Mostrando entradas con la etiqueta origen de la vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta origen de la vida. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de noviembre de 2024

Una vieja hipótesis sobre el origen de la vida ha recibido un nuevo espaldarazo

 Durante los últimos 2.000 millones de años, la vida en la Tierra pasó de estar conformada por sencillos organismos unicelulares a complejas formas de vida en las que miles de millones de estas se coordinan entre sí. Todo esto se lo debemos a un importante cambio acontecido en el interior de aquellas simples células: la aparición de los orgánulos.

Los orgánulos son una serie de estructuras internas de la célula. Entre los orgánulos celulares los más conocidos son las mitocondrias, que proveen de energía a la célula; los cloroplastos, que realizan la fotosíntesis para las células de las plantas; y los núcleos, donde se “almacena” la mayor parte de la información genética de la célula.

Por analogía podríamos comparar los orgánulos de una célula con los órganos de un animal, solíamos considerar que estos cuentan con estructuras y tareas definidas que permiten el correcto funcionamiento del organismo. Poco a poco nos hemos dado cuenta de que su estructura puede llegar a ser un poco más difusa de lo que creíamos.

Todo por culpa de unos orgánulos atípicos: los condensados biomoleculares.

La clave está en la membrana. Hasta hace unos años creíamos que los orgánulos tenían una estructura determinada y acotada por una membrana. Esta membrana separa el interior del orgánulo del resto de la célula.

Según explica Allan Albig, de la Universidad del Estatal en Boise, en un artículo para The Conversation, esta concepción fue desvaneciéndose a lo largo de las últimas décadas. Esto se debe al descubrimiento de lo  condensados biomoleculares, grupos de moléculas (proteínas y cadenas de ARN) que se aglomeran en pequeñas burbujas o gotas para desarrollar su función.

Si no tienen membrana, ¿cómo se organizan? Como los orgánulos convencionales, en los  condensados biomoleculares las moléculas que los conforman se condensan de forma natural sin necesidad de algo que las acote. Como el aceite en el agua, estos compuestos tienden a compactarse y a mantenerse diferenciados del líquido en el que flotan.

Las burbujas pueden moverse, dividirse o juntarse dentro del interior celular pero el condensado se mantiene compacto, en pequeñas gotas, un líquido dentro de otro líquido. Esto tiene ventajas, como facilitar la interacción entre las moléculas del interior y del exterior del orgánulo.

Desde el descubrimiento de estos orgánulos, la comunidad científica ha detectado una treintena de ellos. Esto es más llamativo si tenemos en cuenta que tan solo conocemos una docena de orgánulos con membrana. “Aun siendo fáciles de identificar una vez sabes qué es lo que buscas, es difícil enterarse de qué hacen exactamente los condensados biomoleculares”, señala Albig en su artículo.

Revelando secretos

El descubrimiento de estos orgánulos, continúa explicando Albig, puede ayudarnos a resolver algunas cuestiones del funcionamiento interno de las células, pero también ha generado nuevas incógnitas. También ha reabierto un curioso debate, el de cómo clasificamos las células.

Señalábamos al principio que los orgánulos habían sido determinantes al permitir la aparición de células complejas, las eucariotas. Estas se distinguen de las células procariotas, más sencillas, precisamente en la presencia de orgánulos.

Sin embargo ahora sabemos que algunas bacterias cuentan con proteínas "desestructuradas" (también llamadas "proteínas intrínsecamente desordenadas"), proteínas con segmentos en los que su estructura puede variar, en contraste con las proteínas convencionales, donde la estructura es clave para el desarrollo de su función. Estas son también las proteínas que encontramos en los condensados biomoleculares.

Esto nos lleva a pensar que los organismos procariotas como las bacterias pueden tener orgánulos pese a que estos no cuenten con membrana, en contraste con la idea que teníamos del interior de estas células como una masa informe de proteínas e información genética. Es decir, la “frontera” entre las eucariotas y las procariotas podría estar más en una membrana que en la presencia de orgánulos.

Esto a su vez tendría implicaciones en cómo vemos la evolución de las células y organismos complejos en la Tierra, concluye Albig. Las membranas celulares son tan omnipresentes en la vida que, los científicos asumían, debían haber estado presentes cuando los nucleótidos, los “ladrillos” de ADN y ARN comenzaron a juntarse.

