viernes, 10 de julio de 2015

El Antepasado de las Tortugas

Un grupo internacional de científicos ha encontrado al ancestro común de las tortugas actuales, carente de caparazón, de costillas anchas y con huesos en su vientre

Durante mucho tiempo, el origen y la evolución temprana de las tortugas ha sido uno de los temas de la zoología que ha generado mayor polémica. La falta de fósiles que permitieran explicar la transición desde los ejemplares primitivos hasta los actuales, junto con la diversidad de opiniones entre paleontólogos y expertos en evolución molecular contribuía a alimentar la controversia.
Pappochelysno tenía caparazón pero, en su lugar, contaba con costillas anchas y una serie de huesos a lo largo de su vientre
Estas diferencias se solventan con el estudio publicado hoy en Nature en el que se presentan los fósiles de Pappochelys, una tortuga primitiva encontrada en el lago Vellberg (Alemania) de 20 cm de largo y que data de hace unos 240 millones de años, del Triásico medio.
Pappochelys no tenía caparazón pero, en su lugar, contaba con costillas anchas, características de criaturas del linaje de las primeras tortugas, y una serie de huesos a lo largo de su vientre. Sin embargo, entre sus características físicas, la clave se encuentra en la presencia de diápsidas –pequeñas aberturas que se encuentran detrás de la cuenca de cada ojo– en su cráneo.
«Las tortugas de hoy en día no tienen tales aberturas por lo que algunos paleontólogos pensaban que estas se habían desarrollado a partir de los arcosaurios (dinosaurios y aves)», explica Hans-Dieter Sues, investigador en el Museo de Historia Natural de Washington (EE UU) y coautor del estudio.
De este modo, «las diápsidas dan la razón a la hipótesis de los evolucionistas moleculares que sostenían que estos reptiles procedían de la familia de los lepidosaurios (lagartos y serpientes) que actualmente presentan estos orificios».

Un puente en la evolución 

El hallazgo de los fósiles permite además crear un vínculo entre los ancestros más primitivos y los ejemplares de tortugas actuales. «Durante años no tuvimos una serie fósil cronológicamente completa de los ancestros de las tortugas», explica el investigador alemán.
«Los restos de tortugas que disponíamos eran del Triásico tardío como Proganochelys Proterochersis, también procedentes de Alemania, que ya habían desarrollado completamente sus caparazones», añade el experto.
Según el estudio, a diferencia de estos, Pappochelys presentaba una ampliación en la zona del vientre para permitir una mayor ampliación en la zona de las costillas, al no haber desarrollado caparazón.

El origen del caparazón

En este sentido, el científico comenta que «este tronco grueso permitió que los huesos y los nervios se fusionaran entre sí, que es lo que muchos embriólogos sostienen como el origen del desarrollo del caparazón de las tortugas».
Los fósiles de Pappochelys se encontraron en los alrededores de un lago, lo que indica que las primeras tortugas habitaban zonas húmedas. «Es probable que este animal viviera una gran parte de su vida en un lago de agua dulce junto a una rica fauna de peces, anfibios y pequeños reptiles», apunta Sues.
Para los investigadores, el esqueleto de este nuevo ejemplar lo convierte en el intermediario perfecto entre el Eunotosaurusla tortuga más antigua conocida hasta ahora, de 260 millones de años de antigüedad, y las tortugas posteriores.
ABC.es

Reconstruyen Hallucigenia

Logran reconstruir el Hallucigenia, un enigma evolutivo durante 106 años
En 1909, el paleontólogo estadounidense Charles Walcott encontró los restos de una criatura única en el suroeste de Canadá. Se trataba de un pequeño gusano con espinas, pero su fisonomía ha sido un misterio para los paleobiólogos hasta hoy. Su correcta caracterización ha revelado de paso un error de bulto que llevaba en vigor desde los 70.
El Hallucigenia recibió su nombre mucho después, gracias al trabajo del paleontóligo británico Simon Conway Morris. En los 70, un científico neoyorquino llamado Stephen Jay Gould utilizó las taxonomías de Morris para tratar de probar sus propias teorías acerca de que la evolución era un proceso caótico que no seguía ningún patrón. El gusano Hallucigenia era especialmente indicado para apoyar las teorías de Gould.
Lamentablemente, ambos científicos cometieron un error de bulto. El único fósil de Hallucigenia mostraba una mancha oscura que los investigadores creyeron que era la cabeza del animal. Además, asumieron que este pequeño gusano caminaba sobre una especie de espinas y tenía una s protuberancias como tubos flexibles en la espalda.
Logran reconstruir el Hallucigenia, un enigma evolutivo durante 106 años
La realidad es que el fósil estaba al revés. Las espinas están sobre su lomo y eran un simple mecanismo de defensa. Lo que Morris y Gould creían que eran tubos para respirar o alimentarse, en realidad eran las patas del animal. En cuanto a la cabeza, se trataba de una acumulación informe de fluidos y vísceras que posiblemente escaparon del animal cuando quedó atrapado en los sedimentos.
Más de 100 años después de su descubrimiento y 40 desde que lo caracterizaran mal, el Hallucigenia por fin recupera la cabeza, literalmente. Un grupo de paleobiólogos de las Universidades de Cambridge y Toronto han determinado ya con exactitud el aspecto de este gusano gracias al análisis de nuevos restos fósiles mediante microscopio electrónico.
El aspecto del Hallucigenia no mejora mucho en cuanto a rareza. Su cabeza tubular presenta dos pequeños ojos y una boca redondeada llena de colmillos afilados como agujas, Una serie de tentáculos probablemente le servían para ayudarse a atrapar alimento o a sujetarse. Los investigadores han elaborado una animación 3D con el aspecto, ahora sí completo de este gusano que vivió hace más de 508 millones de años.
¿Por qué tanto alboroto por un gusano? La razón es el período en el que vivió. El Hallucigeniapertenece a un período conocido com la Explosión Cámbrica. En esas fechas asomaron en nuestro planeta los primeros animales y, en muy poco tiempo, se diversificaron en la multitud de familias y especies que han evolucionado hasta nuestros días. Este pequeño gusano de apenas tres centímetros es lo más cercano que hemos encontrado al padre de todos los ecdisozoos, una amplia familia que hoy incluye desde los gusanos hasta los escorpiones. Todo un eslabón perdido a su pequeña manera. [Nature vía Science]
Gizmodo

