martes, 12 de mayo de 2020

¿las madres neandertales eran mayores que sus parejas?

todos los humanos con ascendencia fuera de África tienen un porcentaje de ADN neandertal fruto del mestizaje entre sus poblaciones hace miles de años. Este legado ancestral y su influencia sobre el hombre moderno ha sido estudiado ahora de manera exhaustiva en la población actual de Islandia.
En un estudio publicado en la revista Nature, científicos de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, la compañía islandesa deCODE Genetics y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania) han aislado 14,4 millones de fragmentos de ADN arcaico neandertal obtenidos de 27.566 islandeses para descubrir qué partes del genoma contienen ADN neandertal y el papel que este desempeña en los humanos modernos. Han hallado también una presencia significativa de ADN denisovano (un homínido muy próximo y contemporáneo a los neandertales) en el genoma islandés.

UNA HUELLA IMBORRABLE

Neandertales y Homo sapiens convivieron en Europa y Asia durante milenios antes de la extinción de los primeros hace 40.000 años. El mestizaje entre ambas especies dejó una huella genética en los seres humanos, que ha perdurado hasta la actualidad: las personas de ascendencia no africana comparten alrededor del dos por ciento de su genoma con los neandertales.
Este 2% de ADN neandertal europeo es diferente en cada individuo, por lo que los científicos han logrado reconstruir entre el 38% y el 48% del genoma neandertal islandés con los casi 15 millones de fragmentos obtenidos de la población de la isla.
Los responsables del estudio han reconstruido casi la mitad del genoma de los neandertales islandeses.
Comparando las diferentes secuencias de material genético secuenciado en el Instituto Max Planck, los investigadores encontraron que la población neandertal que se mezcló con los islandeses modernos era más similar a los neandertales de Croacia que a los de Rusia.
El estudio también concluye que las madres neandertales tenían a sus hijos con parejas más jóvenes que ellas. Los investigadores han llegado a esta conclusión al comparar las mutaciones en los fragmentos de ADN neandertal con los fragmentos de ADN de humanos modernos correspondientes, ya que la edad determina el tipo de mutaciones genéticas que los progenitores transmiten a sus descendientes.

EL TERCER HOMO

Pero este exhaustivo análisis generó más datos sorprendentes que corroborarían el alto nivel de mestizaje entre los homínidos del Paleolítico superior: El genoma del islandés moderno contiene trazas de ADN denisovano, un homínido descrito a partir de un hallazgo en Rusia en 2010, que anteriormente solo se habían encontrado en las poblaciones modernas de Asia oriental y de Papua Nueva Guinea.
Este dato desafía la creencia de que homo sapiens y neandertales se mezclaron antes de que los humanos actuales se encontraran con los denisovanos decenas de miles de años después. Los científicos tienen dos posibles teorías para explicar este nuevo hallazgo.
Grupos de neandertales y denisovanos podrían haber tenido descendencia común antes de encontrarse con el homo sapiens. En ese caso, esos descendientes les habrían transmitido genes de ambas especies. esta teoría se vería reforzada por el descubrimiento del fósil de una niña híbrido entre denisovano y nanderthal.
Hasta ahora se creía que los únicos trazos de ADN denisovano en poblaciones actuales se hallaban en Asia.
La segunda hipótesis es que los denisovanos y el homo sapiens se hubieran cruzado primero, mucho antes de que los neandertales entraran en escena, aunque sobre esta suposición no se ha encontrado registro fósil.

¿ENFERMEDADES NEANDERTALES?