El problema es que los lípidos que forman estas membranas aún no se habían formado. ¿Cómo podían entonces haberse juntado y entrelazado estos nucleótidos para crear cadenas de ARN? Sin huevo, difícilmente podría haber gallina. Pues la respuesta, para Albig, podría estar en los conglomerados biomoleculares.

Cita un estudio reciente, publicado en la revista Molecullar Cell, en el que se observaba cómo moléculas de ARN podían generar las condiciones para la formación de un concentrado biomolecular. Este descubrimiento refuerza, por tanto, una hipótesis del origen de la vida basada en el surgimiento de cadenas de ARN, la hipótesis del mundo de ARN.


Corte Conglomerado Biomolecular Edit

miércoles, 15 de enero de 2020

Cómo el fósforo, crucial para la vida, llegó a la Tierra

El fósforo, presente en nuestro ADN y en las membranas celulares, es un elemento esencial para la vida. Pero, ¿cómo llegó a la Tierra? Ahora, un equipo europeo de astrónomos ha delineado el recorridodel elemento desde las regiones de formación de estrellas hasta los cometas. Para ello han combinado las capacidades del radiotelescopio Alma en el desierto de Atacama (Chile) con la participación del Observatorio Europeo Austral (ESO) y de la sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea (ESA). 
Su investigación muestra, por primera vez, dónde se forman las moléculas que contienen fósforo, cómo se transporta este elemento en los cometas y cómo una molécula particular puede haber jugado un papel crucial en el comienzo de la vida en nuestro planeta. 

“La vida apareció en la Tierra hace unos 4.000 millones de años, pero aún no conocemos los procesos que lo hicieron posible”, afirmó en un comunicado el astrofísico Víctor Rivilla, autor principal de un nuevo estudio publicado hoy en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society . Los nuevos resultados de la instalación Alma (Atacama Large Millimeter/Submillimeter Array) y del instrumento Rosina, a bordo de Rosetta, muestran que el monóxido de fósforo es una pieza clave en el puzle del origen de la vida.
Las capacidad del radiotelescopio permitió a los astrónomos una mirada detallada a la región de formación estelar AFGL 5142 para determinar dónde aparecen las moléculas portadoras de fósforo. Nuevas estrellas y sistemas planetarios surgen en regiones de gas y polvo. Por tanto estas nubes interestelares se convierten en los lugares ideales para comenzar la búsqueda de los ladrillos básicos necesarios para la construcción de la vida. 
Radiotelescopio Alma
Radiotelescopio Alma (.Alma)
Las observaciones de Alma mostraron que las moléculas que contienen fósforo se crean a medida que se forman estrellas de gran tamaño. Los flujos de gas que emanan de estos astros en desarrollo abren cavidades en las nubes interestelares. Y es en las paredes de esas cavidades donde se forman moléculas portadoras de fósforo a través de la acción combinada de choques y radiación de la estrella que está naciendo. Los astrónomos también demostraron que el monóxido de fósforo es la molécula con este elemento más abundante en las paredes de la cavidad.

Después de buscar el monóxido de fósforo en regiones de formación de estrellas, el equipo pasó a un objeto del Sistema Solar: el cometa 67P / Churyumov-Gerasimenko. En este cuerpo espacial logró aterrizar la sonda Rosetta, primera vez que se lograba tal hazaña, para estudiar su composición.
La idea ahora era seguir el rastro de estos compuestos contenedores de fósforo. Si las paredes de las cavidades colapsan para formar una estrella, particularmente una de menor tamaño como el Sol, el monóxido de fósforo puede congelarse y quedar atrapado en los granos de polvo helado que permanecen alrededor de la nueva estrella. Incluso antes de que la estrella esté completamente formada, esos granos de polvo se unen para formar guijarros, rocas y, en última instancia, cometas, que se convierten en transportadores de monóxido de fósforo.
Imagen del cometa 67P captada por la sonda Rosetta
Imagen del cometa 67P captada por la sonda Rosetta (ESA)
Rosina, el espectrómetro del orbitador Rosetta para el análisis de iones y partículas neutras, recopiló datos de 67P durante dos años mientras Rosetta orbitaba el cometa. Anteriormente los astrónomos ya habían encontrado indicios de fósforo en los datos de Rosina, pero no sabían qué molécula lo había llevado hasta allí. Kathrin Altwegg, investigadora principal de Rosina y una de las autoras del nuevo estudio, obtuvo una pista sobre cuál podría ser esta molécula en una conferencia. “Así que volví a nuestros datos y allí estaba”, apunta en el comunicado.