El timo de la estampita científica

Hace dos años, el periodista de ciencia y biólogo John Bohannon hizo algo que enfureció a muchos: envió 304 estudios científicos inventados, ridículamente malos para alguien con el conocimiento necesario, a otras tantas revistas especializadas; de ellos, 157 fueron aceptados para su publicación.
Figura 1 del 'estudio' de Mazières y Kohler.
Figura 1 del ‘estudio’ de Mazières y Kohler.
Antes de explicar el qué y el cómo, hay que aclarar el porqué. Las revistas científicas tradicionales, como Nature y Science –Bohannon trabaja para esta última–, funcionan según un modelo de negocio basado en suscripciones y publicidad, como cualquier publicación clásica, aunque muchas de ellas también cargan una tarifa a los autores por publicar sus estudios.
Desde principios de siglo ha surgido en la ciencia un modelo alternativo llamado Open Access, o acceso abierto. Las revistas adscritas a este sistema, todas ellas digitales, ofrecen sus contenidos de forma libre y gratuita en internet para todos los lectores, y a cambio obtienen sus ganancias exclusivamente de las tasas de publicación cobradas a los autores. Ciertas revistas ofrecen un modelo mixto, permitiendo a los autores que elijan si desean que su estudio sea de acceso abierto a cambio de una tarifa. Algunos científicos prefieren asumir este coste –que en muchos casos sale de sus bolsillos– porque su principal interés es que sus estudios se lean, se conozcan y se citen, y el acceso abierto amplía la difusión de sus investigaciones.
Pero cualquier revista científica, sea de suscripción o acceso abierto, solo puede ser calificada como tal si incluye un sistema de peer review o revisión por pares:todo estudio con pretensiones de publicarse debe ser examinado concienzudamente por expertos independientes (referees), quienes darán su veredicto al editor. Es extremadamente improbable, si es que alguna vez ocurre, que un estudio sea aceptado tal cual lo enviaron sus autores; las respuestas más habituales se reparten entre el rechazo directo, o bien la petición a los investigadores de ciertas modificaciones de mayor o menor calado, que pueden incluir la necesidad de llevar a cabo experimentos adicionales.
Algunas revistas Open Access de nuevo cuño, como F1000Research o PeerJ, publican los estudios según se reciben con la sola aprobación de los editores, y el proceso de peer review se lleva a cabo después de forma pública y transparente. La ventaja de este sistema es que acelera enormemente la difusión de los resultados científicos; el modelo tradicional puede demorar la publicación de un trabajo hasta más de un año, entre rechazos y modificaciones. Pero todo el que consulte tales estudios siempre debe tener presente cuál es su estado de revisión.
Sin embargo, el acceso abierto también tiene un lado oscuro y podrido. Internet es el paraíso de timadores, trapacistas y listillos en general, desde la carta nigeriana a las modelos rusas buscando marido. Y allí donde hay posibilidad de hacer dinero fácil a costa de algún incauto, aparecen. Los científicos son víctimas propiciatorias: necesitan desesperadamente publicar sus trabajos, porque de ello dependen sus proyectos, ayudas, becas y carreras. Así que basta con constituir una sociedad con sede donde sea, crear una revista-web con algún nombre pomposo —International Journal ofWhatever–, comprar un ISSN (el equivalente al ISBN de los libros), hacerse con una base de datos de correos de investigadores, enviar una tanda de emails a algunos elogiando su trabajo e invitándolos a actuar desinteresadamente como referees –lo que también suma al currículum de un científico–, enviar una segunda tanda de emails a otros invitándolos a someter sus trabajos para publicación sin mencionar las tarifas… Y listos; a sentarse y hacer caja: por cada artículo, trescientos dólares, quinientos, mil, dos mil, cinco mil…
Lo cierto es que no hay nada estrictamente ilegal o delictivo, aunque en muchos casos quien esté detrás del International Journal of Superhipermegamaxiexcellent Science sea una sola persona que no tiene la menor idea de ciencia, ni exista realmente ningún peer review y los artículos sean aceptados sin revisión, mientras algunos de los que recibieron la primera tanda de emails tal vez lleguen a descubrir que figuran como referees de una revista sin haber revisado jamás un solo trabajo. No hay nada estrictamente ilegal o delictivo, pero sí un devastador atentado contra la ética científica, porque esta práctica tramposa está otorgando el marchamo de ciencia sin criterio alguno a trabajos de pésima calidad y enfangando el sistema de publicación que guía el progreso científico tan dependiente del conocimiento colectivo.