La herencia genética establece nuestra predisposición a tener los ojos azules, a ser altos o de piel morena, puede condicionar nuestro carácter o nuestra tendencia a padecer determinadas enfermedades... En este sentido, la afectación del ADN neandertal a la salud de los islandeses es más bien baja.
Los investigadores creen que algunas variantes arcaicas podrían estar relacionadas con una ligera menor predisposición a padecer cáncer de próstata, reducirían el tiempo de coagulación de la sangre o limitarían la altura (en un milímetro) de los individuos.

martes, 5 de mayo de 2020

'Bestia loca', el fósil de un extraño mamífero de 66 millones de años descubierto en Madagascar


El esqueleto casi completo y en muy buen estado de conservación de un extraño mamífero de 66 millones de años, al que han bautizado como Adalatherium (bestia loca), ha sido descubierto en Madagascar, según un estudio que publica la revista Nature.
"Sabiendo lo que sabemos sobre la anatomía esquelética de los mamíferos vivos y extintos es difícil imaginar" cómo habría podido haber evolucionadoeste animal, según el investigador principal David Krauser, del Museo de Ciencia y Naturaleza de Denver (EE UU)
Los restos constituyen el esqueleto más completo descubierto hasta ahora en el hemisferio sur de un mamífero mesozocio, según un comunicado del museo.
Una reconstrucción realista a partir de los restos podría llevar a pensar que el Adalatherium era como un tejón, pero esa normalidad es solo superficial porque su esqueleto es "extravagante".
Los restos señalan que esta "bestia loca" tenía un tamaño poco usual y muy grande para su época, pues la mayoría de los mamíferos que vivieron cuando los dinosaurios eran mucho más pequeños, más o menos, como un ratón.
El animal tenía más agujeros en la cara que cualquier mamífero conocido,que servían de paso para los nervios y vasos sanguíneos que llegaban hasta un hocico muy sensible que estaba cubierto de bigotes.
Además, tenía un agujero “muy grande en la parte superior del hocicopara el que no hay similitud en ningún mamífero conocido, vivo o extinto”, indica la nota.
Las características especiales de Adalatherium se pueden ver también en sus dientes, cuya construcción es "muy diferente" a la de cualquier mamífero conocido; en su espina dorsal, que tenía más vértebras que cualquier mamífero del Mesozoico; y en las patas, donde uno de los huesos "estaba extrañamente curvado".
Esqueleto fósil del animal bautizado como 'Adalatherium' (bestia loca), descubierto en Madagascar.
Esqueleto fósil del mamífero bautizado como Adalatherium.
MAYLOU STEWART / EFE

Grupo extinto

El animal pertenece a un grupo extinto de mamíferos llamados gondwanatherianos, porque solo se los conoce en el antiguo supercontinente del sur de Gondwana.
Antes del descubrimiento del esqueleto casi completo de Adalatherium, los gondwanatherianos se conocían por dientes y fragmentos de mandíbula aislados, con la excepción de un cráneo de Madagascar, descrito por Krause y su equipo en 2014.
El excelente estado de conservación de los restos de este ejemplar "abre nuevas ventanas" para saber el aspecto y la forma de vida de los gondwanatherianos.
Para Simone Hoffman del Instituto de Tecnología de Nueva York este animal es "el más raro de los bichos raros" y tratar de averiguar cómo se movía es casi un misterio.
Los restos fueron encontrados en unas rocas que datan de cerca del final del Cretácico, hace 66 millones de años.
El estudio señala que Madagascar, junto al subcontinente indio, se separó de África más de cien millones de años antes y finalmente se aisló como una isla en el océano Índico hace unos 88 millones de años. 

COVID-19: Cultivar el pensamiento crítico es más necesario que nunca

“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo”, decía el filósofo español Ortega y Gasset. Después de muchas semanas confinados en nuestros hogares, la filosofía detrás de estas palabras se torna fundamental. No tanto por el sentido estricto de sobrevivir a la pandemia, sino también por el efecto de este nuevo contexto que nos condiciona, que impacta a nuestra salud mental, a nuestros comportamientos y, a fin de cuentas, a nuestra felicidad. 
Para Ortega, el grado en que un acontecimiento nos afecta está condicionado no tanto por lo que sucede, sino por la manera en la que interpretamos este acontecimiento. Para lograr una interpretación virtuosa del contexto actual, es fundamental el pensamiento crítico. 
La universidad, además de ser un espacio de transmisión de conocimiento, debe ser un espacio de transformación para los jóvenes. Un entorno donde continúen aprendiendo a pensar, a atreverse a usar su propia razón (sapere aude), a comprender y controlar sus emociones, a interpretar mejor su contexto y actuar en él de manera ejemplar. 
En este camino y lucha contra la COVID-19, su pensamiento crítico se enfrentará a muchos retos y obstáculos. Me gustaría resaltar cuatro:

1. La lucha contra el hiperconsumo experiencial y la drogodependencia emocional

Según el filósofo José Carlos Ruiz, asociamos la felicidad al consumo emocional y no a la razón. Dado que el consumo material ha sido moralmente bastante criticado, la actual tendencia de la sociedad nos ha desplazado a un constante consumo experiencial, donde buscamos sensaciones que nos perturben, que nos exciten, y que sean capaces de alterar nuestro estado de ánimo (siempre asociado a emociones positivas). 
Nos hemos convertido en drogodependientes emocionales. Ante esa inmersión en la hiperactividad, no es extraño que el primer fin de semana del confinamiento los grupos de whatsapp se llenaran de decenas de recursos para mantener nuestra diaria dosis de consumo experiencial (obras de teatro online, conciertos en directo en Instagram, videollamadas, libros y películas gratuitos, etc…). No es extraño que para gran parte de la sociedad el confinamiento haya generado emociones de insatisfacción, de angustia y, en muchas ocasiones, de ansiedad o tristeza, mezclada con un aburrimiento que para algunos resulta insoportable.
En 2014, un estudio publicado en la revista Science liderado por Timothy Wilson reunió a distintos grupos de personas para que estuvieran solos en un espacio cerrado y sin objetos.
Al experimento le añadió la posibilidad de que los participantes pudieran aplicarse descargas eléctricas suaves, algo que aparentemente nadie buscaría hacerse a sí mismo. Un gran porcentaje de personas, al no soportar su aburrimiento y adicción a la hiperactividad, se aplicó las descargas a partir del sexto minuto. El estudio sugirió como conclusiones que a casi nadie le gustaba pensar en soledad, que nos cuesta mantener la mente en calma y que la gente necesita un sentido o propósito ante esas situaciones.
La felicidad actual parece estar estructurada en una especie de to-do list (practicar el último deporte de moda, usar la última red social de actualidad, comer en el nuevo restaurante, visitar el país o la ciudad en boga…). Para sobrevivir a esta drogodependencia emocional es necesario educar personas equilibradas (virtuosas, como definiría Aristóteles), que sean capaces de comprender y controlar sus emociones y puedan usar el parapeto del tiempo y la distancia. Esto permitirá apreciar las cosas buenas que tiene el disponer de más tiempo con nosotros mismos y disfrutar de las diferentes actividades que nos permite el actual contexto.
No es tarea fácil ya que, como explicaría Gilles Lipovetsky,nuestra felicidad es paradójica. Ahora podemos tener tiempo para leer aquellos libros pendientes, para centrarnos más en los estudios, para llamar más a menudo a la familia, pero a la vez nos angustia no poder viajar, no salir a los restaurantes, no consumir aquellas ansiadas experiencias. Contradicciones que también tenemos que aprender a vivir como algo interno y común a nosotros mismos.

2. Discernir las amistades fuertes y verdaderas

Un estudio liderado por Robert Waldinger en la universidad de Harvard trató de contestar a la pregunta ¿Qué nos hace envejecer con salud y felicidad? El estudio comenzó en 1938 y examinó la vida de más de 1 300 personas durante 80 años, analizando los factores que hacían que algunas personas envejecieran felices y con salud y otras terminaran con debilitamiento mental e infelices. 
Los resultaron mostraron que no era el dinero, la reputación o la fama, sino la fortaleza de las relaciones con los amigos, la familia, la comunidad y la pareja lo que les hacía tener una vida más feliz y saludable. En los días más complicados del confinamiento, esas relaciones nos ayudan más que nunca.
El pensamiento crítico es lo que nos permite distinguir las buenas amistades y las relaciones inteligentes de las que no implican afectos verdaderos. Aristóteles diferenciaba tres tipos de amistad: una primera utilitaria, donde los amigos tienen una utilidad común y la amistad termina cuando esa utilidad desaparece; una segunda sobre la diversión, basada en el entretenimiento común hasta que este existe; y una última sobre la excelencia, una amistad virtuosa que requiere una atención mutua y que busca la virtud, el éxito y la felicidad del otro. Para Aristóteles, aprender a distinguir estas amistades era fundamental.