Esta detección novedosa de monóxido de fósforo en un cometa ayuda a los astrónomos a establecer una conexión entre las regiones de formación de estrellas, donde se crea la molécula, y la Tierra. “La combinación de los datos de Alma y Rosina ha revelado una especie de hilo químico durante todo el proceso de formación estelar, en el que el monóxido de fósforo desempeña el papel dominante”, dijo Rivilla.
“El fósforo es esencial para la vida tal y como la conocemos”, agrega Altwegg. “Como los cometas probablemente entregaron grandes cantidades de compuestos orgánicos a la Tierra, el monóxido de fósforo encontrado en el cometa 67P puede fortalecer la relación entre los cometas y la vida en la Tierra”.

Hilo químico

El monóxido de fósforo encontrado en el cometa 67P puede fortalecer la relación entre los cometas y la vida en la Tierra


Este intrigante viaje ha podido documentarse finalmente gracias a los esfuerzos de colaboración entre profesionales de la astronomía. “Comprender nuestros orígenes cósmicos, incluyendo cuán comunes son las condiciones químicas favorables para el surgimiento de la vida, es un tema importante de la astrofísica moderna. Mientras que ESO y Alma se centran en las observaciones de moléculas en sistemas planetarios jóvenes distantes, la exploración directa del inventario químico dentro de nuestro Sistema Solar es posible gracias a misiones de la ESA como Rosetta. La sinergia entre las instalaciones terrestres y espaciales líderes en el mundo, a través de la colaboración entre ESO y la ESA, es un poderoso activo para los investigadores europeos y da lugar a descubrimientos transformadores como el que se da a conocer en este artículo”, concluía Leonardo Testi, astrónomo de ESO y gerente de operaciones europeas de Alma.

jueves, 23 de noviembre de 2017

La Formación de los Primeros Orgánulos.

Existen dos eorías básicas para la explicación de la presencia de orgánulos en las células eucariotas:
  1. T. AUTÓGENA: Consagrada por Cavalier Smith (1975) que afirma que se formarion dentro de un célula ancestral por evolución y reorganización morfológica de la célula mediante invaginaciones y cambios de la membrana externa. Se basa en los fenómenos de la endocitosis y formación de lisosomas. Esto explica los transportes y funciones del Sistema Endomembranoso de la célula, pero no explica la formación de orgánulos semiautónomos como los cilios, flagelos, mitocondrias y cloroplastos.
  2. T. ENDOSIMBIONTE: Los orgánulos semiautónomos se formaron de forma exógena a partir de organismos libres asociados que evoluticamente tuvieron éxito, como se puede ver por una serie de pruebas celulares: estos orgánulos pueden cambiar de forma, se dividen derivando así de un protoplásmido, dentro de ellos hay ADN circular con sus correspondientes enzimas polimerasa y ribosomas. A pesar de todo, su autonomía limitada al no poder sintetizar todas las proteínas necesarias que se sintetizan en el ribosoma citoplasmático vesicular y para que las proteíasn se integren en el orgánulo se requiere un tratamiento citoplasmático vesicular muy específico. Aún así el equipo sintetizador de eucariotas y procariotas es muy smilar, los inhibidores de síntesis de ribosoma bacteriano y procariotas son casi identicos (acción paralela).
Como pruebas actualistas teenemos que actualmente se observa que las células huésped pueden albergar en su interior otros tipos celulares creando formaciones asimbiontes (termoplastos) sin mitocondrias pero con bacterias respiratorias que efectúan la respiración como el caso del Pelomya palustris. Cuando a estos organismos se les extrae el simbionte, el huésped se vuelve inviable pues la simbiosos supone una transferencia de ADN del simbión al huésped y viceversa.
El caso de los peroxisomas, con enzimas oxidadores, que no presetna transporte vesicular y con capacidad de autorreplicarse por división pero sin ADN ni equipo sintetizador de proteínas que se forman en el núcleo, es un caso aparte.