Nada ilustra mejor el extremo al que llega el problema que el caso del estudio creado en 2005 por los científicos computacionales David Mazières y Eddie Kohler. Hartos de recibir toneladas de spam invitándolos a conferencias no deseadas, escribieron un estudio titulado Get me off your fucking mailing list (Sácame de tu puta lista de correo). Las diez páginas del trabajo repetían una y otra vez la misma y única frase del título, incluso en los gráficos, en el mejor estilo de Jack Torrance en El resplandor. El estudio circuló por la red, y tiempo después un científico australiano llamado Peter Vamplew decidió enviarlo a una revista llamada International Journal of Advanced Computer Technology en respuesta a un email que le invitaba a publicar sus trabajos. Vamplew esperaba con ello detener el spam, pero lo que ocurrió en su lugar fue muy diferente: la revista aceptó su estudio calificándolo de “excelente” y adjuntando la factura: 150 dólares.
Primera página del 'estudio' de Mazières y Kohler.
Primera página del ‘estudio’ de Mazières y Kohler.
El caso de Vamplew es solo una anécdota que, sin embargo, sugiere la existencia de un problema serio de fondo. En 2013, Bohannon se propuso analizar y calibrar la magnitud de este problema, a raíz del caso de una investigadora africana que al parecer podía ser víctima de un timo similar. Para ello decidió fabricar un montaje a gran escala que destapara la estafa de las (apelativo que no me gusta nada) revistas depredadoras.
Bohannon se inventó que el compuesto X extraído del liquen Y frenaba el crecimiento de las células tumorales Z, y que el efecto era mayor en presencia de una dosis de radiación inferior a la habitual en radioterapia. Utilizando distintos X, Y y Z, creó por ordenador un total de 304 estudios por lo demás idénticos. Para cualquier profano, los estudios resultarían simplemente tan ininteligibles como cualquier otro trabajo auténtico; pero bastaría un nivel de estudiante de doctorado en biología celular para detectar al primer golpe de vista que los experimentos estaban desastrosamente diseñados y que no apoyaban en absoluto las conclusiones, sino más bien lo contrario. Todos ellos iban firmados por científicos ficticios de falsas instituciones africanas, lo que en opinión de Bohannon no levantaría sospechas si algún editor avispado trataba de rastrearlos en internet.
Los resultados del montaje de Bohannon se detallan en el artículo que escribió para Science, pero valga este resumen: 157 revistas aceptaron el estudio y solo 98 lo rechazaron; el resto de las publicaciones ya no existían o se demoraron en responder. De las 255 que tomaron una decisión, el 60% lo hicieron sin signos de revisión alguna. De las 106 que sí revisaron, el 70% aceptaron el estudio con solo sugerencias menores referentes al formato o al lenguaje, no al contenido científico. Solo en 36 casos hubo críticas a la calidad científica, pero incluso en 16 de estos los editores dieron el visto bueno a la publicación.
Con todo lo pasmoso de las cifras, lo más preocupante se revela en dos detalles. En primer lugar, 167 de las 304 revistas figuran en el Directory of Open Access Journals, un índice creado en la Universidad sueca de Lund que presume de incluir solo publicaciones suficientemente acreditadas; de esas 167, el 45% de las que completaron el proceso aceptaron el estudio de Bohannon. En segundo lugar, no tiene nada de raro que muchas de las revistas predadoras utilicen palabras como American o European en sus títulos y exhiban presuntas sedes sociales en EE. UU. o Europa, pero que sus direcciones IP revelen negocios basados en India, Paquistán, China o Turquía (también varios en EE. UU.; ninguno en España); pero en cambio, resulta inaudito que algunas de las revistas que aceptaron el estudio pertenezcan a poderosas multinacionales de la publicación científica como Elsevier, Wolters Kluwer y Sage.