3. Distinguir nuestra circunstancia real de la virtual

Para José Carlos Ruiz, las redes sociales nos permiten desarrollar nuestro avatar y una nueva “circunstancia” virtual. En el mundo real, nosotros y nuestras circunstancias están predefinidas, mientras que en el mundo virtual elegimos nosotros quién queremos ser, mostramos lo que queremos enseñar. Nos encontramos con una circunstancia virtual donde muchas personas aparentan felicidad, sonríen, salen perfectas en los selfiesy se mantienen ocupadas en actividades de manera constante. 
Dado que el tiempo empleado en internet crece exponencialmente, y más en cuarentena, esto puede rodearnos de pensamientos dañinos y de ideas insustanciales. El mayor problema es que no sepamos definir el yo real (circunstancia real) con el yo virtual (circunstancia virtual). Cuando el yo real se contempla desde las circunstancias virtuales o viceversa, es decir, cuando comparamos la fortaleza de nuestras amistades con el número de likes que tenemos o cuando no sabemos valorar nuestras propias realidades, ya que nos comparamos con las circunstancias virtuales que creemos ver en los avatares virtuales de otras personas, estamos distorsionando la perspectiva y falsificando las circunstancias.
Si no queremos acabar con cuerpos esculturales pero medicados para luchar contra una sensación de vacío que nos atemoriza, debemos protegernos con el pensamiento crítico.

4. Regar la felicidad del árbol ante la felicidad del césped

Cuando queremos que una planta dé sus mejores frutos, debemos cuidarla diariamente, cultivarla poco a poco para que ofrezca esos frutos. Lo mismo sucede con la felicidad y el aprender a pensar. José Carlos Ruiz lo distingue entre la felicidad del césped y la felicidad del árbol.
El césped crece rápido y es, estéticamente, muy bonito y cómodo. Nos proporciona una recompensa inmediata, ideal en la sociedad del instante y de la búsqueda de resultados rápidos, de la “turbotemporalidad”. Sin embargo, el césped se muere pronto y se arranca fácilmente.
El árbol necesita que una semilla plantada tenga tiempo para germinar, necesita de cuidados, de riego y de bastante inversión al comienzo, sin que se reciba ningún resultado temprano. Sin embargo, con el tiempo, las raíces crecen y buscan su propio alimento, el árbol crece y resiste los cambios meteorológicos, e incluso da sombra y refugio a quien lo necesita.
Aprender a pensar, el desarrollo del pensamiento crítico, los comportamientos virtuosos o el cuidado de las verdaderas amistades requiere tiempo, atención y cuidado. Requiere asumir responsabilidades. La felicidad del árbol nos permitirá salir adelante de esta pandemia con mayor resiliencia. Pocas veces aprender a pensar fue tan importante para nuestra felicidad como lo es en estos tiempos.

Virus en el sistema de publicaciones científica

El sistema de publicaciones científicas afronta una situación tan comprometida a causa de la COVID-19 que podría acabar desembocando en su transformación. No sería prudente hacer predicciones acerca de la forma en que se comunicarán los resultados científicos cuando la pandemia haya pasado, pero no cabe descartar ninguna posible evolución. La situación que atraviesa el sistema es de verdadera crisis.
El camino habitual para comunicar resultados científicos consiste en publicarlos en revistas especializadas. Para ello, una propuesta de artículo ha de pasar un proceso, generalmente lento, de revisión por pares. Durante este, otros especialistas en el campo, ajenos a los autores y anónimos para ellos, juzgan su calidad y lo aceptan, rechazan o proponen cambios. 
Este proceso ganó peso a lo largo del siglo XX (aunque a Einstein no le gustaba nada) y hoy es un elemento inexcusable de una revista científica de calidad.