Nacho Padró

Evolución del Metabolismo y de las primeras Células

El principio del Actualismo supone que en una época determinada (aparición de la primera célula) las características fisico-químicas eran iguales a las actuales.
A partir de esta premisa se realizan experimentos para conocer los primeros pasos de la formación celular en base a las partes necesarias de la célula:
  • Referente a  la necesidad de una membrana plasmática: se experimentó en la formación de pequeñas vesículas hidrofóbicas de fosfolípidos que conformaban micelas o bicapas lipídicas, cosa que desembocó en la Teoria de los Coacervados (Oparin y Fox): es factible qu en la sopa primigenia se formaran vesículas espontáneas prmitiendo quedar encerrados en el interior enzimas que sintetizaban e hidrolizaban almidón a partir de glucosa 1-P al poder atravesar este la membrana de los coacervados aún siendo selectiva.
  • Sobre la optención de energía como el ATP a partir de unidades básicas y los elementos de la cadena energética de cloroplastos y mitocondrias (porfirinas) formadas más adelante.
  • El material hereditario ADN ya sta presente.
La atmósfera primigenia de hace 2.800 millones de años era anoxigénica y reductora, sin ozono que protegiera de la intensa radiación ultravioleta que descomponía el agua en oxígeno que reaccionaba enseguida. Así los procariotas primigenios habían de ser heterótrofos y anaeróbicos. Los primeros fósiles sobre procariotas datan de unas arcillas de zonas cratónicas (zonas muy antiguas y estables como Escandinavia, Canadá o Australia) de unos 3.500 millones de años, mostrando unas formaciones sencillas , filamentosas y estromatolíticas (integrados por algsa filamentosas en redes dentro de las cuales se retiene sedimento que es susceptible de fosilización).
Estos fósiles tienen la correspondecia actual en las procariotas y bacterias anaeróbicas, con un metabolismo que incluye la glucolisis, la fermentación (con fabricación de ATP y la fijación de nitrógeno).
Hacia los 3.000-2.800 millones de años, fue posible la formación de porfirinas y pigmentos captadores de luz con capacidad redox como el citocromo C o la clorofila, pudiendo captar luz y transportar electrones a una sustancia como el SH2 (fotosíntesis anoxigénica) como pasa actualmente con el Sulfovibrio, con una fotosíntesis que presenta fotosistema.
La perfección llega con la diversificaicón de los pigmentos porfirínicos, la formación de un segundo fotosistema que permite coger un espectro mayor de luz y por el transporte de electrones hacia el agua que se disocia en protones y oxígeno que satura la atmósfera pasándola a anoxigénica (1.700-1.800 millones de años) situación letal para las bacterias anoxigénicas.
Este acmbio atmosférico permite el desarrollo de la respiración debido a su mayor efectividad y la aparición de las formas eucariotas que comporta una compartición de los orgánulos celulares y la aparición de un núcleo ya relacionado con el ADN.

Nacho Padró

viernes, 10 de noviembre de 2017

Una nueva hipótesis reescribe el origen de la vida en la Tierra

La hipótesis del péptido de ARN propone una explicación sencilla que contradice las postulaciones comúnmente aceptadas sobre la biogénesis.
Hasta este momento, la mayoría de los científicos estaban de acuerdo en que la vida se originó a partir de ácidos nucleicos, y que más tarde evolucionó incluyendo proteínas, lo que se llama la hipótesis del mundo de ARN. En cambio, la nueva hipótesis afirma que esta 'pequeña proteína' (péptido de ARN) ya formaba parte del caldo primordial que dio lugar a la vida, lo que se ha denominado hipótesis del péptido de ARN.
"Hasta ahora, se pensaba que era imposible realizar experimentos para penetrar en los orígenes de la genética", según uno de los autores principales del estudio, el doctor Charles Carter, profesor de bioquímica y biofísica. "Pero ahora hemos demostrado que los resultados experimentales combinan muy bien con la hipótesis del péptido de ARN. Estos experimentos proporcionan respuestas bastante convincentes a lo que sucedió al comienzo de la vida en la Tierra".

Según los investigadores, estas 'superfamilias' de enzimas, los péptidos, poseen atributos especiales; estos atributos, les permiten establecer un sistema de retroalimentación con los primeros genes, que habría impulsado la biología temprana y las primeras formas de vida, hasta dar lugar a la diversidad y complejidad que hacen posibles los organismos multicelulares.
Como mostraron las pruebas de laboratorio del profesor Carter, los ancestros de estas familias de péptidos estarían codificados por hebras complementarias. Una disposición que resulta bastante simple, con un código inicial de solo dos aminoácidos. Esta simplicidad sugiere que esta estructura debió darse en una etapa muy temprana de la biología, en los albores de la misma.
"Estos péptidos interdependientes y los ácidos nucleicos que los codifican podrían haber ayudado mutuamente a la auto-organización molecular a pesar de las constantes interrupciones al azar que afectan a todos los procesos moleculares", explica Carter. "Creemos que esto es lo que dio lugar a un mundo de péptido de ARN a principios de la historia de la vida en la Tierra".

