viernes, 28 de mayo de 2021


Un conductor somnoliento circula por una carretera oscura cuando, de improviso, oye un fuerte «¡bum!» y encuentra después una salpicadura de sangre en el parachoques delantero. O la policía descubre una mancha de sangre tan diminuta como sospechosa en la escena de un crimen. Averiguar con celeridad si los restos son de origen humano o animal es crucial, pero a veces los análisis se demoran días y comportan la destrucción de pruebas valiosas. Una nueva técnica podría ofrecer una solución a ambos problemas, según sus creadores.

Igor Lednev y Ewelina Mistek-Morabito, especialistas en química forense de la Universidad Estatal de Nueva York en Albany, han aunado la espectroscopía y la estadística en un método rápido y conservador destinado a reconocer la sangre humana. Proyectaron luz infrarroja sobre muestras de sangre seca, bien humana, o bien procedente de diez animales. Entre estos había especies domésticas, como perros, gatos o hurones, y especies silvestres, como ciervos y alces, todas implicadas a menudo en colisiones con vehículos. A continuación analizaron la luz reflejada, cuyo espectro varía en función de la composición sanguínea, y con esos datos entrenaron un algoritmo de aprendizaje automático para diferenciar con rapidez y precisión la sangre humana de la animal.

Mistek-Morabito explica que «la técnica ayudaría a acotar las muestras pertinentes para el caso, antes de remitirlas al laboratorio de análisis de ADN». La policía científica y los peritos forenses emplean actualmente análisis bioquímicos destructivos para distinguir la sangre humana de la animal, métodos que, además, no son infalibles. Pendientes de contrastar la fiabilidad del nuevo sistema sobre el terreno, la inventora califica de alentadores los resultados preliminares.

Publicado en Communications Chemistry, en el estudio emplearon un instrumento analítico de sobremesa, pero Lednev trabaja ahora en su adaptación a un dispositivo manual y portátil. Concibe un práctico espectroscopio multifuncional, con el que algún día se identificarán en el acto los restos de líquidos corporales. «Los instrumentos portátiles representan el futuro, pues nos ayudarán a llevar el laboratorio a la escena del crimen», asegura Mistek-Morabito.

«Este estudio nos indica que un método de análisis de muestras no destructivo sería viable», comenta Peter Massey, perito forense de la Universidad del Sur de Florida, ajeno al proyecto. Pero advierte que, para ser práctico, el aparato debe ser compacto, de uso sencillo y asequible.

Las técnicas espectroscópicas parecen prometedoras porque se prestan a una miniaturización similar a la de un teléfono móvil, afirma Matthieu Baudelet, químico forense de la Universidad de Florida Central, que tampoco ha participado en la investigación. Ahora bien, como el proceso de aprendizaje automático no revela razones fisiológicas concretas para las diferencias en los espectros, Baudelet se pregunta si dará resultado con la sangre de animales silvestres, con hábitos alimentarios y estados de salud variopintos.

De cara a su puesta en práctica, los creadores ensayarán y calibrarán la técnica con muestras de diversidad creciente; con ese fin Lednev colabora en este momento con especialistas de la Red de Laboratorios de la Policía Científica del Estado de Nueva York para validarla en condiciones reales.

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