Publica o perece

En los últimos años el sistema de publicaciones científicas está sufriendo unas tensiones enormes. Por un lado, el progreso en la carrera científica se basa cada vez más en las publicaciones. Esto ha generado una práctica, condensada en la máxima “publica o perece”, que revela una preocupante confusión entre fines y medios. 
Por otro, la irrupción de internet ha transformado el sistema de acceso y manejo de la información científica. La presión generada por las redes ha modificado drásticamente el mercado de todos los productos susceptibles de digitalizarse (música, cine, series y periódicos). A pesar de los cambios, el sistema de publicaciones científicas mantiene una estructura análoga a la que vivió Einstein. 
Este contraste entre la transformación del sistema de acceso a los contenidos y el mantenimiento de la estructura editorial genera fuertes tensiones, hasta el punto de que se habla incluso de que “la máquina de hacer ciencia está rota”.
Las tensiones afloran por muchos sitios, lo que da lugar a problemas preocupantes y a diversos “males de la ciencia”. Hay una crisis de revisores, pues cada vez menos científicos están dispuestos a dedicar su tiempo a una labor ingrata, que no reporta ningún beneficio directo (ni económico ni de reconocimiento). Ante esto, muchos editores han optado por pedir a los propios autores que sugieran revisores, cosa que ha dado lugar a comportamientos fraudulentos
Los conflictos de intereses entre autores y revisores son un problema intrínseco del sistema, pero que se ve agravado por las presiones. La importancia que para el sistema de ciencia tienen las editoriales de las revistas consideradas de prestigio hace que se comporten como un cartel, manteniendo unos precios y sistemas de tarificación que están provocando la cancelación de la suscripción a revistas por países enteros.

Éramos pocos y llegó el SARS-CoV-2

La pandemia de COVID-19 bien pudiera ser el elemento que abra la grieta definitiva en un sistema de publicaciones científicas ya tensionado y aquejado, como hemos visto, de diversos problemas serios. 
Una de las características más obvias de la revisión por pares es que es lenta. Por rápido que se quiera hacer, desde que se envía un trabajo, es aceptado para su revisión, tres especialistas lo leen y consensuan su juicio para, finalmente ser aceptado (o rechazado), es difícil que pase menos de un mes. Ese tiempo, que puede ser razonable en condiciones normales, es una eternidad en tiempos de pandemia. La investigación, en estado de frenética actividad, no puede esperar semanas para conocer lo que otros equipos están haciendo, máxime cuando el valor que en realidad aporta la revisión al producto final tampoco es esencial. 
No solo se retrasan los artículos científicos que podríamos denominar “estándar” con resultados experimentales, sino también otro tipo de contribuciones que permiten enriquecer el desarrollo científico, como son las cartas, comentarios, editoriales y perspectivas. Muchas revistas, ante la imposibilidad de atender todas las propuestas, han limitado su número o no los aceptan. Alguna, incluso, indica que este tipo de contribuciones se harán por iniciativa propia de la revista o consejo editorial, limitando mucho el acceso a ese tipo de formatos a la comunidad científica.
Esta situación conduce a que la comunidad científica que investiga el SARS-CoV-2, en todos sus ámbitos, genere conocimiento mucho más rápido de lo que el sistema editorial puede asimilar. Por eso se ha visto obligado a buscar alternativas.