Después de que Bohannon publicara sus conclusiones, Wolters Kluwer cerró el Journal of Natural Pharmaceuticals, la revista que había aceptado el estudio. Por su parte, Elsevier se lavó las manos alegando que Drug Invention Today en realidad no pertenecía a la compañía sino a un tercero; el científico indio que figuraba como director declaró a su vez que el proceso editorial dependía de Elsevier. Pero más ignominiosa fue la respuesta del prestigioso científico británico que dirigía el Journal of International Medical Research, la revista del grupo Sage que aceptó el estudio sin un solo pero y adjuntando una factura de 3.100 dólares; Malcolm Lader admitió su completa responsabilidad, pero arremetió contra Bohannon: “Debe existir necesariamente un elemento de confianza en la investigación […]. Estas actividades suyas desmerecen esa confianza”, escribió Lader.
El montaje de Bohannon ha inspirado desde entonces a otros para seguir poniendo en evidencia la existencia de revistas depredadoras. En abril de 2014, el periodista del diario Ottawa Citizen Tom Spears decidió llevar el experimento al extremo para comprobar hasta qué punto un estudio enteramente disparatado, plagiado meclando trozos de estudios auténticos para construir un Frankenstein sin ningún sentido ni razón, podía abrirse paso hasta la carta de aceptación.
El título del estudio de Spears era Acidity and aridity: Soil inorganic carbon storage exhibits complex relationship with low-pH soils and myeloablation followed by autologous PBSC infusion. O sea: Acidez y aridez: el almacenamiento de carbono inorgánico en el suelo exhibe relación compleja con suelos de bajo pH y mieloablación seguida por infusión autóloga de PBSCY tan compleja; porque la primera parte del título habla de geología del suelo, mientras que la segunda fue extraída de un trabajo sobre el tratamiento del cáncer con células madre. El resto del estudio seguía el mismo patrón, incluyendo algunos párrafos sobre Marte, referencias a la química del vino y el glorioso invento de algo llamado “plaquetas sísmicas”. Spears envió su manuscrito a 18 revistas. Ocho de ellas lo aceptaron.
En diciembre de 2014, el científico computacional Alex Smolyanitsky coló en dos revistas de su área un estudio firmado por dos personajes de Los Simpson, Margaret Simpson (Maggie) y Edna Krabappel (la sita Carapapel en España), junto con un tercer autor llamado Kim Jong Fun (un juego de palabras con el nombre del dictador norcoreano y la palabra “diversión” en inglés). El texto era un descabellado galimatías creado con SCIgen, un generador automático de estudios absurdos diseñado en 2005 en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y disponible en internet.
Bien pensado, tal vez si muchos más científicos emularan a Smolyanitsky, el creciente problema de las revistas depredadoras podría aminorarse. Los seudoeditores no quieren publicar estudios falsos, ya que eso acabaría con su negocio; el timo se basa en esa “confianza” de la que hablaba Lader. Si sus oleadas de spam recibieran como respuesta otros tantos miles de estudios, sabrían con certeza que muchos de ellos serían falsos, por lo que no tendrían más remedio que revisarlos, posiblemente sin el conocimiento ni el criterio necesarios para hacerlo, emprendiendo además miles de búsquedas en internet para comprobar la existencia real de los firmantes. Y en cualquier caso, tampoco recibirían ningún pago por los finalmente aceptados; se verían obligados a cerrar. Sería tan fácil como que los científicos afectados por este acoso copiaran y pegaran textos de estudios ya publicados, como hizo Spears.
Con todo, hay lenguas maldicientes que quieren ver en el montaje de Bohannon una causa general contra el movimiento Open Access, dado que él trabaja para Science. Pero él mismo mencionaba en su texto que el modelo de revista tradicional tampoco necesariamente está exento de posibles agujeros graves en su proceso editorial; desde hace tiempo se viene hablando de la crisis del sistema de peer reviewEn febrero de 2014, dos grandes grupos editoriales como IEEE y Springer se vieron obligados a reconocer que les habían colado nada menos que 120 estudios falsos, generados por SCIgen, en 30 recopilaciones de comunicaciones a congresos. Estas pasan un filtro mucho menos exigente que el peer review de las revistas, pero en cualquier caso se supone que un humano las revisa para comprobar su autenticidad.
Recientemente, Bohannon ha vuelto a dar la campanada con otro experimento científico-editorial, que en este caso además destapa la baja calidad del presunto periodismo de ciencia que se practica en muchos medios