Las carencias de la hipótesis del mundo de ARN

La hipótesis de mundo de ARN, la más comúnmente aceptada sobre la biogénesis en la comunidad científica, trae consigo ciertas carencias y problemas irresolubles, que la nueva hipótesis del péptido de ARN barrería de un plumazo. Es más, para el profesor Wills, otro de los autores principales del estudio, la suya es "una teoría mucho más simple y probable del origen de la vida".
La principal carencia de la ampliamente aceptada teoría del mundo del ARN es que siendo un misterio cómo los bloques de construcción de aminoácidos (las proteínas) se ensamblaron por primera vez. Se postula que el ARN, la molécula que desempeña actualmente funciones en la codificación, regulación y expresión de genes, surgió de este caldo primordial de aminoácidos y sustancias químicas cósmicas, y finalmente dio lugar primero a proteínas cortas llamadas péptidos, y luego a organismos unicelulares.
Pero Carter y Wills argumentan que el ARN no puede impulsar este proceso por sí solo, dado que carece de una propiedad que ellos llaman "reflexividad". El ARN necesitaba péptidos para formar el circuito de retroalimentación reflexiva necesario para conducir finalmente a las formas de vida.
Por ello, según ellos, al principio, había péptidos…
Peter R. Wills; Charles W. Carter. 'Insuperable problems of the genetic code initially emerging in an RNA world'. Molecular Biology and Evolution. Doi.org/10.1016/j.biosystems.2017.09.006dado

jueves, 4 de agosto de 2016

Así era LUCA, el primer ser vivo sobre la Tierra

Su nombre es LUCA («Last Ultimate Common Ancestor», el último antepasado común) y es el organismo del que descendemos todos los seres vivos de la Tierra. Durante décadas, los investigadores han tratado de determinar las características de este ser excepcional, y los mecanismos que le permitieron "estrenar" y propagar la vida tal y como la conocemos.
Ahora, y gracias a un estudio recién publicado por un equipo de investigadores alemanes en «Nature Microbiology», estamos más cerca que nunca de tener un «retrato genético» de LUCA. Aunque no todos están del todo convencidos de su exactitud. Según el estudio, nuestro primer antepasado fue un microorganismo muy simple y que probablemente vivió hace unos 4.000 millones de años junto a una chimenea hidrotermal en el fondo de los primitivos océanos terrestres.
El «retrato» se obtuvo tras el estudio y clasificación sistemática de más de seis millones de genes, de los que los investigadores extrajeron los 355 que creen que pudieron pertenecer a LUCA. Los genes, en efecto, cambian en el tiempo de una forma que puede preveerse y calcularse, lo que significa que comparar secuencias genéticas de organismos vivientes puede permitir a los científicos formular hipótesis sobre criaturas que no hay forma de estudiar directamente.
Por eso, el equipo dirigido por William Martin, de la Universidad alemana Heinrich Heine, se centró en los genes de los dos mayores (y más antiguos) grupos de organismos unicelulares que existen: bacterias y arqueas. Según afirman en «Nature Microbiology», es muy probable que LUCA perteneciera a una de estas dos grandes familias.
Con todo ese material en la mano, los investigadores construyeron árboles filogenéticos (similares a un árbol genealógico) para cada uno de los genes evaluados, y determinaron cuáles de ellos estaban presentes tanto en bacterias como en arqueas. De ese modo, identificaron hasta 355 genes comunes y que, por lo tanto, debieron pertenecer a un antepasado común de ambos grupos.