El papel ¿mojado? de la prepublicación

En una sociedad donde la comunicación no tiene límites, la científica no puede verse encorsetada por un mundo editorial incapaz de dar respuesta en tiempo y forma. Así que muchos autores se han visto obligados a acudir a plataformas de prepublicaciones (preprints) como ArXivmedRxivbioRxivQueios y OSFpreprints para dar a conocer los resultados de sus investigaciones. 
Son sitios web donde los autores publican sus artículos para que se puedan leer mientras son revisados en las revistas. Esos sitios existen desde hace décadas y se crearon originalmente para mitigar el problema de posibles robos de ideas por parte de revisores poco éticos. Algunos ponen algunas limitaciones y un consejo “editorial” hace de filtro, otros son mucho más flexibles. Casi todos ofrecen la asignación de un DOI (Digital Object Identifier) que permite identificar el contenido, de forma similar al ISBN.
Algunos de estos espacios permiten que otros científicos, previa acreditación con su ORCID (Open Researcher and Contributor ID“ o "Identificador Abierto de Investigador y Colaborador” en español) discutan y revisen públicamente el contenido de la contribución. El número de científicos que pueden “revisar” un artículo será muchísimo mayor que el ofrecido por un sistema de revisión por pares. ¿Estamos ante un cambio de paradigma hacia una verdadera y plena Open Science?
Quizás lo estemos, pero hay que ser cautelosos. En estos días de ciencia frenética, la gran demanda social de conocimiento hace que estudios de bajísima credibilidad adquieran una importante relevancia pública. Por esa razón, en cualquier caso, cualquier alternativa a la revisión por pares a priori deberá garantizar una mínima calidad de lo que se publique. 

Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas

El poner una prepublicación en un repositorio público antes de su aceptación formal no implica que la publicación tenga la misma validez de un artículo en una revista de prestigio. Pero ¿acaso la comunidad científica necesita el dictamen de consejos editoriales y revisores para decidir qué es científicamente aceptable o no? Son unas normas y manera de funcionar tradicionales que, por diversas razones, parecen hacer aguas en una situación de emergencia como la que vivimos. 
Una prepublicación solo reconoce, de alguna manera, la autoría de una idea. Algo así como colocar el trabajo en la “pole” en una carrera, pero que, al final, podrá ganar otro si se publica antes. Algunos científicos están prefiriendo compartir sus resultados o ideas para que contribuyan al conocimiento lo antes posible, antes que recibir ese reconocimiento de un “aceptado” editorial porque saben que, por encima del curriculum vitae, estamos hablando de vidas.
La pregunta de si nos encontramos ante un nuevo paradigma no tiene una respuesta fácil. Pero no debemos descartar que la situación actual alumbre un nuevo modelo de comunicación de los resultados de la investigación. Más de una vez ha ocurrido a lo largo de la historia que un sistema débil ha perdurado en el tiempo, por inercia, en tanto no ha habido amenazas exteriores que forzasen su transformación o sustitución. Podemos estar en una coyuntura similar. Es posible que la gran cantidad de información generada con motivo de la pandemia sea la amenaza que acabe propiciando la transformación del sistema de publicaciones científicas. Su crisis sería por tanto, la antesala de un nuevo sistema.

Meissner y Pacini: lo que permite que tu piel sea capaz de sentir con tanto detalle

La brisa, el roce de la yema del dedo, incluso una simple pluma posándose en nuestro brazo... toda esta información sensorial exquisitamente detallada la recibe nuestro cerebro gracias a los corpúsculos de Meissner y los de Pacini.
Los de Meissner detectan el más mínimo roce, y son muy abundantes en nuestras zonas erógenas y otras áreas muy sensibles, como la yemas de los dedos, los labios o la lengua. 