http://blogs.20minutos.es/ciencias-mixtas/2015/06/13/el-timo-de-la-estampita-cientifica/

No hay Extraterrestres en el Ärea 51

Las declaraciones del Administrador de la NASA, reconociendo la existencia de la base militar, han vuelto a disparar los rumores, las leyendas y las teorías de la conspiración

El Área 51 vuelve a estar de moda. Las declaraciones del Administrador de la NASA, Charles Bolden, reconociendo la existencia de esta base militar, han vuelto a disparar, en efecto, los rumores, las leyendas y las teorías de la conspiración. Por supuesto, Bolden aseguró que no hay platillos volantes ni extraterrestres en esa base. Se trata de un centro dedicado, eso sí, a la investigación y desarrollo militar, pero sin rastro de tecnologías alienígenas de ningún tipo.
La «confesión» de Bolden tampoco es nueva. Ya en 2013, la CIA también admitió la existencia de un centro de investigación en Nevada. Y también dijo que ese centro no tiene absolutamente nada que ver con supuestos «colaboradores» extraterrestres. Lo más probable es que allí, y con el mayor secreto posible, los norteamericanos hayan estado, y estén aún, diseñando nuevos tipos de aviones de combate y drones espía. Pero nada más.
El Área 51 fue construida en 1954 y se encuentra a unos 200 kilómetros al noreste de Las Vegas, en pleno desierto de Nevada, y es un destacamento remoto de la Base Edwards de la Fuerza Aérea norteamericana. En Agosto de 2013, el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington publicó un informe titulado «La historia secreta de los U-2», y en él aparecen varias referencias al Área 51, una base de pruebas secretas del avión militar más famoso de la guerra fría.
La CIA también dijo entonces que la base se había utilizado para el desarrollo de varios aviones secretos, y reveló que fue precisamente durante el programa de desarrollo del SR-71 cuando se «disparó» el número de avistamientos OVNI en la zona. De hecho, más de la mitad de los informes sobre avistamientos de las décadas de los 50 y 60 se debieron a las pruebas de ese avión secreto en particular.
Más recientemente, nuevas instalaciones se han ido añadiendo a la base, con el objeto de desarrollar nuevos tipos de aviones espía o, incluso, según algunos expertos, de algún nuevo tipo de bombardero estratégico.
A pesar de ello, de vez en cuando sale a la luz algún «trabajador» del Área 51 que dice poseer todas las pruebas de la presencia y colaboración entre los militares norteamericanos y una civilización extraterrestre. Casos como el de Bob Lazar y, más recientemente, de Boyd Bushman, científico jubilado que trabajó para la Lockheed Martin, han contribuido a avivar la leyenda y a consolidar la idea de que, en realidad, el Área 51 es una especie de «base conjunta» de terricolas y alienígenas.
Lazar aseguró haber trabajado en 1989 en el Sector Cuatro del Área 51, y que allí se hacía ingniería inversa con platillos volantes, pero su famoso informe está lleno de errores e incluso su currículum está lleno de falsedades. Lazar, en efecto, aseguraba tener títulos del Instituto Tecnológico de California (CIT) y del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), pero su nombre ni siquiera aparece en las listas de alumnos de las dos instituciones. También dijo haber trabajado como físico en el Laboratorio Nacional de Los Alamos, pero el propio laboratorio negó cualquier relación con él.
Boyd Bushman, por su parte, falleció el 7 de agosto de 2014 y dejó una «confesión» en forma de vídeo entrevista para que se difundiera después de su muerte. En ella asegura que en el Área 51, donde trabajó durante 30 años, se guardan varios platillos volantes, y que hasta 18 alienígenas «de dos razas diferentes» colaboran desde hace años con los norteamericanos, cambiando tecnología por ADN... Bushman habla en su vídeo de tecnologías anti gravedad que permiten a las naves moverse muy rápidamente en ángulos bruscos; de velocidades muy superiores a las de la luz y de extraterrestres de un metro y medio de alto y 200 años de edad.
Pero todo se desinfló al comprobar que las fotografías de ET exhibidas por el anciano no eran más que muñecos de plástico, vendidos por la cadena k-Mart.
Ahora, las declaraciones del administrador de la NASA vuelven a resucitar el tema. No importa cuántas veces se demuestre, ni cuantas pruebas se aporten, ni cuántos engaños se descubran. Por ejemplo, si es cierto que llevamos décadas aprendiendo tecnología alienígena, ¿dónse están esos adelantos inceríbles? Se haga lo que se haga, el Área 51 está ya en el imaginario colectivo de millones de personas que están convencidas de que los extraterrestres están ya entre nosotros, y que su presencia se nos oculta en virtud de una serie de siniestros planes de algunos gobiernos...

ABC.es

¿Por qué nadie puede levantar el martillo de Thor? La ciencia responde

"Aquel que empuñe este martillo, si es digno de él, poseerá el poder de Thor"

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La explicación corta es porque solo aquel que merece el poder de Thor puede levantarlo. De hecho, recordemos que incluso el príncipe de Asgard ha pasado por etapas en las que no es "worthy" de portar el Mjolnir. Así como no es el único que alguna vez lo ha portado.
En el filme de Avengers: Age of Ultron pudimos ver una escena (que también apareció en los primeros tráilers) en la que nuestros superhéroes hacen el intento para levantar el Mjolnir, pero nadie lo consigue, ni con su superfuerza o sus aditamentos robóticos como en el caso de Iron Man. La única que no lo intenta es Natasha Romanoff, eso habría sido una enorme sorpresa.
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Es el mismo Tony Stark el que sugiere una razón, una explicación científica del por qué del comportamiento de Mjolnir: reconocimiento dactilar y por esta razón no funciona con nadie más. La cuestión es que este asunto tiene un transfondo mitológico propia del valor del héroe, la pureza de sus actos y la responsabilidad de tener un gran poder. Pero si nos alejamos de este punto, Stark nos acerca a una explicación propia de la ciencia... pero no es la única.

