudo haber desencadenado el crecimiento, de modo que la vida en la Tierra empieza a ser mucho mayor. Probablemente es demasiado pronto para concluir exactamente qué cambios geoquímicos fueron responsables de esta variación en el tamaño, pero hay importantes claves, especialmente el aumento del nivel de oxígeno”.
A este cambio en la química del océano siguió una era de hielo a gran escala conocida como la glaciación de Gaskiers. Durante este periodo, cuando los niveles de nutrientes en el océano eran bajos, los rangeomorfos parecen haber mantenido un tamaño pequeño, pero con al producirse un aumento súbito de oxígeno u otros nutrientes, se hicieron posibles tamaños de cuerpo mucho mayores, incluso en organismos con la misma estructura genética.
Juan Scaliter - 10/07/2017

RECONSTRUYEN COMO ERA LA PRIMERA FLOR

Reconstruyen como era la primera flor
Se calcula que en el mundo existen unas 369.000 variedades de plantas angioespermas, es decir, que florecen. Lo que hace que resulte difícil creer que todos los tipos de flores existentes tengan un ancestro común. Pero, parece ser que es así y, ahora, un proyecto científico liderado por Hervé Sauquet de la Universidad de París-Sur, en Francia, nos muestra el aspecto que pudo tener "la madre de todas las flores".
La iniciativa eFLOWER project, ha contado con la colaboración de docenas de investigadores de todo el planeta que han analizado decenas de miles de datos, tanto de flores actuales, como de otras cuyos fósiles se han encontrado, para descubrir los parámetros que permitieran conocer como pudo ser el ancestro de las angioespermas.
El fósil de flor más antiguo que se conserva tiene una edad aproximada de 130 millones de años. Pues bien, ahora, gracias a este estudio, los científicos calculan que ese ancestro vivió unos diez millones de años antes.
Según la reconstrucción que han realizado, era una flor bisexual, ya que tenía partes femeninas y masculinas, y presentaba unos pétalos similares a los de las flores modernas. Con la diferencia de que en su caso se organizaban en una especie de anillos formados por tres pétalos en cada uno.
Hervé Sauquet, líder de la investigación, compara a las flores con la variedad de mamíferos a la que pertenece el ornitorrinco. Según el especialista, ambas son especies que conservan trazas de su aspecto primitivo, combinadas con otras provocadas por siglos de evolución.

Los comienzos no fueron fáciles, pero hace unos 470 millones de años, unos 30 o 40 millones de años antes de que los animales saliesen del mar para conquistar la Tierra (desarrollando patas y pulmones, por ejemplo) las plantas ya habían comenzado a colonizar la superficie terrestre. En tierra, los vegetales se «dieron de bruces» con unas condiciones muy distintas a las del océano. Por ejemplo, el ambiente era seco, no había flotabilidad para contrarrestar a la gravedad y la descendencia no se podía dispersar a través del agua. Por eso, fueron apareciendo cada vez plantas más complejas con tallos duros, semillas o polen, entre otras muchas adaptaciones. 

Gracias a este proceso de evolución, aparecieron las plantas con flor o angiospermas (esta palabra significa en realidad algo así como «semillas envueltas»). Este grupo comenzó a aparecer hace por lo menos unos 140 millones de años, y con el tiempo se convirtió en el tipo dominante de plantas y con mayor número de especies (en la actualidad se conocen casi 300.000). Pero, ¿qué aspecto tenían las primeras flores? ¿Cómo conseguían hacer frente a las dificultades las recién llegadas angiospermas? Un estudio publicado este martes en la revista Nature Communications ha reconstruido el aspecto de las primeras flores, y ha explicado nuevos aspectos de la evolución de estas importantes plantas. Ancestro de las flores, en el centro, a partir del que surgieron las demás. (Esquema muy simplificado)- Hervé Sauquet y Jürg Schönenberger Al contrario que pasa con huesos o troncos duros, las flores son tan blandas y efímeras que dejan pocos fósiles detrás de ellas. 

Por eso, siempre ha resultado complicado comprender cómo fue surgiendo la compleja estructura de las flores. Por ejemplo, en su interior se agrupan los órganos reproductivos, aparecen estructuras especializadas en atraer a los insectos y otras que tienen que facilitar que ocurra la reproducción. Hervé Sauquet, investigador de la Universidad de París Sur, ha dirigido una investigación para tratar de remontarse al pasado y comprender cómo pudo comenzar este proceso. A través de modelos matemáticos sobre la evolución de las flores y de una gran base de datos sobre los rasgos actuales de las flores, el equipo de Sauquet ha elaborado un «retrato robot» de las primeras flores. Según sus conclusiones, la flor ancestral era hermafrodita y tenía muchos tépalos (son estructuras que funcionan como pétalos y sépalos) formando dos espirales, con cinco estambres (órganos reproductivos masculinos) y cinco carpelos (órganos femeninos). Al haber reconstruido una posible estructura para esa flor ancestral, Sauquet y sus colegas han podido proponer una explicación sobre los comienzos de la evolución de las flores.

 ¿Cierto grupo de plantas perdió estambres en algunas flores? ¿Cómo aparecieron los sépalos? ¿Por qué algunas flores tienen solo cuatro pétalos? Este tipo de preguntas tiene interés para investigar la historia del grupo de plantas que hoy domina la Tierra.

Fuente: Nature.