Sensores

Los receptores de Meissner reciben este nombre del anatomista alemán Georg Meissner, a quien se le atribuye su descubrimiento en 1852. El corpúsculo tiene de 30 a 140 micras de largo y de 40 a 61 μm de diámetro. 
El tacto de presión profunda (de un apretón por ejemplo) es generado por los corpúsculos de Pacini (en mamíferos el único otro tipo de mecanoceptor táctil físico), los que se localizan más profundamente en la dermis. Los de Pacini son incluso más espectaculares, tal y como explica Bill Bryson en su libro El cuerpo humano:
Un corpúsculo de Pacini puede detectar un movimiento de solo 0,00001 milímetros, que en la práctica viene a ser como no moverse en absoluto.
Los corpúsculos de Pacini se encuentran por ejemplo, en el tejido conectivo subcutáneo y en la dermis reticular y son especialmente numerosos en la mano y el pie. Además se encuentran en el periostio, las membranas interóseas, el mesenterio, el páncreas y los órganos sexuales.
Las mujeres tienen más sensibilidad táctil en los dedos, pero probablemente esto se deba a que sus manos son más pequeñas y, por consiguiente, tiene una red de sensores más densa.
En total, el tacto abarca cinco sensaciones diferentes asociadas a determinada clase de receptores. Los diversos receptores han sido llamados por el nombre de sus descubridores:
  • Los corpúsculos de Pacini para la presión (Filippo Pacini, italiano, 1830).
  • Los corpúsculos de Meissner para el tacto (Georg Meissner, alemán, 1853).
  • Los bulbos terminales de Krause para el frío (Wilhelm Krause, alemán, 1860).
  • Las terminaciones para el calor de Ruffini (Angelo Ruffini, italiano, 1898).

Ladrones de genes: las algas roban "características" a las bacterias oceánicas

Robar genes es una cuestión común entre bacterias. Sin embargo, es bastante extraordinario cuando hablamos de organismos más complejos. Las algas son un buen ejemplo de ello ya que pueden obtener los genes de otros microorganismos.
Es algo que sabemos desde hace solo unos años: las algas pardas son capaces de obtener genes de bacterias capaces de hacer cosas asombrosas, como resistir los metales pesados o la salinidad muy alta. Sin embargo, esta es la primera vez que se analizan tantas algas y de una manera tan minuciosa. ¿Qué hemos aprendido de estos ladrones de genes?

Robar genes para sobrevivir

Como decíamos, conocemos muy pocas especies capaces de robar genes, más allá de las bacterias. Entre las algas, por ejemplo, esto no es especialmente común. Las 23 especies estudiadas por el Departamento de Bioquímica y Microbiología de la Facultad de Ciencias Ambientales y Biológicas de la Universidad de Rutgers, precisamente, son extraordinarias. Su capacidad para hacerse con otras "habilidades" ha provocado un importante impacto en la supervivencia y la evolución de este grupo de algas a las que denominan CRASH.
Así lo han comprobado los investigadores al analizar su genoma al completo y hacer la comparación de más de 500.000 proteínas. Pero, antes de llegar a eso, ¿a qué tipo de habilidades nos referimos? Entre las características robadas están, por ejemplo, la capacidad de resistir la alta salinidad o los metales pesados.
algas pardas
También roban la capacidad de descomponer los carbohidratos circundantes para alimentarse o mejorar el metabolismo de sustancias básicas. En otras palabras, estas algas se hacen con genes que no son suyos para sobrevivir y ser más eficaces en su entorno. Sin dichos genes usurpados, tal y como han comprobado los investigadores, sería imposible su supervivencia.
Por otro lado, estas algas son una parte indispensable de la base de las redes tróficas oceánicas. Las especies de algas fotosintéticas producen, aproximadamente, el 70 por ciento del oxígeno que respiramos. Algunas de ellas, como las diatomeas, son responsables del 45% de la producción primaria mundial de materia orgánica, o incluso, minerales básicos para la economía mundial, como la diatomita, fuente de sílice.

La evolución impulsada por el latrocinio genético

El vasto conjunto de datos obtenidos por los investigadores, que han clasificado más de 524,000 secuencias de proteínas de 23 especies de CRASH diferentes, muestran que el robo de genes es un factor importantísimo en la evolución de las algas de este tipo. 
Comparando las coincidencias y divergencias genómicas, usando los datos taxonómicos conocidos a partir de la evolución de las diversas especies, los investigadores han logrado trazar una especie de mapa genómico que explica lo importante que han sido las características "robadas" para permitir la evolución de estas algas.
Así, los resultados presentados muestran que la transferencia horizontal de genes, que es como se conoce técnicamente al hecho de hacerse con genes de otros organismos, varía sustancialmente entre las diferentes especies de algas CRASH. Este valor va desde el 0.16% al 1.44% de todo el genoma.En otras palabras, que un promedio de 1% de su material genético ni siquiera les pertenece.
Y no solo no les pertenece, sino que gracias a este han llegado al punto evolutivo y ecológico que ostentan ahora mismo. Si no hubiera sido así, con total seguridad, la Tierra no sería como la conocemos ya que no existiría uno de los principales motores de producción de oxígeno de este pequeño planeta. Así que, en cierta medida, le debemos la existencia al latrocinio genético.