Está hecho con el material más denso del universo

Es el mismo Neil DeGrasse Tyson quien explicó sobre esto. Según el doctor en astrofísica y director del Hayden Planetarium, si el Mjolnir está forjado con el material de estrellas de neutrones, que es el material más denso en el universo, fuera de un agujero negro. Su peso, entonces equivaldría a 300 mil millones de elefantes. 

Teoría de Suveen Mathaudhu

Suveen Mathaudhu es un científico de materiales que trabaja para el Ejército de los Estados Unidos. Al conocer la explicación de Neil DeGrasse Tyson presentó una refutación de esta y dio a conocer su propia teoría. Mathaudhu asegura que el error de DeGrasse Tyson es suponer que el Mjolnir está forjado con el núcleo de una estrella, cuando en realidad está hecho en el núcleo de la misma con un material asgardiano, llamado: Uru.
Su principal prueba documental es una tarjeta coleccionable de 1991, publicada por Marvel, la casa del famoso Dios y superhéroe. En dicha tarjeta se explica que el martillo de Thor tiene un peso de 42.3 libras, es decir, alrededor de 20 kilogramos. Basados en esta información, el científico Suveen Mathaudhu explica que, de ser así, el metal Uru sería una especie de "santo grial" de la alta presión. Es decir, un material que sería como hidrógeno metálico. Para que este material se forje se necesitaría una fuente tremenda de energía y que solo se puede encontrar en el núcleo de los planetas... o de las estrellas. Acá un video explicativo con estos pormenores:

Teoría de Jim Kakalios

El Dr. Kakalios es un científico, autor de 'The Physics of Superheroes', también es profesor en la School of Physics and Astronomy at the University of Minnesota. Él, a su vez, ha analizado el dilema de Thor y Mjolnir en un artículo para Wired. Ahí nos explica ampliamente su teoría. Para empezar, retoma la explicación de DeGrasse y añade que no se explica que un peso como el que él calculó: 300 mil millones de elefantes, sean soportados por la mesa de café de Tony Stark (de la escena de Avengers: Age of Ultron). Entonces propone que debe haber otra explicación.
Para empezar, dice que es posible que lo que Tony Stark sugiere, una especie de sensores dactilares, sea posible. Alguna clase de nanotecnología y un software que analice a quienes intentan levantarlo y realice un perfil biológico y psicológico para saber si es "merecedor" del poder que conlleva. Esto explicaría por qué Steve Rogers (Capitán América) lo mueve ligeramente, para sorpresa y susto de Thor.
Kakalios propone retomar la 3ra. ley de Arthur C. Clarke y que dice:
Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.
Y es que, recordemos que el propio Thor explica que proviene de un pueblo en el que magia y ciencia son casi la misma cosa. Entonces, si a esto le sumamos que los seres de Asgard tienen una tecnología mucho más avanzada que la que podemos imaginar, esto sería suficiente para explicar la "magia" detrás del Mjolnir.
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Ahora bien, si no se es merecedor de portar el martillo de Thor ¿cómo es que no se mueve sin desbaratar la mesita de café de la sala donde está posado? Kakalios explica: debido a los gravitones. Sí, primero, recordemos la primera Ley de Newton, que establece "Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él". Entonces, cuando el martillo se apoya en la mesa de café, hay una fuerza hacia abajo sobre el mismo de la atracción gravitatoria entre la masa del martillo y la masa de la Tierra (que nos referimos como su "peso gravitacional") y una contra-fuerza del libro y mesa empujando hacia arriba en el martillo.
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Para cuando Tony Stark, y los demás, aplican una fuerza contraria para levantarlo ¿a dónde va toda esa fuerza si la mesita queda intacta? (De otra forma se destrozaría). Lo que se deduce es que el material Uru, del que no conocemos sus propiedades en la Tierra, bajo los estímulos adecuados es capaz de emitir grandes cantidades de gravitones. Acudiremos aquí a que la tecnología asgardiana es más avanzada, entonces, dichos gravitones "anularían" la fuerza emitida para levantar el martillo cuando alguien no es digno. Esto no dañaría la superficie en que se encuentra posado, ya que solo anularía la fuerza y no el peso hacia esta.
La capacidad de metal Uru para alterar su interacción con los campos gravitacionales también puede dar cuenta de otra propiedad que asombra de Mjolnir: que cuando se lanza, puede alterar su trayectoria y moverse, aparentemente por su propia voluntad, volviendo a la mano de Thor.
Jim Kakalios compartió sus ideas con el escritor Mark Waid y fue en 'El Indestructible Hulk # 8' que se publicaron sus teorías de por qué Hulk no era capaz de levantar el Mjolnir.

