No solo animales como el lince o el urogallo están en peligro de extinción.
Más del 20% de las 380.000 especies botánicas conocidas en el mundo están amenazadas por diversos motivos: por causas climáticas, por la presión humana y la de vegetales invasores o por una combinación de todas ellas.
Para preservar la biodiversidad verde y tratar de salvarlas se han creado los bancos de semillas, cuyo objetivo es guardar para la posteridad el mayor número posible de plantas. Hoy existen unos 1.500 en el mundo, entre los que destacan el Svalbard Global Seed Vault, en una isla del norte de Noruega, y el Millennium Seed Bank, en Wakehurst, al sur de Londres en Inglaterra.
Las simientes de los ejemplares se conservan en unas condiciones de humedad estable, baja temperatura constante –en torno a -20 ºC–, sin apenas luz o en la oscuridad y en frascos con etiquetas que detallan la variedad, el lugar donde fueron recolectadas y sus características.
Algunos de estos bancos tienen registrados más de 1.000 millones de semillas, entre ellas, variedades de trigo silvestre cuyo cultivo ya no es rentable, pero que, si se demuestran resistentes a los parásitos, se podrían resucitar para su plantación en el futuro.
Ya el Dalai Lama en una charla el año 2000 propuso el estudio científico de los efectos sobre la actividad cerebral de la meditación budista. Parece demostrados los beneficios de la meditación, que coincide con los recientes descubrimientos que mostrarían que el cerebro adulto todavía puede transformarse profundamente a través de la experiencia (la neuroplasticidad). Partimos de la concepción de lo que es la Meditación: una práctica contemplativa presente en la mayoría de las religiones principales y que buscan el cultivo de las cualidades humanas, una mente más estable y clara, un equilibrio emocional y una sensación de benevolencia, bajo la serenidad y flexibilidad. Ya el scaner, en un estudio de Wendy Hasenkamp, reveló la activación de diferentes áreas neuronales del cerebro durante los diferentes periodos del proceso de meditación y relacionadas con la atención o pérdida de esta durante el periodo meditativo. Además en algunos estudios como los del grupo de Winsconsin han demostrado que la páctica de la meditación aumenta la capacidad para controlar y amortiguar respuestas fisiológicas básicas ante tareas de tipo estresante, problemas de ansiedad y depresión o para mejorar patrones de sueñ cuando se aplica el tipo de meditación denomidada de consciencia plena. En los casos de meditación del tipo compasión y Benovolencia, propia de la tradición budista, se ha observado que puede beneficiar al estado de salud de trabajadores con riesgo alto de fatiga emocional a causa de la profunda empatía que experimentan con las dificultades de otros, como serian profesores o médicos. En estos meditadores también se le ha hallado una activación más fuerte de las áreas relacionadas con la empatía (la corteza somatosensorial, la corteza prefontal media, el surco temporal superior o la intersección temporoparietal). La meditación permite a los neurólogos explorar la naturaleza de la mente, lo que les permite estudiar la consciencia y los estados mentales subjetivos desde el punto de vista del meditador. mediante encefalogramas (EEG) donde se han apreciado la acción de patrones concretos de ondas gammas (amplitudes entre 25 y 42 Hz). A pesar de lo dicho todavía faltan estudios de seguimiento de grupos durante varios años o comparaciones entre meditadores y no meditadores en ambientes y edades similares.
Según el grupo de Arne Akbar de la UCL de Londres, la pérdida de efectividad del sistema inmunitario y que de rebote afecta a l envejecimiento global, se produce en los linfocitos T y se controla en el cuerpo por una única ruta bioquímica relacionada directamente con elmetabolismo celular y los daños de replicación del ADN y la pérdida de los telómeros de los extremos del ADN con lo que actuarian como reloj interno celular de caducidad: su longitud determinará el número máximo de divisiones que puede hacer esa célula antes de acortarse de tal manera que ha de morir.
Si bien parece que estamos programados genéticamente para vivir unos 130 años, se suele fallecer antes debido a las senescencias de ciertas células que agraban el proceso de envejecimiento.
Un caso de excepción de células con telomerasa, que permite mantener la longitud de los telómeros, son las células madres con acción totipotencial (poderse convertr en cualquier tio celular) y otro son los linfocitos T, que les permite poderse reproducir en grandes cantidades, sin limitación de los telómeros y así poder hacer frente a los patógenos.
Pero se ha descubierto que a medida que nos hacemos mayores, estos linfocitos T cada vez sintetizan menos TCR o telomerasa con lo que se resta su capacidad división y reacció frente a infecciones. Así se explicaría que un simple resfriado pueda afectar tanto a las personas mayores.
Parece ser que seria la proteína cinasa AMPK la responsable de este envejecimiento al funcionar como un activador metabólico y genotóxico: se activaria ante alteraciones del metabolismo, cuando falta la moneda energética del cuerpo, el ATP o del ADN celular.
Si se añade un inhibidor del MAPK-p38 (el producto que activa la AMPK) nos encontramos con linfocitos T que recuperan su expersión de telomerasa y su capacidad proliferativa.
Si bien podría parecer un paso para el final del envejecimiento, hay que tener en cuenta que la naturaleza es sabia. Una de las implicaciones es el problema de la acumulación de muchos daños (mutaciones) de ADN y que podria provocar la transformación de estas células policias del cuerpo en agentes cancerosos que ocasionen linfomas.
Un estudio hecho público esta semana afirma haber detectado cinco planetas extrasolares en Tau Ceti, una de las estrellas más cercanas al Sistema Solar. Pero no creas todo lo que sale en los periódicos. El artículo científico ha suscitado la controversia en la comunidad.