Otros seres que también roban genes

Aunque las algas CRASH sean el ejemplo más importante a nivel mundial de la utilidad de la transferencia horizontal, ya que a ellas les debemos el mundo oxigenado que conocemos, lo cierto es que no son los únicos seres que conocemos capaces de robar material genético.
Varias plantas superiores lo hacen, como Alloteropsis sp., la yerba común, que roba genes a otras yerbas para mejorar su capacidad de resistencia. Otro ejemplo que roba genes dentro de la misma especie es Ambystoma sp., cuyas hembras son capaces de "robar" los genes de los machos para mantener cierta ventaja evolutiva, aunque los investigadores no saben de qué manera exacta. 
Elysia Clarki
Pero más extraño aún es el caso de Elysia chlorotica. Este es el único animal conocido que hace "la fotosíntesis". En realidad, no la hace ella, sino que usa los cloroplastos que adquiere comiendo las algas y plantas del lecho marino. Sin embargo, no contenta con robar los cloroplastos, E. chloroticatambién roba los genes del alga que devora para hacer que estos orgánulos funcionen durante meses.
Básicamente, los genes "prestados" le confieren a esta babosa la habilidad de generar la maquinaria molecular capaz de mantener estos cloroplastos en funcionamiento. Aunque anecdóticos, estos casos muestran que la transferencia horizontal de genes es algo que está más allá de los microorganismos más simples, dirigiendo subrepticiamente la evolución.
Imágene | Unsplash, Wikimedia

Se descubre la razón por la que los elefantes y otros animales se emborrachan tan fácilmente

Se han observado aves, elefantes y monos rastreando el suelo con afán de encontrar frutas y bayas: tras un proceso de fermentación natural, empiezan a producir alcohol, lo cual parece gustarles.
Algunos mamíferos, como los elefantes, los rinocerontes o los armadillos, de hecho, se emborrachan con bastante facilidad. Un nuevo estudio parece esclarecer la razón: el gen ADH7 ha perdido su función en ellos y no metaboliza bien el alcohol.

Metabolización del alcohol

Ya sabíamos que los animales gustan de embriagarse (y también de masturbarse), pero no la razón de que les resultara tan sencillo hacerlo en algunos casos.
El secreto parece residir en 10 alteraciones independientes del gen ADH7durante la historia de la evolución de los mamíferos. Heredar ese gen disfuncional podría dificultar que sus cuerpos descompongan el etanol, según explica la antropóloga molecular Mareike Janiak, de la Universidad de Calgary en Canadá, y líder del estudio citado.
Esta alteración genética podría permitir que el etanol se acumule más fácilmente en el torrente sanguíneo de estos animales.
Esta escasa tolerancia al alcohol, de hecho, nos obliga a revisar la idea de que los elefantes, por ejemplo, disfrutan embriagándose: si tienen poca tolerancia alcohol, esto no permite comer demasida fruta caída y fermentada, lo cual supone un engorro cuando se tiene hambre.
Por el contrario, los humanos y los primates africanos no humanos sufren de la situación inversa: una mutación que hace que su ADH7 sea 40 veces más eficiente para procesar el etanol que una versión típica de mamífero
Así pues, encontrar esta alteración genética en el elefante africano plantea al menos, preguntas sobre los viejos mitos sobre la afición a la embriaguez de estos animales. Tal vez el enorme hígado de los elefantes ejercería algún papel relevante en la desintoxicación del alcohol. Sea como fuere, habrá que continuar investigando a los animales embriagados a fin de llegar hasta el fondo del asunto.