Un organismo muy simple

Los 355 genes sugieren que LUCA fue un organismo muy simple que podía sobrevivir sin oxígeno, obteniendo energía a partir del dióxido de carbono, hidrógeno y otros gases calientes expulsados por la Tierra a través de fisuras en la corteza terrestre en el fondo del océano. LUCA, además, poseía una enzima que le permitía sobrevivir a temperaturas muy elevadas, incluso de varios cientos de grados, y que la hacía dependiente de los elementos metálicos, como el hierro. Organismos parecidos abundan aún en la actualidad, y resulta curioso pensar que su existencia se consideraba imposible hasta hace apenas cuarenta años, cuando aún se pensaba que todas las formas de vida necesitaban luz y oxígeno para sobrevivir.
Sin embargo, y aunque LUCA es nuestro antepasado más antiguo, no tuvo por qué ser, necesariamente, el primer ser vivo de la Tierra, sino el más afortunado de todos los que había, el que consiguió sobrevivir y perpetuarse para llegar a ser el «padre» de todos los seres vivientes que hoy pueblan nuestro planeta.
Otros investigadores, aún más escépticos, no creen que la vida pudiera surgir espontáneamente alrededor de las fuentes hidrotermales oceánicas, y apuestan más bien por la posibilidad de que surgiera en pozas de agua superficiales, donde los rayos ultravioleta pudieron poner en marcha las reacciones químicas necesarias.
Martin, por su parte, afirma que el genoma reconstruido de LUCA no incluye ninguna de las codificaciones genéticas necesarias para la síntesis de energía a partir de la luz, sino solo las que se necesitan para alimentarse, exclusivamente, de energía química, cosa que hacía sin problema en la oscuridad de las profundidades marinas.

Comprender la historia del os organismos

Y sobre la cuestión de si pudo haber otros organismos anteriores a LUCA que no lograron perpetuarse, Martin responde con un simple «sí, es posible, pero no estoy seguro de que podamos hacer investigación de ningún tipo a partir de preguntas como esa». Sin evidencia fósil ni herencia genética alguna, lo que pudiera suceder antes de LUCA es algo que jamás podremos averiguar.
«El objetivo de la biología evolutiva -concluye Martin- es comprender la historia de los organismos que conocemos. Solo cuando hayamos terminado con eso podremos empezar a preocuparnos de los que podemos imaginar».
Jose Manuel Nieves para ABC.es

La vida en la Tierra podría ser prematura

Quizá no deberíamos estar aquí. De hecho, es mucho más probable que la vida, tal como la conocemos, se desarrolle en un futuro distante que cuando lo hizo en la Tierra, hace alrededor de 4.000 millones de años, apenas 600 millones de años después de la formación de nuestro planeta. Eso, al menos, es lo que sostiene un equipo de investigadores coordinados por el físico Avi Loeb, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, en su último trabajo, que se publicará en la revista Journal of Cosmology and Astroparticle Physics.
Algunos científicos creen que entre el nacimiento del universo, hace unos 13.800 millones de años, y la aparición de los primeros seres vivos en la Tierra, media el tiempo suficiente como para que la vida haya prosperado en otros mundos más antiguos que el nuestro. Las condiciones ya estaban ahí solo 30 millones de años después del big bang, cuando las primeras estrellas alimentaron el cosmos con los elementos necesarios para que se diera tal posibilidad, como carbono y oxígeno. Cuando transcurran 10 billones de años, las últimas estrellas desaparecerán y el universo dejará de ser habitable.

El tiempo que perduran estos objetos es, en este sentido, un factor clave para el desarrollo de la vida. Cuanto más masiva es una estrella, más corta suele ser su existencia. Así, las que poseen más de tres veces la masa del Sol podrían extinguirse antes de que en su sistema se desarrolle cualquier organismo. Por el contrario, las menos masivas subsisten durante mucho más tiempo, y las probabilidades de que a su alrededor surjan formas de vida aumenta. Por ello, Loeb y su equipo calculan que es mil veces más fácil que esta se de en un futuro lejano que en la actualidad.
"Podríamos preguntarnos por qué no estamos viviendo dentro de muchos años en un sistema presidido por una estrella poco masiva", señala este investigador. "Una posibilidad es que, simplemente, seamos prematuros; otra, que el entorno cerca de este tipo de objetos, como las enanas rojas, no sea favorable para que surjan formas de vida", indica.
Y es que las citadas enanas rojas, por ejemplo, pueden ser muy dañinas. Se sabe que en sus primeras etapas de desarrollo emiten intensísimas fulguraciones solares y suficiente radiación ultravioleta como para esterilizar un planeta situado en la zona habitable. Para determinar si este es el caso o si la vida en la Tierra ha surgido demasiado pronto, Loeb propone estudiar concienzudamente los sistemas cercanos dominados por enanas rojas, una tarea que facilitarán los futuros observatorios espaciales James Webb y TESS.
Imagen: ESO / L. Calçada para Muy Interesante.es