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Principia: Revista de Divulgación Científica

Principia: divulgación científica de la buena
Principia es una publicación online divulgativa sobre ciencia totalmente gratuita y en castellano; la han calificado como «heredera de la mítica Journal of Feelsynapsis», lo cual ya debería desplegar las orejas-radar a cualquier persona interesada en la ciencia.
En su web colaboran decenas de divulgadores incluyendo los autores del excelente y premiado Scientia (que es donde vi a Principia mencionado por primera vez); el Divulgador HerbívoroPatricia con sus estupendas historias científicas y de mujeres de ciencia; el interesante Ser Vivo y muchas «almas científicas» más.
Ahora se han propuesto transferir lo mejor de su web a papel, para lo cual han abierto una página de financiación colectiva en la que conseguir los 10 000€ euros necesarios para ello. Todavía les falta un empujoncito durante las semanas restantes, así que si te animas, como ya han hecho más de 150 mecenas más, basta con comprar la revista por adelantado por 25€ o algo más si además quieres recibir diversos goodiesrelacionados.

El biólogo burgalés que redibuja el árbol del reino animal

La especie de gusano que muestra Gonzalo Giribet en su laboratorio se llama Onychophora. Representa un grupo de animales que viven escondidos en el interior de troncos podridos de bosques húmedos, y han pasado los últimos 400 millones de años escupiendo pegajosas babas para atrapar a sus presas. / SINC
Hace unos meses, Gonzalo Giribet (Burgos, 1970) pasó tres semanas recolectando insectos en medio de la selva amazónica. El punto más remoto lo alcanzó tras dos días enteros de viaje en barca, río arriba. Después, le tocó analizar los especímenes en el laboratorio de biología evolutiva que dirige en la Universidad de Harvard. Hablamos con él y nos enseña una sorpresa:
Ha viajado por Australia, Panamá, Sudáfrica, el Yucatán en México y el Amazonas brasileño, siempre buscando invertebrados
Este burgalés llegó a EE UU en 1997 como posdoc en el Museo de Historia Natural de Nueva York. En el año 2000, fichó como profesor asistente en Harvard. Ahora es catedrático y conservador de invertebrados en el Museo de Zoología Comparada de Harvard. Su contribución científica más importante la ha hecho dibujando las ramas que componen el árbol de la vida animal. Es joven, emprendedor y exitoso.
Giribet ha viajado por Australia, Panamá, Sudáfrica, el Yucatán en México y el Amazonas brasileño, siempre buscando invertebrados, tanto terrestres como marinos. En la expedición amazónica, su objetivo eran los arácnidos. “Eso incluye arañas, pero también opiliones o escorpiones”, aclara. “Este viaje lo financiaba National Geographic, porque querían encontrar varias especies descritas hace más de cuatro décadas a partir de dos o tres ejemplares, pero que no se habían visto de nuevo desde entonces”.
Y los encontraron. “Pudimos estudiar varias especies más, como una araña con unos pedipalpos enormes para transferir semen”. Los pedipalpos, explica el científico, “son los apéndices que salen en la frente de las arañas. Cambian muchísimo entre especies y tienen funciones muy diversas: actúan como defensa, pinzas, o aparato copulador, con el que el macho introduce una bolsita de semen en el cuerpo de la hembra”.
El Amazonas, un universo fascinante e inexplorado
En un momento de la conversación, Giribet muestra una imagen sobrecogedora. Es un mapa del Amazonas con los puntos donde hay estaciones de investigación. Para poder acceder a ellas, todas están pegadas al río, y los biólogos exploran un radio máximo de 5 a 10 kilómetros selva adentro alrededor de cada estación