Los primeros planetas extrasolares descubiertos eran planetas gigantes gaseosos, como Júpiter, e incluso mayores. La técnica utilizada para descubrirlos es la medida de la velocidad radial. Cual policías de tráfico con radares persiguiendo automóviles, los astrónomos analizan la luz para medir las velocidades de las estrellas. Acumulando muchas observaciones se buscan perturbaciones periódicas en dicha velocidad. Los planetas, en su órbita, producen pequeñas variaciones en la velocidad radial de las estrellas. Esta perturbación es más evidente cuanto más masivo sea el planeta y cuanto más cerca orbite de la estrella. Por tanto, los primeros planetas extrasolares eran masivos y con periodos muy cortos
Al calor del descubrimiento de Centauri B, que puso al límite la tecnología, llegó la noticia de Ceti. El 19 de diciembre, la Universidad de Hertfordshire anunció que «un equipo internacional de astrónomos liderado ha descubierto que tau Ceti, una de las estrellas más cercanas y similares al Sol, podría albergar cinco planetas, de los que uno estaría en la zona habitable de la estrella». El investigador principal del estudio, Mikko Tuomi, utilizó para ello observaciones existentes de Ceti realizadas con los instrumentos HARPS (Telescopio 3,6 metros, Chile), UCLES (Telescopio Anglo-Australiano, Australia) y HIRES (Telescopio Keck, Hawaii).
Los planetas anunciados orbitarían con periodos de 14, 45, 94, 168 y 642 días; y sus masas corresponderían con 2, 3, 4, 4 y 6 masas terrestres, respectivamente. El planeta más externo tendría una órbita un poco más grande que la de la Tierra alrededor del Sol, a 1,35 unidades astronómicas (UA). El planeta con periodo de 168 días y 4 masas terrestres es el que se encontraría en la zona de habitabilidad de tau Ceti, la región donde el agua podría estar en estado líquido. Por desgracia, las esperanzas de encontrar vida desarrollada en estos planetas es cuestionable. Dispone de una región exterior brillante, similar a nuestro Cinturón de Kuiper. Esta despensa de cometas haría la vida imposible a los planetas, con impactos continuados.
De hecho, es cuestionable que los planetas de tau Ceti sean similares a la Tierra. Existe una diferencia importante entre el Sol y ésta. Durante la Gran Explosión, se crearon sólo dos tipos de átomos, los más simples: hidrógeno (75%) y helio (25%). Y esa es la composición básica de todas las estrellas. El resto de elementos más pesados, como el oxígeno y el carbono, se han ido creando en el interior de las estrellas y, en sus etapas finales, esparcidos al medio galáctico. En el inicio del Universo, no podían existir planetas como la Tierra, ni la vida tal y como la conocemos. Por eso somos polvo de estrellas.
Los candidatos a planeta extrasolar del Telescopio Espacial Kepler muestran una correlación entre la metalicidad y la masa de sus estrellas. Cuanto mayor masa y metalicidad, mayor probabilidad de alojar planetas. | Schlaufman et al (2011).
El Telescopio Espacial Kepler, que detecta eclipses de planetas extrasolares, tiene 2500 candidatos. La mayoría están por confirmar. Con los datos preliminares, Kevin Schlaufman y Gregory Laughlin (Universidad de California) han estudiado la relación entre la metalicidad de la estrella y los planetas que alojan: las estrellas más masivas tienen mayor probabilidad de alojar planetas; las estrellas con mayor metalicidad, también. Esto ha confirmado las teorías de formación de sistemas planetarios, donde el papel de los metales es crucial en las etapas iniciales.
Esta predice que en tau Ceti no deberían existir planetas gigantes, ni tampoco planetas rocosos como la Tierra. Pero además, la baja metalicidad de tau Ceti, arroja malas perspectivas de encontrar allí vida compleja.
Pero desgraciadamente, las aportaciones de los estudios del grupo de Lawler de una masa de polvo estelar de 55 UA de longitud (aproximadamente la distancia del Cinturón de Kuiper o hasta la zona de pequeños objetos trans-plutonianos), hace dificil la presencia de exoplanetas grandes, ya que la gravitación de estos "limpiaria" la zona de escombros. Esto dificultaria la presencia de esos posibles exoplanetas, hay que esperar a los estudios realizados por la red de radiotelescopios ALMA de Chile que proporcionarán una visión más nítida del disco de Tau Ceti y así ajustar las órbitas de los posibles planetas de Tau.
Los ancestros de los insectos provenían del mar. Hace unos 475 cronos (o millones de anos), las plantas empezaron a ocupar el espacio terrestre y en 100 millones de años les siguieron los primeros insectos terrestres. Eran similares a los lepistas (los pececillos de plata o de cobre que nos encontramos en los lavabos al encender de golpe la luz): invertebrados pequeños y sin alas, con un exoespqueleto duro de quitina. Cuando estos insectos primitivos empezaron a colonizar la Tierra, también empezaron a ocuparla otros invertebrados (arañas ciempiés, milpiés, escorpiones...) algunos de los cuales les depredaban.
Para escapar, que mejor que conquistar el cielo y huir volando. Las primeras alas aparecen siendo muy simples, como las de las libélulas u odonatos: membranas grandes y muy delicadas que se extendían desde el cuerpo del insecto pero que aunque buenas para volar, era muy difícil caminar con ellas en el suelo. De ahí que con el tiempo las alas pasan a desarrollarse como algo más avanzado que hasta se podía plegar hacia atrás.