viernes, 10 de julio de 2015

El biólogo burgalés que redibuja el árbol del reino animal

La especie de gusano que muestra Gonzalo Giribet en su laboratorio se llama Onychophora. Representa un grupo de animales que viven escondidos en el interior de troncos podridos de bosques húmedos, y han pasado los últimos 400 millones de años escupiendo pegajosas babas para atrapar a sus presas. / SINC
Hace unos meses, Gonzalo Giribet (Burgos, 1970) pasó tres semanas recolectando insectos en medio de la selva amazónica. El punto más remoto lo alcanzó tras dos días enteros de viaje en barca, río arriba. Después, le tocó analizar los especímenes en el laboratorio de biología evolutiva que dirige en la Universidad de Harvard. Hablamos con él y nos enseña una sorpresa:
Ha viajado por Australia, Panamá, Sudáfrica, el Yucatán en México y el Amazonas brasileño, siempre buscando invertebrados
Este burgalés llegó a EE UU en 1997 como posdoc en el Museo de Historia Natural de Nueva York. En el año 2000, fichó como profesor asistente en Harvard. Ahora es catedrático y conservador de invertebrados en el Museo de Zoología Comparada de Harvard. Su contribución científica más importante la ha hecho dibujando las ramas que componen el árbol de la vida animal. Es joven, emprendedor y exitoso.
Giribet ha viajado por Australia, Panamá, Sudáfrica, el Yucatán en México y el Amazonas brasileño, siempre buscando invertebrados, tanto terrestres como marinos. En la expedición amazónica, su objetivo eran los arácnidos. “Eso incluye arañas, pero también opiliones o escorpiones”, aclara. “Este viaje lo financiaba National Geographic, porque querían encontrar varias especies descritas hace más de cuatro décadas a partir de dos o tres ejemplares, pero que no se habían visto de nuevo desde entonces”.
Y los encontraron. “Pudimos estudiar varias especies más, como una araña con unos pedipalpos enormes para transferir semen”. Los pedipalpos, explica el científico, “son los apéndices que salen en la frente de las arañas. Cambian muchísimo entre especies y tienen funciones muy diversas: actúan como defensa, pinzas, o aparato copulador, con el que el macho introduce una bolsita de semen en el cuerpo de la hembra”.
El Amazonas, un universo fascinante e inexplorado
En un momento de la conversación, Giribet muestra una imagen sobrecogedora. Es un mapa del Amazonas con los puntos donde hay estaciones de investigación. Para poder acceder a ellas, todas están pegadas al río, y los biólogos exploran un radio máximo de 5 a 10 kilómetros selva adentro alrededor de cada estación

El mapa pone en evidencia que solo hemos explorado la biodiversidad de algunos rincones alrededor del río. Y, a pesar de eso, en cada expedición encuentran nuevas especies: “De aquella, me llevé dos onicóforos que creo que eran desconocidos”, confirma el biólogo. Eso significa que hay miles de kilómetros cuadrados de selva inexplorada con sorpresas que no podemos imaginar. Probablemente, si el Amazonas estuviera en EE UU y contara con el gabinete de prensa de la NASA, en los medios habría más noticias sobre biodiversidad y nuevas especies que sobre galaxias colisionando dentro de 4.000 millones de años.
Giribet es una referencia mundial en el estudio de los onicóforos, gusanos evolutivamente ‘hermanos’ de los artrópodos, pero que han cambiado poquísimo desde el Cámbrico, hace 400 millones de años. Resultan muy peculiares por sus intensos colores y su técnica de caza, que consiste en escupir tejido pegajoso.
Cuando él y sus colegas de profesión encuentran estos especímenes tan peculiares… los matan. “Bueno, nosotros lo llamamos ‘preservarlos’. Pero sí, claro. Tenemos que extraer ADN, estudiar su morfología, etc.”, aclara. Lo hacen para conocer, catalogar y describir la biodiversidad que existe en la naturaleza, pero no solo eso: “También para estudiar la evolución de los organismos, entender el funcionamiento de los ecosistemas, y llevar a cabo estudios de geofísica o biogeografía; por ejemplo, ver cómo afecta el aislamiento o cambian las especies cuando las islas se separan”.
"Intentamos concienciar a las comunidades de la riqueza que tienen en su entorno”, dice Giribet
Aun así, suena extraño que, si algunas especies de onicóforos están desapareciendo, estos biólogos exploradores se lleven el ejemplar único que encuentran. Giribet responde: “Tranquilo, que la extinción no vendrá de un par de ejemplares que los científicos recolecten. El bosque es descomunal. Las grandes amenazas son la deforestación, la fragmentación del bosque y la biopiratería”.
La riqueza de las comunidades locales
Los investigadores de las grandes universidades y centros de EE UU y Europa que exploran los países en desarrollo de Asia, Latinoamérica o África sacan buen partido intelectual y práctico de su riqueza natural. Pagan sus cuotas, pero no está claro que eso genere un retorno suficiente en las sociedades locales. Giribet asegura que la situación ha mejorado: “Sí, esto está mucho más regulado ahora, no es como en la época de colonización, cuando se iba a destajo. Primero, cualquier espécimen que nos llevemos continúa siendo propiedad de las instituciones locales. Y además del desembolso económico, siempre trabajamos con centros del país que se benefician de esta colaboración. Impartimos cursos e intentamos concienciar a las comunidades de la riqueza que tienen en su entorno”.
Las sociedades indígenas, explica el biólogo, pueden aprovechar esta riqueza directamente con el ecoturismo, “pero también beneficia a sus centros de investigación, que están mejorando mucho. Algunos, como el Instituto Nacional de Pesquisas de Amazónia (INPA) están a la altura de las universidades estadounidenses, desarrollando verdadero talento científico con el que explorar los misterios que todavía oculta la selva”.
Una selva donde Giribet ha tenido sensación de peligro, allí en medio del Amazonas. “A veces ves pisadas recientes de jaguares, o estás caminando dentro del agua opaca y piensas: ‘¡Pero si aquí hay cocodrilos y serpientes de varios metros!’. De todas maneras, los grandes riesgos son virus o parásitos como el que provoca la leishmaniosis”.