El mapa pone en evidencia que solo hemos explorado la biodiversidad de algunos rincones alrededor del río. Y, a pesar de eso, en cada expedición encuentran nuevas especies: “De aquella, me llevé dos onicóforos que creo que eran desconocidos”, confirma el biólogo. Eso significa que hay miles de kilómetros cuadrados de selva inexplorada con sorpresas que no podemos imaginar. Probablemente, si el Amazonas estuviera en EE UU y contara con el gabinete de prensa de la NASA, en los medios habría más noticias sobre biodiversidad y nuevas especies que sobre galaxias colisionando dentro de 4.000 millones de años.
Giribet es una referencia mundial en el estudio de los onicóforos, gusanos evolutivamente ‘hermanos’ de los artrópodos, pero que han cambiado poquísimo desde el Cámbrico, hace 400 millones de años. Resultan muy peculiares por sus intensos colores y su técnica de caza, que consiste en escupir tejido pegajoso.
Cuando él y sus colegas de profesión encuentran estos especímenes tan peculiares… los matan. “Bueno, nosotros lo llamamos ‘preservarlos’. Pero sí, claro. Tenemos que extraer ADN, estudiar su morfología, etc.”, aclara. Lo hacen para conocer, catalogar y describir la biodiversidad que existe en la naturaleza, pero no solo eso: “También para estudiar la evolución de los organismos, entender el funcionamiento de los ecosistemas, y llevar a cabo estudios de geofísica o biogeografía; por ejemplo, ver cómo afecta el aislamiento o cambian las especies cuando las islas se separan”.
"Intentamos concienciar a las comunidades de la riqueza que tienen en su entorno”, dice Giribet
Aun así, suena extraño que, si algunas especies de onicóforos están desapareciendo, estos biólogos exploradores se lleven el ejemplar único que encuentran. Giribet responde: “Tranquilo, que la extinción no vendrá de un par de ejemplares que los científicos recolecten. El bosque es descomunal. Las grandes amenazas son la deforestación, la fragmentación del bosque y la biopiratería”.
La riqueza de las comunidades locales
Los investigadores de las grandes universidades y centros de EE UU y Europa que exploran los países en desarrollo de Asia, Latinoamérica o África sacan buen partido intelectual y práctico de su riqueza natural. Pagan sus cuotas, pero no está claro que eso genere un retorno suficiente en las sociedades locales. Giribet asegura que la situación ha mejorado: “Sí, esto está mucho más regulado ahora, no es como en la época de colonización, cuando se iba a destajo. Primero, cualquier espécimen que nos llevemos continúa siendo propiedad de las instituciones locales. Y además del desembolso económico, siempre trabajamos con centros del país que se benefician de esta colaboración. Impartimos cursos e intentamos concienciar a las comunidades de la riqueza que tienen en su entorno”.
Las sociedades indígenas, explica el biólogo, pueden aprovechar esta riqueza directamente con el ecoturismo, “pero también beneficia a sus centros de investigación, que están mejorando mucho. Algunos, como el Instituto Nacional de Pesquisas de Amazónia (INPA) están a la altura de las universidades estadounidenses, desarrollando verdadero talento científico con el que explorar los misterios que todavía oculta la selva”.
Una selva donde Giribet ha tenido sensación de peligro, allí en medio del Amazonas. “A veces ves pisadas recientes de jaguares, o estás caminando dentro del agua opaca y piensas: ‘¡Pero si aquí hay cocodrilos y serpientes de varios metros!’. De todas maneras, los grandes riesgos son virus o parásitos como el que provoca la leishmaniosis”.

Análisis de ADN sin perder el romanticismo
Lo que le ha convertido en un científico reconocido es su trabajo de análisis filogenético para establecer relaciones evolutivas entre especies animales. En el estudio de la evolución, hay quienes creen que el ADN está desplazando al análisis morfológico de fósiles. “En cierta manera, sí, porque es mucho más fácil. Ahora cualquiera puede reconstruir toda la clasificación evolutiva de las serpientes sin saber nada de ellas. Sin ni siquiera haberlas visto”. ¿Cómo es posible? “Basta con comparar pequeños cambios en genes muy conservados. Cuando más parecidos son esos genes, más cercanas evolutivamente están las especies, aunque morfológicamente parezcan más lejanas”.  
"Estamos viendo muchos casos de organismos que se simplificaron con la evolución”, asegura el biólogo
Giribet reconoce que vista así, la biología evolutiva pierde un poco de romanticismo. “¡Claro! Estos análisis de ADN no te dan ninguna información sobre las características del organismo. Para relaciones filogenéticas son perfectos, pero continúas necesitando los análisis morfológicos para entender funciones y comportamientos”. Entonces, si queremos saber qué ocurrió en el pasado, ¿mejor genes que fósiles? “Depende. Hay rasgos como la aparición de plumas, o tejido mamario o de piel, que son muy obvios. Pero cuando no hay manera de distinguir rasgos morfológicamente, los genes pueden ser muy importantes. Incluso darnos sorpresas”.
Gonzalo Giribet publicó en Nature en el año 2008 que los tenóforos, antepasados de las medusas, son el grupo animal más antiguo que existió sobre la Tierra y no las esponjas marinas, como se creía. “Todavía está en discusión. Por morfología parece que las esponjas eran más simples, pero los datos genéticos dicen que los tenóforos fueron anteriores. Puede parecer trivial, pero estamos viendo muchos casos de organismos que se simplificaron con la evolución”. Es decir, que no siempre avanzamos a mayor complejidad. De hecho, según él, “si sigue esta serie de descubrimientos, deberemos concluir que en el proceso evolutivo la simplificación es una adaptación mucho más habitual de lo que pensábamos. Y eso solo lo podemos constatar con análisis de ADN”.
Llega el fin de la conversación y es el momento de pedirle que muestre su tesoro: es un pene del que se siente orgulloso. En su despacho de Harvard, abre una imagen tridimensional en la pantalla de ordenador, señalando un apéndice en el abdomen de un arácnido. “Aquí está. Es un fósil de opilión de 310 millones de años, el pene terrestre más antiguo que conocemos. Tenemos opiliones anteriores, pero este debió de morir estando en faena”. Asegura que es un fósil relevante, aunque aún no lo ha hecho público en un artículo científico: “Al compararlo con los de otros grupos animales, este pene dará muchas pistas sobre el origen del órgano reproductor. No es como encontrar las primeras plumas en dinosaurios, pero casi”.
Fuente: SINC