Análisis de ADN sin perder el romanticismo
Lo que le ha convertido en un científico reconocido es su trabajo de análisis filogenético para establecer relaciones evolutivas entre especies animales. En el estudio de la evolución, hay quienes creen que el ADN está desplazando al análisis morfológico de fósiles. “En cierta manera, sí, porque es mucho más fácil. Ahora cualquiera puede reconstruir toda la clasificación evolutiva de las serpientes sin saber nada de ellas. Sin ni siquiera haberlas visto”. ¿Cómo es posible? “Basta con comparar pequeños cambios en genes muy conservados. Cuando más parecidos son esos genes, más cercanas evolutivamente están las especies, aunque morfológicamente parezcan más lejanas”.  
"Estamos viendo muchos casos de organismos que se simplificaron con la evolución”, asegura el biólogo
Giribet reconoce que vista así, la biología evolutiva pierde un poco de romanticismo. “¡Claro! Estos análisis de ADN no te dan ninguna información sobre las características del organismo. Para relaciones filogenéticas son perfectos, pero continúas necesitando los análisis morfológicos para entender funciones y comportamientos”. Entonces, si queremos saber qué ocurrió en el pasado, ¿mejor genes que fósiles? “Depende. Hay rasgos como la aparición de plumas, o tejido mamario o de piel, que son muy obvios. Pero cuando no hay manera de distinguir rasgos morfológicamente, los genes pueden ser muy importantes. Incluso darnos sorpresas”.
Gonzalo Giribet publicó en Nature en el año 2008 que los tenóforos, antepasados de las medusas, son el grupo animal más antiguo que existió sobre la Tierra y no las esponjas marinas, como se creía. “Todavía está en discusión. Por morfología parece que las esponjas eran más simples, pero los datos genéticos dicen que los tenóforos fueron anteriores. Puede parecer trivial, pero estamos viendo muchos casos de organismos que se simplificaron con la evolución”. Es decir, que no siempre avanzamos a mayor complejidad. De hecho, según él, “si sigue esta serie de descubrimientos, deberemos concluir que en el proceso evolutivo la simplificación es una adaptación mucho más habitual de lo que pensábamos. Y eso solo lo podemos constatar con análisis de ADN”.
Llega el fin de la conversación y es el momento de pedirle que muestre su tesoro: es un pene del que se siente orgulloso. En su despacho de Harvard, abre una imagen tridimensional en la pantalla de ordenador, señalando un apéndice en el abdomen de un arácnido. “Aquí está. Es un fósil de opilión de 310 millones de años, el pene terrestre más antiguo que conocemos. Tenemos opiliones anteriores, pero este debió de morir estando en faena”. Asegura que es un fósil relevante, aunque aún no lo ha hecho público en un artículo científico: “Al compararlo con los de otros grupos animales, este pene dará muchas pistas sobre el origen del órgano reproductor. No es como encontrar las primeras plumas en dinosaurios, pero casi”.
Fuente: SINC